DESDE LA TIERRA
EL SÍNDROME DEL TERCERO
LUPE CAJÍAS
Circula
una fotografía de familia, entre otras, de la visita del rey Felipe VI al
Estado Plurinacional de Bolivia, el pasado 12 de marzo, en la cual posan la
comitiva española, el presidente Rodrigo Paz Pereira, rodeado de sus inmediatos
colaboradores, custodios uniformados y secretarias del gabinete.
No sale
el vicepresidente constitucional Edmand Lara, al cual se le atribuye buena
parte de los votos que dieron la victoria a Paz; esos votos decisivos en los
sectores sociales y territorios que en estos días protestan contra el gobierno.
El tiktokero está silenciado.
¿Cuáles
de esos ministros participaron en debates doctrinarios del Partido Demócrata
Cristiano? El PDC es la sigla del binomio ganador de octubre. Sin embargo, los
militantes de antaño están marginados de la escena.
En
cambio, varios rostros recuerdan a la campaña del que quedó tercero en la
disputa. En una especie de cambalache, el vicepresidenciable que quedó fuera
del balotaje es el superministro con competencias que le permiten ser un puente
de relacionamiento con el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y la sociedad
civil. Es un hombre con gran conocimiento del país y su nombramiento despertó
simpatías, confianza, credibilidad.
En las
últimas semanas se lo escucha poco, casi nada.
¿Quién
gobierna, quién da la línea, quien señala el norte, quién escribe la hoja de
ruta, quien toma decisiones de corto, mediano y largo plazo?
En 1989,
Jaime Paz Zamora con la sigla del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria
(MIR) quedó tercero en las elecciones. Con una maniobra que incluyó cruzar ríos
de sangre ocupó la presidencia. Tal como eran las normas electorales de esa
época, el Congreso Nacional eligió vicepresidente al candidato que salió
segundo, Luis Osio Sanjinés, del PDC.
Osio
fue el acompañante ideal. Se ocupó de fortalecer al Parlamento, fomentó
cantidad de iniciativas para promover y publicar reflexiones sobre la realidad
nacional junto con analistas, periodistas, constitucionalistas. Aconsejó a Paz
Zamora institucionalizar la Corte Electoral con ciudadanos notables y otras
medidas para fortalecer la democracia.
Por su
parte, el líder del MIR se rodeó de ministros con reconocida experiencia para
cada área como Gustavo Fernández, Enrique García, David Blanco, Carlos
Iturralde, Oscar Zamora, Mariano Baptista, Mauro Bertero, Manfredo Kempff,
Mario Paz. Fue un periodo con pocos conflictos sociales, aunque con
turbulencias en el área de seguridad y con el creciente narcotráfico.
Esos
trueques de perder y ser presidente, de ganar y gobernar con los perdedores
hace recordar esa frase de un escritor casi olvidado: “la historia se repite,
primero como tragedia y después como caricatura.”
En la
foto de marzo sonríe el entonces ministro de Hidrocarburos y Energías, Mauricio
Medinaceli Monroy, uno de los bolivianos con mayor experiencia internacional
que cubre cuatro continentes, desde Costa Rica a Afganistán, de Sudán a
Uzbekistán, además de aportar a las principales instituciones mundiales
relacionadas con el petróleo y el gas. Tiene esas hojas de vida que sorprenden,
formado en la Universidad Católica Boliviana de La Paz, llegó tan lejos que parece
imposible. Pudo quedarse a trabajar en cualquier país del mundo.
Quiso
compartir su experiencia retornando a la patria, la patria, pero fue
despedido con modales poco elegantes. Paz Pereira tiene mala reputación como
hombre de lealtad con sus colaboradores. Este ejemplo es dramático.
En la
esquina de la foto aparece un rostro forastero. ¿Qué hace ahí en la escalinata
del Palacio de Gobierno? Es de piel clara y rostro pequeño, viste con terno y
corbata impecables, calvicie incipiente. Es serio. Mira hacia abajo. No es de
la delegación española ni ocupa un cargo oficial en el gobierno boliviano.
Quizá
quiso verse en la fotografía para mostrarles a sus amigos -Jair Bolsonaro,
Javier Milei o Donald Trump- que él también estuvo con el monarca descendiente
de la Casa Borbónica, de las casas reales europeas, de la estirpe de los reyes
católicos. No todos los días se almuerza con un rey.
De él se
cuentan cada vez más anécdotas: viene y se va, llama a ministros, habla con
políticos, sube y baja, está acá y está allá, al punto que se especula que sus
consejos (¿órdenes?) provocaron más de una renuncia.
De la
foto puede ser que nadie quede en pocos meses: secretarias despedidas, crisis
de gabinete, cambios en los altos mandos policiales y militares. Hasta suenan voces
presionando para la renuncia del propio presidente Rodrigo Paz.
En
cambio, el sutil emisario de la Casa Rosada y de la Casa Blanca no se moverá.
Es época de los lobistas, no de los políticos.
“Cuando
los bolivianos despierten, Fernando Cerimedo todavía estará ahí”.