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viernes, 1 de septiembre de 2023

ISRAEL Y LOS NIÑOS PALESTINOS

 

           Las guerras, las invasiones, los conflictos tienen mayormente dos grupos principales de víctimas, justamente ambos son los que no tienen responsabilidades en esos enfrentamientos: las mujeres y sus hijos, los niños. Si hay imágenes dolorosas de los lugares de exterminio son esos botines de chiquillo, esa muñeca ensangrentada, ese chupón pisoteado o esa mamadera en el bolsillo de una madre fusilada una tarde cualquiera.

            La humanidad no aprende la lección; al contrario, perfecciona los métodos para acorralar a los hijos del supuesto enemigo para destrozarlo desde sus entrañas. Así lo practicaron los peronistas contra los propios peronistas en Argentina, o los rusos contra los ucranianos. Así actúa el estado israelí desde hace siete décadas contra los niños palestinos.

            Esta semana, la organización Human Rights Watch denunció que “más niños y niñas palestinos morirán” si no se presiona a Israel para que cambie el rumbo de sus políticas represivas. La entidad que vigila el respeto de los Derechos Humanos en todo el mundo está lejos de estar bajo sospecha de antisemitismo o de favorecer a “terroristas”.

            Lo que está sucediendo es que cada vez más voces se alzan en el planeta para denunciar cómo el gobierno y el ejército israelí asesinan a jóvenes palestinos que viven en los territorios avasallados ilegalmente por ortodoxos judíos. Operativos militares han matado al menos 172 palestinos este año, una cifra que parece superar la cantidad de muertos en 2022.

            Con el pretexto de “terrorismo” o aprovechando incidentes que pueden o no ser provocados por los propios servicios secretos israelíes, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha endurecido la represión contra los palestinos. HRW denunció en su informe cómo además de disparar contra personas indefensas, la represión israelí somete a torturas a menores palestinos.

            Frecuentes palizas, interrogatorios coercitivos son parte de los métodos usados. Una fotografía muestra a un chiquito arrestado, de 11 años, Ahmad Abu S., rodeado de agentes que lo acusan de tirar piedras. Los menores apresados son golpeados y estrangulados, sin avisar a los padres sobre su paradero ni consentir la presencia de un abogado. Los datos de decenas de casos están disponibles en internet: Fares, Malak, Khaled, Mohammed, más de un centenar.

            Existen testimonios de colegiales que sufrieron las granadas que soldados israelíes dispararon al rostro para enceguecerlos y ensordecerlos. A otros los dejaron semidesnudos en el frío. Una niña estuvo 64 días detenida sin avisar a sus padres. Los niños que lograron salir sufren pesadillas, han perdido el auto control y confiesan la vergüenza de volver a orinarse como criaturas por el miedo. Alguno intentó suicidarse.

            Aunque los liberen, la policía los sigue vigilando. En algunos casos los escolares detenidos simplemente estaban esperando el bus o retornaban a sus casas; son acusados de estar con una camisa azul, sin tomar en cuenta que ese es el uniforme colegial. Los interrogaron entre varios adultos mientras se niega a los chicos la presencia de alguien que los apoye. Los amenazan y los intimidan para que “confiesen”, para que se auto culpen con la oferta de “penas reducidas”.

            Los abusos de los israelitas contra los palestinos datan de hace años y se dan sobre todo en territorios que son palestinos y en Jerusalén. Sus padres sufren humillaciones y privaciones para poder trabajar o para poder pasar los muchos controles. Existen diferentes informes de organismos internacionales y también voces dentro del propio país denunciando esta violación de las convenciones internacionales de Derechos Humanos; pero el gobierno no reacciona ni respeta el Derecho internacional.

            Al contrario, los amplios tentáculos de Israel abarcan cada vez más: nuevos voceros, nuevas formas, otros formatos y el relato del sufrimiento de judíos en Europa para despertar simpatías.

            En pleno siglo XXI, gobiernos aparentemente diferentes como Israel, Irán y Cuba arrestan a escolares, los torturan, los interrogan, los condenan. Y el mundo sigue conmovido por el fenómeno rosa de Barbie.

viernes, 5 de noviembre de 2021

EL BANDOLERISMO SOCIAL IMPUNE

 

            ¿Cómo pudo un grupo de hombres aferrados a armas de fuego letal, palos, machetes retener a 17 ciudadanos y policías durante largas siete horas? ¿Quién o quiénes les repartieron esos instrumentos de combate? ¿Quién o quiénes los entrenaron? ¿Quién o quiénes los organizaron para el ataque, el repliegue, los interrogatorios, las palizas, los golpes? ¿Quién o quiénes les entregaron uniformes militares, pasamontañas, camuflajes? ¿Quién o quiénes eligieron al líder con voz de mando de guerra?

            ¿Por qué no reaccionó la policía departamental al conocer los hechos? ¿Por qué el comandante de la policía nacional General Jhonny Aguilera calificó el asunto de “altercado”? ¿Existen muchos de esos “altercados” en el país, dónde, cuándo, cómo? ¿Por qué fueron destituidos los fiscales que investigaban otros hechos de violencia en el mismo territorio?

            ¿Quién es o quiénes son los Padrinos de los guerreros de Las Londras? ¿Quién les autoriza dar “sustos” a periodistas cruceños? ¿Quién les enseñó a disparar a las cámaras?

            ¿Quién les da dinero? ¿Por qué ellos pateaban en el suelo a los periodistas para saber “quién les pagaba”? ¿Cuál su interés en ese detalle? ¿Existe alguna fuente opaca que entrega billetes a quienes tomen tierras en predios privados en Santa Cruz? ¿Por qué actuaban con tanta impunidad?

            ¿Quién o quiénes ordenaron a mujeres para que torturen a una joven periodista negándole sus mínimos derechos de persona humana? ¿Reciben medallas por su valentía? Un tropel contra una muchacha.

            ¿Qué falló en su plan de linchar a los rehenes, de quemarlos vivos?

            ¿Quién protegió la emboscada para torturar a los dueños del predio?

            ¿Quién o quiénes llamaron para insinuar a los armados detener la golpiza, cuando ya un oficial de policía estaba desvanecido, un reportero tenía los oídos reventados y todos soportaban las espaldas laceradas por los suplicios?

            ¿Cuál es la relación del grupo armado con las autoridades del INRA departamental, del INRA Nacional; con los ministros de Gobierno y de la Presidencia? ¿Por qué éste elude explicar cómo civiles pasean armados en Bolivia? ¿Por qué la otra prefiere el silencio para no hablar del asunto? Al inicio de la gestión de Luis Arce, el ministro de Desarrollo Rural y Tierras, Edwin Caracallo fue encontrado en un presunto soborno en pleno Prado paceño por cobrar coimas para sanear tierras. ¿Hasta dónde llega el largo brazo de Nemesia Achacollo?

            ¿Y de las ramificaciones del tráfico de sustancias prohibidas, se dice algo?

            Lo cierto es que ya no existe Estado Plurinacional en cada vez más municipios; aquella ausencia que comenzó en Ivirgarzama se expande a todos los puntos cardinales. Autos chutos, drogas, descomposición social, linchamientos, falta de policía, son el sello de una delincuencia barnizada con demanda social; de un bandolerismo disfrazado de pobreza; de una mafia encubierta de antiimperialismo.

            El proceso político que empezó defendiendo la materia prima de la cocaína culmina en el mismo lugar. Cuando las FARC se metieron a narcos para autofinanciarse terminaron enlodados y drogodependientes, igual que los sandinistas cuando abrazaron a Pablo Escobar Gaviria. La cosa nostra se inició rebelde y degeneró en una organización criminal que no ha permitido el progreso económico en sus zonas de control.

            Los sucesos en Las Londras son la continuación de las bandas asaltando la casa de la periodista Casimira Lema; de las bandas incendiando los buses municipales; de las bandas lanzando bombas molotov; de las bandas bloqueadoras provocando la muerte de enfermos en agosto 2020. ¿Acaso no desfilaron en esos momentos con armas en la mano?

            Los grupos armados existen y se esparcen porque la sociedad los tolera y son demasiados los que prefieren mirar a otro lado. Porque la narcopolítica los alimenta, hasta que ellos alcen vuelo propio y Bolivia siga el camino de Colombia, México, Somalia.