viernes, 29 de junio de 2018

DIEGO PARY APOYA A ASESINOS



            ¿Por qué Diego Pary respalda, desde su sillón en la Organización de Estados Americanos, a Daniel Ortega y a su esposa Rosario Murillo, acusados de ser los máximos responsables de los asesinatos de cientos de nicaragüenses y de miles de heridos?
            ¿Acaso es posible aceptar sus justificaciones o las justificaciones del gobierno presidido por Evo Morales Ayma?
            Pary gusta auto presentarse como un estudioso, quien emigró desde su comunidad potosina a brillar en las universidades, en la Asamblea Constituyente, en el Ministerio de Educación. Incluso se muestra como el autor del trabajo desplegado por ACLO, como si él fuese más fuerte que esa propia institución social.
            Es posible que él tenga muchos conocimientos y muchos méritos como pedagogo, pero es imposible afirmar que es un buen diplomático y que ayudó a acumular aliados para Bolivia. Todo lo contrario, sus palabras, sus mensajes, sus opiniones muestran que actúa más como un autómata, obedeciendo a otros y sin criterio propio.
            No es un diplomático de carrera y probablemente por ello no logra mover las fichas que conviene a su propio país es su principal acción internacional. Desde 2011, en vez de conseguir nuevos amigos, ha logrado aislar a las posturas bolivianas como no sucedía desde las épocas dictatoriales.
            A Pary el azar lo colocó, por los propios sistemas internos de la OEA, en importantes posiciones de decisión, en las cuales pudo actuar con equilibrio, como un sabio que escucha, que evalúa, que concede. En todo caso, como un profesional que logra convencer; en vez, él quiso siempre imponer y se enfrentó a representantes de muchos países y a personas de diversas nacionalidades, consiguiendo únicamente menos espacios para que Bolivia tenga la espalda cubierta cuando toque el tema del mar.
            ¡Qué diferente fue el rol de los representantes diplomáticos en 1979! Bolivia alentó tanto a nivel del Grupo Andino como dentro de la OEA, el reconocimiento como fuerza beligerante al insurrecto Frente Sandinista de Liberación Nacional. Aún en un contexto de dictaduras, Bolivia logró ese detalle diplomático fundamental para la victoria del 19 de julio.
            Bolivia enfrentó las posiciones estadounidenses en diferentes momentos de su historia a lo largo del Siglo XX, sin necesidad de histerismos ni falsas consignas y sin estar defendiendo a asesinos.
            La responsabilidad de Washington en la crisis en Centroamérica es parte de la historia dramática de la América morena, desde el Siglo XIX a la fecha, incluyendo el actual horror con los refugiados. Ese es un asunto.
            No por ello, los estados deben encubrir a quienes, desde el discurso izquierdista y antiimperialista, se convierten en dictadores que ordenan matar. ¡Señor Pary, han muerto más de 200 personas porque Ortega se empeña en seguir gobernando!
            ¡Cuidado que le den asilo en Bolivia y encima traiga los millones robados para depositarlos en el Banco Unión!
           

viernes, 22 de junio de 2018

COMPAÑEROS DE RUTA


            - “¿De dónde viene?”, pregunté a Evo Morales, la última vez que coincidimos en un avión, hace ya tres lustros. La amable aerolínea comercial nos había invitado a primera clase por cortesía, seguramente a él por dirigente político y a mí por periodista. Era en la ruta Lima La Paz y faltaban pocas semanas para las elecciones de 2005.
            - “Estuve en Cuba”, me contó. Había tenido charlas con el “comandante” sobre el futuro de los hidrocarburos bolivianos, había escuchado una vez más el consejo para leer mucho y estudiar. Me contó también que casi no estaba en su casa, siempre de viaje.
            “Me compro una garrafa y me dura meses porque casi nunca cocino, ni mi desayuno. Parto temprano y las compañeras me invitan a almorzar, a cenar”.
            Charlamos tranquilos, él sencillo, abierto, apenas cargaba un pequeño maletín de mano. Nos conocíamos desde los noventa, él cocalero, yo presidenta de la APLP había organizado la Comisión de Paz para denunciar los abusos que sufrían en el Chapare.
            Recuerdo también a Jorge Quiroga, cuando era vicepresidente de Bolivia. Ambos íbamos en clase turística, algo que me sorprendió. “Hay que ahorrar” me dijo mientras hablamos sobre los temas de coyuntura. No pidió ningún trato especial a las mozas. Era deportista, trotador, sin gastar dinero estatal para mantenerse en forma.
            Igual encontré una vez al que era entonces ministro de Comunicación, Hermann Antelo. Ambos hacíamos la cola en Viru Viru y el jefe de operaciones del LAB lo invitó a pasar, yo de colada. Él se excusó.
            “Muy amable, pero no se preocupe. Hago la fila que me toca”. Los viajeros lo miraron admirados, mientras yo me quedé algo turbada porque reconocía que me iba bien sentarme después de 18 horas de viaje. “Por eso lo queremos tanto”, comentó una mujer.
            Otra experiencia fue con la super ministra Viviana Caro, cuando se debatía intensamente los resultados del censo de 2012. Ella llegó temprano, igual que yo y nos quedamos esperando que todos aborden. No sabíamos que la aerolínea boliviana había sobrevendido los pasajes Cochabamba La Paz y no teníamos asiento. Cuando los funcionarios se dieron cuenta quién era ella, solicitaron a los pasajeros cederle alguna plaza. Ella no quiso influir ni presionar, ni gritó ni protestó. Al final, hubo un lugar y a mí me sentaron como sobrecargo. Era una profesional, no una política; ese gesto es una muestra más de su capacidad.
            Compartí la ruta Santa Cruz La Paz con el entonces senador Leopoldo Fernández poco después de su paso como Ministro de Gobierno. Ambos teníamos muchas diferencias ideológicas y políticas, pero él siempre fue amable y gentil. Hablamos de todo, también de Evo Morales.
            No olvido su comentario. Había recibido muchas presiones para apresarlo por sus últimos bloqueos, querían que sea duro contra los cocaleros. ¿Los gringos, su propio partido? No sé, pero me confesó que él no aceptó.
            “Me negué a usar la fuerza, prefiero negociar”, me confesó a pesar de que yo había sido su adversaria como dirigente de la prensa.
            Nunca me olvidé de esas palabras. ¿Qué dirá ahora, tantos años después, perseguido, atormentado, mal juzgado y acorralado?
           



viernes, 15 de junio de 2018

UN DOCTOR BOLIVIANO EN CORTES INTERNACIONALES



            En los últimos 10 años, las candidaturas bolivianas a puestos electivos en organismos internacionales fueron aplazadas y humilladas, tanto por los delegados estatales como por las evaluaciones de la sociedad civil. Algunos creerán que siempre fue así y aumentarán un poco más su baja autoestima nacional.
            Sin embargo, hay que recordar que hace sólo tres lustros un boliviano fue elegido magistrado nada menos que en la Corte Penal Internacional, CPI, surgida dentro de los estatutos de Roma y con la difícil tarea de atender casos de genocidio, crímenes de guerra y otros atentados a los Derechos Humanos.
            René Blattmann Bauer (La Paz, 1948), descendiente de familias suizas y benianas, ganó entre 43 candidatos sugeridos por los 85 países miembros de la CPI. Él se había destacado desde joven como brillante estudiante, abogado, defensor de la dignidad del ser humano. Fue candidato por unos breves meses del Movimiento Nacionalista Revolucionario en 1997 y de otro partido en 2002, pero esa opción política no ensombreció su reconocido compromiso por defender la vigencia de la Ley y los derechos de los más excluidos. El gobierno lo propuso, aunque en ese año era su opositor.
            Blattmann mereció 30 votos en la primera ronda sobre las otras candidaturas latinoamericanas y en la segunda obtuvo 57, venciendo a poderosos oponentes como Argentina y Colombia. La Cancillería de la República de Bolivia informó que el trabajo diplomático fue arduo y profesional tanto desde la OEA como desde la ONU para convencer a los países miembros que apoyen al candidato de un país poco relevante en el concierto mundial como es Bolivia.
            El jurista fue posesionado en La Haya y tres años después fue elegido vicepresidente de la CPI por sus cualidades personales, ocupó el cargo hasta 2012 y actualmente es profesor en Alemania.
            Además, recibió importantes premios por su defensa de la persona, del ser humano, como el Premio Monseñor Leónidas Proaño, Premio de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, reconocimientos en Europa y en América Latina. Fue elegido profesor honorario por universidades serias y delegado de la ONU para misiones específicas. ¡No importaba que fue político; ante todo era un jurista probo!
            Personalmente, como periodista, recuerdo cómo caminaba desde su despacho en El Prado hasta otros sitios para ahorrar gasolina al Estado. Nunca se lo vio ebrio o huallaichando en Carnavales en plena Plaza Murillo. Al contrario, era un profesional disciplinado y austero.
            Organizó un departamento de prensa idílico. El reportero no tenía más que llamar para contar con la documentación solicitada en un breve tiempo; el Ministerio de Justicia de 1993-1997 ofrecía inclusive apoyo de expertos para que los periodistas comprendan la profundidad de las reformas que ahí se aprobaban. Reformas que luego fueron truncadas.
En Bolivia, él dijo, “el expediente importa más que el ser humano”.
            Blattmann fue el maestro de Carlos Alarcón y de otros abogados constitucionalistas que prueban que en Bolivia no todos los togados son incompetentes.
           


domingo, 10 de junio de 2018

OCHENTA AÑOS DE LA MIGRACIÓN JUDÍA A BOLIVIA


Italiana, mujer, judía y comunista, Giorgina Levi no tenía un panorama fácil cuando llegó a Bolivia en 1939 como una de las muchas personas obligadas al exilio o a la emigración política y económica entre las dos guerras mundiales.
Junto a su esposo, médico alemán y judío, Enzo Arian, Giorgina no tuvo mucho para elegir. Los gobernantes militares bolivianos después de la Guerra del Chaco eran de los pocos que aceptaban asilar a judíos; es más, en el caso de ser médico, inclusive le ofrecían trabajo.
Levi (1910-2011), treintañera, pero recién casada, sabía que era casi imposible permanecer en su país junto a un judío berlinés, quien ya de hecho había perdido a casi toda su familia en las razias, después de la decisión fascista de emitir las leyes racistas.
Con sus regalos primorosos, como dos camisones de seda y una preciosa carterita, Giorgina partió a ese país absolutamente desconocido. Pronto experimentó que de nada le servirían los trajes a la moda de Turín ni la fina costura. Aprendió a cocer chaquetas de bayeta y a vestir pantalones de mezclilla, a cubrirse con chalinas de alpaca y a portar enormes sombreros.
Primero, para defenderse del viento en un pueblillo perdido en Zudañez, donde el único forastero era un árabe vendedor de telas colorinches que todavía pensaba que la tierra era plana.
En Sucre encontró más fácil trabajo de peluquera que enseñando alguno de los siete idiomas que domina a la perfección, inclusive el latín y el griego. Recién esa práctica la tuvo en La Paz, donde mi padre Huáscar fue su alumno y de quien ella dice que le discutía sus posiciones comunistas.
Más comprensión consiguió compartiendo con prostitutas y parias que con los propios judíos que también se discriminaban entre alemanes, polacos, divorciados, librepensadores, anarquistas, aunque todos sufrían la misma nostalgia de la patria lejana.
Tuvo frío en Oruro, en la mina Apacheta, en el campamento de Santa Fe. Sin embargo, poco a poco se dio cuenta que la realidad del país que la acogía y que tanto había golpeado inicialmente su elegancia y finura, la afirmaba en su militancia antifascista y en su ideología comunista. Bolivia, de ser un lugar de soledad y de desorden continuo, se fue pareciendo a la Maestra Vida, a la Madre que acoge y consuela.
Hizo contactos con otros europeos, austriacos, croatas, alemanes. En su extensa entrevista con Marcella Filippa (traducida por Clara López) detalla escenas y personajes de la vida boliviana de los años 40 que no se encuentran en otros textos nacionales.
Centenaria, defendía al comunismo y recordaba a Oruro y a La Paz, a los niños bolivianos, a los mineros bolivianos. Celebró el triunfo de Evo Morales y preguntaba por detalles de la vida cotidiana.
Un extraordinario personaje, cuya lucidez y memoria, permite conocer mejor una época que fue gloriosa. Dan ganas de continuar indagando sobre el polaco Citrín, el antifascista Deutsch, el italiano Bono, el rabino de Coblenza y tantos otros que viajaron por el altiplano boliviano, ahí organizaron su pedazo de resistencia y más tarde volvieron a sus países.
Esa biografía no es única, Decenas de judíos pasaron por Bolivia hace 80 años.

LO COTIDIANO
            De niña, no conocía a esos personajes grandiosos, las estadísticas, la historia de los nazis y menos los seculares problemas de los judíos con los árabes.
            Para mi numerosa familia la presencia judía en Bolivia se reducía a la tarde privilegiada cuando mi madre nos llevaba de compras.
            En el “Salón Edith”, en la Avenida 6 de Agosto casi Guachalla- según recuerdo- compraba los sacos de tonos cálidos, rojos mis preferidos, bordados en alto relieve con rositas y hojas lanceoladas de verde bosque. Era una adquisición preciada, para el cumpleaños, para la fiesta de fin de año. Había que cuidarla. Hasta volver otra vez y escuchar la lejana charla de la clienta con la señora de cabello rojizo, enrulado. ¿Será que mi memoria me engaña? Tengo tan clara esa imagen que dudo que sea mi invento.
            Más reciente es el retrato de los esposos que atendían la tienda de niños “Lupo” en la Yanacocha porque igual que mi madre, también yo compré ahí pañales y los primeros pantaloncitos cortos de mi hijo. Él callado, hablando una jerga extraña; ella más amable, blanca bajo un cabello oscuro y unos bigotillos que me impresionaban.
            Todavía en los años 60 tocaban el timbre de la casona en pleno Sopocachi paceño judíos que vendían telas, libros, discos.
            En las épocas austeras de nuestra infancia, los doce sólo podíamos festejar afuera al terminar el ciclo escolar y el lugar escogido era siempre la heladería “Max Bieber”. Teníamos temor si caía agua sobre el bonito mantel, romper un vaso o colocar mal los abrigos al ingreso en la calle 20 de octubre casi Aspiazu. Local que atendían los Resnikovski, no sé por qué conexión familiar.
            Sobrevive la otra confitería famosa, “Elys”, que supo siempre renovarse y atender a cada comensal como al único cliente del mundo. El querido Max y los mozos y mozas con tantos años de experiencia, las visitas de Juan Lechín y la plana mayor de la Federación de Mineros y de la Central Obrera, la música detenida en el tiempo, los cuadros de muchachas con pasadas modas.
            En Cochabamba, en Oruro, las pastelerías eran de alemanes, de judíos, mejor dicho, de mujeres judías, de origen alemán o austriaco.

EL REGISTRO OFICIAL

            Fue el historiador boliviano de origen judío, León Bieber, el autor que con gran paciencia consiguió documentar aquellas vidas, más allá de la simple anécdota, de la nostalgia.
            Aunque la presencia de los alemanes en Bolivia ha interesado y aún interesa a muchos historiadores e investigadores, Bieber ha escrito los principales textos. Sin leerlo, no se conoce cómo, por qué y qué pasó con la llegada de miles de migrantes desde 1938.
            Como me contaba en un reciente intercambio postal, entidades como el Planetario Max Schreier, la principal editora y librería bajo la conducción de Werner Guttentag, la Orquesta Sinfónica Nacional, la práctica del andinismo y de esquí en Chacaltaya, la creación de grupos deportivos (Heinz/ Happ, Werner Schein), el atletismo, el ajedrez, el arte de la fotografía (Kavlin, Grunbaum), la medicina (Gerd Simon) no se explicarían sin la llegada de judíos perseguidos en Europa.
            Para Bieber, la migración judía en Bolivia en los años 30 y 40 tuvo luces y sombras, sin olvidar además los esquemas corruptos de autoridades bolivianas para negociar visas falsas.
            Lo importante fue que más allá de muchos proyectos fracasados, de tantos que no lograron adaptarse al medio rural donde supuestamente tenían que aportar, las disputadas internas entre judíos de origen alemán y austriaco y los otros judíos, el Decreto de Germán Busch permitió salvar muchas vidas, antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
            Aunque Bieber ha publicado diferentes textos sobre el aporte judío a Bolivia, destacando Cochabamba, y sobre las relaciones boliviano alemanas, es el libro “Presencia judía en Bolivia, la ola migratoria de 1938-1940)” (Lewy, Santa Cruz de la Sierra, 2010) el que recoge la parte central de sus larguísimas indagaciones en archivos bolivianos y mundiales y decenas de entrevistas realizadas en varios países de América y de Europa para conocer la opinión de quienes alguna vez estuvieron refugiados en Bolivia.
            La llegada de migrantes judíos a Bolivia tuvo tres etapas, 1933-34, la principal entre 1938 y 1940 y la última entre 1941 y 1945. La primera no fue tan intensa como a otros países latinoamericanos, motivada por la llegada de los nazis al poder en 1933 y el despido masivo de empleados de origen hebreo, además de los primeros indicios de una violenta persecución.
            La comunidad creó inmediatamente una entidad de resistencia y contingencia para ayudar a los refugiados y perseguidos. En Bolivia también funcionaron dos entidades fundamentales: la JOINT (American Jewish Joint Distribution Comitee, 1933), que contribuyó a la llegada y a la integración de miles de judíos en Bolivia; y la SOPRO (Sociedad de Protección a los Inmigrantes Israelitas (SOPRO), constituida formalmente en La Paz el 16 de febrero de 1939, que contó con importantes aportes del “barón del estaño” de origen judío Mauricio Hoschild.
            El 14 de marzo de 1938 la prensa boliviana publicó una Resolución Suprema donde instruía que todos los representantes bolivianos debían canalizar las solicitudes de migración judía a través del Ministerio de Agricultura. Bolivia tenía la idea de aprovechar esa migración para modernizar el agro, aunque- como el caso de Georgina Levi- eran muchos académicos y formados en otras ciencias y no querían quedarse a cuidar gallinas.
            En mayo, la Cancillería informó en La Paz que la cuota de migrantes no tenía límites y el 9 de junio de 1938, fecha histórica, el gobierno boliviano anunció que las puertas del país estaban abiertas a todos los que quisieran venir a trabajar las “exuberantes tierras que les entregaremos gratuitamente”.
            Lo central fue el Decreto de 9 de junio de 1938 que abría las puertas de Bolivia a los migrantes judíos, aunque siempre con la dificultad que tenían que llegar atravesando otros países, como Brasil, Argentina o Chile, que no siempre los ayudaron. Había trabas por el desorden, la corrupción y la burocracia bolivianas, pero sobre todo las odiseas más desesperantes las creaban las oficinas y fronteras europeas y los consulados en Alemania.
            La fecha fue clave porque poco después se agudizarían los violentos pogroms en Berlín y en toda Alemania, más tarde en varios países europeos.
            La posición oficial aclaraba que Bolivia no se podía hacer coparticipe de odios y persecuciones, texto también relevado por el historiador estadounidense Herbert Klein.
            El Decreto estaba además acompañado por otras declaraciones oficiales bolivianas contra la persecución a judíos y destacando a la vez la necesidad de recibir a migrantes que ayudarían a la modernización del país.

LOS RESULTADOS

            Es fácil imaginar el impacto de la llegada masiva de estas familias a ciudades tan provincianas como eran entonces La Paz, Cochabamba, Sucre, Oruro, también Santa Cruz y Tarija. Algunos autores calculan hasta en 10 mil el número de migrantes, una cifra inimaginable aún para nuestros días.
            Se crearon sinagogas, colegios israelitas, cementerios, centros de estudio, las primeras confiterías y los primeros restaurantes diferentes a las tradicionales pensiones, tiendas de moda, centros de deporte y la dinámica social se transformó.
            Sin embargo, muchos recién llegados no se encontraban a plenitud en un medio indígena, muy diferente a su esencia cultural y después de la guerra la mayoría retornó a Europa o partió al nuevo Estado de Israel fundado en 1948.
            Los que se quedaron, generalmente se casaron y se relacionaron con nativos y formaron hogares boliviano judíos y a la mayoría les sonrío el éxito económico.
            Los habitantes reaccionaron con diferentes matices. En cambio, dos partidos políticos expresaron claramente su antisemitismo: desde la visión del nacionalismo católico, los falangistas mantenían la idea de que los judíos mataron a Jesucristo y rechazaron su venida en masa; desde la influencia nacional socialista, los movimientistas incluyeron en su primer programa ideológico su rechazo a la migración hebrea.

LOS NUEVOS TIEMPOS
            Actualmente Bolivia carece de una clara política para alentar la migración.
            La llegada de cientos de chinos ha causado malestar en la población porque no se percibe que traigan mejoras tecnológicas o conocimiento, sino todo lo contrario. La imagen de explotadores de obreros y campesinos, de traficantes de animales, el irrespeto a las leyes sociales bolivianas y la forma oscura de hacer negocios con el gobierno es una impronta que difícilmente se podrá superar.
            Con el caso venezolano, hay dos reacciones; indignación porque en esta década llegaron tantos militares y comerciantes que aprovecharon sus lazos políticos para introducirse en el país sin dejar nada a cambio; y la compasión a cada vez más caraqueños apostados en las calles bolivianas ofreciendo arepas o comidas varias.
            Mientras escribo esta nota, escucho una vez más en la radio noticias sobre la violenta represión de Israel contra los palestinos en Gaza y Cisjornadia, los hombres y mujeres castigados desde hace 70 años por la creación de Israel y su expulsión irresuelta de las tierras de sus padres.
            La historia nos revela que el alto precio por el Holocausto no lo pagaron los europeos sino otros pueblos, que viven como esclavos en su propio territorio.

viernes, 8 de junio de 2018

DANIEL ORTEGA, EL INDECENTE


            “Ortega y Somoza son la misma cosa” gritan agónicos los miles de chavales que por más de 60 días llenan las calles de las principales ciudades nicaragüenses exigiendo la salida del presidente Daniel Ortega, aferrado al poder como Bashar Hafez al-Assad, como Nicolás Maduro y como otros más.
            No les importa cuánta sangre se vierte, cuántos mártires, cuántas madres desesperadas, cuántos viudos, cuántos huérfanos. Al contrario de otros mandatarios, incluso constitucionales, que optaron por la retirada, hay una nueva raza- de tiranos viles, como apuntaría José Martí- que se atraganta con la rapiña, la “piñata”, dicen en Nicaragua.
            Raza vil que crea al mismo tiempo dinastías oscuras. Recordemos que el dictador sirio siguió la saga de treinta años de gobierno despótico de su padre. Maduro actúa como el hijo putativo de Hugo Chávez, o el kircherismo que quiso imitar a las esposas de Juan Domingo Perón.
            Más indecente que los Somoza o los Trujillo, que los Duvalier o los Stroessner es el clan Ortega. Habla a nombre de la Revolución, del Hombre Nuevo, de Ernesto Guevara, de Augusto Sandino, de los mártires y héroes del 79, pero está hundido en la miseria humana más atroz.
            Daniel Ortega es patético. Conocida es la lamentable historia de su hijastra abusada sexualmente por él cuando era adolescente. La otra hija, Camila Antonia Ortega Murillo es modelo de fina ropa y joyas, gozando y posando como no se atrevieron nunca las mujeres del clan Somoza. No es la única de la familia, la prima, Mariana Ortega Trejos, hija del comandante militar Humberto Ortega, concursó sin éxito para Miss Nicaragua.
            Ambas son, como casos que conocemos en Bolivia, imitación criolla de las imágenes femeninas que crea el “aborrecido sistema capitalista”. Salen en las revistas de moda plástica, que pertenecen a la “odiada prensa”, al servicio del imperio. Mientras mueren adolescentes en Masaya, ellas lucen bellos tacos de charol.
            Ortega, como varios de sus colegas del Socialismo XXI, es un impostor y a sus 72 años ya muestra demasiados signos de ser además una persona con funciones intelectuales disminuidas. En cambio, la hembra que se apoderó de las luchas sandinistas, Rosario Murillo, vicepresidenta en esta farsa dinástica, aprovecha todos los espacios para colocar en puestos claves a sus otros seis hijos.
            El símbolo de las nuevas luchas estudiantiles es el derribo de los árboles esotéricos que la loca mandó a colocar en diferentes esquinas de Managua para traer las “buenas energías” a su dominio personal. Son tantos los desfalcos, las gulas y lascivias que “Tachito” Somoza palidecería.
            Ortega pasó el dato a Evo Morales de las posibilidades de aprovechar la Corte de la Haya y el mandatario boliviano lo visitó con frecuencia, incluso sin motivos reales.
            Lo que no pudo la “United Fruit” ni Franklin Roosevelt han podido China y Rusia sosteniendo en su patio trasero a las nuevas formas de dictadura latinoamericanas.

viernes, 1 de junio de 2018

LARGA NOCHE FRATERNA


            De reojo miro el hermoso “Cristo Aimara” del inigualable Cecilio Guzmán de Rojas. No puedo concentrarme en el cuadro, porque a mi lado está su propio hijo Iván rodeado de admiradores y de vecinos de Sopocachi. Al frente me saluda la historiadora Clara López, a quien no veo hace tiempo.
            Besos y abrazos, sonrisas. Rolando Encinas se sale del escenario y me dice: “otra vez”, porque trato de asistir a todos los conciertos de “Música de Maestros” y Juan Carlos Nuñez hoy no habla sobre el Pacto Fiscal, hoy toca cuecas y bailecitos. Mientras más allá están amigas deportistas, la representante de la CAF, la embajadora de Uruguay, los grafiteros de la Calle de la Felicidad, la pintora Giomar Mesa, familiares de Arnal.
-          ¿Qué tal?
-          ¡Qué hermosa noche!
            Otros besos y saludos con Suely Aguiar que presenta una impresionante maqueta sobre la historia y cultura del mundo afro en Bolivia en el Centro Boliviano Brasileño que ofrece capoeira de Bahía, bocadillos de Recife y café en un carromato, de esos que ahora atienden jóvenes emprendedores, de moda en las calles paceñas.
            No alcanzo a entrar al Planetario “Max Schereier”, como cada año está repleto y mis alumnas me saludan satisfechas, ya están adelante. Nadie se cuela, nadie protesta, nadie discute.
            Es la “Larga Noche de Museos” y desde que baja el telón a las 15:00 toda la ciudad se transforma. Hay un acuerdo misterioso para gozar la jornada, sin prisas, sin bocinas, sin borracheras, sin riñas. Es como la magia del “Pumakatari”, cuando los paceños decidimos no ser como solemos ser y nos convertimos en seres respetuosos, amables, sonrientes y llenos de besos y abrazos.
            Ríos de gentes bajando y subiendo, parejas, familias, muchísimos niños. “No sé por qué otras veces no entran, si nuestras actividades son gratuitas, hay como una timidez, pero en esta noche todos se atreven”, comenta María del Centro Cultural de España ante la presencia de decenas de jóvenes que asisten al programa ofrecido. Casi todos son de las laderas, grupos alegres y comunicativos.
            Las estadísticas cuentan 250 mil personas en las centenas de puertas abiertas, de escenarios callejeros, de disfrute de la cultura, el ocio, la comida, hasta las ofertas de los artesanos. En la Biblioteca Municipal vi diferentes colecciones, en la Alianza Francesa, fascinante exposición sobre los nuevos colonizadores.
            Acaba de irse Luis Revilla, alcalde de La Paz, me dice una activista medioambiental, mientras la Avenida Ecuador se abre como un espacio amazónico lleno de color, un bosque de papel, para recordar al TIPNIS. Todo mensaje que defienda la Vida es válido en esta larguísima jornada, ya contagiada al resto del país.
            La ministra de Cultura Wilma Alanoca es bien recibida en los sitios que visita. Los museos nacionales están abiertos, las academias militares, las embajadas amigas, los centros culturales, las fundaciones, el exclusivo Círculo de la Unión o la popular Jaén. Los policías cuidan, no reprimen.
            ¡Está es Bolivia!, me ilusiono. Una vez más la cultura recrea la utopía de un mundo fraterno, donde la ternura de los humanos se impone a pesar de los propios humanos.