La 81 Asamblea de Naciones Unidas reúne a 81 jefes de Estado y 50 de gobierno del 22 al 28 de septiembre. Están presentes el presidente de Estados Unidos y la mayoría de los líderes europeos, de Francia, de Reino Unido, de España, pero no asisten ni el canciller alemán ni la primera ministra de Italia.
De
América Latina destaca la llegada de Delcy Rodríguez que será la primera presidenta
venezolana desde 2018, cuando habló Nicolás Maduro, secuestrado y luego
detenido en una prisión a pocos kilómetros de la sede de la ONU.
El
presidente de Brasil Ignacio Lula da Silva fue el primer latino en hablar. Lula fue muy claro al recordar a Donald Trump
que no puede ejercer su autoridad más allá de sus fronteras. En pocos días
Brasil celebra elecciones y como ha sucedido en otros países de la región hay
el temor de la influencia directa e indirecta, ilegal, de personas ligadas al
escudo de Trump para torcer el resultado de los comicios.
Además, estarán los nuevos presidentes de
Sudamérica: Keiko Fujimori de Perú, José Antonio Kast de Chile, Rodrigo Paz de
Bolivia. Participaron Daniel Noboa de Ecuador, Javier Milei de Argentina y
otros mandatarios sin propuestas novedosas.
El canciller
de Cuba, Bruno Rodríguez, hablará en nombre del presidente Miguel Díaz Canel,
quien prefirió no salir de casa. Tampoco estarán a nivel presidencial Vladimir
Putin de Rusia ni Xi Jinping de China, que participará con su vicepresidente.
Aunque ninguno de estos líderes ha asistido en los últimos años se esperaba que
en esta ocasión estén presentes por la tensión mundial.
La ONU
tiene 193 miembros, muchos más de los 42 que hace un siglo crearon la Liga de Naciones,
un organismo que veló más por los intereses de las potencias europeas y las
potencias emergentes que por la estabilidad del mundo. Algunas de sus
resoluciones trajeron problemas que duran hasta ahora principalmente en el
Medio Oriente, parte de Asia y parte de África.
En 1945,
medio centenar de países acordaron apoyar los principios de la Organización de
Naciones Unidas, creada bajo las lecciones de la Segunda Guerra Mundial. Trajo
esperanza, más aún con la incorporación de las naciones que lograron su
independencia en los 60.
Hubo un
momento de orden mundial y de reglas para todos. Sin embargo, en el nuevo siglo
y principalmente en este quinquenio ese orden fue desorganizado por las grandes
potencias.
El
asunto de Palestina sigue ensangrentado, sumando muertos y mutilados y, a la
vez, con una creciente ola de apoyo mundial, desde la cultura y desde los 250
sacerdotes que desfilaron en pleno Vaticano con nombres de niños asesinados.
Históricamente, la entrega de la Liga de ese territorio a los británicos en
1920 provocó la no firma de Estados Unidos.
Ahora
Trump veta el ingreso del presidente palestino, violentando los principios de
la ONU para que todos puedan hablar (igual que violentó el Mundial de Fútbol).
Naciones
Unidas y sus diferentes agencias no han tenido la posibilidad de gestionar
verdaderas treguas en los países en guerra tanto interna como externa, o de limitar
las muertes de niños por diferentes causas, la justicia global o una economía
sustentable que salve al planeta en los momentos en los que existen tantas
amenazas.
Por otra
parte, los países nórdicos intentan tener un peso mayor. Dinamarca hizo
maniobras significativas para tratar el tema de Groenlandia, fruta apetecida por
Rusia y por Estados Unidos. El presidente de Finlandia marcó en su discurso la
diferencia de los países de las democracias occidentales más sólidas y
transparentes frente a las presiones de Trump y de Putin con conceptos claves
como multilateralismo, confianza, alianzas.
El
discurso de Trump fue otro plato de buffet barato, donde -entre otros
ingredientes- pidió a Volodymir Zelenzky no bombardear refinerías rusas para no
encarecer el precio del diésel, después que él provocó el cierre del estrecho
de Ormuz.
En los
minutos en los cuales se desarrolla la Asamblea y a pocos kilómetros hay al
menos un latinoamericano, puede ser un niño, deportado de una forma violenta y
muchas veces ilegal hacia algún país. Los que pensaban que el asunto de los
desaparecidos era tema de las dictaduras ahora saben que también hay
desaparecidos cuando interviene la ICE para detener a personas supuestamente
sospechosas y expulsarlas a países que pueden estar en el África o en Asia o a
las cárceles salvadoreñas, donde se pierde su rastro.
El secretario
general Antonio Guterres se despide en esta asamblea después de una década. En diciembre
se elegirá al nuevo secretario general de Naciones Unidas que podrá ser una
mujer y podrá ser una latinoamericana. ¿Será capaz de ser independiente, de
enfrentar a los grandes poderes, de defender la paz mundial, de cumplir los
ideales de quienes firmaron la Carta de la ONU?