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UNA MARCA, UNA MEMORIA: LA CERVEZA BOLIVIANA NACIONAL
LUPE CAJÍAS
Franz y Lucila,
pobladores aimaras en las cercanías de La Paz, Bolivia, se casan este sábado.
Invitaron a familiares, amigos y vecinos de la flamante urbanización, una
muestra de los cambios en el agro boliviano. Prepararon todo con cuidado,
incluso contrataron a una cholita vestida de blanco impecable como
“wedding coach”, un signo de modernidad.
En la
lista de tareas imprescindibles está comprar fardos de cerveza Paceña como
mayoristas. Las cajas se colocan en fila al ingreso del local donde se celebra
el baile matrimonial. Cada invitado compra uno, dos o muchos cajones de 24
botellas para mostrar el cariño a la pareja y, al mismo tiempo, asegurar su
prestigio social y económico. Las bebidas serán entregadas al novio, quien
podrá disponer que algunas se consuman y otras se vuelvan a vender, en un
ritual que se estableció en los últimos años para que la nueva familia comience
su recorrido con la bebida que simboliza abundancia.
José
Luis Johnson, el legendario presidente de la Cervecería Boliviana Nacional
(CBN) declaraba en una entrevista, que probablemente fue desde 1975 cuando los
campesinos andinos abandonaron poco a poco las latas de alcohol para sus
festejos y optaron por la espumante bebida que trajeron los europeos.
RECUADRO
Recuadro: José
Luis Johnson simboliza los años dorados de la CBN
En 1979, la República de Bolivia
condecoró a José Luis Johnson con el Cóndor de los Andes, la máxima distinción
que otorga el estado a personas e instituciones, nacionales o extranjeras, por
eminentes servicios, civiles o militares prestados a la nación y a la
humanidad.
En la ceremonia el canciller,
diplomático y escritor Raúl Bothelo Gosálvez destacó la trayectoria del abogado
y empresario que había presidido la principal industria boliviana desde 1950.
La prensa nacional aplaudió la condecoración porque Johnson era un símbolo del
industrial que mantuvo abierta y pujante una factoría en el contexto de mayor
inestabilidad para las inversiones y con drásticos cambios políticos.
“Boliviano notable” titularon las
crónicas.
José Luis era nieto de un fundador
clave de la CNB, Federico Groenewold, quien llegó a Bolivia en 1892. Su padre
Carlos era inglés, ingeniero ferroviario. A él se atribuye la política laboral
armoniosa que mantuvo a la empresa sin huelgas. Los obreros ganaban 18 sueldos
anuales, además de bonos y primas y una docena de cervezas por semana. Una
escuela para sus hijos lleva su nombre en Huari. (Con datos de entrevista de
Mariana Baptista en Ultima Hora y notas en El Diario, 1979).
La
demanda en los pueblos supuso un gran impulso a las ventas de cerveza en La
Paz, específicamente la “Paceña”, de la Cervecería Boliviana Nacional. Es
difícil establecer por qué y cómo los pobladores rurales, en años de bonanza
económica por las exportaciones mineras y petroleras, cambiaron las latas
baratas por una bebida cara y sofisticada. Así había sucedido décadas atrás en
las ciudades, como Cochabamba, donde el cambio de la chicha (elaborada con maíz
fermentado) por la cebada y el lúpulo supuso para los criollos un gran avance a
las nuevas costumbres que traía el proceso de industrialización en el país; qué
diferente era brindar en la chichería de la chola Claudina que en la chopería
del alemán (Cajías y Peres-Cajías).
Una
preferencia que se convirtió en tan urgente que la más grande industria no
lograba satisfacer a tantos nuevos clientes. En vísperas de los cambios
políticos que dejaban atrás a las dictaduras militares y abrían la etapa
democrática, se asomaban las impostergables medidas económicas, sobre todo la
devaluación.
La gente
pensaba que un ahorro seguro era acumular botellas de cerveza. La prensa de la
época registra las peleas en las colas frente a la CBN para comprar fardos. El
gerente de ventas Carlos Jhonson dijo que la especulación era evidente porque
no había devolución de envases, como sería lógico, sino que los especuladores
escondían la cerveza para venderla después a precios más elevados.
Esta
demanda está registrada en la prensa de La Paz. Era fines de 1977, cuando
asomaba el ocaso de la dictadura de Hugo Banzer y también asomaba la crisis
económica después de los años con más ingresos económicos.
La
situación se reprodujo durante la dictadura de Luis García Meza, donde los
militares querían acaparar el mercado de la espumante bebida.
Fue un
momento clave para los vendedores mayoristas. Probablemente acá comenzó la
habilidad de uno de los distribuidores, el cochabambino Max Fernández Rojas. Él
había aprovechado su indemnización como trabajador de la multinacional de la
Gulf cuando ésta fue nacionalizada para comercializar Paceña.
A pesar
de la importancia material y simbólica de Fernández no existe una biografía
detallada sobre el que se convirtió en una década de mayorista a portador de la
mayoría de las acciones de la CBN.
LA PRENSA PACEÑA REFLEJÓ LA DEMANDA
En este 2026 los
bolivianos padecen las colas para comprar gasolina. Hace cincuenta años la
demanda era más alegre: tener y acumular botellas de la Paceña. A fines de los
setenta los especuladores ocultaban cerveza, no bidones con combustible.
Comunicado
CBN. Denuncian incremento de especulación con la cerveza.
“La imprevisible explosión en la demanda ha rebasado momentáneamente nuestra
capacidad d producción por lo que no nos es posible atender a nuestros clientes
sino en la medida de nuestras posibilidades.” Aclara que el fardo en Santa Cruz
es de bs. 330 y para hoteles 315 (Presencia, 22-12-77).
Queja de
la Asociación de Comerciantes en Cerveza en Santa Cruz porque no reciben
suficiente y porque agencias venden la Paceña y obligan a comprar “casada” con
otras marcas (id.).
Aviso de la Asociación de comerciantes en
cerveza de La Paz con los de Santa Cruz “Distribuidores Unidos. Piden más cupos
y que se eviten intermediarios y favoritismos. Rechazo al sistema de cupos.
Ellos hicieron llegar la CBN a todo el país. Denuncian que hay doce favorecidos
por Carlos J., que venden a 400 el fardo y “casado” (P. 12 enero 1978).
Colas de
compradores el jueves 15 de diciembre de 1977, por cansancio en la espera el
coronel Juan Delgado desafió a duelo a Carlos Johnson el 6 de enero se
suspendió el duelo, aunque incluso ya había padrinos del desafiante (idem).
AUMENTÓ
NOTABLEMENTE EL CONSUMO DE CERVEZA. “UNO DE CADA DOS PACEÑOS BEBE UNA CERVEZA
DIARIA”. (Foto muestra cantidad de gente causando tumultos por esperar
durante horas en colas desde la madrugada para comprar cerveza. Policía tuvo
arduo trabajo. “Ante la proximidad del carnaval la demanda creció en progresión
geométrica” (Recorte de Presencia sin fecha clara, 1977).
El
consumo de cerveza en La Paz se ha incrementado notablemente en los últimos
meses al grado de que estadísticamente se podría interpretar que uno de cada
dos paceños bebe diariamente una botella de cerveza. La apreciación corresponde
a los directores de la Cervecería Boliviana Nacional, CBN, qué expusieron su
preocupación por la crecida demanda que está ocasionando serios problemas en
esa fábrica.
Jorge
Espejo y Carlos Johnson, altos ejecutivos de la CBN, declararon que diariamente
se venden para la paz 336.000 botellas de cerveza o sea 28.000 docenas de las
35.000 que se producen cada día para todo el país. En las últimas semanas la
demanda ha aumentado de tal manera que la fábrica y la propia Guardia Nacional
enfrentan serios problemas. Un grupo de policías controla las largas colas que
se forman en las inmediaciones de la cervecería.
Espejo
dijo que a estas alturas una solución está fuera de los alcances de la empresa
porque está trabajando con toda su capacidad. El intendente municipal Víctor
Guzmán ha participado personalmente del trabajo de control.
La
cervecería confirmó que diariamente 4.000 personas hacen fila en sus
inmediaciones para adquirir cerveza. Según Johnson “se nota claramente un afán
de especulación” porque propietarios de pequeños almacenes y bares que hace
poco hacían adquisiciones menores, ahora compran cantidades que parecen estar
fuera de sus posibilidades.
Fundamentó
su opinión por los registros en la devolución de botellas vacías. “Sale
diariamente 336.000 botellas, pero las devoluciones fluctúan entre 19.000 y
20.000 botellas” dijo.
“La
situación ha llegado al extremo de que los puestos de las filas que se forman
desde la madrugada son vendidos por 300 o 150 pesos bolivianos”. Admitieron
algunos policías que ejercen el control haciendo notar que estas cosas muchas
veces no pueden ser controladas”.
“Desde
el punto de vista de la empresa el abastecimiento es normal y dentro de las
posibilidades del mercado de la ciudad insistió Johnson. Hizo notar que “Las
estadísticas de venta harían pensar que el 50% de la población paceña consume
una cerveza diaria y en este registro se tendría que incorporar a 1 a los niños
porque según el censo la paz tiene 650000 habitantes (Presencia. s/f (1977).
AVISO CBN A LA OPINIÓN PÚBLICA
“(..)
Primero, las determinaciones tomadas por la gerencia general de nuestra empresa
están exclusivamente destinadas a precautelar el más normal abastecimiento de
nuestros acreditados productos en todo el interior de la República dentro de
nuestra actual capacidad de producción, razón además que nos induce a procurar
defender los intereses de esos consumidores optando por medidas que puedan
garantizar su expendio a precios razonables” (Detalla situación de los
mayoristas en Santa Cruz y de la Cámara departamental de hotelería).
Este
crédito, confianza y aprecio con que de uno a otro extremo del país se consume
la Cerveza Boliviana Nacional es el mayor premio con que se califica nuestra
producción, por lo que, agradecer a nuestros favorecedores por su distinción y
desearles una gratísima Navidad en sus hogares, guardamos la seguridad de
brindarles en el año 1978 los resultados positivos de un esfuerzo que tiende a
satisfacer exigencias que le que las comprendemos y prometemos solucionar
(Presencia, 21-12-77).
La situación volvió a repetirse en los años ochenta.
Denuncian
presiones oficiales para la venta de cerveza paceña. Carlos Johnson
superintendente de Comercialización de la CBN, denunció que la CBN “es objeto
de presiones por parte de autoridades de gobierno y militares para la venta de
cerveza”. Se suspendió 24 días ante la sobredemanda por el anuncio de adopción
de medidas económicas. Denunció que autoridades militares presionan para que se
atienda en forma preferente a determinadas personas” (Presencia, 6-2-1982).
PUEDE FALTAR AGUA, PERO NO CERVEZA
Cualquier
producto podría faltar en la canasta familiar, pero no la cerveza en los
acontecimientos familiares, las fiestas patronales y los festejos
tradicionales.
En la
celebración al Dios de la Abundancia, el Ekeko, la gente adquiría
botellitas diminutas, cajoncitos de juguete y latitas de cerveza para asegurar
que el producto no faltase en su mesa a lo largo del año. Es una creencia entre
los bolivianos que las compras en miniatura en la feria de las Alasitas,
cada 24 de enero, se traducirán en iniciativas verdaderas. Alasitas
significa “cómprame”.
El
creyente sólo necesita fe, comprar los objetos deseados en sus muestras
imitadas cuando el sol llega al cénit, al mediodía, cerca de una iglesia para
lograr que la aspersión del sacerdote con el agua bendita moje la adquisición.
Inmediatamente corre para pedir al yatiri, quien suele situarse cerca
del atrio, para que complete la bendición bajo el humo de la koa y el
incienso musitando rezos en un aimara secreto. La doble protección del Dios
cristiano y de los Achachilas ancestrales le dan la seguridad que todo lo
solicitado será atendido; sino en ese año, en el siguiente. Ritual que se
repite una y otra vez.
La CBN,
como otras industrias y comercios paceños contrata a hábiles artesanos para que
imiten sus productos que se expondrán en las Alasitas. Faltar a la cita
podría ser catastrófico para las ganancias de ese año. Ni siquiera los bancos,
las universidades, las notarías, las agencias de viajes, las líneas aéreas,
dejan de vender miniaturas para atraer a los clientes durante los doce meses
restantes.
No es la
única práctica del ritualismo cristiano pagano de los bolivianos donde la
cerveza de la CBN es fundamental. Los albañiles preparan dos momentos
importantes cuando construyen una casa. La cha’lla permite solicitar
permiso a la Pachamama, la Madre Tierra, para que la edificación ocupe sin
problemas un pedazo de su territorio. Un yatiri dirige la ceremonia quemando un
feto de llama adornado con cintas de colores, coca, misterios (ángeles) de
dulce, papeles dorados y plateados, nueces, canela y manzana. Antes de quemar
la llamada “mesa” (misa), libará chorros de cerveza en cada esquina, junto a
los trabajadores y a los dueños. El feto suele ser enterrado junto a botellas
de cabeza. No hay camino, puente o casa que se construya sin la ceremonia, que
se repetirá antes de poner el techo y cada primero de agosto, el mes dedicado a
la Pachamama y al viento.
La
cerveza de la CBN se abrió espacio en todos los principales festejos patronales
y populares, como la entrada de bailes originarios en honor al Cristo del Gran
Poder, en La Paz, en la Entrada del Carnaval de Oruro, donde la preferencia se
va a otro producto de la CBN, la cerveza Huari. Huari es otra leyenda porque
tiene la vertiente con el PH perfecto para fabricar cerveza. Es una bebida
cara, Premium, pero ninguna crisis detiene su consumo.
La CBN
patrocina la fiesta aportando a los pasantes/organizadores. Si en los últimos
años la venta normal de hectolitros de cerveza es de 35 millones en carnaval
sube a 45 millones. A los dos o tres días se termina el stock. Decenas de
personas venden Huari o Paceña en latas, que también recolectan los más pobres
para ganar unos pesos.
En los
bares el dicho suele ser: “deme otras dos”, sobre todo cuando se juegan dados,
“cacho”. En las graderías donde los espectadores disfrutan el paso de los
bailarines el dicho suele ser: “debe seis”, cuyo líquido desaparece a gran
velocidad. Otras bebidas espirituosas
como el singani o los macerados de frutas son para el final, cuando los
festejos están fuera de control.
El
boliviano consume cerveza, aunque para ello gaste un porcentaje importante de
su salario, según registran los observatorios mundiales.
LA IMPORTANCIA DE LA MARCA
Ibo
Blasidevic, quien trabajó 15 años en la Cervecería Boliviana Nacional, recuerda
que su producto estrella no nació como una marca. La etiqueta con la figura
clásica del mítico rey Gambrinus decía: Cervecería Boliviana Nacional y
contenía los datos que identificaban a la bebida que era cerveza Pilsener.
Fueron
los consumidores los que la apodaron la “Paceña” pues era la bebida que se
producía en La Paz y que muy pronto conquistó los paladares. En los
restaurantes los clientes pedían cerveza “pero que sea Paceña”.
Este
producto salió a la venta en los años de la principal industrialización paceña,
boliviana, entre la década de los 20 y los 40, cuando aparecieron marcas que se
convirtieron en nombres para su producto: los embutidos eran Stege, las pastas
eran Ferrari, el pan/marraqueta era Figliossi, el calzado era Manaco, los
medicamentos eran INTI o VITA. Este imaginario contribuyó a una apropiación de
esas marcas como una auto referencia, un orgullo, un emblema de una vida
moderna, confortable, urbana. En las bebidas alcohólicas, la CBN ocupó ese
puesto.
A MODO DE CODA
En los
cincuenta/cincuenta días de bloqueos y de paralización del estado, la CBN
detuvo máquinas, algo que no ocurría en los conflictos sociales más complejos.
No se conocen cuáles fueron las pérdidas en cifras en una empresa que no
registra conflictos sociales.
Desde la
época de los Johnson los obreros recibían su salario, sus beneficios,
guardería, comedor y fardos de cerveza, los cuales él podía comerciar o
consumir.
Es
importante recordar a uno de los hombres claves en su trayectoria, Hugo Ernst
Ribera, quien tomó decisiones claves hace un siglo para que la cerveza
fabricada en La Paz ocupe por décadas el primer puesto. También fue uno de los
principales impulsores de la Cámara Nacional de Industrias que cumple 95 años.
(Con información de Carmen Johnson,
Ibo Blasidevic,
recortes de periódicos Presencia y Ultima Hora y fichas de trabajo para el
libro de José Alejandro Peres y Lupe Cajías: 90 años de la Cámara Nacional de
Industrias, 2022.
Las fotografías
corresponden a la investigación de Carolina Muñoz en la prensa custodiada por
la Universidad Mayor de San Andrés).