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viernes, 6 de marzo de 2020

EVO, PERCY Y EL DÍA DE LA MUJER



            Este domingo se celebra en todo el mundo una jornada dedicada a reflexionar sobre la condición de ser mujer, sobre todo obrera. Como otras conmemoraciones aprobadas en la anterior centuria, la causa de esta fecha está relacionada con un combate, una batalla, una utopía para avanzar hacia la Libertad, hacia la dignidad de ser persona.
            A veces, las nuevas generaciones olvidan que hace más de un siglo, más de 100 trabajadoras murieron calcinadas en una fábrica textil. Ellas reclamaban un horario de trabajo de 10 horas y un salario similar a los varones. Les respondieron con bombas incendiarias que quemaron parte del edificio y causaron decenas de víctimas. En 1910 un congreso de militantes socialistas definió ese día para honrar a la mujer trabajadora.
            Desde 1977, la Organización de Naciones Unidas eligió ese aniversario para dedicarlo al “Día de la Mujer” a nivel internacional en una de las décadas más emblemáticas de las luchas femeninas. Bolivia se adhirió pronto, igual que otros países, además de abrir más tarde otro día para dedicarlo a la Mujer Boliviana en homenaje a la poetisa Adela Zamudio, luchadora por los derechos de las mujeres, cada 11 de octubre.
            Fueron las palabras de Domitila Barrios de Chungara, madre minera y dirigente de las amas de casa en Siglo XX, Potosí, las que sellaron ese pionero foro. “Si me permiten hablar” escrito con ese testimonio por la periodista brasileña Moema Viesser, difundió al mundo cómo veían las luchas sociales las aguerridas hembras bolivianas.
            Ese fue el portaestandarte para gran parte de las bolivianas antes de las distorsiones que aparecieron con el feminismo fundamentalista, el que opone hombre mujer y el aberrante que practican algunos colectivos agresivos y disfrazados, más por complejos que por buscar el Bien Común.
            En el centenario de la masacre comenzó a funcionar ONU Mujeres, con sus altibajos, al mismo tiempo que en el mundo se acentuaba la consciencia de las desigualdades persistentes entre nacer hombre o nacer mujer y la violencia sexista.
            En Bolivia ocupaba el gobierno un movimiento autoidentificado como “de cambio”, con presencia simbólica y masiva de movimientos sociales femeninos como las llamadas “bartolinas” de origen agrario. Varias mujeres ocuparon altos puestos en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
            Sin embargo, fue la época de mayor humillación pública a mujeres en todos los niveles: ministras hablando de calzones en plena placa principal; bromas groseras contra obreras petroleras; intentos de violación en recintos legislativos; incontables relatos de sexo, farra y mentiras; historias novelescas de poderosos y quinceañeras; estupros; y un lenguaje permanente de burla sobre los detalles corporales de las muchachas en flor. Cuando uno vuelve a ver determinas escenas protagonizadas por Evo Morales y por Álvaro García Linera no comprende cómo los bolivianos aceptamos semejante ejemplo.
            En la ciudad más pujante económicamente reina impávido un octogenario, viejo verde, que arremete contra traseros o se siente capaz de chistes y guasas contra funcionarias. La sociedad cruceña convive con Percy Fernández y no hubo ni hay castigo social a este individuo que insulta y rebaja la condición del ser humano.
            Mientras la colectividad soporte esos discursos, se ría, los festeje- hasta los aplauda- no logrará combatir las raíces profundas de feminicidios y de tantas otras agresiones contra alguien por el delito de no haber nacido varón.
           

viernes, 2 de febrero de 2018

EL PUCHO DE PERCY


            En los últimos festejos del aniversario cívico cruceño, el alcalde Percy Fernández aparecía en la prensa local con un cigarrillo a medio consumir en su mano. ¿Puede una autoridad fumar en un recinto público, de acuerdo a la normativa vigente en Bolivia? Hace muchos años que la frase tanguera “fumando espero” o “fumar es un placer” ya no se aplica en diferentes espacios en este país y en todo el mundo.
            Pensé que era un error y que se habría aclarado en los niveles correspondientes o quizá a través de una llamada de atención. Sin embargo, en medio de la bochornosa sesión de insultos contra los gremiales, vi otra vez una imagen del mismo alcalde con la misma mano fumando un pucho.
            Mientras la ministra Ariana Campero Nava recibe loas de los militantes del Movimiento al Socialismo, MAS, no se percata que la actual normativa contra el consumo de tabaco no se cumple en el Estado Plurinacional. Campero es tan pasiva en este tema como en los otros.
            Los intentos para regular el consumo de cigarrillos y su publicidad llevan décadas y en Bolivia desde los años ochenta se emitieron leyes y decretos específicos. En 2005, el país adhirió al Convenio Marco para el Control del Tabaco, firmándolo en 2004 y luego con la Ley 3029 de 22 de abril de 2005.
Dos años más tarde, el Presidente Evo Morales firmó el DS 29376 para reglamentarla. Ahí se señala que: “el fumar y el humo de los productos del tabaco son una grave amenaza para la salud de los individuos no fumadores expuestos a este humo (…). “Se prohíbe fumar en dependencias de toda Institución pública”.
En mayo del año pasado, la responsable departamental en Santa Cruz en aplicar las campañas antitabaco, Iracema Justiniano, se lamentaba del poco cumplimiento de la norma y que las instituciones públicas y privadas no colocan el cartel de “prohibido fumar”. A nivel local, debería ser el Gobierno municipal el principal responsable, pero qué sucede si su principal autoridad fuma y fuma.
            Entre las sanciones se establece que “en caso de servidores públicos, las infracciones al presente Reglamento implicarán responsabilidad administrativa, de acuerdo a la Ley N° 1178 de 20 de julio de 1990, de Administración y Control Gubernamentales”. En 2009, cuando se difundía este Reglamento, el entonces Ministro de Salud, Ramiro Tapia, declaró que se podría considerar la exoneración de su cargo a los infractores.
            Un famoso fumador, con las fotos más icónicas de su carrera política unido a un puro, Fidel Castro, se abstuvo de fumar en público- aparentemente también en privado- para unirse a la campaña mundial; un gesto noble porque Cuba exporta los mejores puros- habanos- del mundo.
            En el otro extremo, Barak Obama, anunció antes de asumir la Presidencia de Estados Unidos que dejaba el cigarrillo para cumplir con el compromiso de su país con la Organización Mundial de la Salud.
            En Bolivia, ni el presidente ni el vicepresidente cumplen la constitución que juraron respetar, ni el alcalde de la mayor ciudad da ejemplo para un tema de salud pública y cada vez menos ciudadanos cumplen las reglas de convivencia.