viernes, 29 de septiembre de 2023

LA DECADENCIA DEL PODER MUNICIPAL

 

            Son tres décadas de la Participación Popular, el programa de gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que fue la última propuesta coherente para gobernar Bolivia. Esa Ley fue el clímax de la acumulación de fortalezas del poder local. Desde 1985 había elecciones municipales, retomando antiguas experiencias y profundizando la flamante democracia.

            La coparticipación tributaria, la valorización de las organizaciones territoriales, la importancia de la sociedad civil y de las culturas originarias dieron un impulso inédito a los municipios, incluso en las orillas del país.

            El entusiasmo desbordó la prudencia en más de un caso; se crearon alcaldías para contentar a poblados o a políticos en sitios que no tenían ni mil habitantes. Apareció la democratización de la corrupción y los informes de la Contraloría (que hoy ya no existe) desvelaban un agujero negro donde chorreaba la esperanza del desarrollo.

            Urgía intentar coordinar entre municipios por provincia, por región más allá de un departamento, y la metropolización de las capitales con poblaciones cercanas.

            El primer golpe al proceso fue en el gobierno del General Hugo Banzer donde la bancada mirista desordenó la normativa con leyes que distorsionaron la LPP.

            En ese fin de siglo, en Colombia (Bogotá, Medellín), Brasil (Santa Catarina, Porto Alegre), Perú (Lima), el poder municipal transformó la calidad de vida de los habitantes. La cultura ciudadana fue la columna vertebral de ello.

            En Bolivia, el municipio paceño estuvo a la vanguardia de las nuevas prácticas para una convivencia más armoniosa. Proyectos como el de las “Cebras”, la Noche de Museos y las ferias culturales semanales, el sistema de transporte del “Pumakatari” y del parqueo racionalizado, el turismo sostenible, el control de riesgos, la meritocracia, aportaron a esa meta.

            Hasta la llegada del Movimiento al Socialismo la influencia de las buenas prácticas se extendía a Zongo, Pongo, Hampaturi, y a municipios vecinos como Mecapaca, Achocalla, El Alto. El MAS boicoteó la perspectiva de caminar juntos.

            Actualmente, lo poco avanzado en el contexto de tantas dificultades, La Paz se hunde en el desgobierno de un Ejecutivo y un Consejo sin brújula, sin concepto y con una absurda dosis de personalismo.

            Entre la gasolinera de Kantutani y el Parque de Las Cholas hay una decena de gigantografías del alcalde Iván Arias. No son precisamente carteles como el de Anita Ekberg en la película de Fellini, sino el rostro de un hombre con colores de Pinterest, a quien alguien le ha hecho creer que cruzar los brazos convencerá a la ciudadanía. O poner letreros con la palabra “super”, siguiendo la tendencia de otros políticos que sueñan con los superhéroes infantiles.

            En ese trayecto ni en ningún otro de la ciudad hay campañas para cuidar el uso del agua potable, aunque al frente de su gran sonrisa, decenas de cisternas extraen agua de los pozos sin control alguno; o, en larga salida a los Yungas hay lava autos con mangueras que tanto tiran agua que el asfalto ha desaparecido; o, hacia Río Abajo, la moda es cocinar cerdos sobre las veredas y calzadas sin medidas de protección.

            Jesús Vera, procesado por quemar 60 buses municipales, goza de impunidad y amenaza a los antiguos funcionarios, ante el silencio cómplice del GAMLP.

            El remate son las múltiples construcciones de los “cerricidas” y de empresas que no se preocupan en las consecuencias de sus profundas excavaciones. Hace un siglo, la marca de la urbanización paceña era Emilio Villanueva. En 2023, los premios son para La Loritas, el símbolo de la cultura “traqueta” de la clase emergente que se ha apoderado de La Paz, con mucho dinero, escasa creatividad y pésimo gusto.

            La decadencia del poder municipal tiene en la sede de gobierno su mejor/ peor ejemplo. Solo queda del hermoso contorno la luminosidad del atardecer, mientras el Illimani está perforado por los chinos, la Muela del Diablo por los avasalladores y el cielo nublado por los chaqueos.

 

 

viernes, 22 de septiembre de 2023

UN TITÁN LLAMADO MARCELO ARAÚZ

 

            Las vitrinas en la sala de la casa en la calle Arenales, en el casco histórico cruceño, rebalsan; no hay más espacio. Los libros de arte y de historia boliviana dan campito a los diplomas, las medallas, las condecoraciones, los artículos de prensa, las entrevistas, los regalos, los recuerdos de cuatro generaciones que adoran a Marcelo Araúz Lavadenz.

            Su sola existencia es un homenaje caminante a su hogar, Santa Cruz, que esta semana está de fiestas.

            Parecería que poco podía aumentarse a esa presencia física y patrimonial. Sin embargo, el periodista, poeta y escritor Alfredo Rodríguez, encontró un camino inédito y sabio para difundir el significado de Araúz Lavadenz en la historia cultural de Bolivia.

            Rodríguez es un autor con múltiples intereses o inquietudes. Sus poemas aparecen en libros propios, en coautorías o en antologías y son seguramente la expresión más juvenil y fresca de su pluma. Escribió artículos para los principales periódicos del país y fue consultor de empresas públicas y privadas. Actualmente publica textos ilustrados con cuentos infantiles inspirados en su entorno.

            La capacidad de investigador quedó plasmada en la zaga con las frases del expresidente Evo Morales, obrita que se vendía como pan caliente en todas las ferias. El autor logró alertar a sus lectores, con las palabras (“Evadas”) del propio jefe cocalero la decrepitud moral y social que gobernaba y destruía a Bolivia.

            En esta ocasión, seguramente más relajado por el feliz tema que le encargaron, Rodríguez indaga en fuentes primarias y secundarias, documentales, fotográficas y orales una biografía que a la vez refleja a una sociedad en sus momentos más lúcidos.

            Araúz Lavadenz está retratado como una figura que trascendió desde un principio su barrio, su ciudad y alcanzó una importancia nacional y, posteriormente, internacional. No son sólo datos que aparecen cronológicamente bajo el título: “El Trasnochador”, sino líneas que explican el pensamiento cosmopolita del biografiado, desde los ancestros.

            Sus padres eran Aurelio Araúz Monasterio y Alicia Lavadenz Flores, representativos de familias bolivianas cultas y señoriales, que ellos unieron en 1933, en el dramático contexto de la Guerra del Chaco. Aurelio era diputado tanto por el Beni como por Santa Cruz y su experiencia en La Paz consolidó su visión de integración nacional y de desarrollo industrial que alentó como parlamentario y como ministro.

            Marcelo tiene muy presente la obra y el pensamiento de su padre, que alentó la creación del Comité Cívico de Santa Cruz. Como presidente de la Corporación Boliviana de Fomento en 1949 estuvo involucrado en la construcción de la carretera Cochabamba-Santa Cruz. Como diplomático conoció el mundo y superó las visiones aldeanas.

            Alicia Lavadenz era hija de Luis Lavadenz Reyes Ortiz, pionero en la exploración y explotación del petróleo en el sudeste boliviano. Las biografías de la familia Lavadenz tocan la leyenda porque se relacionaron con los personajes más ricos del continente y con emporios emblemáticos.

            El niño creció entre la capital argentina -entonces en su apogeo económico y cultural-, La Paz en su mejor momento de modernización urbana y belleza natural-, Cochabamba y sus campiñas. Pasó los años del aprendizaje en Santa Cruz de la Sierra y varios de sus compañeros y vecinitos participaron más tarde en la élite de notables patricios que marcó la transición de la ciudad, generación que parece irrepetible.

            Rodríguez cuenta cómo Marcelo asistía a obras de teatro y conciertos desde pequeño y el gusto por el arte y la belleza le quedó grabado. Devolvió con creces a su departamento y a su patria Bolivia lo mucho aprendido en nueve décadas de vivir rodeado de amor y estética.

            La obra es parte del esfuerzo de Sarita Mansilla de Gutiérrez en la Secretaría de Cultura del Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra para publicar la serie de biografías de cruceños hacia el Bicentenario del 2025.

 

           

viernes, 15 de septiembre de 2023

COCHABAMBA, PATRIMONIO INTELECTUAL DE BOLIVIA

            Entre los patrimonios intangibles de los que poco se habla o se escribe está el rol de personas nacidas o criadas en Cochabamba, cuyo pensamiento impregnó el desarrollo de la historia política nacional. No solamente por la cantidad de presidentes de Bolivia originarios de ese departamento, sino por el liderazgo que ejercieron desde el siglo XIX.

            Lucas Mendoza de la Tapia, como diputado, propuso en 1871 su tesis sobre el federalismo que es básica para los debates sobre esa forma de organizar un territorio. En la fundacional Convención Nacional de 1880 brillaron representantes vallunos como Nataniel Aguirre que se unieron para dar una visión de largo alcance a la Constitución que marcó 70 años de la vida republicana.

            En la llamada Generación de 1910 que intentaba cuestionar el estado de la educación y del desarrollo nacional, participaron personajes como Demetrio Canelas y Casto Rojas. Esos intelectuales sembraron de cultura y conocimiento en todos los espacios donde intervinieron: el ensayo, el periodismo, la propuesta política, la idea de integrar a Bolivia.

            Sin duda alguna, la llamada Generación del Centenario fue la más notable e irrepetible. Desde una ciudad con alrededor de 40 mil habitantes, con crisis económica por la falta de mercado para sus productos agrarios, en 1925, surgieron pensadores que intentaron entender el destino de la nación y dar respuestas personales y colectivas. Varios eran periodistas y literatos y, más tarde, combatientes en la Guerra del Chaco.

            Carlos Montenegro, Augusto Céspedes, Walter Guevara Arce, Ricardo Anaya, José Antonio Arce, Camilo y Oscar Únzaga, José Aguirre Gainsborg escribieron ensayos, programas políticos y propuestas centrados en la idea de la “nación y la anti -nación”. Fundaron partidos, dentro del amplio abanico ideológico del nacionalismo revolucionario, que tuvieron vigencia hasta fines del siglo XX.

            En Cochabamba se formaron en los años 60 los jóvenes de la Democracia Cristina, de la Socialdemocracia y del Socialismo que igualmente se atrevieron a organizar nuevos partidos políticos con una tendencia más rebelde que la de sus padres. No sólo cuestionaban a la anti -nación interna sino difundieron una postura abiertamente “antiimperialista” contra Estados Unidos, sus gobernantes y sus empresas.

            Marcaron la política boliviana en los primeros años de la democracia; participaron de una u otra forma en los gobiernos hasta fines del siglo XX y en las alcaldías.

            Desde el trópico cochabambino se consolidó en forma de instrumento y de partido, una nueva propuesta económica, con un discurso de inclusión social, de reivindicación indigenal y de rechazo a EE. UU con amplias alianzas dentro y fuera del continente. Esa tendencia se nutrió con la herencia de las tesis revolucionarias y de las experiencias rebeldes del movimiento obrero, fundamentalmente minero. La historia dirá por qué se extravió tan pronto.

            Algunos amigos creen que hay factores que ayudan a que en el centro del país surja el liderazgo político: la tendencia a la charla, a la conversación, que se da porque la gente tiene más tiempo que en la capital o porque el clima templado invita a salir de la casa, o porque las sobremesas después de las famosas comilonas duran más rato.

            Lo cierto es que Cochabamba genera pensamiento nacional, desde y para Bolivia con resultados de distinta intensidad y complejidad, sin quedarse en cuatro paredes. Marcan agenda, provocan.

            Periódicos como es el caso de “Los Tiempos” abrieron siempre sus páginas a la opinión plural. Reprodujeron o resumieron ensayos académicos de la región ayudando a la difusión y a la discusión, sobre todo en los fecundos años 90.

            En la coyuntura actual de crisis moral y de liderazgos fallidos, de insinuaciones contrarias a la unidad de la patria, de carencias de nuevas ideas, Bolivia precisa esa voz cochabambina que ayude a tener esperanzas en el próximo Bicentenario.

 

viernes, 8 de septiembre de 2023

¡GRACIAS DON NOEL!

 

            En estos días de septiembre se multiplican en las redes sociales personales e institucionales los agradecimientos a Noel Kempff Mercado, el profesor que amaba la Naturaleza y convirtió a su ciudad en un jardín para alegrar a sus habitantes y a sus visitas.

            El florecimiento de los tajibos y alcornoques saluda a la primavera. Kempff tuvo la iniciativa de aprovecharlos para dotar de estética cotidiana al crecimiento de la antigua aldea que se convertía en una gran metrópoli. Al mismo tiempo, organizaba el mejor Jardín Botánico de Bolivia.

            Se daba tiempo para llenar de palmeras y flores los jardines de los colegios, de los centros deportivos y también de las casas particulares. Cuánta gente recuerda a ese hombre de gruesos lentes que se detenía en su caminar matutino para decirle: señora, acá le falta una dalia; mañana le puedo traer un bibosi, una enredadera. Cuántas novias lucieron las perfumadas orquídeas que cultivaba en su finca.

            Kempff amaba a los animales y organizó el zoológico cruceño que tuvo su esplendor cuando él era su director. Conmueve la foto de él compartiendo el mismo espacio con un felino. Era amigo de las fieras y de las aves, de los monitos y de las serpientes.

            Para él, la Divinidad estaba en la Naturaleza, en la Creación.

            Desde sus años mozos, como joven agricultor, fue un curioso y un buscador de respuestas. No se contentaba con plantar y cosechar, sino que investigaba sobre las plantas, las especies, anotaba todo lo que observaba.

            Sorprende cómo fue un ambientalista pionero mucho antes de que ese asunto fuese parte de la agenda mundial. Defendió siempre la agricultura sostenible, que puede combinar la producción y la generación de riqueza con el respeto al bosque. Hace medio siglo ya advertía de que talas indiscriminadas provocaban vientos desconocidos, cada vez más violentos.

            Al mismo tiempo, no fue nunca un fundamentalista. Comprendía las necesidades de los indígenas y de los campesinos que cazaban animales para su alimentación cotidiana. Condenaba a los dueños de mascotas que no las educaban adecuadamente, el problema no eran los animales, decía, sino sus dueños.

            Amó el mundo de las abejas y escribió sobre ellas. Obsequió ejemplares de reinas a decenas de apicultores y aún quedan esas herencias repartidas en la ciudad, el departamento, Bolivia y países vecinos.

            Kempff fue un ser preocupado por la cultura y respaldó las iniciativas para tener en Santa Cruz una casa especializada donde se den conciertos, con salas de exposición, con escuelas de teatro y otras artes.

            Sobre todo, fue un ser humano representante del grupo de notables que hicieron de Santa Cruz de la Sierra un espacio de esperanza para el resto del país. Generoso con sus conocimientos, amable con los aficionados, hospitalario con los expertos que llegaban desde el exterior.

            Apenas tenía 62 años cuando las balas del narcotráfico cortaron todo ese impulso vital. El 5 de septiembre de 1986, los cruceños, los bolivianos, los amantes de la naturaleza en diferentes partes del mundo, conocieron estremecidos el asesinato del Profesor.

            Su muerte detuvo algunos meses la tolerancia social con los narcotraficantes infiltrados en clubes y comparsas, en estancias y en festejos.

            Han pasado 37 años. ¿Qué diría don Noel de las novedades en estos tiempos?

 

viernes, 1 de septiembre de 2023

ISRAEL Y LOS NIÑOS PALESTINOS

 

           Las guerras, las invasiones, los conflictos tienen mayormente dos grupos principales de víctimas, justamente ambos son los que no tienen responsabilidades en esos enfrentamientos: las mujeres y sus hijos, los niños. Si hay imágenes dolorosas de los lugares de exterminio son esos botines de chiquillo, esa muñeca ensangrentada, ese chupón pisoteado o esa mamadera en el bolsillo de una madre fusilada una tarde cualquiera.

            La humanidad no aprende la lección; al contrario, perfecciona los métodos para acorralar a los hijos del supuesto enemigo para destrozarlo desde sus entrañas. Así lo practicaron los peronistas contra los propios peronistas en Argentina, o los rusos contra los ucranianos. Así actúa el estado israelí desde hace siete décadas contra los niños palestinos.

            Esta semana, la organización Human Rights Watch denunció que “más niños y niñas palestinos morirán” si no se presiona a Israel para que cambie el rumbo de sus políticas represivas. La entidad que vigila el respeto de los Derechos Humanos en todo el mundo está lejos de estar bajo sospecha de antisemitismo o de favorecer a “terroristas”.

            Lo que está sucediendo es que cada vez más voces se alzan en el planeta para denunciar cómo el gobierno y el ejército israelí asesinan a jóvenes palestinos que viven en los territorios avasallados ilegalmente por ortodoxos judíos. Operativos militares han matado al menos 172 palestinos este año, una cifra que parece superar la cantidad de muertos en 2022.

            Con el pretexto de “terrorismo” o aprovechando incidentes que pueden o no ser provocados por los propios servicios secretos israelíes, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha endurecido la represión contra los palestinos. HRW denunció en su informe cómo además de disparar contra personas indefensas, la represión israelí somete a torturas a menores palestinos.

            Frecuentes palizas, interrogatorios coercitivos son parte de los métodos usados. Una fotografía muestra a un chiquito arrestado, de 11 años, Ahmad Abu S., rodeado de agentes que lo acusan de tirar piedras. Los menores apresados son golpeados y estrangulados, sin avisar a los padres sobre su paradero ni consentir la presencia de un abogado. Los datos de decenas de casos están disponibles en internet: Fares, Malak, Khaled, Mohammed, más de un centenar.

            Existen testimonios de colegiales que sufrieron las granadas que soldados israelíes dispararon al rostro para enceguecerlos y ensordecerlos. A otros los dejaron semidesnudos en el frío. Una niña estuvo 64 días detenida sin avisar a sus padres. Los niños que lograron salir sufren pesadillas, han perdido el auto control y confiesan la vergüenza de volver a orinarse como criaturas por el miedo. Alguno intentó suicidarse.

            Aunque los liberen, la policía los sigue vigilando. En algunos casos los escolares detenidos simplemente estaban esperando el bus o retornaban a sus casas; son acusados de estar con una camisa azul, sin tomar en cuenta que ese es el uniforme colegial. Los interrogaron entre varios adultos mientras se niega a los chicos la presencia de alguien que los apoye. Los amenazan y los intimidan para que “confiesen”, para que se auto culpen con la oferta de “penas reducidas”.

            Los abusos de los israelitas contra los palestinos datan de hace años y se dan sobre todo en territorios que son palestinos y en Jerusalén. Sus padres sufren humillaciones y privaciones para poder trabajar o para poder pasar los muchos controles. Existen diferentes informes de organismos internacionales y también voces dentro del propio país denunciando esta violación de las convenciones internacionales de Derechos Humanos; pero el gobierno no reacciona ni respeta el Derecho internacional.

            Al contrario, los amplios tentáculos de Israel abarcan cada vez más: nuevos voceros, nuevas formas, otros formatos y el relato del sufrimiento de judíos en Europa para despertar simpatías.

            En pleno siglo XXI, gobiernos aparentemente diferentes como Israel, Irán y Cuba arrestan a escolares, los torturan, los interrogan, los condenan. Y el mundo sigue conmovido por el fenómeno rosa de Barbie.