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viernes, 8 de mayo de 2020

RESPONSABILIDAD CIUDADANA




            Contemplo, desde mi ventana, a una candidata a senadora por La Paz que pasea casi cada día por el parque, toma fotos, no siempre usa barbijo. ¿Qué privilegios tiene? ¿No tiene idea de que debería dar ejemplo a los demás para el cumplimiento de la cuarentena? Si así es el llano, cómo será en el poder.
            Leo que otra candidata y su hijo toman un avión militar por gusto; asisten a reuniones sociales en otra ciudad, se sacan fotos para compartir sin importarles que lo hecho es uso indebido de bienes del estado, un delito. Mientras decenas de personas están desesperadas porque el padre está enfermo en el pueblo o porque no pueden trasladar al nieto con cáncer. Explicaciones que empeoran el ambiente de cinismo.
            Escucho petardos y convocatorias de otros candidatos que invitan a la población a desobedecer el mandato de quedarse en casa y guardar el distanciamiento social. ¿Es posible entender semejante despropósito? ¿Cuál es el pensamiento, el análisis estratégico, la visión de un partido político para alentar esas protestas?
            Veo a diputados detenidos por la policía porque intentan burlar un control caminero con argumentos destinados al público televidente más despistado. Claramente, la mayoría de los telespectadores considera que es simplemente un insulto a su inteligencia.
            Colecciono el listado de maldades que han salido estas semanas de encierro porque son parte de la historia de la infamia de los bolivianos. Insultos a una enfermera para que abandone el edificio donde vive con su hijita; rotura de vidrios de una ambulancia porque es de un centro de salud público; estafas en los cobros de bonos.
            ¿Y los demás? Hay disciplina en general; sin embargo, no es suficiente. También deberíamos examinar cada uno de nosotros cuál es nuestra conducta cotidiana para ayudar al otro y con ello a la comunidad, al país, para salir lo menos lastimado de la emergencia sanitaria causada por el virus originado en China.
            En este inicio de mes preocupa que personas que podrían cumplir con su deber de pagar facturas de servicio, prefieren no hacerlo amparándose en la normativa que busca proteger a los más desvalidos.
            Padres de familia no cancelan pensiones en los colegios o en las universidades privadas, aunque estos establecimientos, me refiero a los urbanos, hacen el esfuerzo de crear plataformas, sistemas y capacitaciones aceleradas para que los profesores impartan las materias.
            Para todos es difícil, pero todos debemos aportar en la medida de lo posible. Si no el resultado puede ser catastrófico: colegios cerrados, facultades en receso indefinido, servicios de agua irregulares, cortes de luz, cortes de internet o de telefonía. Las empresas tienen un límite para atender emergencias. ¡Cuidado!
            No comparto la solución de “igualar hacia abajo” como sucede en universidades públicas donde existen carreras que podían seguir funcionando, pero cortaron las clases virtuales porque otras carreras más técnicas no usaban esa metodología. O porque hay otros estudiantes sin internet en casa.
            También hay que apelar a la responsabilidad de cada habitante de Bolivia que tiene créditos bancarios para que los deudores con propia voluntad mantengan los pagos al día y negocien de forma honesta y realista con su entidad bancaria.
            Hay países que vencieron incluso la herencia de guerras, siempre con disciplina y solidaridad. Hay otros países que se hundieron para siempre por la corrupción y el desorden.


           

viernes, 21 de septiembre de 2018

¿QUEREMOS EMPRESAS CHINAS?


            Estoy entre los bolivianos que admiramos la historia y la cultura milenaria de China y contemplamos impresionados su esfuerzo desde 1949 para salir de un atraso secular hasta un desarrollo moderno. Sin embargo, como no podría ser de otra manera, amo más a Bolivia, a sus habitantes y a su naturaleza.
            Por ello, no deja de preocuparme- incluso de provocarme enojo- las permanentes noticias difundidas por los medios de comunicación o por el boca a boca que cuentan sobre los abusos de las empresas chinas contra los bolivianos y los atentados contra la fauna de la nación.
            No se trata de propaganda “de la derecha” sino de datos cotidianos. El maltrato a los trabajadores no es una excepción y los anuncios de superar aquellas maldades no son más que eso, anuncios. Hay casos que conocemos por informes personales de los afectados, como una jefa china que intentó arañar a su subalterna boliviana porque no entregó las fotocopias con la rapidez que ella exigía.
            Los casos más dramáticos son los ejercitados de forma colectiva y regular contra obreros eventuales. Ahí la ausencia de la legislación laboral boliviana y de acciones efectivas de las autoridades son un drama. ¿Por qué el Ministerio de Trabajo no inspecciona con la drasticidad que emplea contra los medios de comunicación?
            ¿Por qué no informa en qué condiciones trabajan los contratados para realizar carreteras en diferentes departamentos del país que, dicho sea de paso, fueron adjudicadas sin procesos transparentes a empresas chinas? Además de las huelgas de los bolivianos en los últimos años denunciando las pésimas condiciones, habría que mostrar cuántos asiáticos trabajan ahí y bajo qué legislación.
            Un caso reciente, silenciado, es el de los obreros en el Salar de Uyuni. Al parecer, por lo que cuentan, los bolivianos duermen en galpones más cómodos. En cambio, los obreros chinos descansan en carpas a pesar de las condiciones climáticas, no tienen servicios salvo cuando van al pueblo cada dos o tres semanas. En Uyuni se comenta sobre su agresividad pues llegan sucios, malolientes y con deseos de prostitutas. ¿Sería mucho pedir una comisión legislativa acompañada por periodistas para ver in situ y recolectar allá las evidencias?
            El caso del contrabando de colmillos de jaguar y las abortadas audiencias judiciales para castigar a la banda china son una muestra de la impunidad que los protege. Qué hacen en el Illimani, qué hacen en Guanay.
            En difícil imaginar la acción de autoridades judiciales que fueron invitadas en masa a visitar al gigante asiático; de oficiales que tienen relaciones de privilegio con su embajada. China además se convierte en el salvavidas de países en caída libre como es el caso de Venezuela y de Nicaragua (donde se intentó un mega fracasado canal interoceánico).
            Algunos estudiosos (CEDLA; FES) publicaron lo que significa el desembarco chino en la economía. También toca analizar qué pasa con su política laboral, las horas de trabajo, los beneficiosos sociales, los salarios mínimos y las condiciones de salud ocupacional. ¿O volvemos al siglo XVIII?