viernes, 4 de agosto de 2023

AL FONDO, NO TENGO SITIO

 

AL FONDO, NO TENGO SITIO

030823


            En este aniversario patrio, recuerdo el cuadro que consagró al pintor orureño Raúl Lara en un concurso internacional. La silueta de un bus, de esos vibrantes como el colectivo 2 paceño o las chivas panameñas, contenía en sus asientos a diversos personajes, trazados con ese pincel inigualable: mestizos, chombos, andinos, ayoreos, llaneros, afros. El espejo retrovisor reflejaba los ojos de quien aparecía de espaldas, conduciendo el vehículo: Simón Bolívar Ponte y Palacios Blanco.

            En la visión colorida de Lara, todos los bolivianos ocupaban un lugar, todos los latinoamericanos, todos los seres humanos, de cualquier edad, de cualquier condición. El guía con sus inconfundibles patillas daba la seguridad.

            Entonces, años noventa, pensaba que yo también tenía un sitio.

            “Pasen al fondo, pasen, al fondo hay sitio”, como repetían los sindicalistas de los destartalados ómnibuses de mi infancia en Sopocachi, La Paz. Frase conocida para quien nació en el continente americano; título, además, de famosa telenovela peruana.

            En este 6 de agosto, ya no tengo ilusiones.

            Hasta hace poco lucía mis múltiples sangres desde los sumerios matemáticos hasta los alemanes aventureros. Ahora la ministra de Cultura de mi país me dice que soy una inquilina. ¿Dónde queda mi cuna? ¿No tengo derechos ni para ir parada en el bus multiétnico?

            Desde la adolescencia rechacé el aborto, por principios que superan lo religioso. Ninguna teoría me convenció que la vida empieza a la tercera, quinta, octava semana. Fui aislada por defender mi posición ante las feministas fundamentalistas. Sin embargo, me parece más terrible cómo se castiga a mujeres que han abortado, incluso involuntariamente, a nombre de un dios y de una moral que se vuelve asesina.

            La homosexualidad, incluso en sus versiones más grotescas, nunca me perturbó ni frustró amistades o convites. Al mismo tiempo no puedo compartir el sitio con esas corrientes que ahora miden la democracia de un país por los derechos de los LGTBI, etc. Las encuestas no preguntan por el acceso a la educación superior sino por la aprobación del matrimonio gay; una moda que se ha convertido en la clave para resultados electorales.

            Los sitios en el bus de la Libertad parecen cerrados para los miles de personas que no son ni, ni ni. La lista de temas es larga y va más allá de los asuntos de la ideología de género o del indigenismo.

            No hay lugar para quienes lucharon y luchan contra el imperialismo estadounidense, pero rechazan con igual fuerza la intromisión china, rusa, iraní y venezolana en los asuntos internos de los países más pobres.

            El bus clausura las puertas para los ciudadanos que creen en los diagnósticos sobre los desequilibrios sociales y económicos, mas no aceptan que por esa injusticia se formen gobiernos autoritarios y represivos.

            La prensa, sin siquiera citar lo que representan las redes sociales, comete abusos y excesos, casi desde su origen liberal y decimonónico. Sin embargo, jamás podrá el hostigamiento, la censura, la presión revertir esos errores. ¿Hay espacio para la autocrítica y a la vez la defensa de la libertad de expresión?

            Hace 198 años, Bolívar sentía que el bus boliviano era su preferido y Antonio José de Sucre puso todo su empeño para organizar su partida, ordenada y con metas claras.

            Hace 98 años, florecía una nación llena de iniciativas, con nuevas ideas, esperanzas y un lugar fresco en el mapa regional.

            Dentro de dos años, en el futuro “6 de agosto”, ¿habrá algún sitio al fondo del bus? ¿Para quién? ¿Habrá bus?