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viernes, 25 de septiembre de 2026

ASAMBLEA DE UNA ORGANIZACIÓN DESORGANIZADA

 

            La 81 Asamblea de Naciones Unidas reúne a 81 jefes de Estado y 50 de gobierno del 22 al 28 de septiembre. Están presentes el presidente de Estados Unidos y la mayoría de los líderes europeos, de Francia, de Reino Unido, de España, pero no asisten ni el canciller alemán ni la primera ministra de Italia.

            De América Latina destaca la llegada de Delcy Rodríguez que será la primera presidenta venezolana desde 2018, cuando habló Nicolás Maduro, secuestrado y luego detenido en una prisión a pocos kilómetros de la sede de la ONU.

            El presidente de Brasil Ignacio Lula da Silva fue el primer latino en hablar.  Lula fue muy claro al recordar a Donald Trump que no puede ejercer su autoridad más allá de sus fronteras. En pocos días Brasil celebra elecciones y como ha sucedido en otros países de la región hay el temor de la influencia directa e indirecta, ilegal, de personas ligadas al escudo de Trump para torcer el resultado de los comicios.

             Además, estarán los nuevos presidentes de Sudamérica: Keiko Fujimori de Perú, José Antonio Kast de Chile, Rodrigo Paz de Bolivia. Participaron Daniel Noboa de Ecuador, Javier Milei de Argentina y otros mandatarios sin propuestas novedosas.

            El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, hablará en nombre del presidente Miguel Díaz Canel, quien prefirió no salir de casa. Tampoco estarán a nivel presidencial Vladimir Putin de Rusia ni Xi Jinping de China, que participará con su vicepresidente. Aunque ninguno de estos líderes ha asistido en los últimos años se esperaba que en esta ocasión estén presentes por la tensión mundial.

            La ONU tiene 193 miembros, muchos más de los 42 que hace un siglo crearon la Liga de Naciones, un organismo que veló más por los intereses de las potencias europeas y las potencias emergentes que por la estabilidad del mundo. Algunas de sus resoluciones trajeron problemas que duran hasta ahora principalmente en el Medio Oriente, parte de Asia y parte de África.

            En 1945, medio centenar de países acordaron apoyar los principios de la Organización de Naciones Unidas, creada bajo las lecciones de la Segunda Guerra Mundial. Trajo esperanza, más aún con la incorporación de las naciones que lograron su independencia en los 60.

            Hubo un momento de orden mundial y de reglas para todos. Sin embargo, en el nuevo siglo y principalmente en este quinquenio ese orden fue desorganizado por las grandes potencias.

            El asunto de Palestina sigue ensangrentado, sumando muertos y mutilados y, a la vez, con una creciente ola de apoyo mundial, desde la cultura y desde los 250 sacerdotes que desfilaron en pleno Vaticano con nombres de niños asesinados. Históricamente, la entrega de la Liga de ese territorio a los británicos en 1920 provocó la no firma de Estados Unidos.

            Ahora Trump veta el ingreso del presidente palestino, violentando los principios de la ONU para que todos puedan hablar (igual que violentó el Mundial de Fútbol).

            Naciones Unidas y sus diferentes agencias no han tenido la posibilidad de gestionar verdaderas treguas en los países en guerra tanto interna como externa, o de limitar las muertes de niños por diferentes causas, la justicia global o una economía sustentable que salve al planeta en los momentos en los que existen tantas amenazas.

            Por otra parte, los países nórdicos intentan tener un peso mayor. Dinamarca hizo maniobras significativas para tratar el tema de Groenlandia, fruta apetecida por Rusia y por Estados Unidos. El presidente de Finlandia marcó en su discurso la diferencia de los países de las democracias occidentales más sólidas y transparentes frente a las presiones de Trump y de Putin con conceptos claves como multilateralismo, confianza, alianzas.

            El discurso de Trump fue otro plato de buffet barato, donde -entre otros ingredientes- pidió a Volodymir Zelenzky no bombardear refinerías rusas para no encarecer el precio del diésel, después que él provocó el cierre del estrecho de Ormuz.

            En los minutos en los cuales se desarrolla la Asamblea y a pocos kilómetros hay al menos un latinoamericano, puede ser un niño, deportado de una forma violenta y muchas veces ilegal hacia algún país. Los que pensaban que el asunto de los desaparecidos era tema de las dictaduras ahora saben que también hay desaparecidos cuando interviene la ICE para detener a personas supuestamente sospechosas y expulsarlas a países que pueden estar en el África o en Asia o a las cárceles salvadoreñas, donde se pierde su rastro.

            El secretario general Antonio Guterres se despide en esta asamblea después de una década. En diciembre se elegirá al nuevo secretario general de Naciones Unidas que podrá ser una mujer y podrá ser una latinoamericana. ¿Será capaz de ser independiente, de enfrentar a los grandes poderes, de defender la paz mundial, de cumplir los ideales de quienes firmaron la Carta de la ONU?

 

viernes, 17 de mayo de 2024

¡QUÉ VIVAN LOS ESTUDIANTES!

 

            Los señores de la guerra en Tel Aviv jamás imaginaron que el rechazo mundial a sus bombardeos sobre Gaza tendría como estímulo esencial al más humano de los sentimientos humanos: la compasión. Los otros discursos son tangenciales. Por ello no sirve buscar causas políticas, religiosas o racistas para detener el estallido juvenil.

            Nunca como ahora, los estudiantes han demostrado por qué Violeta Parra los describía como el “jardín de nuestra alegría”. Cuando un muchacho californiano muestra las manos ensangrentadas antes de recibir su título -arriesgando su futuro profesional- un escolar de Jabalia siente que alguien entiende su dolor.

            “No se asustan de animal ni de policía; no les asustan las balas ni el ladrar de la jauría”. Aquella frase que describía las protestas latinoamericanas en los años 70 se puede trasladar fácilmente para poner como pie de foto a todas esas imágenes, de costa a costa.

Estudiantes de diferentes procedencias, de clase, de color, musulmanes, judíos, católicos, ateos unieron sus manos en un largo cordón para decir basta: “Palestina Libre, desde el mar hasta el río.”

            Escribía Violeta en Santiago y coreaba Mercedes en Buenos Aires: “Me gustan los estudiantes que marchan sobre las ruinas, con las banderas en alto va toda la estudiantina.

Son químicos y doctores, cirujanos y dentistas.” Este abril volvieron a flamear las banderas, muchos colores acompañando al negro-blanco-verde y rojo palestino. Aunque las autoridades prohibieron dar su discurso a la mejor alumna, por ser palestina, sus compañeros se encargaron de amplificar su voz. En este 2024 se suman a la protesta decenas de profesores, muchos de ellos descendientes de sobrevivientes del Holocausto.

            “Me gustan los estudiantes que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas y regimientos”. A pesar de toda la propaganda para acusarlos de “antisemitismo”, de “agitadores externos”, ocuparon los campus en Columbia, en la UCLA, en Boston, en Minnesota. El ejemplo de los universitarios en Estados Unidos cundió en otros centros universitarios de Europa, que ya habían acompañado otras protestas contra Israel.

            El movimiento estudiantil pidiendo el alto de fuego en Gaza y la suspensión de las relaciones directas o indirectas con el estado de Israel provocaron reacciones, a veces violentas, para restarles valor. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los estudiantes eran conscientes que se exponían a la expulsión o a perder una plaza por un motivo mayor: la solidaridad con las familias palestinas que han enterrado más de 35 mil muertos, una tercera parte niños menores y adolescentes.

            La repercusión de la protesta fue un sacudón para otros sectores que guardan silencio. Como escribió Violeta: “me gustan los estudiantes que no hacen sordo mudo cuando se presenta el hecho.” A los pocos días, la representación palestina lograba un nuevo triunfo diplomático en Naciones Unidas en el camino al reconocimiento total como estado.

            En Bolivia, la decadencia del tejido social también se expresa en las universidades públicas. Las dirigencias estudiantiles están sumidas en la generalizada corrupción con representantes envejecidos y clientelares.

            Ni siquiera han recordado que justamente hace medio siglo, en abril de 1974, se consolidaba la resistencia a la dictadura de Hugo Banzer con la creación del Comité Interfacultativo. Los estudiantes, arriesgando seguridad y profesión, salieron a reclamar sus derechos y la autonomía.

            Fue uno de los movimientos rebeldes más hermosos que testificamos. Era pacífico. En el atrio de la UMSA, los chicos tocaban guitarra, las chicas vestidas con coloridas minifaldas prendían flores a los policías, quizá inspiradas en ese otro gran gesto de ese año: la Revolución de los claveles en Portugal.

            La rebelión juvenil motivó el golpe de estado de Gary Prado y otros militares institucionalistas en un intento de cambiar el destino del país. Poco después, Banzer endureció el régimen y sacó a los políticos civiles de su gabinete.

            Entonces, la protesta boliviana fue una inspiración para otros universitarios en la región, donde se asentaban una a una las dictaduras en Uruguay, Chile, Argentina. El Comité Interfacultativo resistió las embestidas hasta conseguir junto a los trabajadores la apertura democrática en 1982.

            Ojalá alguna federación universitaria recoja esa memoria y una a los bolivianos con los estudiantes del resto del mundo que piden paz para Palestina.

 

           

           

           

 

 

 

 

viernes, 5 de enero de 2024

CENSURAN LA SOLIDARIDAD CON PALESTINA

 

            ¡Qué triste empezar el año con la sangre de tantos niños sacrificados en Gaza y Cisjordania! No hubo tregua ni por las celebraciones del Nacimiento del Niño Jesús, por el cierre del 2023, por ser de noche, por ser mediodía. Lo bombardeos israelíes continuaron sin tregua aumentando el número de muertos y heridos palestinos.

            Al mismo tiempo, crece la censura de los grandes capitales contra los medios de comunicación; las cuentas institucionales y personales en redes sociales; las universidades y los centros culturales; las manifestaciones callejeras; las conferencias y declaraciones; los artistas, los guionistas, los gestores. El poder de los grandes negocios alcanza a toda voz que exponga su solidaridad con el pueblo palestino, como no sucede en otros conflictos.

            Uno de los primeros ejemplos se dio en la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania, la más grande del mundo y considerada hasta el 2023 como un espacio de libertad. A pocas horas del inicio de la guerra contra Gaza, su director canceló la entrega del premio a la escritora palestina Adania Shibi. Ella no tiene ninguna relación con Hamas. Su obra cuenta la historia real de una niña palestina violada y asesinada por un soldado judío en 1949. Más de 600 escritores y editores protestaron por el inédito amedrentamiento.

Las autoridades de Bremen, también en Alemania, cancelaron la entrega del premio Hannah Arendt de pensamiento político a la escritora ruso estadounidense de origen judío Masha Gessen porque ella comparó la tragedia de Gaza con lo que hicieron los nazis. ¡Patético! Manchan el legado de Arendt.

El estado alemán, en sus diferentes estamentos, también la Deutsche Welle y los principales periódicos, se alinearon rápidamente con el régimen de Benjamín Netanyahu. También los “verdes”. Alemania precipitó la forma en la cual se creó Israel a costa de la expulsión de 700 mil palestinos. Podría jugar un rol más adecuado. Sin embargo, su complejo de culpa emerge; hasta las conversaciones privadas se autocensuran por el temor al dedo acusador: “antisemita”.

 Escritoras y periodistas de Egipto denunciaron que sus mensajes sobre los asesinatos en territorios palestinos son borrados. No pueden relatar las torturas y vejámenes a los adolescentes de Jerusalén del Este o contar el heroísmo de los médicos palestinos porque inmediatamente sus cuentas en X desaparecen. Ante sus protestas, reciben la respuesta opaca: “fue un error”.

Estos extremos se dan en todo el mundo. Basta a veces la palabra “Israel” para que los mensajes pasen por filtros diversos. Entidades internacionales y algunos periódicos han publicado esa situación, sin poderla detener.

Artistas de Hollywood que generalmente se pronuncian contra los abusos del poder en cualquier parte del mundo han sufrido la suspensión de contratos, el alejamiento de sus representantes, cercos a su trabajo. No es casual que la mayoría de los grandes estudios pertenecen a los grandes capitalistas.

Las protestas en las universidades estadounidenses en solidaridad con Palestina han sido catalogadas como racistas. Se ha desatado un gran debate que incluyó la renuncia de autoridades. En 1968, las manifestaciones contra la guerra en Vietnam atacaban duramente a su propio gobierno y no pocas eran de extrema violencia, pero ningún patrocinador amenazó con retirar sus fondos para becas.

Casi todas las actividades que reciben patrocinios o publicidad pueden quedarse sin fondos, en cualquier lugar del planeta, si se atreven a lamentar las muertes en Gaza.

viernes, 13 de octubre de 2023

PALESTINA-ISRAEL, LAS VOCES QUE NO SE ESCUCHAN

 

            Esta semana, el mundo observó aterrado una serie de imágenes que reflejaban la brutalidad del ataque, reivindicado por Hamas, a distintos objetivos, fundamentalmente civiles, dentro de Israel. La masacre enlutó a cientos de familias. Aparentemente, sorprendió a los sofisticados servicios de inteligencia y de protección israelíes y redobló la sensación de miedo en sus habitantes.

            La acción del sábado 7 en una festividad judía, a pesar de sus características espectaculares similares a las argelinas de los años 60 o a las vietnamitas de los años setenta, no sorprendió a historiadores y a analistas que desde hace meses preveían una reacción cruenta de palestinos contra la política agresiva israelita.

            A principios de este año, por ejemplo, el historiador palestino libanés Rashid Khalidi publicó su texto: “Palestina. Cien años de colonialismo y resistencia”. En una entrevista con la prensa europea, él denunciaba cómo “Israel actúa cada vez con mayor impunidad.” Khalidi ocupa la cátedra Edward Said de Estudios Árabes de la Universidad de Columbia. (Recordemos que Said fue un extraordinario humanista palestino.)

            El libro cita que, ya en 1899, el alcalde de Jerusalén escribió que la creación de un estado hebreo en el territorio de Palestina suponía expulsar al pueblo que lo habitaba durante siglos. Así sucedió en 1948. “Israel no es un país normal, dice, es la ocupación militar más larga de la historia moderna”. Se fundó con la expulsión de 750 mil personas y en 1967 expulsó a otras 100 mil.

Aunque muchos lo olvidan, los descendientes de los palestinos saben que sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos fueron sacados violentamente de sus milenarias casas. Escenas repetidas con insistencia estos últimos años, sobre todo en 2022, cuando colonos judíos consiguieron ocupar más y más el diminuto espacio que se ha dejado a los palestinos; hay dramáticas historias sobre ello difundidas por jóvenes palestinos en sus celulares porque no es materia de interés para las agencias de noticias.

            Khalidi, documentos en mano, advertía que se avecinaban grandes peligros si Europa y Estados Unidos no frenaban la expansión ilegal israelita, casi siempre violenta y con víctimas inocentes. El número de palestinos asesinados en Cisjordania durante el año pasado fue el más alto en 15 años; preveía que en el 2023 el saldo de víctimas sería peor por la política del ultra derechista Benjamín Netanyahu.

            El historiador fue parte del equipo palestino que soñó con alcanzar un acuerdo de paz en las negociaciones entre 1991-1993, que tuvieron lugar en Madrid y en Washington. Criticaba a la dirigencia palestina por su liderazgo dividido y poco eficiente.

Ningún soldado israelí es sancionado por asesinar a palestinos. Cuatro millones de palestinos, dos millones en Gaza, viven bajo el temor constante, con racionamiento de agua, de luz, de alimentos, vigilados las 24 horas. Es la mayor cárcel del mundo, la describen autores de ambos lados.

            La idea de crear un estado palestino se fue esfumando. A las fuerzas extremistas como Hamas o a países como Irán no les interesa encontrar un camino negociado, sino mantener un poder brutal.

            Entre pensadores y políticos israelíes hubo similar preocupación. Shlomo Ben Ami decía en mayo que “Israel es cada vez más la Sudáfrica del apartheid”.

El ex canciller de Israel daba por muerta la solución de dos estados. El fue uno de los protagonistas de las negociaciones en Camp David en 2000. Denunciaba que las dos partes preferían el conflicto. Como historiador y testigo, también preveía más brutalidad por las acciones de Netanyahu.

            En la víspera del ataque, “La Vanguardia” de España entrevistó al almirante en la reserva Ami Ayalon, ex jefe del servicio secreto interior de Israel. Él decía: “tendremos seguridad cuando ellos tengan esperanza”. Recordaba, con impotencia, los incumplimientos de las promesas a los palestinos en Oslo, cuando ellos renunciaron a parte de sus demandas. En vez de mejorar su vida cotidiana fueron testigos de más asentamientos judíos ilegales. Sin esperanzas, optan por la guerra. Por su parte, los israelíes mantienen la narrativa de haber dado mucho y sólo recibir a cambio más terrorismo.

            Los actuales miembros de Hamas vivieron de niños la primera y la segunda Intifada. Han encontrado nuevas formas para burlar al enemigo. No tienen ninguna intención de dialogar, menos con la mediación de países occidentales. Están dispuestos a morir y a morir matando con la mayor saña y crueldad. No ven otro futuro que el apocalipsis.