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viernes, 11 de febrero de 2022

BUFALA

             El vibrante título de la última obra de la actriz boliviana Francia Oblitas Baudevin, “Búfala”, resume una construcción simbólica sobre la furia frente a dos asuntos que nos aniquilan: los extremos de descomposición social sobre la noción de “mujer” y el total desinterés de las autoridades en atender el quehacer del arte.

            Oblitas ganó el premio Focuart 2021 en la categoría Desarrollo y Procesos de Creación con una propuesta de escritura creativa, reflexionada y plasmada en diferentes tiempos cronológicos y personales, inspirada en distintas lecturas. Palabras que se unen para retratar el ser mujer en Bolivia siglo XXI. “Rabia”: esa emoción que relacionan tanto con lo femenino (hasta niveles de caricatura), cuando asume la forma de rebeldía. “Ira”: la brutal compañera de la protesta.

            En 38 páginas, la autora aprovecha las infinitas posibilidades de vocablos del idioma español para contar historias que, sin estridencias, sin derramar sangre, nos llenan de la sensación inmensa e impotente sobre la violencia cotidiana contra el ser “mujer”.

            La obra aprovecha la tipografía, como usó cierta poesía surrealista. Así, la palabra GRITO en mayúscula y en negro contrasta en sentido, forma y tonalidad con el extremo en cursivas de entrañas; o ceniza y agua, o pantano y nenúfares, o vísceras con mujer brava; úlcera, alergia, pústula, pecho, ceguera, baba, mordida. Como una cascada en la página blanca, capaz de teñirse como tantos cuerpos femeninos destrozados.

            “Búfala” inicia el recorrido con el famoso óleo prerrafaelista de John Everett Millais que inmortaliza a Ofelia ahogada, con sus ojos abiertos en un lecho de aguas turbias; a la vez, rodeada de un hermoso paisaje de intensos y variados verdes. Destaca el cuerpo de la muchacha tal como lo describió William Shakespeare en “Hamlet”; como la recordaba Gustavo Adolfo Bécquer: “la dulce Ofelia, la razón perdida”. Historia que ha obsesionado a pintores y poetas en los últimos 500 años.

            Al escoger esta imagen y este personaje del teatro universal, tan emblemático entre las heroínas clásicas, Oblitas parte de una representación que en pocas pinceladas describe la belleza, lo sublime, lo incorpóreo. Al mismo tiempo es el horror, la tragedia, la muerte. Ofelia es hermosa y amante, ingenua víctima del odio, de la ambición, de la violencia. Cada flor que la acompaña tiene su propio simbolismo.

            ¿Cómo no pensar en las muchas ofelias que estos días aparecen desgarradas, despojadas, burladas en su inocencia infantil, por la mano asesina de quienes gozan del poder político, de los jefazos embadurnados de lascivia y degeneración moral?

            Las manitas sobresalen del agua que la arrastra, mientras la boca disimula un suave gesto; ni siquiera un lamento. Cada detalle del cuadro se puede interpretar como una noticia del telediario. La autora sólo sugiere memorias: mirada, niña, suave, fina, impecable, modesta, sonrisa, coito, artefacto, hueso, cruz.

            “Búfala” reclama: los asesinos sin castigo ni clemencia roban a las chicas, a sus escotes o a sus minifaldas, a sus rostros con gafas, a sus vidas enredadas en audífonos; redes, mentiras. Abandono; mucho abandono, desde la infancia sin infancia hasta la adolescencia descuidada; la madurez tallada a golpes del perverso sistema.

            Una obra de la siempre sorprendente Francia Oblitas que seguramente pocos bolivianos podrán apreciar. El lenguaje sublime no es prioridad de la ministra de Cultura. Mientras, los teatros paceños no tienen ni responsables ni agenda. Cada vez menos espacios para la difusión del arte.

viernes, 26 de mayo de 2017

LA NOCHE QUE TODOS QUEREMOS


    El abrazo fraterno, la sonrisa cómplice, el aplauso compartido y las palabras con fuerza de palabras amables, mientras ríos de gente sin prisa y con pausas en cada local desbordaban las calzadas para alcanzar lo más posible del programa de quinientas ofertas culturales en una larguísima noche otoñal.
            Año a año se repite el ritual que deja de lado el paro de transportistas, los discursos estridentes, las confrontaciones en el kilómetro cero, para mostrar que la ternura de los bolivianos, aquella que tanto amaba el libertario Líber Forti, goza de muy buena salud; sólo se esconde para que los malignos no terminen de ahogarla.
            Hablaba con los organizadores, con artistas y espectadores intentando encontrar las razones profundas que provocan el torrente de humanidad de la tradicional Larga Noche de Museos que empieza a las tres de la tarde y que este año saltó a Viacha y Mallasa y repitió el éxito en El Alto. Si se compara cuántas personas salen del Estadio completo, fácilmente se puede calcular que unos 250 mil peatones, o sea cinco estadios, caminaron esa jornada.
            En otro lugar destacamos las ofertas artísticas, acá rescatamos la esperanza de ser mejores a través del conocimiento y de la belleza. Los grupos se desplazaban entreverados, familias que incluían niños y abuelos; jóvenes antes de irse a la disco; abrigos, mantas, mantillas, chamarras y sacones, zapatos de todos los modelos y tamaños. Esa es la verdadera inclusión social. La unión nacional donde los militares son tan hospitalarios como los gestores culturales y los museos estatales completan el programa de los espacios municipales.
            Mientras hacía la cola para la exposición de un fotógrafo escuchaba a la niña que había llegado desde Munaypata comentando la obra que simulaba espacios vacíos y su padre la escuchaba respetuoso. Las calles se abrían y también las casas porque todos quieren compartir y las señoras de la Ecuador salieron a vender linaza caliente y unos chicos de Camargo ofrecían vino con chocolate. Más allá las anticucheras, la vendedora de algodón de dulce, los ecologistas con sus productos naturales y la señorita de amplia falda tarijeña con sus jugos de frutas. Una pareja llegó de Coroico para brindar con café mientras las bellas chicas zapateaban flamenco.
            Especial mención para las embajadas argentina, uruguaya, italiana, española y la simpática iniciativa brasileña para que todos gocen los jardines de la más bella residencia de la Arce. Hasta los guardias se volvieron guías ante la demanda de la multitud.
            Lo mejor de las utopías es que existen.