A las doce del mediodía del próximo domingo 8 de noviembre tocarán las campanas de la Catedral al lado del Palacio de Gobierno. A diferencia de las emociones de hace un año, los bolivianos saben ahora que cambiaron los rostros, pero no los métodos. ¿Dónde están los ciudadanos que resistieron, lucharon y acorralaron al antiguo régimen autoritario?
Aquello
que pudo ser historia se quedó en historieta por decisión de sus protagonistas.
El guión se basa en anuncios y aplausos propios, como aplauden las focas.
Uno de
los que se alistaba para ser el galán citado por los futuros libros de historia
y los foros mundiales era José Gabriel Espinoza Yáñez (La Paz, 1981) que se
presentaba como economista graduado en la Universidad Católica Boliviana con
maestría en la Universidad Andina y consultor en las confederaciones
empresariales, las fundaciones alemanas; autor de numerosos artículos de su
especialidad. Fue parte del staff del Banco Central de Bolivia durante el
gobierno de Jeanine Añez.
Aunque estuvo
relacionado con una empresa de Carlos Gil Ramírez, el empresario apadrinado por
Álvaro García Linera, se mostraba crítico con el manejo económico del
Movimiento al Socialismo (MAS). Aconsejaba en numerosas entrevistas qué debería
hacer el gobierno para resolver la falta de dólares, de combustible, las colas.
En la
campaña electoral, Samuel Doria Medina lo presentaba como el “capitán
anticrisis”. Aparecía en fotos junto al candidato vicepresidencial José Luis
Lupo. Como ministro de Economía y Finanzas del gobierno presidido por Rodrigo
Paz Pereira continuó con su afición de mandar mensajes en tono tranquilizador a
la población.
Quizá
soñaba en ser el autor de un nuevo D.S.21060, como un moderno Gonzalo Sánchez
de Lozada y que Rodrigo tenía algo de Víctor Paz. Los hechos le mostraron que
es difícil salir de la historieta para participar en la historia.
Se
suponía que él era el más importante ministro para responder a las demandas económicas
de la población, agotada por el horrible 2025.
¿Quién o
quiénes redactaron el fallido D.S. 5503 de diciembre de 2025? ¿Cuál era el
equipo técnico, cuál el equipo jurídico? ¿Qué rol jugaron ciertos bufetes? ¿Qué
aconsejaba Fernando Cerimedo? ¿Querían imitar al modelo ómnibus de Javier
Milei? Lo cierto es que el texto tenía fallas de fondo y de forma. La oposición
de la Central Obrera Boliviana (COB) logró su abrogación. Fue la primera
derrota de Paz y de Espinoza.
En los
corrillos palaciegos se rumoreaba del inicio de la pelea de Lupo con Espinoza,
pues por su experiencia en varias carteras, el ministro de la Presidencia
pronosticaba que el D.S. 5503 no tenía futuro.
Desde
ese enero hasta su destitución en agosto, la figura de Espinoza se fue
desdibujando. Aquel que tanto gustaba de ser entrevistado, comenzó a rechazar a
la prensa crítica. Fue censurado por los parlamentarios y destituido. Como
telón de fondo, la marca que quedó para siempre: el escándalo del Audi que
ensombreció toda su carrera. Intentó aferrarse a un amparo constitucional hasta
que comprendió que estaba acabado.
La
opinión pública fue benevolente con Mauricio Medinaceli Monrroy salpicado por
la gasolina basura que acompañó buena parte de los primeros meses de Paz. Era
otro fracaso y de gran impacto en el día a día de los bolivianos; piedra
angular de las protestas.
En este
gobierno hay varios clanes, no solo tarijeños. Ahí está Leyla Rocío Medinaceli
Monrroy, que dicen es la sombra en los manejos comunicacionales dentro del
ministerio de Economía y desde el propio Palacio. Mario Galindo denunció que “según versiones que
circulan en ámbitos políticos, se habría conformado un gabinete de crisis
integrado por Fernando Cerimedo, Marco Antonio Oviedo, José Gabriel Espinoza,
Leyla Medinaceli, Walter Chávez y Manuel Canelas.” Posteriormente varios medios
informaron de esa insólita presencia de masistas en el corazón del gobierno
Paz.
Leyla sería una de las Deysi
Rodríguez criollas; ayer amaron La Habana, hoy deliran por Miami. ¿Cómo
explicar su presencia en altas cúpulas del régimen que todos los días habla
contra el MAS? Leyla agradeció al presidente Evo
Morales “por confiar en ésta su compañera y servidora de siempre”. Era febrero
de 2019 y Morales y el ministro Manuel Canelas le confiaron el viceministerio
de Gestión Comunicacional. Juró con puño en alto, envuelta en una manta estilo
bandera. Qué opinaría su abuelo Alipio, forjador del teatro anarquista en
Tupiza, crítico de los sumisos.
Está
ligada a los guerreros digitales que tanto distorsionaron a la democracia
boliviana. El dueño de Neurona la alababa por gestionar los (millonarios)
contratos a su empresa para “defender la patria grande” y “ayudar a los más
pobres y vulnerables”. Dijo que la estratega quería combatir a la oposición con
las juventudes del MAS. Otros relacionados con Neurona también están en el
actual gobierno.
Leyla
apareció en 2011 como viceministra de Políticas Comunicacionales de Iván
Canelas, el ministro que comparaba a Evo con Jesús. La relacionan con otras
unidades de comunicación oficial.
El
hermano, Alejandro Medinaceli Monrroy, es diputado suplente del oficialista PDC.
Queda la duda: ¿hubo, hay un pacto Paz Pereira con el MAS? ¿Es parte de la
historieta?