lunes, 2 de marzo de 2026

RASTROS Y ROSTROS DE OBREROS CHILENOS EN MINAS BOLIVIANAS

 


            La presencia de ciudadanos chilenos en las minas ubicadas en territorio boliviano, en la última centuria, es un asunto ampliamente estudiado. En muchos casos se publicaron datos de empresarios o de capitalistas que por lustros fueron dueños de socavones, principalmente en el sureño departamento de Potosí (Catavi) o en La Paz (Corocoro).

En otros, se investigó la relación de trabajadores chilenos en interior mina o en ingenios en diferentes momentos de la historia de la minería boliviana. También existe abundante bibliografía sobre las idas y venidas de obreros de uno u otro lado de la frontera convocados o expulsados por las empresas salitreras en Iquique, en el norte chileno.

Oruro y Cochabamba son nombres de ciudades bolivianas que aparecen frecuentemente en la documentación sobre los pampinos.

Hay información sobre los ferroviarios chilenos y bolivianos (también peruanos, argentinos y españoles) en las empresas que tenían esa triple representación británica, chilena y boliviana. Existen archivos inéditos sobre el Ferrocarril Arica La Paz que detallan las dificultades para cumplir la legislación laboral en una entidad que pasaba de un país a otro con trabajadores de varios orígenes (Cajías, Lupe. Ferrocarril Arica La Paz, documentación legal 1916-1919, 2024, fichas inéditas. Salluco Sirpa, Teodoro. La construcción del ferrocarril Arica-La Paz (1904-1913), 2016).

Las biografías de mujeres chilenas en Potosí asomaron en novelas. La más famosa sin duda es la obra del diplomático boliviano francés Adolfo Costa du Rels: “Los Andes no creen en Dios” (Planeta, 1973), convertida en guion cinematográfico en 2007 para la película que dirigió Antonio Eguino.

Algunos de los datos sobre bolivianos que trabajaron en las salitreras fueron publicados desde hace más de tres décadas. Más de 12 mil bolivianos habitaban la pampa al inicio del siglo XX (11% de la población) (Medina et al, 1997, p. 95).

            “Llegan pampinos del norte chileno con sus ideas anarquistas y marxistas; quieren causar revueltas entre los mineros”, apuntaba un periódico en 1914 (Cajías, Lupe. 1987, p. 42).

“Fue en Tupiza, en Oruro, en Potosí, en Uyuni, donde entre 1905, 1907 y 1908 se fundaron sociedades de socorro mutuo, uniones obreras y otras organizaciones proletarias ya con influencia marxista, socialista, anarquista. No sólo eran los tradicionales artesanos, sino ferroviarios y, sobre todo, los mineros. Más tarde, se organizaron sociedades en La Paz, Cochabamba, Tarija. Varios de esos grupos tenían a su vez un “pasante”, relacionando la rebeldía con el baile al santo patrono. (…) “El elemento extranjero no es ajeno a estas inquietudes, los residentes chilenos en Oruro, dirigidos por Carlos Pobrete, Guillermo Febini y Donoso Carvalho se organizan en 1912 en la “Sociedad Chilena de Socorros Mutuos”, igual que los eslavos Franichevis, Garafulic y Ostojik que organizan, por su parte, una sociedad eslava similar” (Delgado, 1984, pp. 55 y ss.).

            En 1918 se dio la primera masacre contra obreros en Uncía. Luego de la balacera por la marcha recordatoria del Primero de Mayo, el comandante del batallón, Mayor José Ayoroa, escribió al presidente Bautista Saavedra pidiendo la expatriación a Arica de los rebeldes Machicado, Soto, Sotomayor y otra decena más que tenían apellidos chilenos. También se acusó al peruano Ernesto Fernández de ser el principal agitador.

“Antes de mayo, no existía idea de federarse entre los obreros”, arguyó el militar. También denunció a los extranjeros Franjola y Sapunar. A todos los acusaba de ir sublevando a los campamentos mineros en Oruro, Potosí, Uncía, Llallagua, Chayanta y de tener dinamita y otros explosivos (id., p. 70 y ss.).

            La Prensa (27 de marzo de 1919) informó sobre la “repatriación de “nuestros connacionales que trabajan en las cosas salitreras”. El periodista opinaba que las empresas debían preferentemente dar ocupación a obreros bolivianos, “por lo menos en un 70 %. (…) En el distrito de Oruro, por ejemplo, tenemos más de diez empresas grandes de minas y en cada una por lo menos hay un 50% de trabajadores extraños al país. Igual cosa ocurre en la empresa del ferrocarril. Y mientras que estos gozan de privilegios y cuentan con el trabajo diario para su sostenimiento y el de sus hogares, los hijos del país sufren miserias y se hallan expuestos a perecer”.

            El valle cochabambino ofrecía brazos en épocas de descanso agrícola, entre siembra y cosecha y también otras zonas rurales, como muestran las listas de personal existentes en los archivos de la Patiño Mines, la empresa que fundó Simón Patiño.

Acudían estudiantes, desocupados y hombres de capas medias de Sucre, Cochabamba, Oruro.

Las empresas buscaban diversas formas de conseguir esos trabajadores: contratos fijos, contratistas eventuales, enganches. Cada una de ellas tenía sus ventajas y desventajas y es indudable que hasta los años 30, la población era muy fluctuante.        A ello se agregaba la preocupación porque los obreros que se trasladaban de uno a otro lugar llevaban también en sus morrales nuevas ideas, socialistas, anarquistas, marxistas, rebeldías, experiencias.

            La Prensa (10 de octubre de 1919) difundió durante varios días noticias sobre los disturbios obreros en Uncía y en Llallagua. El redactor aseguraba que los bolivianos eran respetuosos del patrón. “No están contaminados aún del espíritu belicoso que caracteriza a la peonada de los países vecinos; y si los sucesos que comentamos tienen tal gravedad, es seguro que hayan intervenido agentes extraños, imbuyéndoles ideas disociadoras y preparando mañosamente este primer golpe de hecho, que puede repercutir en otros asientos mineros, con funestas consecuencias”. Pedía actuar con toda energía contra los “elementos extranjeros expulsados de los estados vecinos.”

            Las noticias detallaron los hechos de una “huelga convertida en subversión” protagonizada por mineros de La Salvadora que pedían aumentos salariales. El oficialismo culpaba a la “propaganda malsana que ha hecho eco en los mineros de Uncía” y acusaba a la oposición política de aprovechar esas circunstancias.

            Tres obreros murieron en los ataques al Ingenio de Miraflores. “El principal instigador, un chileno, se dice que ha fugado, pues que a éste se le atribuye la causa de esos disturbios por haber vociferado en forma violenta contra los empresarios” (id., 14 de octubre de 1919).

            Esta huelga fue inscrita como el prólogo histórico del movimiento minero boliviano.

            La huelga en Uncía de 1923 fue otro momento de tensión entre los trabajadores, las empresas, el gobierno, los militares.

Desde el retorno de los pampinos bolivianos, el arribo de obreros de países vecinos y la acumulación de organizaciones de ayuda mutua desde fines del siglo XIX, se organizaban los embriones de los sindicatos que se consolidarían después de la Guerra del Chaco.

            Contreras cita (Nota 88, 1989) que en 1913 había 199 trabajadores chilenos de un total de 4.206 en las empresas de Patiño. José Alejandro Peres y Niguel Costa citan en un documento inédito sobre la historia de la minería boliviana a Roberto Querejazu Calvo (1978, p. 175) y a Antonio Mitre (1973, p. 231) sobre la llegada de trabajadores peruanos y chilenos en diferentes momentos.

            Por su parte, Gustavo Rodríguez en su clásico texto sobre el sindicalismo minero (1991, p. 72) “No pocos de los que contribuyeron en aquellos años a forjar la cultura minera contestataria vinieron evidentemente de un medio exterior a los trabajadores mineros; mas no del movimiento obrero. No eran, pues, parte de la intelligentsia urbana de clase media; en cambio, mayoritariamente pertenecían al mundo del trabajo. Había artesanos, como el carpintero Guillermo Gamarra, presidente de la Federación Obrera Central de Uncía (FOCU), quien perteneció al Centro Obrero de Estudios Sociales (La Paz) antes de empezar a trabajar en la mina La Salvadora de la Patiño Mines, mineros chilenos como N. Bravo, a quien el fiscal Enrique Mallea, que levantaba diligencias  sobre los motines de Pulacayo de julio de 1921 en los que participó Bravo, atribuía haber dicho que él obrero boliviano iría pronto a la anarquía´, peruanos como Ernesto Fernández (…)” y otros obreros y artesanos bolivianos que ayudaron a organizar las federaciones obreras en la década de los 20.

Entre 1930 y 1935, aumentó la presencia de obreros chilenos y peruanos.

Especialmente esto se dio durante la Guerra del Chaco (1932-1935), cuando cientos de obreros y empleados fueron reclutados como reservistas. Patiño trajo 1.832 chilenos y peruanos para reemplazarlos, aunque la estabilidad laboral fue precaria en interior mina y en los ingenios.

            Según una nómina, en 1934 trabajaban en Llallagua (la principal mina de Patiño) 516 chilenos, 565 peruanos y 644 cochabambinos. Patiño ofrecía salarios más altos y una mejor pulpería, pero las condiciones de trabajo eran difíciles y la vivienda era precaria, a pesar de los esfuerzos por mejorar el campamento de Siglo XX. Había una rotación permanente (Contreras b, p.10).

            En Catavi, el chileno Miguel Terán ayudó al aimara Pedro Ajuacho a organizar la gran protesta de diciembre de 1942, que terminó en una masacre en la pampa cercana a los barrios de empleados.

Ajuacho fue apresado y luego liberado durante el Gobierno de Gualberto Villarroel en 1946. De Terán no tenemos más datos, aunque viejos mineros recordaban a colegas chilenos en la mina de Siglo XX (Cajías, 1987).

            A continuación, intentaremos poner nombre y apellido a algunas de esas cifras. Lourdes Peñaranda Morante, encargada del Archivo Regional Catavi del Archivo Histórico de la Minería Nacional de COMIBOL, Catavi-Llallagua-Norte Potosí, publicó una investigación sobre los “Documentos Secretos en la Patiño Mines & Enterprises Consolidated (Incorporated). (Archivo Regional Catavi, dependiente del Archivo Histórico de la Minería Nacional de la COMIBOL).

Ahí relata el hallazgo de hojas sueltas de tamaño carta con el membrete al lado izquierdo: “P.M. & E.C.I.-Llallagua”; al lado derecho: “FORM. G. 133”; y, al centro, se identifica un número de folio. Cada hoja contiene una fotografía de 3,5 cm de ancho y 5 cm de alto. Cada trabajador tenía un número asignado para acudir a la pulpería, para recoger lámparas antes de ingresar al interior de la mina y devolverlas al salir y para la atención médica.

“En la parte inferior se lee el motivo por el cual fue despedido y la prohibición de su retorno a la empresa. Asimismo, se lee los nombres del padre y la madre del trabajador, el oficio que tenía, el lugar de nacimiento y la fecha de retiro.”

Existen 297 nombres de obreros entre 1927 y 1938.

“Otro dato interesante es la procedencia de los trabajadores, en las 297 hojas sueltas o fichas, identificamos que los obreros provenían de otros países, como Chile, Perú, y de otros departamentos de Bolivia, como Cochabamba, La Paz, Oruro, (Chuquisaca) Sucre, sur y norte de Potosí.”

Varios trabajadores fueron despedidos por “agitadores”, “subversivos”; “retirado por federado”; “no puede volver a la empresa”; “retirado por orden de las autoridades militares”; “por robo de dinamita”.

“1. Retirados por ser parte de la huelga del 6 de septiembre de 1930 (89 obreros); 2. Retirados por federados y por participar de la huelga del 2 de junio de 1932 (29 obreros); 3. Retirados porque protagonizaron protestas el 1-2 de marzo y 14 de abril de 1937, alrededor de las pulperías de Cancañiri y Siglo XX. Además, en estas dos protestas algunos fueron retirados, porque participaron sus esposas y/o madres.”

Por ejemplo, Celestino Baina Morales, con número de archivo 9142. En la parte inferior de su fotografía, se lee: “Incluido en la delegación de los huelguistas de fecha 6 de septiembre de 1930. Prohibido su reingreso a la empresa. Padre: Nicanor Baina, Madre: Manuela Morales. Oficio: Labrador. Lugar de nacimiento: Itapaya (Cochabamba) Fecha de retiro: 6 de septiembre de 1930”

Es un mismo formato y contenido se observa en las hojas sueltas o fichas, por la huelga del 6 de septiembre de 1930.   “Se han identificado 39 fichas con nombres de obreros despedidos por federados. Se entiende que estos trabajadores fueron parte de la Federación Obrera Central de Uncía (FOCU), fundada el 1 de mayo de 1923”.

La empresa ya había elaborado una “lista reservada” en 1927. Ejemplo:

            Juan de Dios Barrientos Ugarte, Retirado por federado; prohibido su reingreso a la empresa. Padre: Policarpio Barrientos, Madre: Trinidad Ugarte. Oficio: Mecánico. Lugar de nacimiento: Oruro. El año 1927 fue retirado por orden de las Autoridades Militares (Hombre muy Peligroso).

De acuerdo con la información registrada en las fichas, la Patiño despidió a 29 obreros por haber participado en la protesta del 2 de junio de 1932. En una ficha se lee: Eustaquio Limache Rojas, despedido por agitador, tomó parte en la protesta del 2 de junio de 1932, prohibido su reingreso a la Empresa. Padre: Mariano Limache, Madre:                   Tomasa Rojas. Oficio: Picapedrero Perforista. Lugar de nacimiento: Oruro, Fecha de retiro: 2 de junio de 1932.

El 1 y 2 de marzo de 1937 hubo protestas en Cancañiri y Siglo XX, pidiendo la rebaja de precios de pulpería, en las que participaron obreros, sus esposas y madres. Por ese motivo, la “Patiño Mines” despidió a cinco obreros. “Su mujer Eugenia Moya, tomó parte en la agitación en las pulperías de Siglo XX, el día 1 de marzo de 1937. Asistió como delegada de sus compañeras, a la Gerencia y Subprefectura respectivamente, no puede volver a la empresa”. El texto se refiere al esposo, quien no puede “volver” a su fuente de trabajo.

El 14 de abril de 1937, las esposas de los trabajadores, que acudieron a la pulpería de Cancañiri como de costumbre, protagonizaron una protesta pidiendo la rebaja de los precios de los artículos de primera necesidad. En una de las fichas se encuentra registrada la información de esta manera: Serapio Ayala Rocha, Fecha de retiro: 14 de abril de 1937, prohibido su reingreso a la Empresa. “La mujer de este obrero; Sinforosa Flores, con actitud amenazante obligó a sus compañeras a no aviarse, mientras no fueran rebajados los precios en las pulperías. Fue insolente ante el señor subprefecto y el jefe de pulperías señor Félix D. Tejada, durante el tumulto del día 14 de abril de 1937 en la pulpería de Cancañiri”.

Entre los despedidos encontramos fichas de trabajadores chilenos. No existen datos si ellos siguieron en la población civil, si tenían esposa o compañera, hijos, alguna familia. Una rápida consulta a personas de Llallagua con conocimientos históricos de la población no trajo novedades. Aparentemente no hay actualmente descendientes de obreros chilenos.

Sería interesante lograr que algún familiar identifique a su abuelo o bisabuelo en estas fotografías seleccionadas en las hojas encontradas en el Archivo de la Patiño Mines en Catavi.

Los obreros bolivianos y chilenos estaban hermanados frente a la gerencia que decidía echarlos y es seguro que compartieron huelgas, protestas, demandas. El robo de dinamita, sin duda, estaba relacionado más con acciones políticas que con delitos comunes. Es importante notar la intervención de autoridades militares para justificar la prohibición que estos “hombres peligrosos” (re) ingresen a cualquier dependencia de la Patiño.

¿Qué pasó con los chilenos expulsados? ¿Salieron de las minas? ¿Volvieron a su lugar natal? ¿Buscaron trabajo en otros lugares dentro de Bolivia?

 

 

 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

SER LATINO, SER MUSULMÁN

 

            Mientras mandatarios en todo el mundo se rinden ante Donald Trump -algunos hincados-, el presidente de Estados Unidos encuentra resistencia en espacios culturales dentro de su propio país, que difícilmente podrá revertir.

            Trump se asemeja más al Calígula de la Roma inmoral que a Cayo Graco de la gloriosa república. Como sucede con todos los imperios, en su caída, asoman los líderes más decadentes. Las relaciones develadas en los archivos del depredador Jeffrey Epstein son la punta del iceberg de esa decrepitud. Hace un siglo, Franz Kafka y Reiner Maria Rilke la anunciaban.

            Las alternativas florecen desde afuera, desde “los bárbaros”. Frente a esa desolación ética y estética, en el corazón de Estados Unidos surgen fuerzas renovadas, frescas, alegres, especialmente aborrecidas por Trump y por los supremacistas estadounidenses.

            Benito Antonio Martínez Ocasio (1994), más conocido con su nombre artístico de Bad Bunny, heredó -quizá sin proponérselo- las líneas de resistencia cultural sembradas por otros movimientos como Fania, Willy Colón, Rubén Blades, Gloria Estefan, Jennifer López, Shakira. Más allá de sus ritmos musicales, de su voz ronca que gusta o disgusta, su activismo le ha permitido poner rostro a millones de migrantes perseguidos por el sistema estadounidense. Como el jibarito contento de Rafael Hernández que “el gran Gautier llamó la Perla de los mares”, Borinquen, que tarareaban nuestros padres.

            Sus palabras han puesto sobre la mesa las historias de neocolonialismo que sufrió Puerto Rico (y Hawai). Es un reto retomar el espacio de la lucha, casi solitaria, de Lolita Lebrón que en 1954 atacó a tiros el Capitolio para llamar la atención sobre la situación de su patria. Ella pasó un cuarto de siglo en la cárcel, pero aún octogenaria siguió luchando por la independencia de la isla. En 2006 participó en un encuentro en Panamá por la autonomía de “la tierra de los valientes”.

            Lolita y sus compañeros dieron su vida por la bandera de la estrella, aunque pocas personas los recuerdan. En cambio, un cantante logró que más de 100 millones de televidentes imaginen ese Edén y su fuerza latina.

            Alrededor de la participación de Benito en el intermedio del más grande evento deportivo estadounidense se han escrito toneladas de palabras; se han pasado decenas de festejos en Canadá o en la Patagonia; gringos que quieren aprender español; gringas que quieren tener la cadencia caribeña; listas de países del continente, banderas, íconos.

            De California a Nueva York. Ahí, un musulmán nacido en Uganda, hijo de hindúes, se esfuerza por enviar un mensaje a la comunidad hispana. Durante toda su campaña electoral se acercó a la migración que llegó desde el sur del Río Bravo. Esta semana los invita a inscribir a sus hijos en los cursos de pregrado, de forma gratuita, sin importar qué idioma hablen o cuál sea su estatuto migratorio. “Hay un espacio abierto esperando a tu hijo”. Lo ayuda a traducir su colaboradora Alejandra Ocasio Cortez, demócrata y socialista como él.

            Si Bad Bunny es pesadilla de Donald, Zohran Mamdani (1991) es el más odiado adversario: “lunático, comunista”. El flamante alcalde de Nueva York se exhibe abiertamente musulmán de rezo diario, socialista, cercado a las luchas sociales de los más vulnerables. Trabajó junto al grupo hispano portorriqueño. Ama la música, creó videos y es fanático del hip hop y del rap. Su extraordinaria campaña se apoyaba muchísimo en esas capacidades. Derrotó a los candidatos del establishment y a los malos augurios de los propios periodistas liberales, incluyendo al New York Times.

            Sin embargo, la mayor representatividad de Mamdani, inimaginable para los años 50 del apogeo del modelo yanqui, es su respaldo al pueblo palestino. Apoyó a un candidato palestino en la comuna de Manhattan. Condenó abiertamente el envío de dinero generado en la ciudad para apoyar a los colonos que avasallan las tierras de palestinos en Cisjordania (“No con nuestro dinero”) y las teorías de la “tierra prometida”.

            La poderosa colonia judía intentó boicotear a Zohran presentándolo como antisemita por sus posturas anti sionistas y por su condena a las matanzas de Israel en Gaza.

            La victoria de Mamdani, a pesar de las amenazas del sistema político tradicional, no asustaron a la población. Todo lo contrario, una amplia mayoría no está dispuesta a aceptar los chantajes de Tel Aviv.

            Bad Bunny y Zohran representan los ríos profundos de ese Estados Unidos multiracial, multireligioso, pluricultural, tolerante y creativo. Trump no podrá vencerlos.

           

viernes, 20 de febrero de 2026

LOS UNIFORMADOS DEL BICENTENARIO

 

            En 2010, el comandante del Ejército boliviano, el General Antonio Cueto Calderón, declaró: “estamos con el proceso de cambio; estamos siguiendo la política del señor presidente”. Las Fuerzas Armadas “serán antiimperialistas”. A su lema “subordinación y constancia”, agregó “patria o muerte: venceremos”, tal como ordenó Evo Morales. Se realizaron homenajes a la whipala, pese a reclamos de la oposición y de otros militares.

            Ante las críticas a Cueto por haberse declarado “anticapitalista, antiimperialista y socialista”, el presidente cocalero aseguró que el ejército boliviano nació anticolonialista. “No debemos dejar que ningún poder externo se nos imponga”, sin mencionar por qué llegaban militares venezolanos y asesores cubanos.

            Morales alentó la apertura de los recintos militares a pobladores del Chapare para lograr unas Fuerzas Armadas “comunitarias”. Muchos militares obtuvieron cargos en embajadas, en empresas descentralizadas. Desfilaron junto a campesinos. Participaron en escenografías como una batalla en la frontera con Chile. Defendieron a Morales y dieron cobertura a sus desplazamientos públicos o privados.

            En 2026, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, General Víctor Hugo Balderrama, participó en la Cumbre Estratégica de Defensa en Washington, convocada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para reunir a militares del continente.

            Según la prensa, la reunión tenía el objetivo de lograr operaciones y entrenamiento militar para la paz hemisférica; establecer mecanismos sólidos de intercambio en inteligencia estratégica. Un lenguaje muy parecido a los 70 de las dictaduras militares, con el toque de la paz según Donald Trump.

            Balderrama posó junto al general estadounidense Dan Caine, quien comandó el operativo que secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Al parecer, para las FF.AA. la consigna “patria o muerte” está olvidada.

            Entre esos dos episodios, los bolivianos conocieron a otros comandantes. Williams Kalimán Romero pidió la renuncia de Morales en medio del alzamiento civil, aunque hasta el 10 de noviembre de 2019 había sido un fiel defensor de Evo, del “proceso de cambio”. Los discursos de Kalimán desde su posesión en 2018 mostraron a una persona de escasa cultura; de formación muy deficiente.

            Entre tanto, las Fuerzas Armadas recibieron varias tareas, como repartir los bonos. En más de una oportunidad hubo denuncias sobre la poca transparencia en ese cometido. Por otra parte, los ingenieros militares no lograron concluir obras importantes, como las mejoras sustanciales al camino La Paz- Chulumani, que sigue peligroso, de tierra y con permanentes derrumbes. El otro fracaso fue su sistema de transporte aéreo.

            En 2024 comenzó una novela que todavía no llegó al “(Happy)End” con el alzamiento del comandante general del Ejército Juan José Zuñiga y otros militares. En esa tarde de junio, Zuñiga entró con tanquetas a la Plaza Murillo, kilómetro cero del poder político. Hubo una serie de incidentes que más semejaban una pantomima.

            En improvisada entrevista, Zuñiga declaró que fue una acción coordinada con Luis Arce para revertir su escaso respaldo popular. Hubo varios detenidos y acusados de conspiración. El lenguaje de Zúñiga revela una estructura mental infantil.

            Al mismo tiempo, en casi todos los operativos contra el tráfico de sustancias prohibidas y en la detención de bandas criminales existe participación de militares y de policías. La complicidad de los uniformados con el narcotráfico es proverbial desde el auge de este flagelo bajo la presidencia del General Hugo Banzer, o en casos dramáticos como en Huanchaca (1986). Lo que antes era una excepción, se convirtió en sistémico. Militares contrabandistas detenidos en la frontera con Chile, una y otra vez… y declarados héroes.

            Similar al deterioro creciente de la Policía boliviana, rostro de la “Generación Evo” después de 20 años de estropicio. Estos uniformados aparecen frecuentemente en las noticias de la crónica roja. No se sabe si son policías delincuentes o viceversa. Un paupérrimo Bicentenario de la institución creada por Antonio José de Sucre.

            Ninguna autoridad o político les pide cuentas; los miman. ¿Por qué no se incluye a los militares en los procesos de reordenamiento económico? Ellos tienen derecho al 100 por ciento de jubilación, aunque no generan riqueza como los trabajadores mineros. Todo lo contrario, consumen impuestos de todos ¿Cuál es su contribución al desarrollo nacional?

            Con esta institución camaleónica; con esta falta de personalidad; con estas voces desquiciadas, ¿qué pasará con la defensa de nuestro territorio, de sus recursos naturales, de su población? ¿Pesarán más los intereses yanquis que los intereses bolivianos?

 

 

           

jueves, 12 de febrero de 2026

ERAN MENOS DRAMÁTICAS

 


            Hugo José Suárez publicó la carta de amor y de despedida de su abuela, divorciada, de su amante, el gestor cultural anarquista Líber Forti. “Luchador y seductor, encantó a Elena y empezaron una relación de pareja estable”, escribe el nieto. Hasta que, “en una ocasión, Elena llegó inesperadamente a su casa y encontró a Líber besando a una mujer y sus manos acariciándole los pechos descubiertos”.

            Ella había sacrificado las comodidades, incluso renegaba por su docilidad para lavar los overoles de los amigos sindicalistas, pero no perdonó la infidelidad. El 2 de julio de 1954 se despidió de aquel hombre que había alterado su tranquilidad y a toda Tupiza con sus prédicas ácratas y los ensayos en lo que sería La Cueva de “Nuevos Horizontes”.

            “Desde que vi por primera vez tus ojos negros y dulces supe que te quería, sin reflexión y sin cálculo, más allá de la vida y de la muerte”, desgrana su historia de pasión desbordada en una misiva de novela. Decide dejarlo antes de “ver cubrirse con un velo de cansancio tus ojos que amé tanto o dibujarse una mueca de hastío en la boca que me besó”. Dos años después conoció a un beniano que le prometió formar una familia. La embarazó y después desapareció.

            Ni la familia ni la comunidad apartó a Elena; quizá algunos comentarios inevitables; la vida continuó. Sus descendientes sienten orgullo por la biografía de una mujer que administró sola la finca Santa Rosa y emprendió cada vez nuevas rutas para sacar adelante a sus dos hijos. La añoran por su fortaleza y por su ternura, por tejer chompas, por mantener viva la esencia de Sud Chicas, por proteger a todos en las duras épocas de la dictadura. Nunca se le ocurrió hacer dramas de su dura vida desde la temprana orfandad hasta las enfermedades de pobreza y soledad.

            En las historias familiares encontramos con frecuencia esas coordenadas, de amantes y de amazonas. Mis líneas genealógicas cruceñas son de abuelas y bisabuelas que tuvieron romances y críos con más de un hombre. Sin embargo, siempre fueron las matronas, las Mamá Grande. Eran las administradoras de los pocos o muchos bienes, las que sabían ahorrar, invertir, comprar la casa, prever el calendario agrícola, reservar los alimentos, organizar la cocina, costurar las ropas viejas y nuevas, conservar la cultura, las canciones y los versos. Entre tanto, los chicos crecían juntos, en fraternidad a pesar de la disparidad de apellidos. Puritanismo anglosajón, jamás.

            ¿Se verían a sí mismas como víctimas? Creo que no. Quizá más como personas limitadas en espacios pequeños, aunque lograron viajar y conocer otros horizontes.

            En las grandes propiedades agrícolas de La Paz anterior a la Reforma Agraria encontramos a la abuela, a la bisabuela, que organizaba la economía doméstica y de la propiedad. En Río Abajo, en lo que era Hachumani (así, con H, que heredó una mujer que abandonó a su flojo marido), en cada piso ecológico.

            En las ciudades, los hombres perdían el tiempo (y el dinero) como abogados, bohemios, políticos o jugadores.

            Ni qué decir de la chola paceña, como bien la describió Antonio Paredes Candia. Una reciente exposición fotográfica en el Museo Costumbrista refleja el poder económico y privado de las cholas, especialmente las propietarias. Dominaban la vida doméstica y los mercados, tambos y tiendas donde se forjaba el poder de la sede de gobierno.

            Estaban las Claudinas, bellas dueñas de chicherías y de corazones de estudiantes y obreros. Es más que un nombre de novela. Es una categoría de mujer que maneja las riendas de su entorno. Así lo reconocía Juan Lechín. ¿Se sentirían “objeto sexual”, víctimas del patriarcado?

            Era diferente ser mujer urbana, provinciana que campesina; era distinto tener recursos, apellidos, instrucción, vivir en casa, en galpón, en casucha, sufrir el derecho de pernada, ser esposa del patrón o del pongo.

            Las corrientes feministas quieren meter a todas en un mismo cajón. Las españolas porque se desbordaron después de décadas de dictadura; las argentinas, idem. Un discurso (y acciones y normativa) que ha abierto la reacción más violenta.

            Las bolivianas deberíamos escuchar más las historias de amor y de lucha, de maternidad y de escritura, de arte y de belleza de nuestras antepasadas. ¿Acaso quieren ser recordadas como sometidas?

            Cada persona nace con unos dones que llegan desde sus ancestros y su entorno social, y unas oportunidades. De cada cual depende creer en sus posibilidades y forjar sus propios méritos e ideales, más allá de las modas y de los fundamentalismos que están llevando a la humanidad al abismo.

viernes, 6 de febrero de 2026

EL HOMBRE QUE ODIA EL VERDE

 

            La lista de candidatos a las elecciones subnacionales estremece a la opinión pública boliviana. Incluye personajes insólitos, al borde del ridículo, que no se sabe si se apuntaron para hacer reír, para hacer llorar o para provocar gritos de espanto. Quizá es un contagio inevitable: si hubo un presidente semianalfabeto y hay un vicepresidente inculto, por qué no yo.

            A pesar de la depuración institucional que cumplió el Tribunal Electoral Plurinacional (TEP) quedan opciones que asustan, sobre todo porque ya existe la experiencia de los caudales de votos que recibieron candidatos similares.

            La escoba de un candidato en los años 70 era una tontería. Entonces era una excepción. Ahora es una epidemia. Las Cicciolinas tienen derecho a candidatear, pero su oferta criolla parece no pasar de un baile de caderas caídas y de pechos falsos; ¿qué gana una ciudad? Otros posan beodos en autos de lujo rodeados de amigotes: “a ti qué”, “tengo derecho”; no palidece de vergüenza ante las cámaras.

            Existen videos que comprueban los extremos de estos candidatos, sobre todo para Santa Cruz de la Sierra que ya padeció a los Jhonnys y Angélicas. Tener maletas o un título de miss es suficiente. Los ejemplos patéticos revelan el grado de descomposición del sistema político nacional.

            ¿Ideología? Ninguna. ¿Programa? Apenas frases inconexas. ¿Proyecto? Hacer negocios con dinero público. ¿O es por vocación de servicio que hay candidatas que ayer juraron desde una lista masista y hoy sonríen desde el extremo opuesto?

            El opaco panorama no termina ahí. Existen candidatos que desean reelegirse después de su fracaso. En La Paz, el gobernador Santos Quispe quiere hacer creer que el departamento logró desarrollar sus potencialidades bajo su administración. Olvida las escenas de sus borracheras en el despacho, rodeado de latas de alcohol.

            El caso más insólito es el del alcalde Iván Arias, el huracán que devastó lo que la sociedad civil paceña había conseguido en el nuevo siglo. Arias es el ejemplo de que el masismo es un método y no un partido; un formato de gobierno depredador.

            Entre los muchos aspectos negativos de su gestión, el más lamentable es el destrozo de las áreas verdes. ¿No vio Cochabamba para inspirarse un poco en lo logrado por Manfred Reyes Villa? No puede aducir el pretexto de falta de presupuesto o crisis, porque la capital valluna está hermosa en las mismas condiciones y con el vandalismo masista acechando.

            Los parques y plazas se han transformado en sitios de ventas, como si toda La Paz fuese mercado callejero. En Sopocachi, el barrio emblemático de la época liberal con sus manzanas arboladas cada cuatro cuadras, la Plaza Abaroa es un permanente muestrario de kioscos de plástico con dudosa producción nacional, contagio que llegó el año pasado a la Plaza España; hace dos meses hay un letrero anunciando un evento que ya pasó, el otro letrero fue retirado por los vecinos por la peligrosidad que representaba. La plazoleta del Bicentenario está destrozada por tantos fierros que colocan los vendedores.

            En 2023, Arias anunciaba la “Ruta del Amor”, la “Plaza de la Luz”. No es cierto.

            Nada más triste que pasear por el legendario Montículo convertido en tierra de nadie. Los dueños de los perrihijos ensucian con defecaciones diurnas y nocturnas. El vandalismo destroza piedras y bancos retratados en fotos de 1948. Sin embargo, nada justifica que no exista césped y que la maleza cunda.

            La descentralizada Empresa Municipal de Áreas Verdes, Parques y Forestación (1999), ejemplo de eficiencia, ahora está abandonada. Arias no pagó a los jardineros por más de tres meses. Su protesta por la cercanía navideña fue reprimida por los guardias municipales. Una persona atiende tres parques.

            Los bordes de las avenidas, incluyendo la importante Kantutani, rebalsan de hierbas que deben ser peligrosamente evitadas por los conductores. Una parte fue escenario de ladrillitos con los colores de Iván; también ya descuidados. Las jardineras, el Laikakota, las rutas verdes en la zona Sur, los jardines infantiles en la Periferia están destrozados. Cinco años de estropicio.

            En cambio, Arias gasta dinero público en su autopropaganda: gigantografías con su sonrisa; spots del “negrito”; publicidad abierta y encubierta en medios de comunicación. Los pasajeros del Pumakatari están obligados a escuchar sus “buenas obras”. ¿Acaso es legal usar los impuestos municipales para promover su candidatura?

            Iván Arias representa la peor política populista. Mima a los gremiales legales o improvisados porque son votos. Castiga a los niños, a los deportistas, a los transeúntes, a los turistas que no pueden disfrutar de un espacio verde.

            Lástima que en una columna de opinión no quepan fotografías para acompañar con imágenes la decrepitud de esta gestión.