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viernes, 8 de septiembre de 2023

¡GRACIAS DON NOEL!

 

            En estos días de septiembre se multiplican en las redes sociales personales e institucionales los agradecimientos a Noel Kempff Mercado, el profesor que amaba la Naturaleza y convirtió a su ciudad en un jardín para alegrar a sus habitantes y a sus visitas.

            El florecimiento de los tajibos y alcornoques saluda a la primavera. Kempff tuvo la iniciativa de aprovecharlos para dotar de estética cotidiana al crecimiento de la antigua aldea que se convertía en una gran metrópoli. Al mismo tiempo, organizaba el mejor Jardín Botánico de Bolivia.

            Se daba tiempo para llenar de palmeras y flores los jardines de los colegios, de los centros deportivos y también de las casas particulares. Cuánta gente recuerda a ese hombre de gruesos lentes que se detenía en su caminar matutino para decirle: señora, acá le falta una dalia; mañana le puedo traer un bibosi, una enredadera. Cuántas novias lucieron las perfumadas orquídeas que cultivaba en su finca.

            Kempff amaba a los animales y organizó el zoológico cruceño que tuvo su esplendor cuando él era su director. Conmueve la foto de él compartiendo el mismo espacio con un felino. Era amigo de las fieras y de las aves, de los monitos y de las serpientes.

            Para él, la Divinidad estaba en la Naturaleza, en la Creación.

            Desde sus años mozos, como joven agricultor, fue un curioso y un buscador de respuestas. No se contentaba con plantar y cosechar, sino que investigaba sobre las plantas, las especies, anotaba todo lo que observaba.

            Sorprende cómo fue un ambientalista pionero mucho antes de que ese asunto fuese parte de la agenda mundial. Defendió siempre la agricultura sostenible, que puede combinar la producción y la generación de riqueza con el respeto al bosque. Hace medio siglo ya advertía de que talas indiscriminadas provocaban vientos desconocidos, cada vez más violentos.

            Al mismo tiempo, no fue nunca un fundamentalista. Comprendía las necesidades de los indígenas y de los campesinos que cazaban animales para su alimentación cotidiana. Condenaba a los dueños de mascotas que no las educaban adecuadamente, el problema no eran los animales, decía, sino sus dueños.

            Amó el mundo de las abejas y escribió sobre ellas. Obsequió ejemplares de reinas a decenas de apicultores y aún quedan esas herencias repartidas en la ciudad, el departamento, Bolivia y países vecinos.

            Kempff fue un ser preocupado por la cultura y respaldó las iniciativas para tener en Santa Cruz una casa especializada donde se den conciertos, con salas de exposición, con escuelas de teatro y otras artes.

            Sobre todo, fue un ser humano representante del grupo de notables que hicieron de Santa Cruz de la Sierra un espacio de esperanza para el resto del país. Generoso con sus conocimientos, amable con los aficionados, hospitalario con los expertos que llegaban desde el exterior.

            Apenas tenía 62 años cuando las balas del narcotráfico cortaron todo ese impulso vital. El 5 de septiembre de 1986, los cruceños, los bolivianos, los amantes de la naturaleza en diferentes partes del mundo, conocieron estremecidos el asesinato del Profesor.

            Su muerte detuvo algunos meses la tolerancia social con los narcotraficantes infiltrados en clubes y comparsas, en estancias y en festejos.

            Han pasado 37 años. ¿Qué diría don Noel de las novedades en estos tiempos?

 

viernes, 31 de agosto de 2018

ADEMÁS DE CORTEZ, VALIENTE



            Era adolescente en aquel primer viaje familiar a la ciudad de las abuelas. Algún primo invitó a disfrutar la Laguna Los Batos, casi en las afueras, a la cual se podía llegar caminando desde el casco histórico. Aún tengo la sensación del goce por el sol, el agua y la atención a los chiquilines. Se quedó grabada esa imagen del resplandor.
            Durante casi medio siglo retorné al lugar y fui testigo de sus diferentes transformaciones. Compartí con los compañeros del colegio en memorable recorrido de bachilleres que optaron por conocer Bolivia. En los ochenta con el esposo, muchas veces con mis hijos y decenas de ocasiones por motivos de trabajo.
            La poza se convirtió en una hermosa piscina, pulcra y llena de sombrillas y perezosas; el quincho fue un comedor y más tarde un restaurante con aire acondicionado, cada vez más amplio. El desayuno sencillo es ahora un sofisticado buffet para competir con muestras internacionales, con la ventaja de los alimentos frescos. La gastronomía es uno de los objetivos centrales de la administración para contentar al cliente.
            Hace años que atienden los mismos amables y eficientes mozos y mozas que entre miles de turistas logran reconocer los gustos de cada uno. Me siento mimada cuando me ayudan con mis zumos preferidos y mis mates nocturnos. Siempre la sonrisa.
            El Hotel Cortez ubicado a pocos metros del Cristo Redentor es una de las empresas representativas de la época de oro del desarrollo cruceño. Un migrante colla, Martín Cortez se atrevió a la primera inversión en un lugar aún apartado, con las 12 primeras habitaciones. Apoyado por la esposa y la familia avanzó rápidamente con otras ofertas.
            Se nota el deseo de ser los mejores aplicando la metodología alemana de la Formación Dual y por ello cada empleado está entrenado para atender al huésped desde que llega a píe o en vehículo. Una limonada, un cafecito camba, son el primer saludo antes de las formalidades en el mostrador. Ahora hay nuevas habitaciones, muy modernas, aunque me quedo con el antiguo pabellón, la sala dedicada a don Martín y el centro ejecutivo. Por lo que se nota, los herederos -10 hijos- están siempre preocupados por cumplir su acreditación.
            Hay varios salones para realizar talleres alquilados por ONGs, empresas privadas, el Estado con el suficiente soporte técnico y logístico.
            Actualmente abren nuevos hoteles cruceños, varios de cadenas internacionales, con más inversión y lujos. El gran reto no está en esas competencias o en el Airbnb, sino en los recursos humanos. La comunidad de viajeros constantes, por turismo o por trabajo, demanda cada vez más un sistema personalizado en los alojamientos.
            La cadena IBIS es un ejemplo; o la propuesta del gobierno mexicano para que las empresas hoteleras compitan con Europa, Asia y Estados Unidos, más que con grandes edificios, con naturaleza y con el personal latino, que se da tiempo de conversar, de reír.
            Sin embargo, preocupa que estas empresas bolivianas tan esforzadas tengan al frente una política errante en materia de seguridad jurídica, populista con dobles aguinaldos, más impuestos, que pueden obstaculizar el empuje que tienen.