domingo, 16 de abril de 2017

LAS CUENTAS CON VENEZUELA

            ¿Qué motiva al gobierno boliviano apoyar a su par venezolano sacrificando las relaciones con sus vecinos principales y también alejando a potenciales aliados en diferentes foros internacionales? ¿Es una razón ideológica amparada en el llamado socialismo del siglo XXI? ¿Es la necesidad de supervivencia frente a un tablero tambaleante? ¿O es el temor de que futuras autoridades en  Miraflores investiguen a fondo qué hizo Hugo Chávez con los fondos públicos?
             Incluso los datos oficiales de la deuda externa que tiene Bolivia con Venezuela son insuficientes. El 2006, Bolivia le debía 33 millones de dólares, cifra que en seis años subió en un 1.269%. El 2011, boletines institucionales, públicos y privados, aseguraron que La Paz debía más de 400 millones de dólares a Caracas, el 50 por ciento de la deuda externa bilateral; en esa gestión la deuda había crecido cerca de 100 millones, tanto a mediano y largo plazo. El país gobernado por Hugo Chávez era el mayor acreedor del país gobernado por Evo Morales.
            En los años subsiguientes, paralelamente a la decadencia de la economía venezolana y al estallido de la crisis social y política, esos montos declinaron y, según el Ministro Luis Arce, se concentraron en el comercio del diesel. China pasó a ser el país que más presta a Bolivia, igual que Brasil.
            Otros negocios entre ambas afiliadas al ALBA fracasaron como el intento boliviano de reemplazar mercados estadounidenses y europeos para manufacturas de alpaca, fracasos que dejaron en la calle a cientos de obreros textiles y quebraron cadenas productivas.
            De otros asuntos se conoce menos, como es el caso de los pagos que entregaba Chávez para el programa “Evo cumple, Bolivia cambia” inspirado en otros modelos clientelistas. Recién hace un lustro el desaparecido Movimiento sin Miedo (MSM) y posteriormente Unión Nacional y los Demócratas exigieron cuentas sobre esos pagos no registrados.
            Estudios de casos evidenciaron que las obras se entregan sin licitación y que algunas empresas (ejemplo pasto sintético) se benefician de ese desorden. Pese a los pedidos, la Contraloría del Estado informó que apenas auditaría seis proyectos “porque no tiene personal”. Es así que no existe redición de cuentas del despilfarro- muchas obras fracasaron- y no tenemos el dato duro para saber desde La Paz cuánto entregó Caracas.
            El otro tema es más oscuro, el financiamiento político desde el intento de crear un “movimiento bolivariano” hasta las campañas del MAS. El bunker de Obrajes tiene mucho que contar; curioso antes siempre lleno, ahora mustio.


ALGO MÁS SOBRE “VIEJO CALAVERA”


            No sé si habían pasado 30 ó 60 minutos cuando sentía que la oscuridad ahogaba mis ojos, mi garganta y mi epidermis. Quería salirme del cine, abandonar la butaca en la sala de la Cinemateca Boliviana. No para que me devuelvan mi entrada, para que me den un vaso de agua, un aliento.
            La sensación incómoda me recordaba antiguos ingresos a las minas, en Potosí, en Siglo XX, en San José, en Chorolque, en Huanuni; algunos como curiosa; otros para presentar el libro de Juan Lechín; aquel como parte del programa en el Congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia; el último como asistente para un programa de la alemana Spiegel TV.
            Suspiré aliviada cuando finalmente la cámara abandona el socavón, las viviendas sombrías donde el día siempre es noche, y se va de parranda a Coroico, donde la vegetación alivia la pobreza y el calor recuerda que hay un sol.
            Lo más impresionante en las minas bolivianas, sobre todo las estatales, pero más aún en los recovecos de las cooperativas, es la ausencia de la luz. Muchos obreros ingresan al alba con un cielo aún ennegrecido y salen al atardecer con las tibias luces del campamento encendidas. Adentro sólo las lámparas, algunas todavía mecheros para detectar el gas grisú, van trazando huellas como en las entrañas del infierno.
            Las minas privadas tienen galerías mejor iluminadas y es posible caminar largos trechos con cierta idea del lugar, de las estalagmitas y de las rugosidades de las piedras, donde chorrea gota a gota el agua de copajira. En cambio, en los rincones del Cerro Rico, ahí donde se baja por un agujero, de culo, los ojos deben acostumbrarse a las sombras, a la eterna penumbra. Todos los días, la noche, como apuntó el fotógrafo suizo Jean Claude Wicky (1946-2016), otro gran retratista de la realidad minera boliviana.
            Kiro Russo (La Paz, 1984), junto a un equipo de cineastas de la nueva generación- donde destaca Pablo Paniagua-, logra transportarnos al escenario minero con una capacidad extraordinaria. El trabajo es fruto de años de investigación, de pruebas, de caídas y de correcciones, hasta el logro de una historia redonda, aunque relatada con algunos altibajos. Parecería alargada para lograr un largometraje, pero más bien hay una intención de meternos en una realidad que “así nomás es”, rutinaria y tensa.

MUCHOS Y BUENOS PREMIOS

            El film boliviano “Viejo Calavera” es seguramente el más premiado de la historia del cine nacional y sigue impactando en festivales internacionales, tanto en América Latina como en Europa. En el país debe caminar más y llegar a los últimos rincones de la nación porque revela sutilmente lo más profundo de nuestro ser, la fraternidad.
            Uno de los datos que más me impresionó es el interés entre los jóvenes por conocer el lenguaje cinematográfico de uno de sus contemporáneos. En las aulas universitarias tuve la experiencia de comprobar que casi todos los alumnos habían visto la película, algunos más de una vez pues volvieron a la sala para sesiones especiales de debate.
            A veces es difícil encontrar una obra de arte para ponerla como ejemplo y que la audiencia menor a 20 años comparta ese conocimiento. No se puede citar a “La Odisea”, por ejemplo, porque muchos bachilleres ya no la leyeron y (oh sorpresa) ni siquiera vieron la película “Troya” con Brad Pitt, porque también a él lo consideran anticuado.
            En cambio, puedo citar pasajes de “Viejo Calavera” pues los chicos la entendieron y la aplaudieron y con ella aprenden herramientas de la crónica. El atractivo del film para las nuevas generaciones abre interrogantes que apenas intentamos responder.
            Quizá porque es una obra de uno de sus pares, melenudo y con un aire misterioso en el caminar, sencillo y sensible, casi siempre acompañado por otros bohemios.
            O porque puede decir lo que dice al dominar un diálogo sutil, unos silencios y unas formas que los añejos (léase militantes de los años 70) no comprenden. Los comentarios negativos sobre el film son sobre todo quejas porque el director muestra a unos mineros que se emborrachan, que se ocupan de sus ocios en las asambleas al interior de la mina y que viajan al trópico. No hay marchas vociferantes, grupos en tropel bajando de los cerros con sus dinamitas ni monumentos a los dirigentes históricos. No hay lo “políticamente correcto”.

EL ARGUMENTO

            El argumento de Russo y del experimentado Gilmar González es simple. El padre de Elder Mamani (Julio César Ticona) muere (partida) y el que no es viejo pero es un “calavera” hereda por una costumbre no escrita el puesto en la mina, donde vive su madre agrietada por la dureza del ambiente a 4 mil metros de altura, cerca del Cerro Posokoni en Huanuni, importante mina de Oruro.
            El padrino Francisco, que es una presencia casi sin palabras, se encarga de llevarlo al nuevo empleo y de intentar que el ahijado, “chupaco” y despreocupado- casi marginal- ingrese a una nueva etapa de su vida. Elder no se interesa por ninguna estabilidad ni económica ni emocional y se deja llevar por sus impulsos existenciales. ¿Acaso él y sus contemporáneos tienen un mejor futuro que sus padres?
            Tampoco le llama la atención la actividad sindical tan famosa en las minas bolivianas, la vanguardia proletaria; ni se anota a alguna otra iniciativa como el deporte, la música, también destacados aportes obreros.
            Se apunta casi sin ganas, igual que a todo, a un viaje al otro lado del mundo, a una localidad tropical de ingreso a la Amazonía, Coroico, pueblo de la cabecera de selva, de la zona conocida como “yungueña” en el Departamento de La Paz. Ahí, algo de charla, algo de comida, la piscina pública, el sol, la luz del día.  
            Al final, un gesto, una ternura como recordaba Líber Forty, tan esencial en la rudeza de los mineros, arremete contra el espectador que esperaba cualquier cierre menos aquel de tapar al padrino con una frazada en la helada cumbre andina.
            Los actores son personas entrenadas para el film, sin experiencias previas.

El MENSAJE SUTIL

            Entre escena y escena, aparentemente tristes y sin esperanza, se entretejen lo profundo del minero boliviano, de la familia boliviana, de los pobres bolivianos: la amistad, la solidaridad, la mano que se extiende y ampara, aún cuando todo lo demás dice “no”.
            La experiencia en el campamento no es sólo sentir la revuelta, la protesta, la marcha con dinamitazos. Russo comprende esa dimensión y la dispersa sin estridencias, sin consignas, sin arrebatos.
            Ahí, donde la esperanza de vida era de 50 años pero ningún huérfano, ninguna viuda quedaba sin auxilio, sin un plato de comida, sin un techo, sin un libro. Me recordó los milagros que contemplé en 1986 en la “Marcha por la vida” donde el pan (ají de fideos) se multiplicaba y la viejita se inclinaba a lavar los pies de los caminantes, mientras una cruz iniciaba el último vía crucis de la FSTMB.
            En Huanuni moderno abundan los karaokes y los prostíbulos alentados por el dinero de los buenos precios internacionales de los minerales; ahí donde hay más temor por el aumento de los casos seropositivos que por la silicosis. Ahí, en ese cotidiano sobrevive la humanidad samaritana.

            Es posible que para los que esperan siempre un mensaje político explícito, la película no diga mucho. Russo declaró que no optó intencionalmente por ese camino. En cambio hay esa nueva forma que desarrollan las nuevas generaciones para acercarse al Nuevo Testamento, aún sin saberlo, con las luces, con los sonidos, con las miradas.

lunes, 3 de abril de 2017

LO URBANO, LO RURAL

            ¿Cómo hubiese sido la concentración del Movimiento Al Socialismo, MAS, en la plaza principal de Cochabamba el pasado martes 21 de febrero sin la presencia de las huestes cocaleras? ¿Cuánta gente hubiese asistido voluntariamente a la plaza del Estadio de La Paz sin la presión de las fichas?
            El Ministro de Gobierno, Carlos Romero, cree que su partido recuperó a las clases medias y que ello se notó en esa cita. No sé si es una afirmación consciente o un nuevo autoengaño para no ver lo que para otros analistas resulta evidente: el oficialismo perdió a los centros urbanos, sobre todo a la sede de gobierno y difícilmente volverá a recuperarlos.
            Por ello fue urgente traer refuerzos de los pueblos vecinos, práctica que se convierte en rutina. Para llenar el espacio hubo que acarrear campesinos del altiplánico; los habitantes de las zonas tropicales estaban enojados y no se aliaron a ellos. Desfilaron decenas de hombres y mujeres vestidos con polleras multicolores y ponchos rojos ante los insultos y silbidos de los peatones ocasionales.
            Según reflejaron los noticieros en las proclamas masistas faltó juventud urbana, la cual fue la más entusiasta en las plazas donde se reunieron los que reiteraron el No a la modificación de la Constitución Política del Estado para habilitar candidaturas que ya cumplieron sus mandatos. En casos como Potosí, la participación citadina sólo pudo ser contrastada con la llegada de forasteros.
            Sin embargo, debemos también imaginar el otro lado. ¿Puede algún partido político, incluso varios de los llamados colectivos urbanos convocar gente en los principales pueblos de la ruta La Paz- Oruro, por dar un ejemplo cercano? Quizá la organización de Félix Patzi; pero no acredito que UN o los Demócratas consigan la participación espontánea de la población provinciana.
            El primer quiebre del MAS en el gobierno fue el choque urbano rural en Cochabamba, con el saldo de muertos y heridos. La llegada de campesinos produjo ese enfrentamiento. Una década después está claro que la principal división del país está entre la ciudad y el campo. Hay matices, como las minas, incluso la histórica Llallagua donde el No fue tan importante, y otros pueblos, pero en general ningún líder hace sombra ahí a Evo Morales y lo que él representa.
            Los opositores deberían empezar ya a democratizar a sus partidos en vez de sólo criticar al MAS, a renovar dirigencias obsoletas que ni conocen las orillas del país y recorrer sus entrañas, su gente, si sueñan con ganar las elecciones del 19.

VERGONZOSA ENTREVISTA DE JAIME ITURRI


      Cuentan que tertulianos sucrenses prepararon una trampa al célebre Nicolás Ortiz Pacheco, quien siempre los ganaba con sus argumentos. Enviaron a un canillita para que le entregue una nota al medio día en el centro de la plaza para que él no pudiese disimular su enojo al leerla. El papel decía una sola palabra: “mierda”. Efectivamente, al descifrarla no pudo disimular su asombro.
      Los amigos lo esperaban ansiosos en la esquina pensando que esta vez el panelista no tendría respuesta. Sin embargo, Ortiz Pacheco los volvió a ganar cuando les replicó:
      - “¿Saben qué es un anónimo?”
      - “Sí”, dijo uno, “una carta sin firma”.
      - “Generalmente un texto infame”, completó otro.
      “Exacto”, apuntó Don Nicolás. “Pero hoy he recibido un anónimo al revés. No tiene texto, solamente la firma del que lo envió: “mierda”.
      Recordé la anécdota al leer las explicaciones de  Jaime (Jimmy) Iturri para intentar salvar el pellejo después del brulote presentado el domingo pasado con la mejor actriz del masismo, la rubia teñida Gabriela Zapata. Igual que hace tres lustros, cuando tenía otro patrón, otro jefe, y defendía al periodismo sensacionalista, de peladas y escándalos, y sucedió el caso Guiteras.
      En este gobierno, el principio del “secreto de fuente” se presta para esconder otros problemas y otras rivalidades. Ahora resulta que se quiere invocar la Ley de Imprenta para proteger el anonimato de un mercenario que por algún favor muy especial de Régimen Penitenciario accedió a entrevistar a la rea más famosa del país y la vendió a ATB. El rumor es que ese Mr. X más bien pagó a ATB para que Gabriela discursee. Iturri aclara que él sólo la editó. Qué tal.
      El gobierno de Evo Morales ha hecho de todo por destruir al otrora respetado periodismo boliviano: represión, cerco, ahogo económico, persecución institucional, amenazas, llamadas rabiosas, y mucha, mucha compra. Pero este último capítulo es el más estúpido de todos.
      Así como se dice que el ladrón cree que todos son de su condición, también los chupa tetillas creen que los demás ciudadanos aceptarán sus explicaciones para justificar un formato de entrevista donde no aparece el entrevistador. Y para que la ahora apodada “Chimoltrufia” cuente el cuento del gallo pelao.
      Qué veloz la reacción del gobernador Iván Canelas para aplaudir a ATB. Otros masistas están dichosos porque más de miles vieron ese día su canal que hace rato perdió audiencia. Todo vale.
      Es solo un video infame, como todo anónimo. Y es también otro ejemplo sui géneris, como diría Ortiz Pacheco, con firma de ese X, “mierda”, y lo que está ahí detrás.


MUJERES, CIEN AÑOS DESPUÉS

            Esta semana se cumplió el centenario de aquella movilización de obreras conmemorando el Día Internacional de la Mujer, que desencadenó la llamada Revolución de Febrero (por el calendario juliano) y precipitó la Revolución Soviética. Las textileras no tenían más que un pan rancio para sus hijos. Sus hombres estaban en el frente de guerra y ellas debían trabajar, además de encargarse de su hogar. Aunque las ciudadanas ya participaron en la Revolución Francesa, en 1917 estaban organizadas y luchaban en un contexto de demandas femeninas propias, como el derecho al voto.
            Un siglo después, cómo están las mujeres rusas, ¿son más libres?, ¿son más felices?, ¿son más autónomas? ¿O sólo son estadísticas que cubren lo poco que cambiaron sus condiciones? Las luchas feministas siguen más ocupadas en los números y en el aborto que en insistir en políticas públicas integrales para lograr la igualdad de oportunidades.
            Mucho menos le interesa a Naciones Unidas los asuntos del amor, de la ternura, de la unidad familiar para que todos, hombres, mujeres y –sobre todo niños- se desarrollen como seres armónicos. Hay dinero para campañas sobre derechos reproductivos, no para alentar a los poetas y creativos, más humanos que los soldados.
            Bolivia debe a cuatro mujeres y a sus 14 hijos la apertura democrática, esposas de mineros, madres de familia, que lanzaron los dados sin los cálculos de los dirigentes sindicales y lograron la victoria a favor de todos los presos, los exilados, los bolivianos. ¿Qué organización feminista se acuerda de ellas cada 18 de enero?
            Hemos fallado y hay que preguntarse por qué, se preguntaba un panelista en un reciente foro organizado por la Embajada sueca que reunió a lo más representativo de mujeres y organismos que trabajaron por agendar el tema de la mujer. Otro enfrentaba datos con una realidad que es más dura para la mujer, el 80 por ciento de los alimentos se importan, asunto que merecerá un análisis más detallado por todo lo que significa.
            Hubo un enfoque exagerado en las cifras para mostrar avances. El gobierno aprovecha ese discurso. Así esconde que los principales programas sociales, los más publicitados, como el Evo Cumple, no contemplaron ni políticas de género ni las dificultades de las campesinas, desde las canchas de pasto sintético hasta las sedes sindicales.

            Al importante análisis que hizo el parlamentario Oscar Ortiz a ese fondo clientelar, las feministas podrían desentrañar si dar tanto dinero benefició a las mujeres, si el “cambio” es real y sostenible.