viernes, 27 de abril de 2018

UNA COB DECRÉPITA



            ¡Qué triste Primero de Mayo este 2018! Yace al fondo del sepulcro la Central Obrera Boliviana, fundada el 17 de abril de 1952; a su lado, agónica, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, fundada el 11 de junio de 1944. Ya está liquidada la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la más joven, creada después de años de lucha para unir diferentes centrales agrarias. Otros sindicatos están acallados, divididos, atrofiados, como el de los periodistas, el de los petroleros, el de los ferroviarios.
            El Proceso de Cambio logró con éxito lo que no pudo el poderoso nacionalismo revolucionario en los años cincuenta; las botas militares durante 18 años, las mismas que ahora cogobiernan; el neoliberalismo y la relocalización de los ochenta; ni la televisión de los noventa y sus reality shows.
            El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) intentó imitar al peronismo y a otros populismos, además del ejemplo estalinista, para coaptar a los dirigentes obreros, principales actores de la insurrección del 9 de abril, y tenerlos saciados con cuentitas de colores. El proletariado, artesanos y profesionales, además de universitarios y estudiantes de secundarias dijeron No. Defendemos la independencia de clase y nuestro espacio.
            El MNR probó entonces crear un organismo paralelo, estilo CONALCAM, y sembrar la división con saldos trágicos como en Huanuni y en Sora Sora. Las mujeres salieron en defensa de los dirigentes y la COB se mantuvo digna.
            Los militares- los mismos que hoy gozan del 100 por ciento en sus jubilaciones- arrinconaron a los mineros rebajando sus salarios, bombardeando campamentos, cercándolos, matándolos- también a sus hijos- apresándolos, exiliándolos. La metralla no ganó a la solidaridad, a la ternura de los históricos dirigentes.
            Otra vez inventaron organismos paralelos, los “coordinadores”, aprovechando la represión contra los elegidos en los congresos laborales. Desde la clandestinidad la respuesta fue única: ¡Viva la COB!, ¡Viva la FSTMB!, independientes, combativas.
            El despido masivo de mineros, las empresas estatales fantasmas, las ofertas de grandes indemnizaciones no acallaron ni bajaron la cabeza de Juan Lechín, de Simón Reyes, de Filemón Escobar, de Guillermo Dalence, de Víctor López.
            Disminuida, desmembrada, la COB intentó mantener su protagonismo, con muchos baches. Los mineros asalariados seguían como una reserva moral de la nación, aunque desparecían los antiguos modelos de trabajo y de relaciones humanas y la televisión privada extendía un sistema ideológico perverso.
            La llegada del Estado Plurinacional, los roles malvados de Alfredo Rada, de Sacha Llorenti, de Juan Ramón Quintana, lograron modificar a la COB y, qué lástima, a la FSTMB. Un hotel de una estrella, regalos, fiestas, comilonas. No hay peor pobreza que la miseria humana.
            Unos autos usados (qué dice la Contraloría, qué dice el Viceministerio de Transparencia) son suficientes para el velorio, acompañado del desfile bufo del próximo Día del Trabajo.

martes, 24 de abril de 2018

DE ESTELÍ A ESTELÍ


            Llegué a Estelí, las 3.000 veces heroica como se la conocía entonces, a los pocos meses de la victoria sandinista del 19 de julio de 1979. Estaba fascinada por aquella historia épica de unos jóvenes cristianos capaces de derrocar a una de las dinastías creadas por el imperialismo estadounidense en los años 30.
            Había caído Anastasio Somoza y gobernaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional, fundado en los años 70 por el poeta Carlos Fonseca Amador como brazo armado de las luchas populares y reivindicando a Augusto César Sandino, el General de los Hombres Libres. Durante una década, el FSLN había sufrido reveses, divisiones, muchas muertes, pero la unión de las tres tendencias, desde las marxistas hasta las socialdemócratas, marcó el camino de la victoria.
            Gobernaba en Estados Unidos James Carter que prefirió un camino pacífico a la intervención en América Latina y las fuerzas juveniles ingresaron a León, a Granada, a Managua. Eran famosos Edén Pastora y Dora María Téllez por el secuestro de meses antes; conocerlos fue un sueño, igual que entrevistar a Tomás Borge y los comandantes.
            Fuimos a Masaya, la heroica, que había resistido con tantos chavales las últimas arremetidas de la Guardia Nacional somocista. Llegar a Estelí, un nombre que jamás se enseñaba en la geografía escolar, era un desafío en un país aún sumido en la guerra. Aún circulaban las imágenes de los asesinados en los barrios populares.
            Entonces vimos flamear la bandera roja y negra y desfilar a adolescentes, algunos con el rosario católico en el pecho, casi niños, armados con alguna FAL o con alguna mochila. Partían a las brigadas de alfabetización, mientras Ernesto Cardenal ayudaba a ampliar la difusión cultural.
            Había poca comida, desorden en las vías, lluvias torrenciales, mucho barro. Nada importaba y los latinoamericanos nos uníamos a decenas de voluntarios llegados de todo el mundo para apoyar a los sandinistas.
            Fue, entre otros, el poeta Cardenal el que destapó la mentira, la farsa y cómo la intriga de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, había logrado arrinconar a los verdaderos sandinistas. Muchos dirigentes se embarraron con una corrupción más bochornosa que la de los propios somocistas. Los auténticos, como Henry Ruiz, Mónica Baltodano y otros los denunciaron.
            En 10 años, al mando de la pareja- incluso acallando la violación de la hija de ella por parte de su padrastro- se construyó una nueva burguesía, llena de lujos, pueril. Los antiguos comandantes lamentan cómo se entregaron los intereses nicaragüenses a empresas multinacionales, muchas chinas.
            No dudaron en organizar elecciones controladas. En el festejo del 19 de julio anterior, sólo Evo Morales asistió, en un acto ridículo, donde la esposa enseñaba a Ortega cómo y dónde hablar y abajo los empleados tomaban caña.
            Sin los petrodólares, con una ciudadanía desencantada que no pudo expresarse realmente en los comicios, con medios de comunicación serviles o perseguidos, el estallido era previsible, no importa cuál fue la mecha. Meta bala a los estudiantes en Managua; otra vez Esteli ensangrentada. Miles de jóvenes piden que la pareja “imperial” se vaya y sea juzgada.
            El más puro estilo somocista, Ortega responde: “son sólo pandillas”. Sólo lo apoya el presidente boliviano.


sábado, 21 de abril de 2018

SACHA, DE CHAPARINA A GUTA


            Sacha Llorenti (Cochabamba, 1972), apodado el “Mariscal de Chaparina”, representa al neo masismo. Licenciado en Derecho, se acomodó en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, de la que salió mal parado. Activistas de esa organización recuerdan que fue bajo su presidencia cuando comenzó el deterioro de la APDHB.
            Hace diez años fue el responsable de relacionar al gobierno de Evo Morales Ayma con los movimientos sociales, en el inicio de la decadencia de esos grupos que pasaron de la rebeldía al clientelismo, al corporativismo y a estar embarrados con la corrupción. La inmensidad de ese despilfarro sólo se conocerá el 2020 pues hay muchos casos no investigados, como el programa Evo Cumple, Bolivia Cambia, el Fondo Indígena, los viajes al exterior, las movilizaciones urbanas.
            En 2010 reemplazó a Alfredo Rada en el Ministerio de Gobierno. Llorenti intentó en una primera etapa confrontar a grupos de poder dentro del propio ministerio y de la Policía. En cambio, hay dudas sobre el manejo institucional en el nombramiento de las autoridades en Migraciones o en Bienes Incautados.
            Sin embargo, el capítulo que marcó su biografía fue la represión contra una marcha de indígenas de tierras bajas, probablemente el sector más pobre e indefenso de Bolivia, que rechazaba la construcción de una carretera que atravesaba su hábitat. Otras marchas habían llegado a La Paz sin incidentes.
            La VIII Marcha por la Defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure, los Territorios, la Vida y la Dignidad de los Pueblos Indígenas, espacio creado hace más de medio siglo y protegido por la legislación de los noventa, fue permanentemente asediada con agentes provocadores y con agresiones. Lo peor sucedió el 25 de septiembre, nombrado por los marchistas “Día de la Vergüenza del Estado Plurinacional”.
            Llorenti, Máxima Autoridad Ejecutiva, intentó escaparse del juicio histórico culpando a la “ruptura de mando”, algo poco creíble pues la represión incluía espías, policía, militares, uso de aviones de las FFAA y traslados de mujeres y niños en buses contratados, con destino desconocido. Renunció obligado por las evidencias, aunque trató de esconderse indicando que lo hacía para salvar el “proceso de cambio”.
            Evo Morales lo premió con un puesto en Naciones Unidas. Desde ese lugar, Llorenti se convirtió en un cómplice de Rusia y de China para evitar sanciones al régimen sirio que- igual que el venezolano y el propio régimen masista- se niega a salir del poder, a pesar de los 300 mil muertos, millones de heridos y de refugiados.
            En la última votación para evitar el uso de armas químicas, como pasó dos veces en Guta, prefirió el seguidismo. Bolivia pudo presentar una tercera voz, frente al guerrerismo de Estados Unidos, pero Sacha no sabe de diplomacia.
            Su diploma lo recibió como co- agente en La Haya. ¿Cuándo leyó o habló sobre la reivindicación marítima? Es un ignorante en la materia y no resistirá un solo debate. Parece que al gobierno le gusta avanzar un paso y retroceder cinco, en éste y otros asuntos.

viernes, 13 de abril de 2018

EL LULA QUE CONOCÍ


     Era mayo de 1980. Bolivia tenía la ilusión de la democracia, a pesar de los muchos tropezones desde la histórica huelga de hambre de 1978. En el resto del Cono Sur latinoamericano las dictaduras militares de mantenían aferradas al poder, a la violación de los derechos humanos y a la repartija de los dineros públicos.
            En Brasil, país pionero en instalar la Doctrina de la Seguridad Nacional con el golpe de 1964 y con el empeño de convertirse en un subimperialismo regional, apenas asomaban las medidas para abrir lentamente una vía democrática con elecciones directas.
            Algunos perseguidos de esa época llegaron a La Paz para explicar las diferencias de su propia lucha. Así conocí a periodistas y a gente vinculada a las famosas Comunidades Eclesiásticas de Base, las CEBs, importante soporte del recién organizado sindicato de metalurgista del ABC, entre ellos del lugar más combativo, Sao Bernardo do Campo, en el estado más industrializado, Sao Paulo.
            Aún el nombre de Luis Ignacio da Silva era un eco lejanísimo y apenas se repetía su apodo, Lula. Fui invitada a cubrir la marcha del Primero de Mayo que se suponía una de las primeras manifestaciones obreras en ese ambiente de apertura bajo el mandato civil de Joao Figueiredo. Atrás quedaba la etapa más dura del terror militar bajo Garrastazu y Geisel.
            En la noche, junto a otros amigos preparábamos la caminata hasta el ABC paulista. Pocas personas acostumbraban participar en la conmemoración del Día del Trabajo. Fue una primera sorpresa para mí, pues desde que fui a mi primera concentración en 1972, había comprobado la importancia de la fecha para el proletariado boliviano.
            En Brasil casi todos salían de paseo. Cuando llegamos a la concentración, un grupo que defendía a las corrientes homosexuales logró ponerse a la cabeza de la marcha. No entendía por qué no les daban paso a los obreros. También era muy fuerte la protesta de las personas con discapacidades, asuntos que ni asomaban en La Paz.
            Finalmente se hizo campo para que salga la columna de los metalurgistas. No recuerdo si estaba Lula frente a ellos. Lo conocí poco después, barbudo, abrazando a su amada esposa y, sonriendo, me comentó que su ideal eran los mineros bolivianos, que quería seguir su ejemplo. Habló de la necesidad de unir la lucha sindical con un partido propio de los trabajadores.
            Sencillo, directo, muy influido por los valores católicos. En sus diferentes etapas como candidato, la consigna más fuerte del Partido de los Trabajadores, el PT, era la ética, la honradez.
            Como otros socialistas, en algún momento perdió esa brújula. No tanto como los sandidistas de Daniel Ortega que se repartieron la “piñata”, pero suficiente para quedar embarrado, desde sus asesores, secretarios, parlamentarios.
            El PT que decía “sin miedo a ser feliz” deja un país violento, dividido y sumido en la porquería que alcanzó a expandirse a todo el continente. No es creíble pensar que si tantos presidentes sabían cómo actuaban las empresas constructoras, Lula ignoraba.
            La primera causa es sólo el inicio, aún hay seis temas que podrían enterrarlo más y quién sabe a quiénes arrastrará en esa caída.


domingo, 8 de abril de 2018

TRES TRISTES TUITS DE EVO



            Hace algún tiempo, un abogado decía que Evo Morales no aprobaría los exámenes en una facultad de ciencias jurídicas porque permanentemente interpreta de forma incorrecta de qué trata esa rama del saber humano, incluyendo el importante Derecho Romano.
            El presidente boliviano se ufana de no haber pasado por las aulas universitarias enviando un ejemplo muy equivocado a los jóvenes, sobre todo a los del área rural. Informó hace tiempo que nunca había ido al cine hasta ver “Avatar”, algo también insólito porque hasta los más pobres aprovecharon películas para divertirse y a la vez aprender. Felipe Quispe, por ejemplo, era asiduo espectador en la antigua Cinemateca nacional y en los ciclos de cine europeo.
            En sus mensajes se evidencia que Evo tampoco aprendió historia y que repite frases hechas, a pesar de haber tenido un maestro como Filemón Escobar y sus largas charlas con Fidel Castro.
            Los tuits que lanza al mundo con algún errático asesoramiento lo llevan al fracaso, a veces al ridículo y es increíble que no exista personas de su entorno, como el propio militar pero también sociólogo y parte de grupos de historiadores, Juan Ramón Quintana, que le hagan notar sus aplazados comentarios.
            Por ejemplo, citó como si fuese “un día en la historia”, para contrastar al 21F, que la Constitución boliviana de 1826 admitía la presidencia vitalicia, sin distinguir lo que fue un debate de lo que es el texto firmado. Además, no se dio cuenta que al “rescatar” aquella norma rescata la idea del voto restringido- de la ciudadanía restringida para decir con más precisión- a quienes sabían leer y escribir y tenían propiedades.
            Una lectura de esa carta magna redactada casi íntegramente por Simón Bolívar, de características liberales, le daría luces sobre lo que es la división de poderes, el rol de cada uno de ellos y la defensa de las libertades democráticas.
            En otro tuit se refirió a la lucha de Tomás Catari olvidando que era de Macha, Provincia de Chayanta, en Potosí y cuáles fueron sus reivindicaciones más importantes, cómo unió el reclamo legal con la protesta violenta. Dicho sea de paso, ese héroe potosino es olvidado frecuentemente entre los homenajes a otros mártires indígenas.
            El tuit que no sólo es errado sino peligroso es el que escribió sobre Antofagasta. Aquella provincia fue boliviana pero hoy es chilena y la población que fue puerto Lamar y luego Antofagasta fue boliviana y hoy es chilena. No existe en el horizonte ningún dato real que permita pensar que “será boliviana”.
            Esta inútil provocación en medio de audiencias jurídicas nos debe llamar a la reflexión. ¿Qué busca realmente Evo Morales? ¿Qué significa el patético desfile de funcionarios públicos de ABH disfrazados de juristas peluqueados y togados, como los antiguos tribunos coloniales? ¿Por qué se recrea una batalla decimonónica con batallones que rinden previo saludo militar a Morales? ¿Por qué se insiste en crear un ambiente emocional, peligrosísimo, como nos enseña la historia de Bolivia y del mundo?
            Cuidado con esos caminos que llevan a abismos y no a cumbres.