viernes, 4 de septiembre de 2026

LO NARCO COTIZA CORONAS (DE PLÁSTICO)

 


            A partir de ahí empezamos a hacer una política para luchar contra esta mafia. Como se habían infiltrado algunos mafiosos en instituciones deportivas, en clubes sociales, etc., mandamos una carta pidiendo que retiren a las personas de las cuales se sospechaba o se sabía que estaban vinculadas con el narcotráfico. Tuvo efecto. Hubo un cambio de rumbo porque la gente reaccionó. Fue un sacudón con la muerte de Noel Kempff Mercado. En realidad (Noel) se convirtió en un héroe de la moral de Santa Cruz. (Hizo) que la gente ya no viese con buenos ojos esta relación que (se) tenía con el narcotráfico”.

            Así recordaba el doctor Carlos Dabdoub cuando investigué la vida del profesor Kempff Mercado. La vida y la muerte. Reuní cientos de fichas, fotografías, imágenes en movimiento, recortes de periódicos y testimonios. “Cuando florezcan los tajibos, te acordarás de mí” con más de 300 folios.

            En La Paz no comprendemos la dimensión de la trayectoria de este hombre dedicado a sembrar el bien. Acá son más famosos sus hermanos: Manfredo, el genial filósofo que se estudia en la carrera de Filosofía de la Universidad Mayor San Andrés (UMSA); y Enrique, el novelista que perteneció a los principales círculos literarios paceños y cruceños.

            Una familia de notables, desde Francisco, el padre médico inspirado en Albert Schweitzer; la familia Mercado de patricios y filántropos; el otro Francisco defendiendo la ecología; hijos, nietos, regados por el mundo del saber en Bolivia y en Europa.

            Noel prefirió quedarse en su amada quinta Buen Retiro. Su biografía nos muestra la mejor época de Santa Cruz, cuando se sembraban los esfuerzos iniciales de una agroindustria moderna y al mismo tiempo se levantaba una urbe con tajibos multicolores, parques y avenidas. Lorgio Vaca, Fernando Prado y otros idealistas imaginaron un mundo cálido y solidario. Desde la cultura, Marcelo Araúz Lavadenz soñaba con teatros y violines en todos los barrios.

            Hasta que llegaron otros vendavales. El peor, el tráfico de cocaína y el súbito enriquecimiento que comenzó a pringar todas las actividades. Aquello que dio sus primeros pininos en los años 50 y 60, abrió alas durante las dictaduras militares y se expandió en los 80. Era la época cuando Estados Unidos necesitaba el polvillo blanco y alojaba cómplices como Manuel Noriega en Panamá o los carteles sudamericanos y las bandas mexicanas. Narcos bolivianos servían sobre todo a colombianos y brasileños.

            Noel Kempff murió acribillado el 5 de septiembre de 1986, hace 40 años, por aterrizar, sin saber, en una pista clandestina cuando quería estudiar la flora y fauna de Caparuch. Murió con otras dos personas; una se salvó. Su cuerpo calcinado recién pudo ser rescatado dos días después.

            El informe parlamentario multipartidario describe con detalle qué pasó, porque el gobierno de Víctor Paz Estenssoro tardó tanto en reaccionar, por qué la DEA postergó el préstamo de helicópteros, por qué se borraron las huellas, por qué se taparon nombres.

            El documento, que debería ser más difundido, da los nombres y apellidos de los autores materiales y de quiénes eran dueños de la fábrica en Huanchaca y las complicidades al más alto nivel político. Revela quiénes y por qué mandaron asesinar a Edmundo Salazar. Confirma, también, como militares del ejército, de la fuerza aérea, de la naval y policías, estaban (están) involucrados en el oscuro negocio. Prueba, como sucede en otros países, que el narco se alimenta de la corrupción en el poder y de la falsa moral de agencias como la DEA. Casi el mismo libreto actual, con Donald Trump indultando a narcotraficantes porque antes que delincuentes son sus aliados políticos.

            Dabdoub me contó: “se sospechaba o se sabía de personas que estaban vinculadas al narcotráfico y, sin embargo, eran bienvenidas a las fraternidades porque traían la banda, traían el whisky. De tal forma que había cierta aceptación de la sociedad civil cruceña; sobre todo, gente que ha convivido con el narcotráfico”. En el Comité Cívico pro-Santa Cruz, un miembro del directorio fue invitado a salir porque se jactaba de beber con un famoso narco.

            Dabdoub organizó la marcha de blanco que en silencio rindió homenaje a Noel y a la vez mostró su rechazo a esa intromisión del dinero negro en las instituciones. Su famoso discurso en el entierro de Noel es una joya oratoria de esos bolivianos que se convierten en la reserva decente de la sociedad (cada vez más escasos).

            Él lamenta que en estos años la historia se repite. Diremos que se repite y se saca selfies. Tatiana Marset, hermana del auto confeso narco uruguayo, con detención domiciliaria, fue elegida imagen de una peluquería y reina de una comparsa carnavalera. En las redes la defienden porque aún no ha sido sentenciada. ¿Cuál es el mensaje?

            ¿Convivirán con ella las otras soberanas? ¿Le dará permiso el juez para desfilar de noche? ¿La aplaudirán los curiosos? En todo caso, es otra profunda herida de la Bolivia sangrante. De Noel, pocos se acordarán. Con los sabios, los periodistas no se sacan fotos.

           

viernes, 28 de agosto de 2026

LAS BATALLAS OLVIDADAS

 

            ¿Están los bolivianos condenados, como Sísifo, a subir piedras para que, al llegar a la cima, vuelvan a rodar? Quizá ese destino perverso los persigue.

            Lucharon por el respeto al resultado del referendo 2016 y contra el fraude del 2019, pero el movimiento Demócratas -con sólo el 4% de la votación- se apoderó de la victoria. La inicial valentía de Jeaninne Añez fue opacada por un esquema de corrupción aún más voraz del demostrado por el Movimiento al Socialismo (MAS).

            La memoria colectiva debería recordar que a pesar de ese fracaso hubo sectores sociales que combatieron la violencia física y simbólica de Evo Morales, de Álvaro y Raúl García Linera, de Juan Ramón Quintana y de sus múltiples operadores y guerreros.

            Desde los Yungas paceños, APDECOCA enfrentó en sucesivas oleadas la represión a sus socios, el apresamiento de sus dirigentes, la tortura de sus líderes más notables. Episodios agravados en el gobierno de Luis Arce/ Eduardo del Castillo.

            Los pobladores de tierras bajas soportaron la presión de los productores del circuito coca/cocaína durante décadas, con una línea roja en permanente tensión. Escenas de terror contra habitantes de parques nacionales y de territorios indígenas. El escenario más dramático fue cuando Sacha Llorenti ordenó la masacre en 2011, evitada por la solidaridad de la población beniana.

            Son muchos los grupos que no aceptaron la intimidación y salvaron al país del partido único, de convertirlo en el patio trasero de Cuba o de Venezuela. Evo no consiguió seguir el camino somocista de Ortega/Murillo en Nicaragua y de dictadores africanos.

            En las capas medias la entereza tuvo dos rostros permanentes: el de los médicos y trabajadores de la salud y el de los trabajadores de la prensa y periodistas en sus tres estamentos: propietarios, académicos y redactores/locutores/camarógrafos.

            El Colegio Médico se opuso a sucesivas medidas que intentó imponer el masismo. La lucha más épica duró 47 días, desde fines de 2017 hasta la victoria del 9 de enero de 2018. Los médicos, apoyados por estudiantes de medicina, enfermeras, personal de hospitales, no negociaron el Art.205 del proyectado Código Penal que pretendía castigar con seis años de cárcel los (supuestos) casos de negligencia médica.

            En apariencia se quería proteger al enfermo maltratado, en el fondo era otra medida contra los galenos bolivianos. Al mismo tiempo el gobierno pretendía legalizar el aborto, extremo rechazado por amplios sectores.

            La huelga médica fue robustecida por los pacientes en una movilización pacífica, casi un ensayo general del 2019 por su creatividad. Ramos de flores, villancicos, letreros luminosos, rezos y misas, consignas sencillas expresaban la protesta. La población afirmaba: “Yo apoyo a mi médico”, incluso en los días navideños. El triunfo de los mandiles blancos fue una muestra de la firmeza de la sociedad civil boliviana, acusada en ese momento de “seguir estrategias de la derecha y de Estados Unidos”.

            La otra gran rama de resistencia al autoritarismo fue la de los periodistas, desde las tareas cotidianas de informar hasta el enfrentamiento directo. Uno de los acuerdos más contundentes fue la oposición al intento de acallar medios a través de la normativa contra el racismo. Las portadas en blanco, las marchas, programas radiales unieron a la prensa y a sus organizaciones gremiales y profesionales.

            Durante 18 años los medios de comunicación padecieron la hostilidad financiera, los controles desde los ministerios, las presiones contra los reporteros. Al finalizar el gobierno del MAS pocos impresos sobreviven en Bolivia, otros agonizan.

            Los periodistas padecieron en sus filas quintacolumnistas que montaron campañas contra sus propios colegas, a través de voceros paraestatales encabezados por La Razón, ATB, radios del Chapare, Telesur y un entramado inmenso, descrito en sendos libros por Raúl Peñaranda y Rafael Archondo. Esos son los medios que recibieron millones en publicidad. En noviembre de 2019 eran el eco de la narrativa masista del “golpe” para deformar la movilización ciudadana que sacó a Evo.

            Los ataques abarcaron a la Iglesia Católica como el caso de ERBOL y de la Agencia de Noticias Fides. También contra la propia Conferencia Episcopal, sobre todo durante los intentos de pacificar el país. Esa prensa servil denigró a la institución religiosa, a sus obispos de forma personal y a la Universidad Católica San Pablo por albergar las comisiones de diálogo.

            La resistencia derrotó al masismo en las urnas. Sin embargo, la sombra de Sísifo asoma en el horizonte. Otra vez el anhelo de libertad y progreso está en peligro.

            Fernando Cerimedo no llegó como voluntario. Es una rata, pero una rata del proyecto de la ultraderecha transcontinental. Esa ideología consiguió reabrir diferencias regionales y étnicas en Bolivia, intentó provocar una guerra civil en Brasil, busca desestabilizar gobiernos constitucionales en México y en España, tergiversar elecciones.

            A los cerimedos no les interesa el bienestar de los pueblos. Su meta es la captura del Estado, ejercer poder y acumular platita, mucha platita. Bolivia no los necesita.

 

viernes, 21 de agosto de 2026

LA FAMILIA REAL DESPORTILLADA

 

            Al anochecer del 17 de agosto de 2025 una sensación de alivio recorría la mayoría de los hogares bolivianos, las salas diplomáticas y las misiones internacionales. La ciudadanía había acudido a votar con disciplina, orden y en paz. A través de las urnas despidió a un partido que había logrado gobernar casi sin oposición por dos décadas, el periodo más largo de gobiernos constitucionales con una sigla única, solo dos presidentes y ministros que envejecieron en sus cargos.

            El ganador, Rodrigo Paz Pereira, celebró rodeado de pobladores humildes. Al poco se conoció que alguno de los que lo vitoreaban robó su celular en pleno festejo (¿una señal?). Venció en la segunda vuelta y en noviembre juró como presidente.

            Un video se hizo viral con la (supuesta) voz de un Gilberto Hurtado (sonoro apellido) ofreciendo puestos en empresas públicas claves, a cambio de sumas de dinero. Otros nombres cercanos a la campaña de Paz aparecieron en situaciones similares (¿otra señal?). Paz pidió un proceso penal; ¿en qué habrá terminado?

            A lo lejos, únicamente conocido por los especialistas electorales, aparecía un hombre calvo, experto en campañas electorales con métodos sucios. Lo presentaron como el “profe” de la hija Catalina.

            Al anochecer del 17 de agosto de 2026, tres disparos sonaron en el ingreso de un hotel en Santa Cruz de la Sierra, ciudad sumida en los últimos meses en acciones de sicariato, con similares características a los carteles colombianos de los 90.

            La población boliviana, asombrada, conoció poco después y de forma intensa, contradictoria, confusa y llena de adjetivos que la (supuesta) víctima era la amante del hombre más fuerte del gobierno surgido hace apenas un año, el argentino Fernando Cerimedo. Parecía un culebrón mexicano de los 80.

            Ni el famoso caso de espionaje y contraespionaje, sexo, cabarés y mentiras de Christine Keller y el ministro británico John Profumo, que inundó las revistas rosas de nuestras madres en los 60, tuvo tantas telarañas como el tablero de Cerimedo. Keller no se hacía Photoshop, era bonita por naturaleza, pero en su cama dormía más de uno, entre ellos un espía soviético y ese detalle precipitó una crisis política de proporciones en medio de la Guerra Fría.

            Nada nuevo bajo el sol.

            ¿Acaso no fue una mujer la que desencadenó la caída de Evo Morales en 2016? Según sus biógrafos, la presencia de un alto ejecutivo chino en las sábanas de Gabriela Zapata enturbió la historia de amor con el indígena. El exceso de cirugías terminó por deformarla, más que los pocos meses que pasó en la cárcel por falsos testimonios.

            Cerimedo fue tratado por el gobierno de Paz como un héroe, a pesar de las causas judiciales que tiene pendientes en Argentina, Chile y Brasil. Su esposa encara igualmente acusaciones complicadas en Buenos Aires por asuntos ligados a instituciones públicas, proveedores de hidrocarburos, lobbies para contratos y otros.

            Se convirtió en el invitado estrella de las fiestas, como la boda de la hija del ministro que aprovechó para convertir el acontecimiento familiar en gran vitrina de sus (supuestas) relaciones con el Jet set criollo. Fotos por acá, fotos por allá.

            Fernando fue tratado como un amigo íntimo por toda la familia, incluso por el hermano del presidente Jaime Paz Pereira, quien trabaja en la CAF, el Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe. El abogado del argentino afirmó el miércoles que la CAF pagaba a Cerimedo como consultor externo. La entidad emitió un comunicado público desmintiendo esa noticia, negando cualquier vínculo laboral con él asesor de Paz.

            A su turno, la hija de Rodrigo, Catalina, se convirtió en el enlace más directo de Cerimedo con los operadores de comunicación en los ministerios. No ocupa un cargo en el poder ejecutivo, pero ejerce su poder familiar. ¿Saldrá en defensa del acusado de enriquecimiento ilícito? ¿Se apartará? ¿Quién la orientará ahora? ¿Qué sabía de la relación violenta de su profe con una mujer que también andaba por Palacio? ¿Escuchó las anteriores denuncias? ¿Hizo algo?

            Las acusaciones, por el momento sin pruebas ni datos confiables, alcanzan también a la esposa María Elena Urquidi y a su entorno. ¿Qué base sirve para semejantes afirmaciones? ¿Cuál es el verdadero motivo? El embrollo está todavía caliente y faltan capítulos. Muchos anuncios oficiales quedaron en nada en otros asuntos, pero ahora es fundamental para la continuación del gobierno que estos extremos sean investigados, empezando por las cisternas del 8 de noviembre y la gasolina basura.

            Mientras guarda silencio el presidente Rodrigo Paz, el principal responsable de la presencia de un extranjero ligado a Buenos Aires, Washington y Tel Aviv en espacios de decisiones políticas de valor geoestratégico para Bolivia, peor ahora sin el contrapeso de un José Luis Lupo y con la cercanía de un Fernando Aramayo.

           

 

viernes, 14 de agosto de 2026

APAGUE LA LUZ Y ESCUCHE

 


            Hace unos meses realicé un sueño infantil: conocí quién prende y apaga la luz.  Para cumplir una investigación destinada a la Sociedad de Ingenieros de Bolivia (SIB) conseguí autorización para visitar (en modo VIP) las 14 hidroeléctricas de la Compañía Boliviana de Energía Eléctrica.

            La luz -Lux, diría Rosalía- es uno de los encantos envolventes de la niñez, igual que para la Humanidad primitiva fue Prometeo y el fuego. Luminosidad intangible, tiniebla temida. Los farolitos en las procesiones, los faroles en los parques, las farolas en los callejones de San Pedro y Churubamba eran antesala de cuentos nocturnos.

            Desde la ventana del costurero era fantástico esperar en el espacio de las dos luces- cuando el día ya no es día y la noche todavía no es noche- el encendido de las luminarias. ¿Quién las prende?, pregunté porque no divisaba ningún inmenso interruptor. Me respondieron que desde lejos alguien ejecutaba ese control cotidiano.

            En los años sesenta, por dos o tres horas, se cortaba la energía eléctrica y había que cenar bajo el reflejo de candelabros. Mi hermano, imitando a un científico, recorría con su mano mi cabellera azabache para comprobar si salían chispas. El cabello se electrificaba. Era la hora del aparato a transistores para escuchar en familia a Alí y Baba con David Santallas y Hugo Eduardo Pol por la mítica Radio Méndez.

            Más tarde se pasaba el dial con la voz potente del locutor: “Apague la luz y escuche”. Nadie quería salir del dormitorio espantado con los relatos de fantasmas, ruidos de vajillas, muebles que cambian de lugar, aparecidos, almas en pena. Mucho después descubrí sorprendida que el autor de los sustos era el amable Mario Castro.

            En algún momento, la luz comenzó a durar más y más. Llegó a los barrios nuevos, subió laderas y saltó a los páramos. La electricidad es señal de progreso y de confort. Jugar al escondite en la oscuridad era sabroso, pero contar con hornillas, enchufes, colegio y trabajo era mucho más importante.

            En La Paz, como en la mayoría de las ciudades bolivianas, los primeros generadores fueron obra de entusiastas vecinos, desde las antorchas coloniales, los quinqués decimonónicos, el alumbrado a gas (turba) fin secular hasta el primer generador de la familia Velasco, la “Fábrica de Luz” de Jorge Granier y la primera usina en 1888. Por iniciativa de sus pobladores, La Paz -antes de ser sede de gobierno- fue la tercera ciudad en Sudamérica en contar con servicio de alumbrado público.

            En otras ciudades fueron también particulares como Atanasio de Urioste en Sucre o Gustavo Hinke en Oruro los que intentaron alumbrar la noche. Nombres de migrantes aparecen en Tarija, Santa Cruz, Cochabamba. Mucho después fueron párrocos o cooperativas los que consiguieron el servicio, como cuenta la copla de Willy Alfaro en Tupiza.

            Poco a poco los esfuerzos personales se transformaron en emprendimientos empresariales. Primero fue el impulso del inquieto y multifacético Lucio Pérez Velasco y una compañía francesa. Su heredero Néstor vendió la Fábrica de Luz a la Bolivian Rubber & General Enterprise, que logró en 1908 un contrato por 25 años con la alcaldía y se comprometió a construir el dique en Milluni.   

            Desde ahí, la planta de Achachicala y otras obras necesarias hasta llegar a ser la Bolivian General & Enterprise Limited, (más tarde Bolivian Power) que generaba electricidad, tranvías y teléfonos.

            La misión Thompson recomendó el desarrollo de energía hídrica desde Choquetanga y el valle de Zongo. A los expertos extranjeros se sumaron ingenieros locales como Carlos A. Muñoz, el primer ingeniero electricista titulado de Bolivia (1907). En los años cincuenta los legendarios Lucio Encinas Lara y Manuel Contreras se encargaron de implementar y asegurar el avance de la luz en el departamento y en otras poblaciones. Su excelencia profesional fortaleció a la emblemática empresa.

            Zongo se convirtió desde 1929 en la referencia de la electricidad paceña En mi visita me alojé en la antigua casa de gerencia, en un microclima de árboles y neblina, y compartí con los trabajadores un envidiable servicio de comedor. Actualmente, casi todo está computarizado. COBBE ha sorteado permanentes obstáculos en estos 100 años, una historia aún no investigada en su complejidad.

            También llegué hasta el valle de Miguillas. Recorrí los senderos con precipicios a ambos lados que suben a esas torres que se divisan desde la carretera. ¿Quién las instala? ¿Quién las mantiene? Minas en la Cordillera Tres Cruces, valles como Quime, Inquisivi relatan los desafíos.

            COBBE impulsó con ENDE el Sistema Interconectado Nacional (SIN) que asegura contar con luz en casi todo el país. Sin embargo, no basta hacer bien la tarea si los demás no cumplen su turno.

            Los anuncios de futuros apagones no son temores de muchachos. Provocan pánico ciudadano. El eje La Habana-Caracas es terrorífico. Lo peor es que parece que el (No) Estado no escucha a los expertos, como sucedió cuando los especialistas pronosticaban la falta de combustible o los analistas aseguraban la crisis del dólar.

            El temor mayor no son las tinieblas, sino que los cumpas se interesen en el tema solo si le ven algún negocio. El eje Buenos Aires- Bariloche no es un cuento de fantasmas.

 

viernes, 7 de agosto de 2026

UNA TREGUA SIN TREGUA

 

            Hasta esta semana, la cifra oficial de palestinos asesinados por el ejército israelí en Gaza asciende a 74 mil, de los cuales más de 20 mil son niños, muchos bebés, en una población de tres millones. ¿Algún boliviano puede imaginar un futuro si esas mismas cifras se hubiesen dado en la Guerra del Agua?

            Entre los 174 mil heridos, cientos son adolescentes que han perdido la vista, una o dos piernas, los brazos con secuelas por el resto de sus vidas (si tienen vidas). Las consecuencias abarcan la salud mental, desde la niñez interrumpida a la pérdida de la razón por las escenas vividas: padres descuartizados, madres humilladas, hermanitos cubiertos por la blanca mortaja. Sin escuelas ni parques, solo carpas frágiles.

            Supuestamente existe una tregua auspiciada por Estados Unidos. Sin embargo, siguen los crímenes. Este julio hubo 152 víctimas, entre ellas niños inocentes. El último fin de semana la prensa reportó otra veintena de muertes, varios chiquillos.

            Los gazatíes no tuvieron el consuelo de disfrutar el Mundial 2026. Donald Trump impidió el ingreso al presidente de la Asociación Palestina de Fútbol, como hizo con otras delegaciones burlando la esencia de las competencias internacionales.

            Soldados hebreos mataron al trabajador humanitario que había ayudado a organizar la retransmisión del Mundial, poco antes del partido entre Argentina y Egipto. Mohamed al Wahidi, de 57 años, se había dado modos para conseguir la señal y unas pantallas gigantes, junto con el Comité Egipcio de Ayuda en la Franja de Gaza. El entrenador africano Hossam Hassan había declarado poco antes su solidaridad con el sufrimiento del pueblo palestino.

            Un misil judío alcanzó al vehículo de Mohamed, junto a otro compañero y a dos niñas que pasaban Fadi de ocho años y Hamzah de 12. Otra vez las mismas explicaciones de las fuerzas israelíes: el misil iba dirigido contra un miembro de Hamas, se está investigando, lamentan el daño causado a personas ajenas, etc. etc. Palabras que se repitieron días antes por otros asesinatos, incluyendo el de un bebé al que un soldado disparó en el rostro ¡con qué imágenes se quedarán esas pupilas!

            Los palestinos respaldaron a los conjuntos árabes con mucha ilusión. Sin embargo, la selección preferida era la española, tanto por razones deportivas por la fuerza de ese equipo como por razones políticas. El gobierno, la sociedad civil y la prensa españoles han mantenido una voz permanente de denuncia y de solidaridad frente al genocidio de Israel.

            Aparte del fanatismo por la figura de Lamine Yamal aceptando la bandera verdinegra que un aficionado le dio para la paseata de una de las victorias de su equipo. La imagen del joven campeón fue pintada en paredes donde los jóvenes simulan una selfi con su astro.

            En Ramala, unos dos mil espectadores celebraron el gol de Ferran Torres contra la portería argentina. Esperaron -como millones en el planeta- cada segundo hasta el pitido final. Pero ellos no pudieron gritar y aplaudir como el resto de la torcida roja. Un anuncio interrumpió la retransmisión para lamentar otras dos muertes en manos de colonos avasalladores.

            En vez de la euforia expresada en tantas ciudades en el globo, los palestinos guardaron un minuto de silencio en honor a los nuevos mártires. Ahora las muertes se repiten en Cisjordania, donde los usurpadores de casas y tierras palestinas los sacan a la fuerza. A los que resisten cuidando su hogar heredado en dos mil años de pobladores, algún soldado o algún colono/avasallador le dispara, además de destruir sus viviendas.

            Otra vez el argumento falaz de buscar justificativo en la historia, en la religión, en textos sagrados, como si los habitantes de Achumani fuesen avasallados por los herederos de un señorío aymara que existió hace 500 años.

            En esta (No) tregua, las fuerzas judías siguen bombardeando hospitales; obligan a las familias que habitan carpas a desplazarse (algunas ya han tenido que moverse 17 veces).

            Las denuncias no cesan, a pesar de las presiones de Trump para que los gobiernos que quieran su ayuda sean amigos de Benjamín Netanyahu. Todos los días se levantan voces para condenar a este genocidio del Siglo XXI. Entre ellos Sam Rose, director de la UNRWA en Gaza y médicos voluntarios en la zona.

            Dentro de la comunidad judía hay voces lúcidas. Shlomo Ben Ami (Tánger, 1943), ex ministro de relaciones exteriores de Israel, publica artículos marcando su distancia del actual gobierno y las consecuencias del camino escogido para el futuro de su país en el largo plazo.

            Ilan Pappé (Haifa, 1954), historiador que documentó la Nakba (cómo fueron expulsados los palestinos de sus hogares desde 1948) va más lejos en su libro “El fin de Israel” (2025). Él confía en que algún día el mundo dirá: ya basta, como se logró con el apartheid en Sudáfrica.