viernes, 20 de febrero de 2026

LOS UNIFORMADOS DEL BICENTENARIO

 

            En 2010, el comandante del Ejército boliviano, el General Antonio Cueto Calderón, declaró: “estamos con el proceso de cambio; estamos siguiendo la política del señor presidente”. Las Fuerzas Armadas “serán antiimperialistas”. A su lema “subordinación y constancia”, agregó “patria o muerte: venceremos”, tal como ordenó Evo Morales. Se realizaron homenajes a la whipala, pese a reclamos de la oposición y de otros militares.

            Ante las críticas a Cueto por haberse declarado “anticapitalista, antiimperialista y socialista”, el presidente cocalero aseguró que el ejército boliviano nació anticolonialista. “No debemos dejar que ningún poder externo se nos imponga”, sin mencionar por qué llegaban militares venezolanos y asesores cubanos.

            Morales alentó la apertura de los recintos militares a pobladores del Chapare para lograr unas Fuerzas Armadas “comunitarias”. Muchos militares obtuvieron cargos en embajadas, en empresas descentralizadas. Desfilaron junto a campesinos. Participaron en escenografías como una batalla en la frontera con Chile. Defendieron a Morales y dieron cobertura a sus desplazamientos públicos o privados.

            En 2026, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, General Víctor Hugo Balderrama, participó en la Cumbre Estratégica de Defensa en Washington, convocada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para reunir a militares del continente.

            Según la prensa, la reunión tenía el objetivo de lograr operaciones y entrenamiento militar para la paz hemisférica; establecer mecanismos sólidos de intercambio en inteligencia estratégica. Un lenguaje muy parecido a los 70 de las dictaduras militares, con el toque de la paz según Donald Trump.

            Balderrama posó junto al general estadounidense Dan Caine, quien comandó el operativo que secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Al parecer, para las FF.AA. la consigna “patria o muerte” está olvidada.

            Entre esos dos episodios, los bolivianos conocieron a otros comandantes. Williams Kalimán Romero pidió la renuncia de Morales en medio del alzamiento civil, aunque hasta el 10 de noviembre de 2019 había sido un fiel defensor de Evo, del “proceso de cambio”. Los discursos de Kalimán desde su posesión en 2018 mostraron a una persona de escasa cultura; de formación muy deficiente.

            Entre tanto, las Fuerzas Armadas recibieron varias tareas, como repartir los bonos. En más de una oportunidad hubo denuncias sobre la poca transparencia en ese cometido. Por otra parte, los ingenieros militares no lograron concluir obras importantes, como las mejoras sustanciales al camino La Paz- Chulumani, que sigue peligroso, de tierra y con permanentes derrumbes. El otro fracaso fue su sistema de transporte aéreo.

            En 2024 comenzó una novela que todavía no llegó al “(Happy)End” con el alzamiento del comandante general del Ejército Juan José Zuñiga y otros militares. En esa tarde de junio, Zuñiga entró con tanquetas a la Plaza Murillo, kilómetro cero del poder político. Hubo una serie de incidentes que más semejaban una pantomima.

            En improvisada entrevista, Zuñiga declaró que fue una acción coordinada con Luis Arce para revertir su escaso respaldo popular. Hubo varios detenidos y acusados de conspiración. El lenguaje de Zúñiga revela una estructura mental infantil.

            Al mismo tiempo, en casi todos los operativos contra el tráfico de sustancias prohibidas y en la detención de bandas criminales existe participación de militares y de policías. La complicidad de los uniformados con el narcotráfico es proverbial desde el auge de este flagelo bajo la presidencia del General Hugo Banzer, o en casos dramáticos como en Huanchaca (1986). Lo que antes era una excepción, se convirtió en sistémico. Militares contrabandistas detenidos en la frontera con Chile, una y otra vez… y declarados héroes.

            Similar al deterioro creciente de la Policía boliviana, rostro de la “Generación Evo” después de 20 años de estropicio. Estos uniformados aparecen frecuentemente en las noticias de la crónica roja. No se sabe si son policías delincuentes o viceversa. Un paupérrimo Bicentenario de la institución creada por Antonio José de Sucre.

            Ninguna autoridad o político les pide cuentas; los miman. ¿Por qué no se incluye a los militares en los procesos de reordenamiento económico? Ellos tienen derecho al 100 por ciento de jubilación, aunque no generan riqueza como los trabajadores mineros. Todo lo contrario, consumen impuestos de todos ¿Cuál es su contribución al desarrollo nacional?

            Con esta institución camaleónica; con esta falta de personalidad; con estas voces desquiciadas, ¿qué pasará con la defensa de nuestro territorio, de sus recursos naturales, de su población? ¿Pesarán más los intereses yanquis que los intereses bolivianos?

 

 

           

jueves, 12 de febrero de 2026

ERAN MENOS DRAMÁTICAS

 


            Hugo José Suárez publicó la carta de amor y de despedida de su abuela, divorciada, de su amante, el gestor cultural anarquista Líber Forti. “Luchador y seductor, encantó a Elena y empezaron una relación de pareja estable”, escribe el nieto. Hasta que, “en una ocasión, Elena llegó inesperadamente a su casa y encontró a Líber besando a una mujer y sus manos acariciándole los pechos descubiertos”.

            Ella había sacrificado las comodidades, incluso renegaba por su docilidad para lavar los overoles de los amigos sindicalistas, pero no perdonó la infidelidad. El 2 de julio de 1954 se despidió de aquel hombre que había alterado su tranquilidad y a toda Tupiza con sus prédicas ácratas y los ensayos en lo que sería La Cueva de “Nuevos Horizontes”.

            “Desde que vi por primera vez tus ojos negros y dulces supe que te quería, sin reflexión y sin cálculo, más allá de la vida y de la muerte”, desgrana su historia de pasión desbordada en una misiva de novela. Decide dejarlo antes de “ver cubrirse con un velo de cansancio tus ojos que amé tanto o dibujarse una mueca de hastío en la boca que me besó”. Dos años después conoció a un beniano que le prometió formar una familia. La embarazó y después desapareció.

            Ni la familia ni la comunidad apartó a Elena; quizá algunos comentarios inevitables; la vida continuó. Sus descendientes sienten orgullo por la biografía de una mujer que administró sola la finca Santa Rosa y emprendió cada vez nuevas rutas para sacar adelante a sus dos hijos. La añoran por su fortaleza y por su ternura, por tejer chompas, por mantener viva la esencia de Sud Chicas, por proteger a todos en las duras épocas de la dictadura. Nunca se le ocurrió hacer dramas de su dura vida desde la temprana orfandad hasta las enfermedades de pobreza y soledad.

            En las historias familiares encontramos con frecuencia esas coordenadas, de amantes y de amazonas. Mis líneas genealógicas cruceñas son de abuelas y bisabuelas que tuvieron romances y críos con más de un hombre. Sin embargo, siempre fueron las matronas, las Mamá Grande. Eran las administradoras de los pocos o muchos bienes, las que sabían ahorrar, invertir, comprar la casa, prever el calendario agrícola, reservar los alimentos, organizar la cocina, costurar las ropas viejas y nuevas, conservar la cultura, las canciones y los versos. Entre tanto, los chicos crecían juntos, en fraternidad a pesar de la disparidad de apellidos. Puritanismo anglosajón, jamás.

            ¿Se verían a sí mismas como víctimas? Creo que no. Quizá más como personas limitadas en espacios pequeños, aunque lograron viajar y conocer otros horizontes.

            En las grandes propiedades agrícolas de La Paz anterior a la Reforma Agraria encontramos a la abuela, a la bisabuela, que organizaba la economía doméstica y de la propiedad. En Río Abajo, en lo que era Hachumani (así, con H, que heredó una mujer que abandonó a su flojo marido), en cada piso ecológico.

            En las ciudades, los hombres perdían el tiempo (y el dinero) como abogados, bohemios, políticos o jugadores.

            Ni qué decir de la chola paceña, como bien la describió Antonio Paredes Candia. Una reciente exposición fotográfica en el Museo Costumbrista refleja el poder económico y privado de las cholas, especialmente las propietarias. Dominaban la vida doméstica y los mercados, tambos y tiendas donde se forjaba el poder de la sede de gobierno.

            Estaban las Claudinas, bellas dueñas de chicherías y de corazones de estudiantes y obreros. Es más que un nombre de novela. Es una categoría de mujer que maneja las riendas de su entorno. Así lo reconocía Juan Lechín. ¿Se sentirían “objeto sexual”, víctimas del patriarcado?

            Era diferente ser mujer urbana, provinciana que campesina; era distinto tener recursos, apellidos, instrucción, vivir en casa, en galpón, en casucha, sufrir el derecho de pernada, ser esposa del patrón o del pongo.

            Las corrientes feministas quieren meter a todas en un mismo cajón. Las españolas porque se desbordaron después de décadas de dictadura; las argentinas, idem. Un discurso (y acciones y normativa) que ha abierto la reacción más violenta.

            Las bolivianas deberíamos escuchar más las historias de amor y de lucha, de maternidad y de escritura, de arte y de belleza de nuestras antepasadas. ¿Acaso quieren ser recordadas como sometidas?

            Cada persona nace con unos dones que llegan desde sus ancestros y su entorno social, y unas oportunidades. De cada cual depende creer en sus posibilidades y forjar sus propios méritos e ideales, más allá de las modas y de los fundamentalismos que están llevando a la humanidad al abismo.

viernes, 6 de febrero de 2026

EL HOMBRE QUE ODIA EL VERDE

 

            La lista de candidatos a las elecciones subnacionales estremece a la opinión pública boliviana. Incluye personajes insólitos, al borde del ridículo, que no se sabe si se apuntaron para hacer reír, para hacer llorar o para provocar gritos de espanto. Quizá es un contagio inevitable: si hubo un presidente semianalfabeto y hay un vicepresidente inculto, por qué no yo.

            A pesar de la depuración institucional que cumplió el Tribunal Electoral Plurinacional (TEP) quedan opciones que asustan, sobre todo porque ya existe la experiencia de los caudales de votos que recibieron candidatos similares.

            La escoba de un candidato en los años 70 era una tontería. Entonces era una excepción. Ahora es una epidemia. Las Cicciolinas tienen derecho a candidatear, pero su oferta criolla parece no pasar de un baile de caderas caídas y de pechos falsos; ¿qué gana una ciudad? Otros posan beodos en autos de lujo rodeados de amigotes: “a ti qué”, “tengo derecho”; no palidece de vergüenza ante las cámaras.

            Existen videos que comprueban los extremos de estos candidatos, sobre todo para Santa Cruz de la Sierra que ya padeció a los Jhonnys y Angélicas. Tener maletas o un título de miss es suficiente. Los ejemplos patéticos revelan el grado de descomposición del sistema político nacional.

            ¿Ideología? Ninguna. ¿Programa? Apenas frases inconexas. ¿Proyecto? Hacer negocios con dinero público. ¿O es por vocación de servicio que hay candidatas que ayer juraron desde una lista masista y hoy sonríen desde el extremo opuesto?

            El opaco panorama no termina ahí. Existen candidatos que desean reelegirse después de su fracaso. En La Paz, el gobernador Santos Quispe quiere hacer creer que el departamento logró desarrollar sus potencialidades bajo su administración. Olvida las escenas de sus borracheras en el despacho, rodeado de latas de alcohol.

            El caso más insólito es el del alcalde Iván Arias, el huracán que devastó lo que la sociedad civil paceña había conseguido en el nuevo siglo. Arias es el ejemplo de que el masismo es un método y no un partido; un formato de gobierno depredador.

            Entre los muchos aspectos negativos de su gestión, el más lamentable es el destrozo de las áreas verdes. ¿No vio Cochabamba para inspirarse un poco en lo logrado por Manfred Reyes Villa? No puede aducir el pretexto de falta de presupuesto o crisis, porque la capital valluna está hermosa en las mismas condiciones y con el vandalismo masista acechando.

            Los parques y plazas se han transformado en sitios de ventas, como si toda La Paz fuese mercado callejero. En Sopocachi, el barrio emblemático de la época liberal con sus manzanas arboladas cada cuatro cuadras, la Plaza Abaroa es un permanente muestrario de kioscos de plástico con dudosa producción nacional, contagio que llegó el año pasado a la Plaza España; hace dos meses hay un letrero anunciando un evento que ya pasó, el otro letrero fue retirado por los vecinos por la peligrosidad que representaba. La plazoleta del Bicentenario está destrozada por tantos fierros que colocan los vendedores.

            En 2023, Arias anunciaba la “Ruta del Amor”, la “Plaza de la Luz”. No es cierto.

            Nada más triste que pasear por el legendario Montículo convertido en tierra de nadie. Los dueños de los perrihijos ensucian con defecaciones diurnas y nocturnas. El vandalismo destroza piedras y bancos retratados en fotos de 1948. Sin embargo, nada justifica que no exista césped y que la maleza cunda.

            La descentralizada Empresa Municipal de Áreas Verdes, Parques y Forestación (1999), ejemplo de eficiencia, ahora está abandonada. Arias no pagó a los jardineros por más de tres meses. Su protesta por la cercanía navideña fue reprimida por los guardias municipales. Una persona atiende tres parques.

            Los bordes de las avenidas, incluyendo la importante Kantutani, rebalsan de hierbas que deben ser peligrosamente evitadas por los conductores. Una parte fue escenario de ladrillitos con los colores de Iván; también ya descuidados. Las jardineras, el Laikakota, las rutas verdes en la zona Sur, los jardines infantiles en la Periferia están destrozados. Cinco años de estropicio.

            En cambio, Arias gasta dinero público en su autopropaganda: gigantografías con su sonrisa; spots del “negrito”; publicidad abierta y encubierta en medios de comunicación. Los pasajeros del Pumakatari están obligados a escuchar sus “buenas obras”. ¿Acaso es legal usar los impuestos municipales para promover su candidatura?

            Iván Arias representa la peor política populista. Mima a los gremiales legales o improvisados porque son votos. Castiga a los niños, a los deportistas, a los transeúntes, a los turistas que no pueden disfrutar de un espacio verde.

            Lástima que en una columna de opinión no quepan fotografías para acompañar con imágenes la decrepitud de esta gestión.

 

viernes, 30 de enero de 2026

1980: BOLIVIA, POLONIA, IRÁN

 


            En 1980, tres países en distintos continentes mostraban al mundo las posibilidades de cambios profundos en busca de esa línea invisible que se llama Libertad: Bolivia en América; Polonia en Europa; Irán en Asia. Tres enseñanzas diferentes.

            Bolivia era el ejemplo para los latinoamericanos que luchaban por derrocar a los gobiernos militares respaldados por Estados Unidos en el apogeo de la Guerra Fría. Fría para unos, sangrienta para el subcontinente. James Carter intentó frenar los excesos de las dictaduras. Bolivia fue elegida para ensayar unas elecciones controladas. Sin embargo, la decisión de esposas de mineros (con el apoyo moral y material de la Iglesia Católica) cambió ese diseño al lograr la amnistía general el 18 de enero de 1978 y la histórica convocatoria electoral sin presos políticos.

            El ejemplo boliviano asustó a los fascistas del Cono Sur. Una conspiración narco/militar, con intervención de Argentina, detuvo la construcción democrática. Sin tregua, los sindicatos resistieron hasta lograr recuperar la senda constitucional en 1982. En 2006, la presidencia de un campesino semianalfabeto abrió esperanzas en el Sur.

            En 2026, el país tiene un gobierno de derecha surgido en elecciones libres. La mayor amenaza son los resabios violentistas como el clan García Linera que alentó asesinatos en 2008, guerra civil en 2019; agarrar del cuello a los empresarios en 2025. Uno de sus hijos advierte con fusilar a sus oponentes.

            El 27 de enero de 1945, el ingreso de las tropas soviéticas en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau alegró a la población polaca que había padecido los horrores del nazismo. Pero, el régimen comunista en la zona del Pacto de Varsovia prolongó los sufrimientos civiles. Sin embargo, la elección en 1978 de Karol Josef Wojtyla como Pontífice abrió una ventana de esperanza. El sacerdote de Cracovia, convencido antimarxista, era parte de la Iglesia Católica que ayudó a la resistencia del pueblo, profundamente creyente.

            Con ese aliento, el sindicato Solidaridad cobró una amplia influencia. Fue fundado en agosto de 1980, aunque ya en 1979, las huelgas en los astilleros consolidaban un movimiento independiente del bloque soviético. El líder obrero Lech Walesa logró firmar un acuerdo con el gobierno estalinista y vencer etapas de represión y clandestinidad. Solidaridad fue la primera grieta en el feroz Telón de Acero. Poco después Walesa fue presidente, cayó la agotada URSS y los países del este europeo respiraron libertad.

            En 2026, Polonia experimenta el auge de la ultraderecha con una radical agenda anti migratoria. El liderazgo de Karol Nawrocki es una fisura para las posturas más democráticas de la Unión Europea. Al mismo tiempo, vuelve al miedo de los años 40 con la invasión rusa a Ucrania. Muchas mujeres están ahí refugiadas; algunas con traumas terribles atendidas por la doctora boliviana Erika Silva.

            El 16 de enero de 1979, el Sha Reza Pahlavi abandonó Irán marcando el final de la monarquía, después de un masivo levantamiento popular contra la situación económica. El Sha, con el respaldo de Washington, había gobernado con mano dura al milenario espacio persa. “Presencia” difundía noticias sobre las luchas de los fedayines.

            La violencia empleada el Viernes Negro de septiembre de 1978 había acentuado la crisis. La plaza Jaleh de Teherán fue escenario de la sangre que manchó sus esquinas. No se publicó la cifra de muertos. Los generales fueron desertando hasta que el Sha salió derrotado. La revuelta había acorralado a un gobierno amparado por la CIA.

            Surgió la República Islámica liderada por el Ayatola Imán Ruhollah Jomeini. Desde febrero, él se convirtió en el símbolo de la revolución, muy distinto al movimiento estudiantil que había encabezado la revuelta. A fines de 1979 estalló la crisis de los 50 rehenes en la embajada de Estados Unidos. El Sha se refugió en Panamá (donde estaban asilados la familia Paz Zamora Pereira y dirigentes de la COB). Esta tensión hizo perder a Carter la reelección. Su sucesor, Ronald Reagan, volvió a los métodos imperialistas.

            La fuerza del islam hizo tambalear las teorías políticas de la época. Se sucedieron las guerras provocadas en gran parte por EE. UU., incluyendo pretextos falsos, y tocando a Irak, Arabia Saudita, Israel, Líbano, Palestina.

            En 2026 los iraníes vuelven a las protestas y a enfrentar al sistema a pesar de las sucesivas matanzas en todo el país. Teherán fracasó en su intento de crear bases ideológicas y logísticas en países latinoamericanos, entre ellos el Estado Plurinacional de Bolivia y Venezuela, después de encubrir atentados terroristas en Buenos Aires.

            De telón de fondo, ayer como hoy, el petróleo, los recursos naturales y la ambición de los mercaderes de las armas por apoderarse de territorios provoca guerras y muertes sin importar el costo para la población civil.

 

 

           

 

viernes, 23 de enero de 2026

LA COB SABE LEER

 


            Es curioso sobreponer el mapa de los resultados electorales de octubre de 2025 sobre el mapa de los bloqueos de caminos en enero de 2026. En los mismos puntos donde ganó el binomio Rodrigo Paz- Erland Lara (en algunos con más del 90 por ciento de sufragios) salieron pobladores para impedir el paso de vehículos y, a veces, de personas.

            Un mapa que también se puede calcar con los colores azules de lo que fue hasta 2025 el voto duro del Movimiento al Socialismo (MAS). Ahí -donde los dirigentes orgánicos instruyeron apoyar la fórmula del Partido Demócrata Cristiano-, algunas semanas después, esos mismos dirigentes instruyeron el bloqueo general de vías.

            En octubre fueron mimados; en enero fueron vilipendiados. Ayer eran el pueblo; ahora son individuos con salarios elitarios. En octubre eran humildes; en enero eran corresponsables de la crisis económica; los malvados.

            Ríos de tintas y mensajes para recordar el clientelismo; el deterioro de la “otrora gloriosa” Central Obrera Boliviana (COB); la corrupción de las cúpulas de la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y de su rostro más inflexible, las Bartolinas.

            Después de la firma del acuerdo entre el gobierno y la COB aparecieron comentarios en los medios de comunicación, en las calles y en los cafetines que reconocían que el cuestionado decreto “tenía errores de forma”; “tenía contradicciones en la ingeniería jurídica”; “repetía párrafos”; “quería pasar debajo de la alfombra asuntos más complejos”, etc.

            Lo que los analistas no lograron explicar por varios días, lo habían conseguido los líderes proletarios. Ellos habían leído con más cuidado los artículos del largo texto y se habían percatado que en medio de la sopa de los subsidios del combustible llegaban otros fideos que no estaban dispuestos a digerir.

            En las radios más populares se escuchaban las preocupaciones de diferentes gremios, desde carniceros a vendedores ambulantes, temerosos de lo que podía suceder, desde nuevos impuestos hasta “se van a llevar nuestros recursos”. En el minibús, algunos pasajeros repetían: “hay que salir, hay que salir”.

            Las tensiones de este inicio de año sacaron a esa Bolivia que guarda otras dinámicas y otras acumulaciones. Sabe leer y sabe lo que quiere; sobre todo sabe lo que no quiere. La COB demostró que, aún decrépita y con su legitimidad cuestionada, es el referente en la memoria colectiva, capaz de centralizar las demandas sociales. Por algo carga tantos años de historia y ha vencido todos los intentos de dividirla.

            Los sindicatos mineros reclaman porque saben que son la columna vertebral de las exportaciones bolivianas. Interesante escuchar sus argumentos frente a las cifras citadas por los intelectuales.

            Ellos destacan que los años de bonanza se dieron por su esfuerzo, desde una situación crítica a un auge inédito. No fueron solamente los precios en los mercados mundiales, la demanda de China, sino el sudor de obreros que extraen los minerales de las entrañas de la tierra y toda la cadena que sigue hasta que llegan a los puertos.

            Las estadísticas les dan la razón. A parte de los hidrocarburos, fueron las exportaciones de plata y sus concentrados; de zinc y sus concentrados; de estaño metálico y sus cotizaciones extraordinarias por tonelada, de oro metálico y joyas, de wólfram, de bismuto, las que abultaron las cifras oficiales. Héctor Córdova, ex presidente de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), detallaba hace un lustro que los años de mayor ingreso: 2010, 2011, 2012, 2013, inclusive 2021, estaban basados en las exportaciones en miles de millones de dólares de los minerales.

            En los picos más altos lideraba la producción estatal (COMIBOL: Colquiri, Huanuni/Oruro), cuyas ganancias ingresan en su totalidad al Tesoro nacional; superaba a la privada (San Cristóbal, San Bartolomé/Potosí, que pagan altos impuestos) y a las cooperativas (138 municipios están dedicados a esa actividad, La Paz a la cabeza) que ocupan a miles de obreros.

            Además, para mirar con esperanza el futuro se nombra otra vez a las mismas regiones, el altiplano/occidente andino, con el litio. El hierro en el Mutún en el otro extremo aún no crea esos ingresos. Bolivia es un país minero, aunque Paz Pereira comenzó a gobernar sin un titular de minería.

            Al parecer, los ministros todavía no conocen cómo funcionan las negociaciones con los mineros bolivianos. Porqué es necesario saber escucharlos por horas. Hubo demasiados ruidos comunicacionales durante el diálogo. Aún existen resabios en el gobierno/legislativo de intentar doblegar a la COB, sin conocer lo que ella representa.