viernes, 30 de enero de 2026

1980: BOLIVIA, POLONIA, IRÁN

 


            En 1980, tres países en distintos continentes mostraban al mundo las posibilidades de cambios profundos en busca de esa línea invisible que se llama Libertad: Bolivia en América; Polonia en Europa; Irán en Asia. Tres enseñanzas diferentes.

            Bolivia era el ejemplo para los latinoamericanos que luchaban por derrocar a los gobiernos militares respaldados por Estados Unidos en el apogeo de la Guerra Fría. Fría para unos, sangrienta para el subcontinente. James Carter intentó frenar los excesos de las dictaduras. Bolivia fue elegida para ensayar unas elecciones controladas. Sin embargo, la decisión de esposas de mineros (con el apoyo moral y material de la Iglesia Católica) cambió ese diseño al lograr la amnistía general el 18 de enero de 1978 y la histórica convocatoria electoral sin presos políticos.

            El ejemplo boliviano asustó a los fascistas del Cono Sur. Una conspiración narco/militar, con intervención de Argentina, detuvo la construcción democrática. Sin tregua, los sindicatos resistieron hasta lograr recuperar la senda constitucional en 1982. En 2006, la presidencia de un campesino semianalfabeto abrió esperanzas en el Sur.

            En 2026, el país tiene un gobierno de derecha surgido en elecciones libres. La mayor amenaza son los resabios violentistas como el clan García Linera que alentó asesinatos en 2008, guerra civil en 2019; agarrar del cuello a los empresarios en 2025. Uno de sus hijos advierte con fusilar a sus oponentes.

            El 27 de enero de 1945, el ingreso de las tropas soviéticas en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau alegró a la población polaca que había padecido los horrores del nazismo. Pero, el régimen comunista en la zona del Pacto de Varsovia prolongó los sufrimientos civiles. Sin embargo, la elección en 1978 de Karol Josef Wojtyla como Pontífice abrió una ventana de esperanza. El sacerdote de Cracovia, convencido antimarxista, era parte de la Iglesia Católica que ayudó a la resistencia del pueblo, profundamente creyente.

            Con ese aliento, el sindicato Solidaridad cobró una amplia influencia. Fue fundado en agosto de 1980, aunque ya en 1979, las huelgas en los astilleros consolidaban un movimiento independiente del bloque soviético. El líder obrero Lech Walesa logró firmar un acuerdo con el gobierno estalinista y vencer etapas de represión y clandestinidad. Solidaridad fue la primera grieta en el feroz Telón de Acero. Poco después Walesa fue presidente, cayó la agotada URSS y los países del este europeo respiraron libertad.

            En 2026, Polonia experimenta el auge de la ultraderecha con una radical agenda anti migratoria. El liderazgo de Karol Nawrocki es una fisura para las posturas más democráticas de la Unión Europea. Al mismo tiempo, vuelve al miedo de los años 40 con la invasión rusa a Ucrania. Muchas mujeres están ahí refugiadas; algunas con traumas terribles atendidas por la doctora boliviana Erika Silva.

            El 16 de enero de 1979, el Sha Reza Pahlavi abandonó Irán marcando el final de la monarquía, después de un masivo levantamiento popular contra la situación económica. El Sha, con el respaldo de Washington, había gobernado con mano dura al milenario espacio persa. “Presencia” difundía noticias sobre las luchas de los fedayines.

            La violencia empleada el Viernes Negro de septiembre de 1978 había acentuado la crisis. La plaza Jaleh de Teherán fue escenario de la sangre que manchó sus esquinas. No se publicó la cifra de muertos. Los generales fueron desertando hasta que el Sha salió derrotado. La revuelta había acorralado a un gobierno amparado por la CIA.

            Surgió la República Islámica liderada por el Ayatola Imán Ruhollah Jomeini. Desde febrero, él se convirtió en el símbolo de la revolución, muy distinto al movimiento estudiantil que había encabezado la revuelta. A fines de 1979 estalló la crisis de los 50 rehenes en la embajada de Estados Unidos. El Sha se refugió en Panamá (donde estaban asilados la familia Paz Zamora Pereira y dirigentes de la COB). Esta tensión hizo perder a Carter la reelección. Su sucesor, Ronald Reagan, volvió a los métodos imperialistas.

            La fuerza del islam hizo tambalear las teorías políticas de la época. Se sucedieron las guerras provocadas en gran parte por EE. UU., incluyendo pretextos falsos, y tocando a Irak, Arabia Saudita, Israel, Líbano, Palestina.

            En 2026 los iraníes vuelven a las protestas y a enfrentar al sistema a pesar de las sucesivas matanzas en todo el país. Teherán fracasó en su intento de crear bases ideológicas y logísticas en países latinoamericanos, entre ellos el Estado Plurinacional de Bolivia y Venezuela, después de encubrir atentados terroristas en Buenos Aires.

            De telón de fondo, ayer como hoy, el petróleo, los recursos naturales y la ambición de los mercaderes de las armas por apoderarse de territorios provoca guerras y muertes sin importar el costo para la población civil.

 

 

           

 

viernes, 23 de enero de 2026

LA COB SABE LEER

 


            Es curioso sobreponer el mapa de los resultados electorales de octubre de 2025 sobre el mapa de los bloqueos de caminos en enero de 2026. En los mismos puntos donde ganó el binomio Rodrigo Paz- Erland Lara (en algunos con más del 90 por ciento de sufragios) salieron pobladores para impedir el paso de vehículos y, a veces, de personas.

            Un mapa que también se puede calcar con los colores azules de lo que fue hasta 2025 el voto duro del Movimiento al Socialismo (MAS). Ahí -donde los dirigentes orgánicos instruyeron apoyar la fórmula del Partido Demócrata Cristiano-, algunas semanas después, esos mismos dirigentes instruyeron el bloqueo general de vías.

            En octubre fueron mimados; en enero fueron vilipendiados. Ayer eran el pueblo; ahora son individuos con salarios elitarios. En octubre eran humildes; en enero eran corresponsables de la crisis económica; los malvados.

            Ríos de tintas y mensajes para recordar el clientelismo; el deterioro de la “otrora gloriosa” Central Obrera Boliviana (COB); la corrupción de las cúpulas de la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y de su rostro más inflexible, las Bartolinas.

            Después de la firma del acuerdo entre el gobierno y la COB aparecieron comentarios en los medios de comunicación, en las calles y en los cafetines que reconocían que el cuestionado decreto “tenía errores de forma”; “tenía contradicciones en la ingeniería jurídica”; “repetía párrafos”; “quería pasar debajo de la alfombra asuntos más complejos”, etc.

            Lo que los analistas no lograron explicar por varios días, lo habían conseguido los líderes proletarios. Ellos habían leído con más cuidado los artículos del largo texto y se habían percatado que en medio de la sopa de los subsidios del combustible llegaban otros fideos que no estaban dispuestos a digerir.

            En las radios más populares se escuchaban las preocupaciones de diferentes gremios, desde carniceros a vendedores ambulantes, temerosos de lo que podía suceder, desde nuevos impuestos hasta “se van a llevar nuestros recursos”. En el minibús, algunos pasajeros repetían: “hay que salir, hay que salir”.

            Las tensiones de este inicio de año sacaron a esa Bolivia que guarda otras dinámicas y otras acumulaciones. Sabe leer y sabe lo que quiere; sobre todo sabe lo que no quiere. La COB demostró que, aún decrépita y con su legitimidad cuestionada, es el referente en la memoria colectiva, capaz de centralizar las demandas sociales. Por algo carga tantos años de historia y ha vencido todos los intentos de dividirla.

            Los sindicatos mineros reclaman porque saben que son la columna vertebral de las exportaciones bolivianas. Interesante escuchar sus argumentos frente a las cifras citadas por los intelectuales.

            Ellos destacan que los años de bonanza se dieron por su esfuerzo, desde una situación crítica a un auge inédito. No fueron solamente los precios en los mercados mundiales, la demanda de China, sino el sudor de obreros que extraen los minerales de las entrañas de la tierra y toda la cadena que sigue hasta que llegan a los puertos.

            Las estadísticas les dan la razón. A parte de los hidrocarburos, fueron las exportaciones de plata y sus concentrados; de zinc y sus concentrados; de estaño metálico y sus cotizaciones extraordinarias por tonelada, de oro metálico y joyas, de wólfram, de bismuto, las que abultaron las cifras oficiales. Héctor Córdova, ex presidente de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), detallaba hace un lustro que los años de mayor ingreso: 2010, 2011, 2012, 2013, inclusive 2021, estaban basados en las exportaciones en miles de millones de dólares de los minerales.

            En los picos más altos lideraba la producción estatal (COMIBOL: Colquiri, Huanuni/Oruro), cuyas ganancias ingresan en su totalidad al Tesoro nacional; superaba a la privada (San Cristóbal, San Bartolomé/Potosí, que pagan altos impuestos) y a las cooperativas (138 municipios están dedicados a esa actividad, La Paz a la cabeza) que ocupan a miles de obreros.

            Además, para mirar con esperanza el futuro se nombra otra vez a las mismas regiones, el altiplano/occidente andino, con el litio. El hierro en el Mutún en el otro extremo aún no crea esos ingresos. Bolivia es un país minero, aunque Paz Pereira comenzó a gobernar sin un titular de minería.

            Al parecer, los ministros todavía no conocen cómo funcionan las negociaciones con los mineros bolivianos. Porqué es necesario saber escucharlos por horas. Hubo demasiados ruidos comunicacionales durante el diálogo. Aún existen resabios en el gobierno/legislativo de intentar doblegar a la COB, sin conocer lo que ella representa.

 

 

viernes, 16 de enero de 2026

EL FRACASO DE LOS SUBIMPERIALISMOS

 

            En el marco de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente de Bolivia, aconsejó a Fidel Castro, presidente de Cuba, acelerar la apertura de la isla para atraer inversiones externas y encaminar el régimen a la democracia. Goni comentó a Fidel la experiencia del Movimiento Nacionalista Revolucionario que fue capaz de liderar las principales transformaciones en su país anticipándose a presiones internas o externas.

            El líder cubano se río y se limitó a subrayar la inteligencia de su interlocutor. Goni, con su famoso humor, también se río y le recordó que cuando asumió el poder, el pueblo boliviano ni se enteró porque estaba más atento a la llegada de Castro.  La multitud salió a las calles sin ninguna convocatoria y coreó: Fidel hermano, ya eres boliviano, mientras él alzaba una taza con mate de coca desde la ventana del hotel.

            El encuentro entre Sánchez de Lozada y Castro tuvo lugar en Cartagena, Colombia, en junio de 1994, un año después de aquella visita. El anfitrión, César Gaviria, había logrado reunir a los máximos representantes de los 21 países iberoamericanos. Con la recuperación del sistema democrático -del cual Bolivia fue pionero- las cancillerías restablecieron relaciones con Cuba cortadas con la presión de Estados Unidos en 1963 (salvo México).

            Más allá de la declaración final de integración, la cita fue el punto más alto de una América Latina que buscaba unida su propio destino. La eliminación de visas, las facilidades para el transporte, los corredores interoceánicos o la postura conjunta en foros internacionales marcaban la hoja de ruta.

            Políticos, cancilleres, periodistas asistieron al concierto de Pablo Milanés y Carlos Vives. Juaquín Sabina rasgó la guitarra mientras preguntaba si era un sueño ver en la misma fila al comandante guerrillero, al rey español, a tantos líderes juntos. Violeta Chamorro gobernaba Nicaragua sin presos políticos. Rafael Caldera, presidente de Venezuela había indultado a Hugo Chávez como parte de una política de reconciliación nacional y para dar oportunidad de participación democrática a los golpistas.

            Una década más tarde, todo aquel tablero estaba erosionado. Cuba cortó las iniciativas privadas como los tímidos “paladares” (restaurantes) y clavó puñaladas en países que le dieron amistad. En Nicaragua resucitó el sistema dictatorial de los Somoza de la mano del sandinista Ortega. Los Chamorro volvieron a ser perseguidos.

            Chávez inició una agenda de chantaje económico con las islas caribeñas que necesitan importar petróleo. Logró una alianza perversa con Cuba, que recibía dinero a cambio de fortalecer mecanismos de control político e ideológico. Desde el inicio, el presidente venezolano buscó crear bases en otros países del continente. Los petrodólares abrieron muchas sendas.

            Después de algunos intentos encontró en Bolivia al Movimiento al Socialismo, Álvaro García Linera y Evo Morales como el espacio para intervenir directamente. Ejerció un tutelaje con rasgos humillantes para el propio cocalero que bajaba la cabeza cuando el venezolano le llamaba su indiecito.

            La embajada de Caracas en La Paz se convirtió en un búnker para competir con la de EE. UU. Muchos asuntos internos pasaron por ahí, extremo que debe ser investigado por las autoridades competentes. Los embajadores bolivianos en Caracas tienen mucho que informar.

            Bordeando la traición a la patria, el Estado Plurinacional permitió el ingreso de tropas venezolanas y de asesores cubanos en diferentes espacios. Las reuniones ampliadas de gabinete en hoteles o sedes campestres eran supervisadas por servicios de inteligencia extranjeros.

            La presencia altanera de venezolanos en las calles paceñas provocó resistencia inmediata. En cambio, la población recibió amablemente a médicos cubanos hasta que se filtraron las investigaciones internacionales sobre el verdadero carácter de esas misiones.

            En vez de abrirse a la democracia, Cuba intentó dominar a los países que caían en el Socialismo Siglo XXI. Su embajada alcanzó amplio poder en las decisiones de ministros y funcionarios públicos. El rechazo de la gente a esa intromisión se reflejó en la crisis de 2019. El cariño de 1994 se convirtió en aborrecimiento.

            Cuba y Venezuela, los Castros y los Chavez Maduro, creyeron que podían ejercer un sub imperialismo a la orden de Rusia e Irán bajo el sistema de un solo partido. Los bolivianos no se dejaron. Por ello ahora, la condena al secuestro ilegal de un presidente y el asesinato de latinoamericanos no se convierte en solidaridad, como hubiese sido hace 25 años.

           

           

 

viernes, 9 de enero de 2026

ADIOS SUECIA

  Dos capítulos escenifican con claridad la política exterior del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. En 2026 cerrará la Embajada de Suecia y abrirá la Embajada de Israel. Adiós Olaf Palme y todo lo que tu país significó para las luchas democráticas bolivianas. (No) bienvenido Itamar Ben-Gvir y todo lo que tu régimen aporta al racismo en el mundo.

            La decisión de Estocolmo de salir de Bolivia en el marco de una política interna y en un plazo previsto no mereció especial atención de la Cancillería local. Como tampoco hubo intentos de frenar el cierre de otras delegaciones en los últimos años: Países Bajos, Dinamarca, Suiza. Países que colaboraron con el desarrollo sostenible y con el fortalecimiento de las instituciones, sin entrometerse en la política interna.

            La despedida a Suecia es particularmente dolorosa para la prensa boliviana que contó siempre con su respaldo en las batallas por la libertad de expresión. Suecia acogió a decenas de exiliados bolivianos sin preguntarles por qué eran acusados de “subversivos”: Domitila Chungara y sus hijos, Víctor López, María Marta Gonzáles, Carlos Decker, Víctor Montoya, entre muchos.

            Olaf Palme representó al líder europeo amante de la libertad y del humanismo. Ejerció una política exterior a favor de la paz, la defensa de los derechos humanos. Logró distanciarse tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. Paradójicamente, murió asesinado en 1986 a los 59 años. Hasta ahora no se tiene claro por qué. A pesar de los obstáculos, Suecia continuó con gran parte de su legado.

            Muy diferente al Estado Plurinacional de Bolivia que durante años bajó la cerviz ante Putin (Ucrania, por ejemplo) y ahora ante Trump.

            Fernando Aramayo voló a Washington para firmar en la sede de la embajada de Israel el restablecimiento de las relaciones con ese país, cuyo gobierno está acusado de genocidio y de racismo. ¿Habrá puesto al menos una coma en el documento? Presumo que no. Ahora entiendo por qué Paz prefirió un funcionario funcional y no un diplomático de carrera. Antes Aramayo conocía de cerca la posición de la ONU sobre Gaza.

            Las relaciones de Bolivia e Israel en general fueron tranquilas. Israel ayudó en temas de seguridad, sin que se conozcan intervenciones como contra los mayas quichés en Guatemala o en el entramado contra las guerrillas campesinas en Colombia.

            Personalmente visité, hasta el 2000, la oficina de Israel en el centro paceño para recoger regularmente un ejemplar del semanario “Aurora”, que me guardaba la Sra. Ibernegaray. Coleccionaba la revista “Ariel”. Participé en eventos contra la xenofobia y sus derivados que organizaba el Goethe Institut; en las exposiciones sobre heroínas judías. Intentaba entender el pensamiento de Kafka y de Zwieg.

            Aramayo instruyó inmediatamente a la delegación boliviana en Naciones Unidas votar al lado de Estados Unidos y Argentina contra una resolución de censura a Israel por no permitir el ingreso de ayuda humanitaria, aprobada por 130 países.

            Las propias ONGs de Israel denuncian que este fue el peor año para los palestinos con daños permanentes, con matanzas generalizadas de civiles. Más de 20 mil niños han sido asesinados entre los 67 mil cadáveres contabilizados y otros 10 mil que estarían bajo los escombros. Trece mil niños han sido diagnosticados con desnutrición, algunos tan severa que recuerdan las peores imágenes de Biafra.

            El actual régimen de Tel Aviv alienta la desaparición del pueblo árabe. Itamar Ben-Gvir es el ministro de seguridad acelera la ocupación de territorios palestinos y el avance de las colonias ilegales. Las mismas ONGs israelíes contabilizaron que 44 comunidades pastores de Cisjordania han sido obligadas a desalojar sus tierras y otras 10 a abandonar sus casas.

            Nos quieren hacer creer que es por el turismo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! Sois semejantes a sepulcros blanqueados por fuera; por dentro llenos de huesos de muertos”.

            Es tal el apuro de Aramayo que todo indica que quien representó al Estado Plurinacional en la votación es Carla Lorena Sandy, masista que ocupó varios puestos; denunciada por ser parte del esquema de trata de Evo Morales. Ella habría comprado los pasajes para la menor Noemí para que esté cerca de su amado. ¿Si no fue ella, quién votó en la ONU?

            El gobierno de Jaime Paz tuvo luces y sombras. La mayor sombra fue su sometimiento a Estados Unidos, incluso cuando Washington invadió Panamá, el país que lo había acogido.

            Todo indica que, por la platita, se baja la cabecita. La patria, la patria, la patria se atora en la verja de la Casa Rosada; se arrodilla en la verja de la Casa Blanca.

            Robert Gelbart is coming.

ADIÓS, OLAF. (NO) BIENVENIDO, BEN-GVIR

 

            Dos capítulos escenifican con claridad la política exterior del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. En 2026 cerrará la Embajada de Suecia y abrirá la Embajada de Israel. Adiós Olaf Palme y todo lo que tu país significó para las luchas democráticas bolivianas. (No) bienvenido Itamar Ben-Gvir y todo lo que tu régimen aporta al racismo en el mundo.

            La decisión de Estocolmo de salir de Bolivia en el marco de una política interna y en un plazo previsto no mereció especial atención de la Cancillería local. Como tampoco hubo intentos de frenar el cierre de otras delegaciones en los últimos años: Países Bajos, Dinamarca, Suiza. Países que colaboraron con el desarrollo sostenible y con el fortalecimiento de las instituciones, sin entrometerse en la política interna.

            La despedida a Suecia es particularmente dolorosa para la prensa boliviana que contó siempre con su respaldo en las batallas por la libertad de expresión. Suecia acogió a decenas de exiliados bolivianos sin preguntarles por qué eran acusados de “subversivos”: Domitila Chungara y sus hijos, Víctor López, María Marta Gonzáles, Carlos Decker, Víctor Montoya, entre muchos.

            Olaf Palme representó al líder europeo amante de la libertad y del humanismo. Ejerció una política exterior a favor de la paz, la defensa de los derechos humanos. Logró distanciarse tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. Paradójicamente, murió asesinado en 1986 a los 59 años. Hasta ahora no se tiene claro por qué. A pesar de los obstáculos, Suecia continuó con gran parte de su legado.

            Muy diferente al Estado Plurinacional de Bolivia que durante años bajó la cerviz ante Putin (Ucrania, por ejemplo) y ahora ante Trump.

            Fernando Aramayo voló a Washington para firmar en la sede de la embajada de Israel el restablecimiento de las relaciones con ese país, cuyo gobierno está acusado de genocidio y de racismo. ¿Habrá puesto al menos una coma en el documento? Presumo que no. Ahora entiendo por qué Paz prefirió un funcionario funcional y no un diplomático de carrera. Antes Aramayo conocía de cerca la posición de la ONU sobre Gaza.

            Las relaciones de Bolivia e Israel en general fueron tranquilas. Israel ayudó en temas de seguridad, sin que se conozcan intervenciones como contra los mayas quichés en Guatemala o en el entramado contra las guerrillas campesinas en Colombia.

            Personalmente visité, hasta el 2000, la oficina de Israel en el centro paceño para recoger regularmente un ejemplar del semanario “Aurora”, que me guardaba la Sra. Ibernegaray. Coleccionaba la revista “Ariel”. Participé en eventos contra la xenofobia y sus derivados que organizaba el Goethe Institut; en las exposiciones sobre heroínas judías. Intentaba entender el pensamiento de Kafka y de Zwieg.

            Aramayo instruyó inmediatamente a la delegación boliviana en Naciones Unidas votar al lado de Estados Unidos y Argentina contra una resolución de censura a Israel por no permitir el ingreso de ayuda humanitaria, aprobada por 130 países.

            Las propias ONGs de Israel denuncian que este fue el peor año para los palestinos con daños permanentes, con matanzas generalizadas de civiles. Más de 20 mil niños han sido asesinados entre los 67 mil cadáveres contabilizados y otros 10 mil que estarían bajo los escombros. Trece mil niños han sido diagnosticados con desnutrición, algunos tan severa que recuerdan las peores imágenes de Biafra.

            El actual régimen de Tel Aviv alienta la desaparición del pueblo árabe. Itamar Ben-Gvir es el ministro de seguridad acelera la ocupación de territorios palestinos y el avance de las colonias ilegales. Las mismas ONGs israelíes contabilizaron que 44 comunidades pastores de Cisjordania han sido obligadas a desalojar sus tierras y otras 10 a abandonar sus casas.

            Nos quieren hacer creer que es por el turismo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! Sois semejantes a sepulcros blanqueados por fuera; por dentro llenos de huesos de muertos”.

            Es tal el apuro de Aramayo que todo indica que quien representó al Estado Plurinacional en la votación es Carla Lorena Sandy, masista que ocupó varios puestos; denunciada por ser parte del esquema de trata de Evo Morales. Ella habría comprado los pasajes para la menor Noemí para que esté cerca de su amado. ¿Si no fue ella, quién votó en la ONU?

            El gobierno de Jaime Paz tuvo luces y sombras. La mayor sombra fue su sometimiento a Estados Unidos, incluso cuando Washington invadió Panamá, el país que lo había acogido.

            Todo indica que, por la platita, se baja la cabecita. La patria, la patria, la patria se atora en la verja de la Casa Rosada; se arrodilla en la verja de la Casa Blanca.

            Robert Gelbart is coming.