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viernes, 8 de diciembre de 2023

BELEN SIN NAVIDAD

 

          Una de las imágenes del Evangelio que más impresiona es el desplazamiento de María embarazada desde su hogar de Nazaret (al norte) hacia Belén (al centro) después de haber pasado tres meses de su espera junto a su prima Isabel, en un tercer territorio. Más tarde, la joven madre huyó con su Divino hijito en brazos a Egipto, donde encontró refugio. Es una señal imperecedera: tantas madres que dan a luz lejos de su casa. Por otro lado, Jesús, el Hijo del Hombre, escoge ser de todas partes, universal, sin fronteras.

Actualmente Nazaret está en el norte del estado de Israel, aunque la mayoría de su población es árabe y profesa la religión musulmana o católica. Tiene unos 75 mil habitantes, casi igual que Quillacollo; es más pequeña que Riberalta. Como otras poblaciones palestinas, sus habitantes padecen desde 1948 el desplazamiento constante.

            Belén queda en el centro de Cisjordania, en Palestina, al sur de Jerusalén. Es tan limitada como Patacamaya o como Camiri, pero es una de las ciudades más famosas del mundo. El Nuevo Testamento la cita como la ciudad que albergó en un humilde pesebre el nacimiento del Mesías, bajo el Imperio Romano. Ahí están vitales sitios sagrados para los millones de cristianos de todo el mundo.

            La mayoría de su población es árabe y practica la religión musulmana conviviendo con la minoría de cristianos ortodoxos desde siglos. Los treinta mil habitantes ocupan un espacio bajo la Autoridad Palestina, cercado por murallas y puestos de control del gobierno de Israel. Como miles de palestinos no tienen la libertad de salir o entrar y son hostigados permanentemente por los avasalladores judíos de asentamientos ilegales.

            Belén vivía del turismo, principalmente de los católicos europeos y latinoamericanos. La temporada alta era fin de año, en las proximidades de la fecha escogida para conmemorar el nacimiento de Cristo, 25 de diciembre. La Basílica de la Natividad era uno de los sitios ineludibles para los peregrinos.

            Desde hace algunos años (antes del 7 de octubre de 2023) los habitantes de Belén y los sacerdotes (franciscanos) que custodian los sitios sagrados denunciaron los permanentes abusos del personal de seguridad del gobierno de Israel y de judíos ortodoxos contra ellos.

            Avasallamientos y atropellos que este año han alcanzado límites incontrolables al punto que la mayoría de los hoteles cancelaron visitas, cientos de locales de comida o de alojamiento cerraron sus puertas. Como ciudadanos de Cisjordania, los palestinos en Belén viven bajo una prisión al aire libre.

            La violencia en este territorio palestino, igual que en el este de Jerusalén, aparece poco en los noticieros por ser menos numerosa que la catástrofe humanitaria en Gaza, pero no por ello menos dramática. Hace meses, por ejemplo, que el sistema israelí no deja que los enfermos de cáncer se curen en hospitales palestinos y prohíbe en Gaza máquinas de radioterapia porque señala que podrían convertirlas en armas.

            En la Franja, en sesenta días, más de 6. 500 Jesusitos han sido asesinados por orden de Benjamín Netanyahu y miles de miles han sido mutilados o han quedado huérfanos. Han sepultado en ocho semanas más niños que en todas las guerras del mundo del siglo XXI.

La conmoción mundial no toca a Tel Aviv. Al contrario, se anuncian más ejercicios: drones contra bebés; bombas contra camillas; metralla contra pesebres. Este 2023, como pocas veces desde la época de San Francisco, Belén no tendrá Navidad. No llegará la Buena Nueva a los hogares de piel canela y pestañas largas.

Las campanas no repicarán porque no habrá Noche Buena. Habrá más luto.

LUPE CAJÍAS

 

            Una de las imágenes del Evangelio que más impresiona es el desplazamiento de María embarazada desde su hogar de Nazaret (al norte) hacia Belén (al centro) después de haber pasado tres meses de su espera junto a su prima Isabel, en un tercer territorio. Más tarde, la joven madre huyó con su Divino hijito en brazos a Egipto, donde encontró refugio. Es una señal imperecedera: tantas madres que dan a luz lejos de su casa. Por otro lado, Jesús, el Hijo del Hombre, escoge ser de todas partes, universal, sin fronteras.

Actualmente Nazaret está en el norte del estado de Israel, aunque la mayoría de su población es árabe y profesa la religión musulmana o católica. Tiene unos 75 mil habitantes, casi igual que Quillacollo; es más pequeña que Riberalta. Como otras poblaciones palestinas, sus habitantes padecen desde 1948 el desplazamiento constante.

            Belén queda en el centro de Cisjordania, en Palestina, al sur de Jerusalén. Es tan limitada como Patacamaya o como Camiri, pero es una de las ciudades más famosas del mundo. El Nuevo Testamento la cita como la ciudad que albergó en un humilde pesebre el nacimiento del Mesías, bajo el Imperio Romano. Ahí están vitales sitios sagrados para los millones de cristianos de todo el mundo.

            La mayoría de su población es árabe y practica la religión musulmana conviviendo con la minoría de cristianos ortodoxos desde siglos. Los treinta mil habitantes ocupan un espacio bajo la Autoridad Palestina, cercado por murallas y puestos de control del gobierno de Israel. Como miles de palestinos no tienen la libertad de salir o entrar y son hostigados permanentemente por los avasalladores judíos de asentamientos ilegales.

            Belén vivía del turismo, principalmente de los católicos europeos y latinoamericanos. La temporada alta era fin de año, en las proximidades de la fecha escogida para conmemorar el nacimiento de Cristo, 25 de diciembre. La Basílica de la Natividad era uno de los sitios ineludibles para los peregrinos.

            Desde hace algunos años (antes del 7 de octubre de 2023) los habitantes de Belén y los sacerdotes (franciscanos) que custodian los sitios sagrados denunciaron los permanentes abusos del personal de seguridad del gobierno de Israel y de judíos ortodoxos contra ellos.

            Avasallamientos y atropellos que este año han alcanzado límites incontrolables al punto que la mayoría de los hoteles cancelaron visitas, cientos de locales de comida o de alojamiento cerraron sus puertas. Como ciudadanos de Cisjordania, los palestinos en Belén viven bajo una prisión al aire libre.

            La violencia en este territorio palestino, igual que en el este de Jerusalén, aparece poco en los noticieros por ser menos numerosa que la catástrofe humanitaria en Gaza, pero no por ello menos dramática. Hace meses, por ejemplo, que el sistema israelí no deja que los enfermos de cáncer se curen en hospitales palestinos y prohíbe en Gaza máquinas de radioterapia porque señala que podrían convertirlas en armas.

            En la Franja, en sesenta días, más de 6. 500 Jesusitos han sido asesinados por orden de Benjamín Netanyahu y miles de miles han sido mutilados o han quedado huérfanos. Han sepultado en ocho semanas más niños que en todas las guerras del mundo del siglo XXI.

La conmoción mundial no toca a Tel Aviv. Al contrario, se anuncian más ejercicios: drones contra bebés; bombas contra camillas; metralla contra pesebres. Este 2023, como pocas veces desde la época de San Francisco, Belén no tendrá Navidad. No llegará la Buena Nueva a los hogares de piel canela y pestañas largas.

Las campanas no repicarán porque no habrá Noche Buena. Habrá más luto.

viernes, 1 de septiembre de 2023

ISRAEL Y LOS NIÑOS PALESTINOS

 

           Las guerras, las invasiones, los conflictos tienen mayormente dos grupos principales de víctimas, justamente ambos son los que no tienen responsabilidades en esos enfrentamientos: las mujeres y sus hijos, los niños. Si hay imágenes dolorosas de los lugares de exterminio son esos botines de chiquillo, esa muñeca ensangrentada, ese chupón pisoteado o esa mamadera en el bolsillo de una madre fusilada una tarde cualquiera.

            La humanidad no aprende la lección; al contrario, perfecciona los métodos para acorralar a los hijos del supuesto enemigo para destrozarlo desde sus entrañas. Así lo practicaron los peronistas contra los propios peronistas en Argentina, o los rusos contra los ucranianos. Así actúa el estado israelí desde hace siete décadas contra los niños palestinos.

            Esta semana, la organización Human Rights Watch denunció que “más niños y niñas palestinos morirán” si no se presiona a Israel para que cambie el rumbo de sus políticas represivas. La entidad que vigila el respeto de los Derechos Humanos en todo el mundo está lejos de estar bajo sospecha de antisemitismo o de favorecer a “terroristas”.

            Lo que está sucediendo es que cada vez más voces se alzan en el planeta para denunciar cómo el gobierno y el ejército israelí asesinan a jóvenes palestinos que viven en los territorios avasallados ilegalmente por ortodoxos judíos. Operativos militares han matado al menos 172 palestinos este año, una cifra que parece superar la cantidad de muertos en 2022.

            Con el pretexto de “terrorismo” o aprovechando incidentes que pueden o no ser provocados por los propios servicios secretos israelíes, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha endurecido la represión contra los palestinos. HRW denunció en su informe cómo además de disparar contra personas indefensas, la represión israelí somete a torturas a menores palestinos.

            Frecuentes palizas, interrogatorios coercitivos son parte de los métodos usados. Una fotografía muestra a un chiquito arrestado, de 11 años, Ahmad Abu S., rodeado de agentes que lo acusan de tirar piedras. Los menores apresados son golpeados y estrangulados, sin avisar a los padres sobre su paradero ni consentir la presencia de un abogado. Los datos de decenas de casos están disponibles en internet: Fares, Malak, Khaled, Mohammed, más de un centenar.

            Existen testimonios de colegiales que sufrieron las granadas que soldados israelíes dispararon al rostro para enceguecerlos y ensordecerlos. A otros los dejaron semidesnudos en el frío. Una niña estuvo 64 días detenida sin avisar a sus padres. Los niños que lograron salir sufren pesadillas, han perdido el auto control y confiesan la vergüenza de volver a orinarse como criaturas por el miedo. Alguno intentó suicidarse.

            Aunque los liberen, la policía los sigue vigilando. En algunos casos los escolares detenidos simplemente estaban esperando el bus o retornaban a sus casas; son acusados de estar con una camisa azul, sin tomar en cuenta que ese es el uniforme colegial. Los interrogaron entre varios adultos mientras se niega a los chicos la presencia de alguien que los apoye. Los amenazan y los intimidan para que “confiesen”, para que se auto culpen con la oferta de “penas reducidas”.

            Los abusos de los israelitas contra los palestinos datan de hace años y se dan sobre todo en territorios que son palestinos y en Jerusalén. Sus padres sufren humillaciones y privaciones para poder trabajar o para poder pasar los muchos controles. Existen diferentes informes de organismos internacionales y también voces dentro del propio país denunciando esta violación de las convenciones internacionales de Derechos Humanos; pero el gobierno no reacciona ni respeta el Derecho internacional.

            Al contrario, los amplios tentáculos de Israel abarcan cada vez más: nuevos voceros, nuevas formas, otros formatos y el relato del sufrimiento de judíos en Europa para despertar simpatías.

            En pleno siglo XXI, gobiernos aparentemente diferentes como Israel, Irán y Cuba arrestan a escolares, los torturan, los interrogan, los condenan. Y el mundo sigue conmovido por el fenómeno rosa de Barbie.

lunes, 10 de febrero de 2020

DON WERNER, IN MEMORIAN


            El mundo conmemoró con diferentes actos en distintos escenarios el 75 aniversario del ingreso de tropas del Ejército Rojo al campo de concentración en Auschwitz, el símbolo más famoso de lo que significó el grado de maldad que había alcanzado la humanidad para despedazar a otros seres humanos por su procedencia étnica, por sus creencias, por sus ideas, por su opción sexual. “Nunca más” han coreado los actuales sobrevivientes que entonces eran niños adolescentes y hoy están en el umbral de la muerte.
            Pocos días después en Bolivia hubo homenajes para recordar a Werner Guttentag, el librero, como muchos lo conocían. Había nacido en Breslau, ahora Polonia, el 6 de febrero de 1920 y tuvo que abandonar su patria junto a su padre escapando de la persecución nazi. En una bitácora que contaba los muchos días, sobre todo, las muchas noches de temor entre la huida, el barco, el ancho mar, las posibilidades de asilo, hasta su llegada a Cochabamba.
            Era 1939, año nefasto para la dignidad humana. El final de la Guerra Civil española (1936) mostró cuan largos tentáculos tiene el odio al que no piensa como uno piensa. Las décadas posteriores dividieron a regiones, a cultos, a familias, a enamorados. Pocos ejemplos tan dramáticos de lo que desencadena la confrontación entre paisanos.
            Era el inicio de la Segunda Guerra Mundial que consiguió desentraña la maldad que lleva el hombre cuando deja de ser una criatura divina. Los soldados rusos describieron cómo habían encontrado a otros humanos que parecían zombis, piel y hueso, con ojos tan vacíos pues también el alma había volado. Se confirmaban las denuncias de documentales estadounidenses que muchos pensaban eran solo propaganda.
            Miles, millones de personas murieron en las trincheras, otros millones civiles en bombardeos. La peor pesadilla fue el asesinato de mujeres, niños, hombres en cámaras de gas, con métodos sofisticados, con maquillajes científicos, con experimentos perversos.
            Werner pudo salvarse y encontrar en Bolivia una posibilidad de vida tranquila, más aún con la política de Germán Busch para abrir las fronteras a judíos. Muchos refugiados retornaron a sus lugares de origen porque les era difícil comprender a los bolivianos. Guttentag se quedó, sembró hijos, árboles y muchos libros. Dio su vida para fomentar la lectura entre sus nuevos vecinos. Arriesgó su capital para imprimir a poetas desconocidos. Fomentó ferias, exposiciones, concursos. No leer lo que Bolivia escribe, era no saber lo que Bolivia es.
            Werner no guardó rencor ni vengó su dolor contra otras personas. Por el contrario, hizo mucho para la comprensión entre los cochabambinos. Así como este 27 de enero se reunieron en Auschwitz representantes de origen israelí y de 20 países árabes, alemanes y otros europeos. Desean un futuro de paz, justicia, amistad, como relata la DW.
            En cambio, la conmemoración en Jerusalén fue una nueva expresión de rivalidades y poderes. Donald Trump anunció un plan para hundir más al pueblo palestino, para olvidar que 700.000 y luego miles más fueron arrancados de sus hogares para habilitar Israel. No hay señales que las lecciones sean aprendidas. Palestina sigue pagando el precio de un infierno que ellos no provocaron pero que Israel se los cobra todos los días. El resto del mundo calla.