viernes, 27 de mayo de 2022

NADIA MURAD: “YO SERÉ LA ÚLTIMA”

 

            Estremece leer una y otra vez el testimonio de Nadia Murad, la joven galardonada por el Premio Nobel de la paz en 2018. Nadia soñaba en ser la última mujer usada como trofeo sexual por hombres armados que -como hace siglos- violan, torturan y esclavizan a las esposas, hijas, madres de sus enemigos.

            Murad se atrevió a denunciar el salvajismo de los militantes del autoproclamado Estado Islámico contra su pueblo yazidí, cuando mataron a más de cinco mil inocentes y secuestraron a otros tantos, sobre todo mujeres. Las chicas fueron vendidas a comerciantes o a militares. Algunas adolescentes, aterradas ante ese destino, se suicidaron lanzándose al vacío desde las montañas donde la población había corrido a refugiarse.

            Los yihadistas atacaron a esta minoría kurda que habita mayormente en Irak porque consideran a esa población como “adoradora del diablo” pues tiene una religión milenaria, cercana al zoroastrismo. También los acusaron de dedicarse a la poesía y a las danzas sagradas, expresiones aborrecidas por los miembros de ISIS.

            Los yazudíes despertaron miedo y admiración por sus profundos conocimientos esotéricos y el dominio de su propio cuerpo y mente. Diferentes autores hablan sobre ellos, como Georg Gurdjieff y Peter Ouspensky, que describen como un círculo imaginario puede atrapar a una persona, solo por la fuerza del pensamiento. Por esos saberes diferentes fueron secularmente perseguidos, como los gitanos. Han enfrentado más de 70 masacres, pero seguramente la de 2014 es la más atroz.

            Los sobrevivientes contaron experiencias tan desgarradoras que es difícil reproducirlas: madres obligadas a mirar como descuartizaban a sus bebés y luego a comerlos; padres que veían matar uno a uno a sus hijos y nietos y violadas a todas las mujeres de la familia, aún las más chiquitas; otros que sabían cómo se los llevaban, como recuerda un anciano que perdió sus 19 hijos y nietos. Mataron a los varones de la aldea, mayores de cuatro años. Infinito horror.

            La propia madre de Nadia y seis de sus nueve hermanos fueron asesinados. Ella fue vendida como esclava y violada colectivamente y cada día por miembros de ISIS. Logró escapar, recibir apoyo de las mujeres kurdas, llegar a Alemania y escribir su conmovedor libro. A los 25 años recibió el Nobel y muchos otros premios por su valentía.

            Sin embargo, cómo ella asegura, no quiere ser militante toda su vida. Quiere vivir en un mundo diferente, donde sus propios hijos tengan derecho a soñar, donde los yazidíes puedan practicar su culto a los siete ángeles, tener matrimonios endogámicos, mantener su tolerancia a las mujeres adúlteras.

            Los yazidíes no representaban ninguna amenaza a ISIS o a las fuerzas sirias apoyadas por Moscú. Simplemente los mataron por “infieles”. En Sinjar quedan decenas de fosas comunes, sin que nadie sepa qué momento los familiares podrán honrar a sus seres queridos o cuando podrán rescatarse a los secuestrados.

            Alguien dirá que el ISIS es un grupo de fanáticos. Lo grave es que hoy, mientras escribo, otras mujeres son atrapadas como botín de guerra, torturadas, violadas. Las tropas de Vladimir Putín (tan íntimo de Evo Morales) están cometiendo similares atrocidades contra las ucranianas.

            En las fronteras, sobre todo con Polonia, llegan muchachas con el futuro quebrado para siempre. Los embarazos, que para la mayoría de las mujeres son una alegría, para ellas es la tragedia. Hay desplegadas entidades internacionales y equipos multidisciplinarios para ayudarlas. Nadie les devolverá el pasado. Como apuntaba Murad: “Nos robaron nuestra vida, nuestros recuerdos, nos destrozaron”. “Mi esperanza, decía al recibir el premio, es que todas las mujeres sean escuchadas”. Ahora sabe que no es la última hembra sacrificada como trofeo militar.

            En Bolivia, las coordinadoras y otros colectivos feministas siguen en silencio.

           

           

viernes, 20 de mayo de 2022

ASESINARON A SHIREEN ABU AKLA

 


            Los periodistas bolivianos no se abrazaron este 10 de mayo pues no es posible celebrar en un ambiente de permanente hostilidad contra su trabajo, sobre todo el del reportero. Porque, además, las instituciones del gremio atraviesan la peor crisis de su historia, desde la Asociación de Periodistas de La Paz anulada por su propia desidia, hasta las federaciones de trabajadores de la prensa, sometidas a un llunku del MAS.

            Tampoco los medios informativos a nivel mundial conocieron buenas nuevas el 3 de mayo, dedicado a reflexionar sobre el estado de situación de la libertad de pensamiento y de expresión. Fue una semana angustiosa al conocer más y más datos de persecuciones, clausuras, presiones, exilios, muertes.

            Para cerrar, faltaba lo peor: el asesinato a sangre fría de la extraordinaria periodista palestino estadounidense Shireen Abu Akla (51 años) cuando cubría otra arremetida violenta de tropas israelíes contra barrios palestinos en la ciudad de Yenín.

            Abu Akla era corresponsal de la cadena de la televisión árabe Al Jaseera (Al Yasira) desde 1997. Fue ella la que mantuvo una voz diferente para que el mundo se informara desde otro punto de vista sobre las profundas razones históricas y humanas de las revueltas palestinas en las llamadas “Intifada”.

            Solamente en dos ocasiones tuve ocasión de ver sus informativos (cuando estaba fuera de este continente) porque es difícil tener otra visión sobre el largo conflicto en el Medio Oriente, que no sea la delos corresponsales judíos o la de las grandes agencias.

            Por ejemplo, no recuerdo haber visto en Bolivia las notas sobre el ingreso violento de tropas israelíes para amedrentar a familias en Gaza o en Cisjordania, donde casi siempre solo sobreviven una abuela, la madre, algunas hermanas, muchos niños. El pretexto de la lucha contra el terrorismo disfraza el terrorismo de estado de Tel Aviv.

            Es difícil comprender la angustia de los jóvenes palestinos si uno no se difunden las escenas de su vida cotidiana: humillados, amenazados, controlados cada tramo cuando van a estudiar, cuando van a trabajar. Hay muchos informes independientes de entidades de la sociedad civil dedicadas a los Derechos Humanos, que tampoco se trasmiten. ¿Quién habla de ese otro Muro de la Vergüenza? ¿Acaso no es esa permanente brutalidad? ¿Hay otro camino que no sea la violencia? ¿Por qué no permiten que estos chicos tengan otros sueños en situaciones de paz y justicia?

            Por ejemplo, en febrero de este año, Amnistía Internacional acusó a Israel de cometer crímenes de apartheid y discriminación contra la población palestina en Israel y en los territorios ocupados. La propia agencia Europress publicó el informe en detalle. La prensa boliviana no hizo caso, ocupada en los trapos sucios de la casa.

            Aunque Shireen vestía el chaleco azul que la identificaba claramente como “Press”, dispararon contra ella. Al Jaseera culpó inmediatamente a soldados israelíes. El gobierno de Neftalí Bennett quiso responsabilizar a los propios palestinos. Intentó justificar, una vez más, sus excesos porque “buscaban terroristas en el barrio.”

            Israel afrentó los restos mortales de la admirada periodista; sus policías tiraron el ataúd al suelo, robaron su chal ensangrentado, sin respetar el duelo de familiares y amigos. “Nos lanzaban piedras” declaró un oficial ante la comunidad internacional para esconder su maldad. Los videos muestran el grado de represión.

            Israel obliga a los palestinos a pagar cada día un precio por un holocausto en el cual ellos no participaron. Quieren expulsarlos de su propia tierra, como hicieron en 1948, como ahora hacen los rusos contra las familias ucranianas indefensas.

 

viernes, 13 de mayo de 2022

EL PILLERÍO COMO POLÍTICA DEL ESTADO PLURINACIONAL

             Los hechos delictivos que se suceden en Bolivia con creciente intensidad y frecuencia, desde enero de 2006, no pueden ser calificados simplemente como corrupción, tal como ésta es definida por los expertos y en las convenciones internacionales contra la corrupción. Tampoco son excesos de uno o de varios funcionarios en provecho particular o en incumplimiento de sus deberes.

            La interminable lista de fechorías responde a una política del Estado Plurinacional. Hace mucho que insistimos en mostrar al Movimiento al Socialismo (MAS) como un método de acumulación de riqueza, siguiendo la huella de Vladimir Putin, Hugo Chávez, los Kirschner, los Maduro, los Ortega Murillo; no son partidos políticos, son clanes.

            Muchas de las noticias se originan en el despecho de bandas rivales que se denuncian entre ellas porque en los últimos años han cambiado algunas de las reglas del juego, han aumentado las ambiciones de los peces más chicos. Por otra parte, ha crecido la confianza en su impunidad.

            El fracaso de la Contraloría General del Estado, de la Unidad de Investigaciones Financieras, del Ministerio Público (del primer al último eslabón) y de todo el sistema judicial (desde la comisaría pueblerina hasta el Tribunal Constitucional) es reflejo de la mediocridad de sus autoridades, de su incapacidad profesional y ¡sobre todo! de su politización. Son serviles a los dictámenes del MAS y ese poder sólo quiere más poder y más capital, así sea ilegal.

            Suelo citar la frase del no matemático Álvaro García Linares felicitando a los dueños de los autos chutos en los Yungas, “al menos tenían un instrumento de trabajo”, ya no tenían que caminar, que sudar.

            ¡Impostor! Cada chuto es un historial negro (ni siquiera gris), cualquiera sea su procedencia. Es un objeto que entra al país sin pagar impuestos y sin verificación sobre su potencial contaminante. Es un dinero que no llega jamás a un puesto de salud, a una escuela, a una universidad. Es una competencia desleal y perversa a las empresas legales que importan vehículos con papeles y garantías, que pagan placas, que tienen tanques de gasolina originales. Que crean empleos estables, algo que los masistas parecen aborrecer.

            Detrás de cada camioneta sin placa hay un grupo, un clan, un cartel, una mafia, que no sólo trafica automotores, sino que está metida en la trata de personas, en el circuito coca cocaína, en contrabandear armas, municiones, granadas.

            Cada “chuto” resta ingresos al Estado Plurinacional (ignora esa ecuación tan simple el presidente economista). En cambio, cancela coimas a una hilera de cómplices: militares y aduaneros hasta el altiplano (¿ignoran el esquema la autoridad aduanera, el comandante del ejército?). Después se paga a policías, mínimo doscientos dólares por tranca hasta el lugar elegido, casi todos espacios plurinacionales donde la cocaína circula.

            Los uniformados se cansaron de recibir sólo la “coima”. ¿Por qué quedarse con la “mordidita” si está a su alcance el buffet completo? Fueron perdiendo su dignidad desde que el cocalero los obligaba a amarrar sus zapatones; a cuidar los portones donde escondía sus travesuras amorosas; a trasladar a la novia adolescente; a proteger a grupos de choque. A saltarse promociones, buenos alumnos, especialistas, para poner como jefes a sus adláteres.

            La Policía tuvo un momento de lucidez cuando en noviembre de 2019 protegió a la ciudadanía y esos mismos jóvenes también salieron a cuidarla de las bandas azules.

            Ahora no hay solución, ni posible reforma, ni anuncios. Johnny Aguilera ha enterrado a la Verde Olivo que fundó el Mariscal Antonio José de Sucre.

viernes, 6 de mayo de 2022

ALIANZA RUSA CHINA: LA GRAN AMENAZA CONTRA LA LIBERTAD DE PRENSA

 

            Estremece leer la alianza de las dictaduras comu-capitalistas de Rusia y de China para difundir en sus países sólo las notas emitidas por sus inmensos sistemas de comunicación masiva. China sólo permite que circulen noticias oficialistas sobre la sangrienta invasión de Vladimir Putin contra el pueblo de Ucrania. Así, no solamente la opinión pública moscovita recibe una información que crea un mundo paralelo sobre las razones de la agresión y sobre el fracaso del ejército putinense, sino que ahora también los millones de televidentes en Beijing o en Shangai ven una guerra que no es la real.

            Censura y propaganda al mismo tiempo. Los medios chinos no difundieron los mensajes de deportistas olímpicos sobre Ucrania, aunque se emitieron en su propio país, o no transmitieron partidos internacionales donde se expresó solidaridad con Kiev. Los mensajes diferentes son borrados en las redes.

            Este es un paso más en la escalada de control de la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de prensa que sufre el planeta en este nuevo siglo. Esas son las libertades que se constituyen en la piedra angular de la democracia. Sin prensa libre no hay paz.

            En los países con elecciones libres, tampoco la situación de la prensa libre está consolidada. La compra de medios, oligopolios, incluso monopolios en una larga serie de acumulación de medios (sobre todo audiovisuales) afecta la circulación de ideas sin previo control. Dueños de empresas de armas o de industrias ajenas al periodismo avanzan en la adquisición de medios y marcan tendencias, como ya pasó en Gran Bretaña con el Brexit, o con la ultraderecha en Francia.

            En América Latina la situación es catastrófica en Nicaragua, con decenas de periodistas presos y medios cerrados; en Venezuela donde ya no hay periodismo; en Cuba, acaban de sacar incluso al director de una revista universitaria por atreverse a nombrar al 11/7. TELESUR es el ejemplo que sigue la línea ruso china de sólo pasar información censurada, favorable a esos regímenes. En la otra punta, los periodistas colombianos padecen las dos amenazas: violencia y compras de medios, como pasó con la revista Semana. En El Salvador, las amenazas contra la prensa son estatales, parapoliciales, desde las maras.

            México es el peor país en todo el mundo para trabajar con la información: asesinatos, agresiones, secuestros, amenazas. Manuel López Obrador es el otro ejemplo patético de los mandatarios que añoran aparecer en los medios, pero sólo si los alaban.

            Moscú ha logrado crear una realidad paralela con su máquina propagandística, denunciaba un periodista ruso a Radio Francia Internacional. Rusia aparece en el puesto 155 del último informe de Reporteros sin Fronteras. Con el pretexto de la invasión sangrienta a Ucrania, la resistencia del pueblo y de su presidente, el régimen ha cercado los últimos espacios de periodismo independiente.

            Los medios que se atreven a mostrar los cadáveres de niños y mujeres que dejaron las tropas rusas en los pueblos ucranios, están obligados a difundir el relato oficial que muestra ese horror como acción de los propios vecinos. En China, en Rusia y en Cuba cada vez hay menos espacio para el trabajo de los corresponsales extranjeros, como sucedió en La Habana con el reportero de EFE. “Y sin embargo se mueve”, repite Galileo Galilei desde su tumba, porque todo ese cerco no logra cambiar la realidad.

            El trabajo oscuro de testaferros o de agentes extranjeros que compran matutinos, como se da en Bolivia, es otro asunto pendiente.