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viernes, 18 de septiembre de 2026

“NAZA”

 

            A las denuncias de católicos y a los informes internacionales, se sumaron en estas semanas voces de judíos que no soportan que en su nombre se torture y asesine a palestinos (muchos niños y adolescentes) y se promueva la limpieza étnica.

            En el impecable Festival de Cine de Venecia, el público aplaudió de pie por media hora a los directores del documental “Naza” que reúne los testimonios de 24 militares de Israel, escrito y dirigido por Yubal Abraham y Raquel Szor (¡qué nombres bíblicos!).

            Describe el genocidio en Gaza cometido por las Fuerzas de Defensa israelíes desde el punto de vista de los perpetradores, quienes bombardearon edificios, aunque los servicios de inteligencia conocían que ahí estaban familias viendo la televisión, se escuchaba el llanto de un bebé o la charla de una pareja. El documental ganó el Premio Especial del Jurado. “Naza” es un acrónimo militar derivado de un término hebreo para calcular el número de civiles que morirán en un ataque.

            La película denuncia el rol de funcionarios israelíes en los asesinatos en masa en Gaza desde octubre de 2023 y que continúan pese a un aparente alto al fuego. El documental fue producido por “The Guardian”. La crónica cultural de este medio cita: “filmada de noche desde las azoteas de Tel Aviv revela en detalle los sistemas que se esconden tras la calculada matanza de civiles palestinos por parte de Israel en Gaza.” El otro productor es el reconocido cineasta James Wilson.

            Hace dos años, los mismos cineastas dirigieron “No other Land” sobre la violencia de los colonos contra comunidades palestinas en Cisjordania. En esa ocasión ganaron el Oscar al Mejor Largometraje documental. En La Paz lo pasaron un par de días. Lo cierto es que es difícil digerir tanta maldad real; es demasiado fuerte. Poco después, Israel asesinó al palestino que ayudó en la producción.

            La corresponsal de la DW informó que muchos israelíes que siguen sin enterarse lo que hace su gobierno se preguntaban por qué esta reacción mundial. La televisión y la radio francesa reprodujeron la ira de Benjamín Netanyahu porque ahora “desde adentro” se hacen las denuncias.

            “Naza” se presentará en el Festival Internacional de Cine en San Sebastián, España y en Nueva York a fin de mes. ¿Permitirán los cerimedos del gobierno boliviano que llegue a Bolivia? ¿Quién se atreverá a difundirla? En todos los lugares los directores saben que deben enfrentar agresiones a su integridad física y emocional. Israel los amenazó con quitarles la nacionalidad y los han tratado como traidores.

            En el resto del mundo, empresas especializadas documentan que los críticos le han dado 100 puntos a “Naza”. Los filmes sobre la realidad palestina, desde la Nakba de 1948, tienen que competir contra miles de películas que muestran únicamente la versión judía post Holocausto en la fundación de Israel en un territorio supuestamente vacío.

            Las películas con otras voces deben vencer muchísimas dificultades de realización, de producción y de difusión en una industria dominada por capitales sionistas. La actriz estadounidense Susan Sarandon comentó en estos días el sabotaje contra su trabajo por expresar su condena a los crímenes en Gaza.

            En los últimos días salieron reportajes en la televisión europea sobre los violentos ataques de avasalladores contra familias palestinas asediadas por días. Cómo será de temible su acción impune que el embajador de Estados Unidos en Israel los calificó de terroristas.

            En otros países se han organizado descendientes de judíos que padecieron los progroms soviéticos o la persecución nazi para reclamar por los derechos de los palestinos. En Uruguay, abuelas judías recorren canales de televisión y emisoras para dar a conocer su protesta.

            El otro revés para Israel fue protagonizado por doce gobiernos de democracias occidentales: Reino Unido (que ya ha recibido amenazas y chantajes de Israel), España, Canadá, Francia, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia. Anunciaron sanciones al comercio con las colonias ilegales como respuesta a la violencia cometida contra los palestinos y la continua expansión de los asentamientos a costa de tierras y viviendas palestinas.

            Por su parte, la ONG humanitaria judía B’Tselem acusó a Netanyahu de tratar de ahogar las condiciones de vida en Cisjordania. “Proyecto eliminación” denuncia en 249 páginas que ese objetivo se sustenta en la violencia y la intimidación, las restricciones de movimiento, el estrangulamiento económico, la destrucción social y política, la limpieza étnica y la conquista territorial.

            El ministro hitleriano Brn-vir, cada vez más desquiciado, presentó su plan para vaciar Gaza de la población palestina.

            En contraste, la ultraderecha que ganó en dudosas elecciones en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Honduras respalda la política sionista. Curioso, hace cinco años, América Latina, dominada entonces por el Grupo de Puebla, se negó a recibir a Volodimir Zelensky que denunciaba a Rusia.

 

viernes, 15 de mayo de 2026

MÁS PERIODISTAS ASESINADOS

 

            Mayo está consagrado a la reflexión sobre la libertad de expresión en el mundo y especialmente en Bolivia, donde cada 10 de mayo se recuerda el Día del Periodista, conmemoración anual del ejercicio de una profesión de servicio a la comunidad que, por buscar la verdad, es perseguida, silenciada y asesinada.

            El 3 de mayo es el Día Mundial de la Libertad de Prensa proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993 para evaluar la situación de la prensa mundial y rendir homenaje a los reporteros caídos en el cumplimiento de su trabajo

            El 10 de mayo se remonta al fusilamiento del periodista Cirilo Barragán ordenado por Mariano Melgarejo en 1865. El presidente Germán Busch, quien -paradójicamente, golpeó personalmente a un escritor por no gustar de sus crónicas- reconoció los derechos laborales a los periodistas. En 1953, otro régimen que clausuró periódicos oficializó el Día del Periodista.

            Este 2026 es especial para la memoria de los periodistas bolivianos porque se cumplen los 200 años de la primera constitución de la República, en la cual se consagró el derecho a la libertad de prensa.

            A nivel mundial, una vez más, el Estado de Israel es el responsable de la mayor cantidad de periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión. Donde llegan las tropas israelíes se mata a periodistas. Cerca de 27 reporteros fueron ajusticiados en el Líbano en el marco de la invasión regional.

            Reporteros sin Frontera (RSF) denunció la muerte de Amal Khalil, conocida como la “reportera del sur”. Su vehículo fue atacado y, cuando logró refugiarse en un edificio, todo el lugar fue bombardeado. RSF pidió al gobierno de Benjamín Netanyahu que permitiese el auxilio de los servicios de emergencia, pero el ejército impidió que la atiendan. RSF lamentó la total impunidad con la que actúa Israel en lo que ya es una masacre sistemática contra periodistas en Gaza, Líbano, Cisjordania.

            Otra víctima fue Alí Shoaib, asesinado junto a otros dos profesionales en un bombardeo israelí. Como siempre, el Estado judío justificó las muertes acusando a las víctimas de “terroristas”. CNN mostró el video donde se ametralla al vehículo. Ese equipo también fue cercado por grabar escenas de la violencia de colonos ilegales contra pobladores palestinos; durísimas imágenes que es difícil digerir.

            El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) condenó el ataque, cuyos detalles está investigando. CPJ señaló que “los periodistas no son objetivos legítimos, independientemente del medio para el que trabajen. Hemos visto un patrón inquietante en esta guerra y en las décadas anteriores. Israel acusa a periodistas de ser combatientes activos y terroristas sin aportar pruebas creíbles.”

            Los hermanos periodistas Fátima y Mohanmad Ftouni murieron en otra acción. La presidencia libanesa calificó el ataque de “crimen fragante”: “Una vez más, la agresión israelí está violando las reglas básicas del derecho internacional, el derecho internacional humanitario y las leyes de la guerra, al atacar a reporteros de prensa, que en última instancia son civiles que cumplen un deber profesional”. Líbano presentará su queja ante Naciones Unidad por ser un “crimen de guerra deliberado de Israel contra los medios y la misión del periodismo”.

            El padre de los hermanos declaró: “Como su padre, mantengo la cabeza en alto. Los ojos se llenan de lágrimas, el corazón duele y la marcha continúa. No nos damos por vencidos ni nos derrumbamos. No”.

            El chaleco azul con las letras grandes: “PRESS” debería ser respetado por las partes en conflicto. En cambio, para el gobierno genocida de Tel Aviv es un aviso para asesinatos selectivos. El País de España informó que Israel asesinó a 260 periodistas en Gaza, Líbano, Yemen e Irán. Los dos últimos años han sido los más letales para el ejercicio del periodismo en el mundo, desde que hay registro. Israel es responsable del 70% de esas muertes.

            Existe una nueva palabra: “periodisticidio”, inventada por el presentador de la BBC John Simpson. Cada día, un reportero en esas regiones sale a trabajar consciente de que puede ser el último día de su vida, o la de sus familiares, porque el ejército israelí también mata a las familias- bebés incluidos- de los reporteros.

            Cuando Israel perpetuó la Nakba para apoderarse de las casas, aldeas y territorios palestinos, que se conmemora cada 15 de mayo, intentó evitar la presencia de la prensa independiente. Invitó a amigos de las corporaciones de Hollywood para hacer creer que era un “ejército moral”; que los 700.000 palestinos se marchaban por su propia voluntad. Al judío que se atrevió a denunciar la limpieza étnica en Tantura lo enterraron en vida, a él y a su familia y retiraron todos sus escritos. Sobre las fosas clandestinas construyeron kibutz y centros recreativos.

            La llegada de celulares capaces de transmitir imágenes en vivo y de cadenas televisivas árabes con alcance mundial cambió la perspectiva. Actualmente el mundo sabe que Israel asesina a civiles y a periodistas y a los testigos.

            León XIV difundió su preocupación por la situación de la prensa en el mundo. Denunció la vulneración a la libertad de la prensa y recordó a esos reporteros asesinados.

            En Bolivia, este 10 de mayo se celebraron actos institucionales y sociales en un primer año sin hostigamiento a la prensa.  Sin embargo, una vez más no se tocó el tema de los colegas palestinos asesinados. Indiferencia total.

             

 

viernes, 9 de enero de 2026

ADIÓS, OLAF. (NO) BIENVENIDO, BEN-GVIR

 

            Dos capítulos escenifican con claridad la política exterior del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. En 2026 cerrará la Embajada de Suecia y abrirá la Embajada de Israel. Adiós Olaf Palme y todo lo que tu país significó para las luchas democráticas bolivianas. (No) bienvenido Itamar Ben-Gvir y todo lo que tu régimen aporta al racismo en el mundo.

            La decisión de Estocolmo de salir de Bolivia en el marco de una política interna y en un plazo previsto no mereció especial atención de la Cancillería local. Como tampoco hubo intentos de frenar el cierre de otras delegaciones en los últimos años: Países Bajos, Dinamarca, Suiza. Países que colaboraron con el desarrollo sostenible y con el fortalecimiento de las instituciones, sin entrometerse en la política interna.

            La despedida a Suecia es particularmente dolorosa para la prensa boliviana que contó siempre con su respaldo en las batallas por la libertad de expresión. Suecia acogió a decenas de exiliados bolivianos sin preguntarles por qué eran acusados de “subversivos”: Domitila Chungara y sus hijos, Víctor López, María Marta Gonzáles, Carlos Decker, Víctor Montoya, entre muchos.

            Olaf Palme representó al líder europeo amante de la libertad y del humanismo. Ejerció una política exterior a favor de la paz, la defensa de los derechos humanos. Logró distanciarse tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. Paradójicamente, murió asesinado en 1986 a los 59 años. Hasta ahora no se tiene claro por qué. A pesar de los obstáculos, Suecia continuó con gran parte de su legado.

            Muy diferente al Estado Plurinacional de Bolivia que durante años bajó la cerviz ante Putin (Ucrania, por ejemplo) y ahora ante Trump.

            Fernando Aramayo voló a Washington para firmar en la sede de la embajada de Israel el restablecimiento de las relaciones con ese país, cuyo gobierno está acusado de genocidio y de racismo. ¿Habrá puesto al menos una coma en el documento? Presumo que no. Ahora entiendo por qué Paz prefirió un funcionario funcional y no un diplomático de carrera. Antes Aramayo conocía de cerca la posición de la ONU sobre Gaza.

            Las relaciones de Bolivia e Israel en general fueron tranquilas. Israel ayudó en temas de seguridad, sin que se conozcan intervenciones como contra los mayas quichés en Guatemala o en el entramado contra las guerrillas campesinas en Colombia.

            Personalmente visité, hasta el 2000, la oficina de Israel en el centro paceño para recoger regularmente un ejemplar del semanario “Aurora”, que me guardaba la Sra. Ibernegaray. Coleccionaba la revista “Ariel”. Participé en eventos contra la xenofobia y sus derivados que organizaba el Goethe Institut; en las exposiciones sobre heroínas judías. Intentaba entender el pensamiento de Kafka y de Zwieg.

            Aramayo instruyó inmediatamente a la delegación boliviana en Naciones Unidas votar al lado de Estados Unidos y Argentina contra una resolución de censura a Israel por no permitir el ingreso de ayuda humanitaria, aprobada por 130 países.

            Las propias ONGs de Israel denuncian que este fue el peor año para los palestinos con daños permanentes, con matanzas generalizadas de civiles. Más de 20 mil niños han sido asesinados entre los 67 mil cadáveres contabilizados y otros 10 mil que estarían bajo los escombros. Trece mil niños han sido diagnosticados con desnutrición, algunos tan severa que recuerdan las peores imágenes de Biafra.

            El actual régimen de Tel Aviv alienta la desaparición del pueblo árabe. Itamar Ben-Gvir es el ministro de seguridad acelera la ocupación de territorios palestinos y el avance de las colonias ilegales. Las mismas ONGs israelíes contabilizaron que 44 comunidades pastores de Cisjordania han sido obligadas a desalojar sus tierras y otras 10 a abandonar sus casas.

            Nos quieren hacer creer que es por el turismo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! Sois semejantes a sepulcros blanqueados por fuera; por dentro llenos de huesos de muertos”.

            Es tal el apuro de Aramayo que todo indica que quien representó al Estado Plurinacional en la votación es Carla Lorena Sandy, masista que ocupó varios puestos; denunciada por ser parte del esquema de trata de Evo Morales. Ella habría comprado los pasajes para la menor Noemí para que esté cerca de su amado. ¿Si no fue ella, quién votó en la ONU?

            El gobierno de Jaime Paz tuvo luces y sombras. La mayor sombra fue su sometimiento a Estados Unidos, incluso cuando Washington invadió Panamá, el país que lo había acogido.

            Todo indica que, por la platita, se baja la cabecita. La patria, la patria, la patria se atora en la verja de la Casa Rosada; se arrodilla en la verja de la Casa Blanca.

            Robert Gelbart is coming.

 

           

viernes, 21 de noviembre de 2025

RODRIGO PAZ Y EL GENOCIDIO DE ISRAEL EN GAZA

 

            ¿Por qué quiere Rodrigo Paz Pereira restablecer relaciones con Israel? ¿Para qué? ¿Qué gana Bolivia? ¿Es una decisión del gobierno? ¿Está de acuerdo el Canciller? ¿Es una postura de las comisiones camarales de la Asamblea Plurinacional? ¿Fue una decisión repentina? ¿Era otra sorpresa? ¿Cuál es la hoja de ruta de la apertura al mundo? ¿Cómo votará Bolivia en Naciones Unidas? ¿Se unirá al bando Israel-Estados Unidos?

            Cuando el equipo seleccionado por la Asociación de Periodistas era el responsable de los debates presidenciales, una de las temáticas eran las relaciones externas. En estas elecciones sugerí sin éxito que se incluya el asunto internacional. La mayoría opinaba que no era prioritario porque los votantes estaban concentrados en las angustias de la crisis.

            Sin embargo, resultó que las relaciones internacionales son la principal plataforma para el futuro del nuevo gobierno del Partido Demócrata Cristiano y sus aliados.      En la opinión pública se percibió una sensación de alivio cuando Paz visitó Washington y se reunió con las entidades internacionales que no quería ni nombrar cuando era candidato. El fortalecimiento a nivel de embajadores con la Casa Blanca es vital para Bolivia porque Estados Unidos es uno de los mercados tradicionales más importantes para sus exportaciones. Ningún país del hemisferio puede pensar en desarrollarse sin tener relaciones comerciales con esa nación, más allá de circunstanciales ocupantes de su presidencia y aun cuando las cifras ceden ante el crecimiento de los mercados asiáticos.

            Sin olvidar que las relaciones de la América morena con Estados Unidos están teñidas de amenazas, presiones, invasiones, intervenciones desde hace casi dos siglos. México fue la primera víctima. Hubo pretextos sobre “el peligro comunista” como padecieron Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Chile. O invocando la lucha contra el narcotráfico como sufrió la caribeña Grenada, Jamaica o Panamá en 1989, cuando Manuel Noriega ya no era útil a la CIA.

            En el contexto actual, bajo Donald Trump, todas las maldades están a la puerta. Intentó cercar a Brasil por una decisión soberana de su Poder Judicial; ajusticia desde el aire a decenas de personas supuestamente narcotraficantes; insulta al presidente colombiano; presiona para recuperar el canal de Panamá. Quiere humillar a Canadá.

            O salva a Javier Milei, cuando aparecía agónico en las últimas elecciones legislativas. ¿Será casual que Milei, a diferencia de todos los otros líderes latinoamericanos, visita y vota a favor de Israel en los foros internacionales donde se condena la guerra contra Gaza?

            ¿Está Estados Unidos detrás del sorpresivo anuncio de Paz para abrazar al representante de Benjamín Netanyahu?  Puede ser.

            El asunto pasó casi desapercibido hasta que llegó desde agencias internacionales: “Israel anuncia el restablecimiento de relaciones con Bolivia en una emocionante nueva era. La reunión de Paz fue con el director general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel Eden Bar Tal.” Bar Tal aparece continuamente como vocero del gobierno ultraderechista; estuvo relacionado anteriormente con el área de turismo.

            Trump y Netanyahu quieren hacer de Gaza un gran negocio inmobiliario turístico y obligar a los gazatíes a abandonar sus tierras ancestrales voluntariamente o por la fuerza.

            Quizá me perdí alguna declaración de Paz Pereira porque en todos estos meses no recuerdo esa promesa de amistad con el régimen del Likud y de Fuerza Judía de Ben Gvir.

            Justamente cuando casi todos los países del mundo y de América Latina y del Caribe han firmado las condenas al estado de Israel y se suman las declaraciones que califican de genocidio los más de 65 mil asesinatos de palestinos, entre ellos 18 mil bebés y niños y la destrucción del 80 por ciento de la infraestructura en Gaza, entre ellos todos los centros de salud. También bombardea iglesias cristianas y persiguen a católicos.

            Paz Pereira no necesita ver Al Jazeera. Puede informarse con los noticieros de Euronews, del Vaticano, los reportes cotidianos del padre Gabriel Romanelli, las homilías del patriarca de Jerusalén, las denuncias de los franciscanos.

            El nuevo mandatario indicó que no invitaría a gobiernos no democráticos. ¿Acaso el gobierno de Israel respeta los valores de la democracia y de la libertad?

            Leí comentarios ingenuos que creen que las relaciones reestablecidas impulsarán el turismo judío en Bolivia. ¿No saben que la mayoría de los turistas que llegaban al Beni eran reservistas del ejército hebreo después de cumplir su servicio militar? ¿Cómo va a aceptar el pueblo boliviano pacifista que vengan a “descansar” esas personas que casi con seguridad han participado en bombardeos, ataques terrestres, matanzas en hospitales?

            Paz no actúa solo. La historia confirmará qué intereses están detrás de este abrazo.

martes, 2 de septiembre de 2025

ISRAEL AISLADO DE LA COMUNIDAD MUNDIA

 

 

            “¡Asesinos!, ¡asesinos!, ¡asesinos!”. Asesinos de niños, de mujeres, de periodistas. Asesinos, asesinos, asesinos. Es el grito que estremece decenas de ciudades en todo el planeta, que rebalsa las redes sociales y ahora también resuena en casi todas las principales cadenas de noticias internacionales.

            Ante la insuficiente reacción de los gobiernos y de los organismos internacionales, la sociedad civil ha vencido al pretexto acusador de “antisemitismo” para denunciar con datos y hechos y con profundísimo dolor la destrucción sistemática del ejercito judío contra la población civil de Gaza.

            Tal como resumimos en varias ocasiones, las palabras y los calificativos han dejado de tener sentido cuando se contemplan los cuerpos mutilados de familias íntegras, de niños que hacían fila para recoger algo de agua, de un camillero atendiendo a los heridos de un bombardeo previo, de los periodistas acribillados.

            Hace un año se describía el horror como un genocidio, como un nuevo holocausto, como un violento e inmenso campo de concentración al aire libre o como un infanticidio masivo. Ahora, después de 22 meses de intensificación de la guerra de Israel contra el pueblo palestino, no existen antecedentes en la historia. No hay calificativos suficientes.

            Las imágenes demuestran que la invasión israelí es una continuación de lo que sucedía mucho antes del 7 de octubre de 2023. Sacerdotes y religiosas católicos son testigos de las permanentes incursiones de soldados y de colonos contra niños palestinos en Gaza, en Cisjordania y en los propios territorios ahora bajo bandera de David, donde viven los últimos descendientes de palestinos y beduinos.

            Llama la atención que los responsables de tirar bombas contra hospitales y lugares sagrados; de disparar contra personas que buscan algo de comida; de humillar en todo momento y en todo lugar a la dignidad de las mujeres árabes, son los hijos o nietos de quienes padecieron durante el régimen nazi en Europa.

            En ciudades españolas la multitud retrasmitía los cuerpecitos de cientos de niños amortajados de blanca túnica, sangrante. Más de 300 mil australianos marcharon condenando a Israel. En Nigeria, en México, en Chile y también en ciudades estadounidenses, en parlamentos europeos, en festivales de cine, en salas de concierto la gente pide paz en Gaza, ondea banderas palestinas y se une al grito “Palestina Libre”.

            Artistas, intelectuales, internautas graban videos para convocar a la acción de sus respectivos gobiernos. Defender a Gaza es defender a la humanidad.

            Unas palabras especiales merecen los periodistas asesinados por cumplir con su deber de informar al mundo sobre lo que sucede en Palestina. Israel prohíbe el ingreso de la prensa internacional a pesar de los insistentes pedidos de las agrupaciones de periodistas y de las agencias de noticias occidentales. Sólo admite algún reportero que siga a sus tropas.

            En ninguna guerra, un ejército enemigo ha exterminado a tantos cronistas como Israel en su conquista de Gaza. Más de 280 hombres y mujeres, casi todos menores de 30 años, a veces junto con toda su familia, han sido asesinados. Asesinados.

            Los últimos fueron los reporteros que habían acudido a cubrir los estragos de un bombardeo israelí contra el hospital Nasser en Jan Yunis. Los fallecidos fueron Mohammad Salama, Ahmed Abu Aziz, Moaz Abu Taha, fotógrafo, Husam al Masri, camarógrafo de la agencia Reuters y la joven de 33 años de AP Mariam Dagga.

            Consciente del peligro, Mariam redactó su testamento. Pidió a sus colegas no llorar en su funeral y a su hijo de 13 años, Ghaith, le escribió: “Hazme sentir orgullosa, alcanza el éxito y brilla”. Sus colegas la describieron como una verdadera heroína.

            Israel no quiere que se muestre la hambruna en la Franja, la cual niega sistemáticamente. Como otras veces, los comunicados oficiales se limitaron a “lamentar lo sucedido” ante la consternación mundial. En Bolivia ninguna organización de prensa se pronunció, ni tampoco los candidatos en las elecciones del 17 de agosto.

            Tampoco hubo reclamos desde Bolivia por la muerte de Anas Al Sharif, ese juvenil rostro que informaba desde los lugares más peligrosos sobre esos “cuerpos puros aplastados bajo miles de toneladas de bombas y misiles israelíes, destrozados y esparcidos por los muros”. En una de sus últimas fotos besa a su hijita. En su testamento apuntó: “He entregado todo mi esfuerzo y todas mis fuerzas para ser un apoyo y una voz para mi pueblo”.

            ¿Cuántos más tendrán que morir para que alguien detenga a Israel?

 

            

LUPE CAJÍAS

 

            “¡Asesinos!, ¡asesinos!, ¡asesinos!”. Asesinos de niños, de mujeres, de periodistas. Asesinos, asesinos, asesinos. Es el grito que estremece decenas de ciudades en todo el planeta, que rebalsa las redes sociales y ahora también resuena en casi todas las principales cadenas de noticias internacionales.

            Ante la insuficiente reacción de los gobiernos y de los organismos internacionales, la sociedad civil ha vencido al pretexto acusador de “antisemitismo” para denunciar con datos y hechos y con profundísimo dolor la destrucción sistemática del ejercito judío contra la población civil de Gaza.

            Tal como resumimos en varias ocasiones, las palabras y los calificativos han dejado de tener sentido cuando se contemplan los cuerpos mutilados de familias íntegras, de niños que hacían fila para recoger algo de agua, de un camillero atendiendo a los heridos de un bombardeo previo, de los periodistas acribillados.

            Hace un año se describía el horror como un genocidio, como un nuevo holocausto, como un violento e inmenso campo de concentración al aire libre o como un infanticidio masivo. Ahora, después de 22 meses de intensificación de la guerra de Israel contra el pueblo palestino, no existen antecedentes en la historia. No hay calificativos suficientes.

            Las imágenes demuestran que la invasión israelí es una continuación de lo que sucedía mucho antes del 7 de octubre de 2023. Sacerdotes y religiosas católicos son testigos de las permanentes incursiones de soldados y de colonos contra niños palestinos en Gaza, en Cisjordania y en los propios territorios ahora bajo bandera de David, donde viven los últimos descendientes de palestinos y beduinos.

            Llama la atención que los responsables de tirar bombas contra hospitales y lugares sagrados; de disparar contra personas que buscan algo de comida; de humillar en todo momento y en todo lugar a la dignidad de las mujeres árabes, son los hijos o nietos de quienes padecieron durante el régimen nazi en Europa.

            En ciudades españolas la multitud retrasmitía los cuerpecitos de cientos de niños amortajados de blanca túnica, sangrante. Más de 300 mil australianos marcharon condenando a Israel. En Nigeria, en México, en Chile y también en ciudades estadounidenses, en parlamentos europeos, en festivales de cine, en salas de concierto la gente pide paz en Gaza, ondea banderas palestinas y se une al grito “Palestina Libre”.

            Artistas, intelectuales, internautas graban videos para convocar a la acción de sus respectivos gobiernos. Defender a Gaza es defender a la humanidad.

            Unas palabras especiales merecen los periodistas asesinados por cumplir con su deber de informar al mundo sobre lo que sucede en Palestina. Israel prohíbe el ingreso de la prensa internacional a pesar de los insistentes pedidos de las agrupaciones de periodistas y de las agencias de noticias occidentales. Sólo admite algún reportero que siga a sus tropas.

            En ninguna guerra, un ejército enemigo ha exterminado a tantos cronistas como Israel en su conquista de Gaza. Más de 280 hombres y mujeres, casi todos menores de 30 años, a veces junto con toda su familia, han sido asesinados. Asesinados.

            Los últimos fueron los reporteros que habían acudido a cubrir los estragos de un bombardeo israelí contra el hospital Nasser en Jan Yunis. Los fallecidos fueron Mohammad Salama, Ahmed Abu Aziz, Moaz Abu Taha, fotógrafo, Husam al Masri, camarógrafo de la agencia Reuters y la joven de 33 años de AP Mariam Dagga.

            Consciente del peligro, Mariam redactó su testamento. Pidió a sus colegas no llorar en su funeral y a su hijo de 13 años, Ghaith, le escribió: “Hazme sentir orgullosa, alcanza el éxito y brilla”. Sus colegas la describieron como una verdadera heroína.

            Israel no quiere que se muestre la hambruna en la Franja, la cual niega sistemáticamente. Como otras veces, los comunicados oficiales se limitaron a “lamentar lo sucedido” ante la consternación mundial. En Bolivia ninguna organización de prensa se pronunció, ni tampoco los candidatos en las elecciones del 17 de agosto.

            Tampoco hubo reclamos desde Bolivia por la muerte de Anas Al Sharif, ese juvenil rostro que informaba desde los lugares más peligrosos sobre esos “cuerpos puros aplastados bajo miles de toneladas de bombas y misiles israelíes, destrozados y esparcidos por los muros”. En una de sus últimas fotos besa a su hijita. En su testamento apuntó: “He entregado todo mi esfuerzo y todas mis fuerzas para ser un apoyo y una voz para mi pueblo”.

            ¿Cuántos más tendrán que morir para que alguien detenga a Israel?

 

           

viernes, 11 de julio de 2025

ISRAEL Y THANATOS

 

            No existe en el planeta un estado contemporáneo más relacionado con Thanatos que Israel. La mayoría de los países, por no decir todos, sufrieron de una u otra forma los dolores del parto sangriento. Parece inevitable.  Las naciones admiten que sus héroes y mártires fueron víctimas, pero ellos también mataron, arrasaron poblados, persiguieron enemigos, clavaron bayonetas, incendiaron templos.

            Sin embargo, sólo Israel nació expulsando de sus hogares a 700.000 personas que no habían cometido ningún delito, ninguna acción contra quienes venían desde más allá del mar. La Nakba, el éxodo obligado. Los desplazados no tenían ninguna responsabilidad de las llagas sangrantes que acompañaban a esas familias recién llegadas que habían perdido todo durante los años del nazismo y del estalinismo; algunas con largas experiencias de persecución. Ese defecto congénito perseguirá siempre a Israel.

            Los recién llegados y los que vinieron luego desde Europa o desde América (Argentina) son los progenitores de los que ahora asesinan a más de 57 mil bebés, escolares, madres de familia, jóvenes, hombres. Cada hora, cada minuto aumenta la cifra, sin contar heridos y desaparecidos.

            Los mismos que destruyen hospitales con bombas o granadas, que cometen crímenes selectivos o masivos; los que ajustician a médicos después de disparar a las ambulancias; los que descuartizan a los 10 hijos de la pediatra Alaa al-Najja (el mayor de doce años, el menor de siete meses) porque curaba a chicos sin piernas, a cabecitas partidas, a decenas de huérfanos.

            Parece un concurso macabro entre las tropas para contar sus hazañas. “Yo maté a la familia de Fátima Hasouna porque era fotoperiodista. Yo fui el que acalló a los testigos. Yo maté a los refugiados en el colegio. Yo maté al poeta. Ellos mataron a 226 molestosos periodistas. Yo incendié las cosechas. Yo agredí al que traía comida. Yo disparé contra los que hacían fila para conseguir un bocado. Yo reventé la cisterna de agua.” Muy pocos son los soldados que han optado por denunciar lo que los comandantes les obligan a realizar. Encuestas revelan que una mayoría de los judíos apoya la guerra, también fuera de Israel, aunque tienen la oportunidad de informarse de lo que pasa en Gaza y Cisjordania.

            Los líderes de estos colonos creen ser el pueblo elegido, aunque desde el siglo I abandonaron la zona. Cuando retornaron, milenios después, arrancaron a niños y mujeres que eran descendientes de los que se habían quedado durante sucesivos imperios. Los alcaldes de origen palestino convivieron en paz con los escasos judíos que ejercían su religión a fines del siglo XIX. La convivencia existió hasta que llegaron los sionistas y sus patrocinadores.

            El negocio de la guerra es un gran negocio. Mercaderes de la muerte los califica el papa León XIV. La delegada de Naciones Unidas, Francesca Albanese mostró cuánto ganan con la guerra en Gaza las grandes empresas multinacionales, sin contar las importantes industrias armamentistas.

            El pretexto del antisemitismo no le sirve a Benjamín Netanyahu para justificar tanta muerte, mientras su ministro de guerra anuncia que desplazarán a los dos millones de palestinos de Gaza. Sigue vigente la idea de convertir esa costa en una rivera de lujo. Proponen a Donald Trump para recibir el Nobel de la Paz por estas ideas.

            Los esfuerzos de algunas fuerzas políticas europeas, incluso algunas en el gobierno, no alcanzan para detener los acuerdos de venta de armas y de comercio con el régimen del terror.

            El genocidio israelí contra Palestina continúa cada día. Es como si los dictadores guatemaltecos hubiesen bombardeado 20 meses sin descanso las montañas del Quiché porque ahí estaba la guerrilla comunista o Franco hubiese repetido 50 Guernicas para acabar con ETA. O René Barrientos hubiese mandado acribillar a todos los pobladores de Samaipata porque por ahí pasaron los barbudos.

            Ningún régimen ha usado el hambre como el de Tel Aviv para someter a una población indefensa. Inventan una fundación “humanitaria” para controlar con perversa inteligencia a todo el que se acerca a mendigar una arroz o lentejas. Cuando se les ocurre, disparan 616 veces contra los que aguardan, como denuncian testigos y la ONU.

            La paradoja es que la sociedad civil en el mundo entero ahora sabe más sobre la causa palestina y en todas las latitudes hay un grito: “Palestina libre” y ondea su bandera en decenas de capitales. Hay un cantante nombrándola, hay una feria plagada de carteles, hay millones de personas en las calles luciendo keffiyeh bordados como símbolo de la resistencia. Hay voces que no se callan. Hay conciencias que siguen lúcidas. Como nunca,  decenas de publicaciones acompañan la tragedia palestina y guardan la memoria colectiva.

           

viernes, 4 de octubre de 2024

“¿CÓMO DIABLOS HEMOS LLEGADO A ESTO?”

 


            Hay bolivianos que todavía creen que la espiral de violencia alrededor de Gaza comenzó hace un año, el fatídico 7 de octubre de 2023; un opinador escribió, inclusive, que la cantidad de (41.000) palestinos asesinados no es verdadera porque las fuentes son del Ministerio de Salud del gobierno de Hamas.

            El libro de Nathan Thrall “Un día en la vida de Abed Salama. Anatomía de una tragedia en Jerusalén”, récords de ventas en sus múltiples traducciones mundiales, revela cómo la vida en los antiguos territorios palestinos es un infierno desde 1948. Este “Premio Pulitzer 2024” (Anagrama, Barcelona, 2024) es el relato de un accidente de tráfico en el cual muere una profesora y seis pequeños alumnos palestinos que iban de paseo y decenas quedan mal heridos.

            La crónica sigue los pasos de uno de los padres, Abed Salama, quien enfrentará toda la maraña burocrática del estado israelí, de la policía israelí y de los militares que custodian 24/7 el paso de palestinos en su propia ciudad, obligados a esperar horas por un permiso. Además, describe -incluso con planos- cómo los colonos judíos ocupan ilegalmente, cada vez con mayor violencia, espacios de familias palestinas o beduinas que vivían ahí por siglos.

            La crítica en varios medios de comunicación de Estados Unidos y de Europa destaca la destreza de Thrall de narrar los hechos desde una visión larga, remontándose a la niñez de Abed y de otros de sus parientes y de otras familias de los chiquitos que iban en el autobús. Así evidencia que lo que podría ser un accidente fatal y triste en otras partes del mundo, en Palestina ocupada es otro rostro de la muerte cotidiana que acecha a ese pueblo.

            La ambulancia que podía llegar en pocos minutos no se acerca, la policía tarda, los militares golpean a un voluntario palestino que ha tratado de sacar los cuerpos incinerados de las pequeñas víctimas. Los hechos ocurrieron hace doce años, después de las intifadas y mucho antes del 7 de octubre; podrían repetirse siempre.

Nathan Thrall es un periodista estadounidense, residente en Jerusalén por diez años. Publica artículos en periódicos exigentes como el New York Times y el londinense The Guardian. Mantiene una mirada detallada a lo que sucede en Medio Oriente en sus crónicas. Es también analista político y profesor sobre esa conflictiva región.

            Al seguir a Salama y a otras madres que buscan a sus hijos entre el hierro y entre los heridos, el escritor remite datos sobre las miserias humanas entre los palestinos, las disputas conyugales, las condenas de familias políticas contra las nueras, las envidias, las flojeras, los celos, las maldades. Nada de la naturaleza humana les es ajena. Hay corrupción entre sus dirigentes, mentiras, falsedades, fracasos, divisiones.

            Lo que diferencia a esos seres humanos es que viven (sobreviven) en un inmenso campo de concentración a cielo abierto, bajo la intimidación constante del estado judío. Algunos pueden caminar por sus propios barrios con cédula azul, otros tienen la verde, todos padecen el sistema del apartheid en el hogar de sus antepasados y pueden ser detenidos en cualquier momento y por cualquier motivo, por horas, días, años.

            En el Epílogo, Nathan cita el titular del video del periodista israelí Arik Weiss, quien no se centraba en el accidente sino en la consternación que le había producido los comentarios aparecidos en Facebook sobre el choque del bus. “Un niño árabe murió jajaja.” “Solo un autobús lleno de palestinos, no gran cosa.” “Una pena que no murieron más.” “Grandioso.” “Menos terroristas.” “Noticias dichosas para empezar la mañana.” “Mi día acaba de volverse dulceeee”.

            Arik comprobó que los comentarios eran de adolescentes o de preadolescentes que además no escondían su identidad. Eran también niños los que celebraban la muerte del pequeño Milad de seis años. “Esos niños palestinos podrían ser los atacantes terroristas del futuro no me vengan con esa mierda de que todo el mundo es un ser humano.” “Ellos son putas, no gente, y merecen morir.” El reportaje continúa con escenas terribles, dónde los niños israelíes aseguran sentirse dichosos por la muerte de los seis preescolares.

            Mientras la cámara hace un zoom en los comentarios de Facebook la voz de Arik comenta: “no importa si eres de izquierdas o de derechas. El hecho de que alguien celebre la muerte de otras personas debe hacer que nos detengamos un momento y nos preguntemos: ¿cómo diablos hemos llegado a esto?”

            Los padres de los niños estaban seguros de que también las autoridades israelíes querían que sus hijos muriesen.

            Como matan cada día a miles de niños y a sus madres en Gaza, en Cisjordania, en Beirut, en cualquier lugar del mundo. Los objetivos principales son refugios, escuelas, hospitales. El macartismo promovía la esterilización forzosa de las mujeres indígenas latinoamericanas para matar antes de que naciera el futuro pobre porque podía ser un futuro subversivo. (También Alberto Fujimori empleó el mismo argumento en la sierra peruana.)

            Deberíamos detenernos un momento y preguntarnos: ¿cómo diablos el sistema internacional de Naciones Unidas ha permitido que se llegue a este genocidio televisado? ¿Qué ha pasado que los sobrevivientes de los campos de concentración nazis no han sido capaces de mostrar a sus descendientes que el horror de la Segunda Guerra mundial no debería repetirse?

            Pero se repite. Y hay quienes todavía se vanaglorian de seguir matando.

viernes, 23 de agosto de 2024

EL GENOCIDIO SIN FRENO

 

            ¿Novedades desde Gaza? Casi ninguna. Las cifras de asesinatos en los últimos meses suman más de cuarenta mil, la mayoría niños, adolescentes y mujeres. Sin contar los miles de asesinatos desde la agudización de la represión sionista en 2014; sin contar los miles de asesinatos en las intifadas de fines del siglo pasado; sin contar los miles de asesinatos, heridas, encarcelamientos, hostigamientos desde el avasallamiento de las tierras palestinas en 1948.

            Israel es el único país en el mundo que ha logrado apresar y asesinar oficialmente a sus adversarios en cualquier lugar del mundo. Comenzó con la caza de nazis, que despertó la simpatía internacional. Luego siguió con atentados contra fedayines y continuó con una larga lista de atropellos por encima de cualquier orden mundial. En las últimas semanas, sus agentes matan a líderes árabes en territorio libanés o en territorio iraní y el resto del planeta dice: “amen”.

            Es imposible imaginar otra potencia nuclear con tanta impunidad; la Rusia de Putin se queda atrás. Ni siquiera bajo el paraguas del temible Plan Cóndor, ingresaban militares de otro país sin permiso del anfitrión para secuestrar a los enemigos. Israel ejerce el peor terrorismo de Estado, pero lo hace en una dimensión tan inconmensurable que sus crímenes ya no se cuentan, como reflexionaba Rodión Romanovich Raskolnikov en “Crimen y Castigo” respecto a los militares que matan tantas veces que ya no se afligen ni sienten inquietud en su conciencia, como sí le sucede al asesino de una vieja usurera.

            ¡Ay si alguien reclama! Las tropas judías lo amenazan inmediatamente con el discurso de odio, de motetes como “antisemita”, de acusaciones como “terrorista” y de amenazas de muerte en cualquier lugar “donde se esconda”.

            Durante años, hasta el 7 de octubre de 2023, los crímenes de Israel contra el pueblo palestino y contra otras colectividades llamaban la atención de pocos periodistas, de algunos historiadores y literatos. De vez en vez un reportaje o el informe de alguna ONG de Derechos Humanos desvelaba el horror cotidiano de vivir en la mayor prisión del mundo, con toda la familia controlada día a día, hora a hora.

            Los sistemas de Naciones Unidas cumplían roles limitados y en ningún caso fueron suficientes para desenmarañar los muros que separan a los habitantes palestinos y judíos; las cárceles llenas de adolescentes palestinos torturados y enloquecidos; la vigilancia similar a los campos de concentración de 1940 contra cualquiera que tenga piel oscura; la humillación cotidiana de los avasalladores/colonos contra los antiguos dueños palestinos de casas y terrenos.

            El actual foco noticioso en el genocidio en Gaza difunde más lo que viven familias horrorizadas, con sus viviendas destruidas, sin agua ni alimentos, sufriendo bombardeos en escuelas o en hospitales, sin posibilidad de ningún refugio. ¿Qué haría un represor judío contra otro judío que esconda a un palestino? Seguramente, nadie ni ninguna organización clandestina se arriesgaría para proteger a una Ana Frank o para emplear a perseguidos.

            Cada semana, la opinión pública universal conoce un nuevo episodio de crueldad bajo el absurdo pretexto de terminar así con una ideología, fomentada por la propia represión y por los propios organismos de inteligencia israelies. El rechazo a Benjamín Netanyahu es mundial y alcanza a distintas nacionalidades, religiones y culturas.

            El tema estará seguramente en la mesa de las elecciones en Estados Unidos, el principal país que provee las armas y el financiamiento que utiliza Israel para asesinar todos los días a niños palestinos.

            La encrucijada para Kamala Harris será una encrucijada para el futuro de la humanidad, más allá de la política doméstica y de las posibilidades de una guerra regionalizada.

            Si la principal potencia, que enarbola el respeto a los Derechos Humanos como principal estandarte de su existencia, no es capaz de frenar el genocidio en Gaza, la humanidad tiene pocas esperanzas. El mundo que dejemos a nuestros hijos será un mundo mucho más cruel del mundo que nosotros encontramos.

viernes, 21 de junio de 2024

LA AUTODERROTA DE ISRAEL

 


            El genocidio de Israel contra la población civil palestina, principalmente contra los niños y bebés, le ha quitado para siempre la autoridad moral para presentarse como la nación sufrida; el chivo expiatorio de los excesos europeos; y, sobre todo, la mártir colectiva del racismo supra germano, que asesinó a millones de judíos, junto a millones de gitanos, homosexuales, comunistas y una amplia gama de opositores al fascismo.

            La brutalidad de los bombardeos contra escuelas, hospitales, campos de refugiados, edificios o caravanas de ayuda humanitaria ha encendido como nunca en la historia contemporánea la solidaridad mundial con la lucha palestina.

            Es una paradoja que un acto brutal como el asalto de Hamas a centros civiles israelíes el pasado 7 de octubre consiga, por carambola, que el mundo atienda (¡finalmente!) la situación desesperante que viven los seres humanos en Gaza y en Cisjordania o en encierros como Sabra y Chatila. Hace décadas que millones de familias de la tierra donde nació Jesús carecen de un hogar estable, de una escuela fija, de un hospital propio, de parques. Son perseguidos, hostigados, asesinados.

            Como escribía este domingo un sabio hindú, Occidente cerró los ojos para no ver, para no molestarse, para no asumir su responsabilidad histórica con lo que sucedía y sucede en los territorios palestinos. Durísimas palabras para una sociedad que se dice vanguardia en la defensa de los derechos de las personas a la libertad y a la dignidad.

            El panorama sombrío tuvo picos aún más oscuros durante las Intifadas o desde 2014. No hay que olvidar. Hay que repetirlo una y otra vez porque esto no sale en los filmes de Hollywood: colonos ultraortodoxos se apoderan ilegalmente (pero con respaldo oficial judío) de las escasas tierras que mantenían los beduinos; sacan de sus casas centenarias a ancianos palestinos; humillan todos los días a mujeres de Jerusalén Este con burlas, salivazos, excrementos, golpes y bofetones.

            Las multitudinarias manifestaciones contra esos abusos y defendiendo la causa palestina cubren todo el globo terráqueo. Nueve meses después de los primeros asaltos contra Gaza continúan las protestas en las ciudades árabes, en Turquía, España, Gran Bretaña. India, toda Asia, y en el sur global. A la iniciativa sudafricana para enjuiciar a Tel Aviv se une el gobierno chileno. Los abogados que defienden el derecho palestino son irlandeses.

            En este mes han tenido lugar importantes acciones diplomáticas para reconocer al Estado Palestino, a las cuales se ha unido Noruega, un país al cual nadie puede negar su altura ética y su prudencia.

            Lo insólito es que la reacción de Israel con las diarias matanzas a casi 40 mil palestinos (casi la misma cifra de soldados bolivianos que murieron combatiendo durante tres años en el Chaco) ha promovido la difusión de la historia de la fundación de Israel en 1948. Poca gente tenía conciencia de lo que significó la apresurada decisión de los líderes sionistas para 750 mil inocentes. Los palestinos avasallados no tenían ninguna responsabilidad con el juicio a Alfred Dreyfus en 1894 o con alguno de los 40 campos de concentración nazis entre 1933 y 1945.

            Ahora aparece el cuestionamiento a un estado que se organizó sobre la base del odio. Setenta seis años con miles de miles de víctimas, más y más violencia, más y más semilla para el terrorismo de grupos o de estado y una espiral de muerte que se traga cada minuto un nuevo infante.

 

 

 

viernes, 1 de marzo de 2024

EL HORROR, EL HORROR,

 

            “El horror, el horror” susurra moribundo el coronel Kurtz con la mirada detenida en algún punto de la jungla. En su rostro, entre el sudor y la sangre, los labios se mueven apenas y los ojos parpadean lentos, agonizantes. El escenario se tiñe con la luz de la luna, el sacrificio de la vaca, los tambores rituales, el zumbido de las moscas.

            Como decía el director de “Apocalipsis Now”, Francis Ford Coppola, su película no era una versión sobre Vietnam, ¡era Vietnam! El ejército estadounidense no ahorró ninguna posibilidad para destruir a los habitantes del norte de ese país asiático. No eran monstruos, como apunta la presentación, eran hombres. Hombres matando a otros hombres; muchos necesitaban drogas, como los propios actores. Otros, entre ellos el protagonista, tenían la ilusión de defender su bandera. Terminaron enloquecidos por todo lo que vieron.

            Marlon Brando, en su magnífica actuación, aparece poco, casi siempre bajo una iluminación que resalta su cráneo, sus ojos, sus manos, el resto queda en sombras. “He visto horrores que tú has visto”, le apunta al joven asignado para matarlo. “Es imposible que las palabras puedan describir lo que necesitan aquellos que no saben lo que el horror significa; el horror”.

            La película de 1979 resume el horror que provocan las guerras, sobre todo entre los más indefensos, como esos niños que pierden sus bracitos. Vietnam fue un escenario que cambió la historia en muchos sentidos, incluyendo el arte. El periodismo se lució con sus reportajes, las famosas fotografías de denuncia, los programas radiales.

            En este febrero de 2024 vuelvo a ver la obra, basada en la crónica de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas” que describe el horror de la colonización belga en Congo, la violenta campaña para obtener marfil a nombre de la civilización. Horror silenciado por décadas hasta que el país europeo se vio obligado a reconocer su responsabilidad.

A continuación, reviso las noticias sobre la masacre cotidiana de las tropas israelíes contra la población civil de Gaza y la usurpación de las casas de familias palestinas en Cisjordania y alrededores. Algunas previenen a los espectadores que las imágenes pueden herir su sensibilidad; preferible que no las vean los menores.

            “El horror, el horror”. Un hombre llora porque la bomba que destrozó su vivienda no solo mató a su familia, sino que las caras de sus seres queridos quedaron como una bola blanca (que la cámara trata de mostrar sin morbosidad); algo que nunca se vio: los cadáveres no tienen facciones. Los muertos bajo los escombros tienen los cuerpos diseminados. Un paramédico llora cuando ordena juntar los restos esparcidos de una niña. Poco después él también será acribillado y su ambulancia incendiada. Los rescatistas de la niña de cinco años que pide desesperadamente auxilio desde un vehículo calcinado, rodeada de cadáveres de sus familiares, también serán ajusticiados.

            “El horror tiene rostro” afirma el coronel de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos en la película. En los más de cien días de genocidio contra los palestinos, queda claro que el horror que se ha llevado a más de 30 mil ciudadanos no es únicamente una convicción del gobierno de Benjamín Netanyahu, de sus ministros o de los supramasistas sionistas.

            El horror es que la comunidad judía justifica cómo mueren sus vecinos -los dueños hasta 1948 de los terrenos que actualmente ocupan. Ningún argumento antisemitismo, derecho a la defensa, o el horror del ataque de Hamas a familias y jóvenes indefensos justifica la reacción de Tel Aviv. Grupos de choque evitan que lleguen alimentos y medicinas, aunque las agencias internacionales advierten de la hambruna en la zona.

            Existen protestas en muchos lugares del mundo y la mayoría de los gobiernos del sur del planeta condenan a Israel, pero nada detiene el horror de cada día. Israel se siente por encima de toda norma internacional y de toda moral. Gaza desnuda a la civilización occidental pues en estos meses está claro que las mujeres y los infantes palestinos valen menos que los europeos.

            ¿O Estados Unidos vetaría una resolución para el alto al fuego si fuesen niños británicos los asesinados cada 15 minutos? Los medios de comunicación están censurados, la prensa no tiene la libertad de informar, tal como lograba publicar desde Saigón. Los periodistas palestinos han sido eliminados uno a uno, igual que el personal de salud. Israel no quiere que el mundo sepa lo que sucede.

            A pesar de toda la presión, cada vez se escuchan más voces de condena como la mayoría de los artistas durante la entrega de los premios Goya o durante el festival de cine en Berlín. Otros temen perder contratos en un mundo dominado por capitales judíos.

“Yo quiero recordarlo, Jamás quiero olvidarlo”, murmura Marlon Brando cuando cuenta los horrores que presenció. “Eres soldado o eres asesino” le preguntan al protagonista de “Apocalipsis Now”. La respuesta es abierta. Vietnam, Irak, Ucrania, Gaza: el horror, el horror.