martes, 3 de abril de 2018

SANTIAGO DE ATITLÁN NAVEGAR ENTRE EL DOLOR Y LA BELLEZA





            Fue difícil volver a Guatemala, al corazón del mundo maya, después de las dolorosas experiencias durante la prolongada guerra de exterminación contra los indígenas y una actualidad de fachada democrática, con una reiterada violencia política y social, llena de cicatrices profundas.
            Caminar sin los sobresaltos de los ochenta 1980, cuando mataban a los pobladores maya quichés en el más horroroso genocidio desde la colonia. Quinientos años de resistencia se hicieron polvo por las órdenes orquestadas desde Washington, cumplidas por nativos (blancos y ladinos), militares y paramilitares, civiles y la complicidad del establishment.
            Ingreso a la Iglesia en Santiago de Atitlán después de navegar por el bello lago que la circunda con el corazón estremecido. Aún recuerdo mis juveniles reportajes sobre los asesinatos a sacerdotes, monjas y a activistas de las Comunidades Eclesiásticas de Base porque denunciaban los abusos del gobierno militar. En los 17 meses del régimen de Efraín Ríos Montt se cometieron las peores atrocidades, pero la guerra civil había empezado mucho antes y duraría hasta los Acuerdos de Paz en 1996.
            A un lado están los santos vestidos como mayas y cubiertos esta cuaresma por mantillas moradas y rosadas, una mujer reza reflejando la fe de los indígenas, otra renueva las flores bajo la fotografía del Padre Aplas, beatificado hace un año por el Papa Francisco. Es considerado el primer sacerdote estadounidense mártir, nacido en Oklahoma, asesinado por defender a los pobladores más pobres.
            Stanley Francis Rother, a diferencia de sus compatriotas sentados en el Pentágono y en los cuarteles de la CIA, se puso del lado de los mayas acorralados y masacrados por sucesivos gobiernos civiles y militares. Convocado por la flamante Teología de la Liberación, aceptó ser misionero en Santiago, cuyos pobladores analfabetos lo bautizaron como Aplas o Francisco. Ahí no se limitó a oficiar misa sino a participar en los esfuerzos de los agrarios. La violencia militar que arrasaba los campos también llegó a su parroquia con desaparecidos y asesinados, muchas veces niños, bebés.
            En la iglesia también hay una placa recordando a esos mártires. Aplas denunciaba los hechos y también la persecución a la Iglesia, pero escribió- casi como un testamento- “ningún pastor huye a las primeras señales de peligro”. En la Semana Santa de 1981 fue acribillado en la rectoría donde ahora está su mausoleo.
            Han pasado décadas y aún sus amados feligreses siguen pobres. Ahora son decenas de turistas las que invaden sus tierras, compran sus artesanías y tejidos, dan alguna limosna.

GUATEMALA Y BOLIVIA

            Guatemala y Bolivia tienen un destino mucho más cercano y hermanado de lo que recuerdan los textos escolares de historia o la falta de noticias sobre el país centroamericano en los medios bolivianos y viceversa.
            Ambos son los territorios con mayor porcentaje de descendientes directos de los primitivos pobladores precolombinos, allá los mayas- principalmente quichés-, acá los aymaras y quechuas, además de los garífunas, los afrodescendientes y una cantidad de pequeñas etnias dispersas.
            Guatemala tiene la décima superficie que Bolivia, pero 17 millones de habitantes, con una densidad intensa en la capital, Guatemala y en los centros urbanos. Los indígenas viven mayormente en las montañas y en el altiplano, viven de la agricultura (maíz y frijoles) y venden artesanías, además de una creciente participación en los servicios turísticos. Es la primera economía centroamericana y la décima del subcontinente.
            Su población nativa mantiene viva su cultura ancestral, sus homenajes a la Madre Tierra antes de la siembra, los cultos a los dioses de la muerte y de la fertilidad, las fiestas patronales a través de “cofradías” para algún santo, donde la danza, la comida y la bebida son la memoria de los tiempos más remotos.
            En Guatemala están los restos más extensos de la impresionante cultura maya, sobre todo en la zona de Tikal, pero no sólo ahí, y los descubrimientos de inicios de 2018 presentados por “National Geographic” muestran que la selva aún esconde otras ciudadelas. El abandono de estas pirámides y grandiosas construcciones es tan misterioso como la caída inexplicada del imperio tiahuanacota.
            Los mayas heredaron su asombroso conteo del tiempo- aquel que en 2012 permitía la especulación del fin del mundo-, sus códices, su escritura en piedra, el maravilloso Popol Vuh y una portentosa arquitectura, además de decenas de objetos arqueológicos.
            Conquistados por los españoles por sus problemas internos, los mayas pasaron a ser servidores y a perder sus tierras comunales en un proceso que no se detuvo con el nacimiento republicano en 1821, más bien se acentuó con la expansión de las fincas cafetaleras.
            En los cincuenta del Siglo XX, Guatemala y Bolivia experimentaron gobiernos nacionalistas, favorables a la entrega de tierras a los indios originarios. Bolivia pudo mantenerse, quizá por las astucias de Víctor Paz Estenssoro frente a Estados Unidos; en cambio, cayó el régimen de Jacobo Árbens por atreverse a desafiar a la United Fruit. Esa compañía, tan bien descrita por el Premio Nobel Miguel Ángel Asturias, era dueña de las plantaciones de bananos, propietaria de la mitad de las tierras fértiles, sólo aprovechaba el 2,6 por ciento y pagaba salarios miserables; manejaba los ferrocarriles y los vapores y tenía a los gobernantes a su disposición hasta 1950. No pagaba impuestos. Fue la gran conspiradora para mantener su “república bananera”.
            Árbens intentó cambiar el entreguismo de Jorge Ubico y de los militares. Ernesto Che Guevara- otra coincidencia- visitó La Paz en 1954 asombrado ante las milicias obreras y campesinas y después llegó hasta Guatemala para conocer un proceso antiimperialista, pero aparentemente menos radical. Aún se puede visitar la confitería en el centro de la ciudad donde él se reunía con intelectuales que terminaron también como guerrilleros. Ambas experiencias impulsaron el compromiso político del argentino.
            La historia boliviana conoció el declive de la Revolución Nacionalista, 18 años de dictaduras militares, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, el ascenso obrero y popular en 1970, las luchas sindicales, las conquistas democráticas.
            Guatemala cayó desde 1954 en una guerra civil hasta los acuerdos de paz en 1996, esfuerzos que no han significado mejoras para los pobres ni para el mejor manejo de la administración pública. Al contrario, la historia de los últimos años es un cúmulo de nuevas muertes políticas, robos al más alto nivel, enfrentamientos sociales.
            A inicios de los años setenta se formaron grupos guerrilleros como las famosas Fuerzas Armadas Revolucionarias y su líder Luis Turcio Lima y el indigenista Ejército Guerrillero de los Pobres, pero fue entre 1977 y 1978- cuando en Bolivia se preparaban las primeras elecciones libres- que la guerra recrudeció. La construcción de la Franja en el norte expulsó a los campesinos y favoreció a los terratenientes y políticos.
            Entre esos años y toda la década de los ochenta aumentaron las masacres, asesinatos selectivos, ajusticiamientos de líderes sindicales como el famoso caso de la fábrica de Coca Cola, cómplice en la muerte sucesiva de cada uno de los dirigentes, desapariciones. Se calcula que la guerra costó al menos 200 mil muertos, cuatro veces más que las pérdidas bolivianas en la Guerra del Chaco, 50 mil desaparecidos, 100 mil desplazados y decenas de exiliados.
            Los campesinos expulsados por el ejército, aliado de agroexportadores y empresarios, intentaban huir a México, algunos pasaban hasta Estados Unidos, el mismo país que financiaba a las fuerzas que los exterminaban. En una perversa ruleta, muchos de ellos son ahora los ilegales que quiere expulsar Donald Trump. Muchos otros retornaron a un país que no les dio oportunidades de trabajo y forman pandillas y cuadrillas bandoleras.
            El genocidio fue sistemático y sin pausa. Los hechos son todavía relatados por los sobrevivientes y hay videos con casos estremecedores. Probablemente fue la peor experiencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional en todo el continente.
            La democracia lenta y llena de contradicciones no logró modificar las estructuras injustas y tampoco castigó a los culpables, principalmente militares. Actualmente el presidente Jimmy Morales, un periodista, está investigado por presuntos hechos de corrupción. La Comisión de las Naciones Unidas intenta develar las profundas raíces de este mal gobierno que se enroscan desde el Siglo XIX, pero cada vez sufre más presión.
            Al frente, como sucede en los países vecinos, las sectas más conservadoras- alguna que ya fue el gran soporte civil estadounidense del genocida Efraín Ríos Montt- se aprestan a tomar el poder, ahora por las urnas.
            No parece llegar aún la hora de la redención para los últimos pobladores mayas.

GUATEMALA HERMOSA

            Paradójicamente, como sucede con tanta frecuencia en nuestro continente, Guatemala es un país hermoso, colorido, rodeado del Pacífico y con su salida al Caribe, lleno de lagos navegables, de aguas transparentes de sutil turquesa.
            Hay decenas de lugares para visitar, como la propia capital, limpia y con todo tipo de ofertas, aunque peligrosa en muchas zonas y el conserje del hotel aconseja no salir sola cuando anochece. Antigua, la vieja capital, es ahora un lugar preferido para las bodas de yanques adinerados, tiene hermosos hoteles para todo bolsillo, paseos y excursiones.
            Hay vuelos directos hasta Flores, el municipio donde está el Parque Tikal con las ruinas mayas, desde diferentes ciudades estadounidenses, igual que desde Londres, Berlín, Ámsterdam. Los turistas aprovechan la amabilidad de la gente y el clima de eterna primavera para quedarse varios días.
            Son famosos los mercados populares en Chichicastenango, Huehuetenango, en la propia capital. Hay turismo comunitario y también caminatas de varios días para llegar a ruinas mayas más escondidas.
            La oferta turista en Guatemala está muchísimo más desarrollada que en Bolivia. Las autoridades ayudan al forastero y los pobladores se complacen en invitar un pedazo de mango o de compartir su música. Llegan más de dos millones de visitantes al año.
            Las cicatrices aún son profundas; la violencia es constante, aunque lejos de los años de terror de hace 25 años; los gobernantes concursan por cumplir el dicho de “Guatemala” a “Guatepeor”, varios están presos, procesados, prófugos.
            Sin embargo, la sonrisa inocente de los niños jugando en la puerta de la escuela hacen creer que aún hay esperanza.
FOTOS
Beato Aplas
Ceremonias indígenas
Fé católica
Mayas
Jacobo Árbens, el presidente revolucionario