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miércoles, 14 de agosto de 2024

EL OLIMPISMO HUNDE AL RACISMO Y A LA XENOFOBIA

 

            Millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta observaron, aplaudieron y muchos festejaron (sobre todo en los países más pequeños) las victorias de sus atletas en diferentes escenarios franceses, mayormente parisinos. Las Olimpiadas son la mejor cita mundial para entender que es posible que los hombres vuelvan a ser hermanos, como soñaron Friedrich Schiller y Ludwig van Beethoven hace más de dos siglos.

            La idea griega se hunde en la mitología, aunque se sabe de la participación de personajes históricos como Alejandro Magno en la carrera de caballos y se conocen los escenarios y varias de las pruebas. Fue modernizada por el barón Pierre de Coubertin que la gestó en 1894 en la Universidad de la Sorbona, justamente en París. El cuerpo como complemento de la mente y de las emociones. Las competencias crecieron, giraron por continentes, casi siempre con el espíritu de la fraternidad, de la amistad, de la necesidad de “cambiar el tono” de la miseria cotidiana.

            En 1936, hay que reiterar, Adolf Hitler imaginó una demostración mundial de la superioridad de la raza aria sobre los otros colores de tez, los ojos claros sobre los oscuros, el cabello lizo sobre el rizado, las piernas germanas sobre las gitanas. No esperaba la sorpresa que Estados Unidos le tenía preparada, a pesar de sus propias leyes segregacionistas.

            Jesse Owens, el afroamericano, fue el más veloz en la carrera más esperada, saltó, participó en las postas. Sus zancadas precisas dejaron muy atrás a los demás. Además, consolidó la amistad y la alegría con otros atletas rubios, europeos. Su historia fue una gran inspiración para los XXVII Juegos Olímpicos en Sidney en el 2000, al inicio del nuevo siglo. Australia puso especial énfasis en unas competencias bajo el imaginario de la camaradería.

            Wilma Rudolph era la hija número 20 de una familia pobre, negra y con escaso acceso a la salud, reservada en 1940 para los blancos de Clarcksville. Nació con apenas dos kilos, padeció muchas enfermedades y a los cuatro años contrajo el virus de la polio. Creció con un aparato ortopédico. Más tarde venció a la escarlatina. Con un don especial, decidió jugar baloncesto escolar. Fue en una cancha donde un entrenador vislumbró sus posibilidades. “La gacela negra” cosechó legendarias victorias en las carreras de 100, 200 y postas en sucesivas olimpiadas. Su historia es fantástica.

            En los años 70, comenzó la participación creciente de atletas morenos de países africanos que también se convirtieron en héroes. Biografías de carteros, de hombres y mujeres que corrían descalzos entre las aldeas, de escasos recursos, pero con una gran potencia para imponerse en diferentes competencias atléticas.

Cuba encabezó varias veces la lista más avanzada de los medallistas latinoamericanos. En 2024 quedó evidente el declive de su representación oficial con la hambruna en la isla. En cambio, varios afrocubanos representaron a otros países adoptivos conquistando el podio principal. El caso emblemático fue el de los tres nacidos en Cuba conquistando medallas para países europeos.

Los corredores de Jamaica parecían inalcanzables. Santa Lucía, Barbados y otras islas caribeñas mostraron que su gente tiene dones naturales para vencer. La historia de la etíope Sifan Hassan que se coronó con la prueba más emblemática de las justas olímpicas, la maratón femenina, es un “estate quieto” a todas las corrientes xenófobas. Corrió con la bandera neerlandesa, ganó la medalla de oro, otras dos medallas y batió récord olímpico. Ocupó el lugar soñado por todo atleta al recibir el trofeo en la maravillosa clausura en el estadio parisino. Fue la mejor entre las mejores, la más agasajada, la más aplaudida, la mujer que recorrió el camino de las revolucionarias de 1789 con su corona simbólica de su propia cultura.

Es un buen año para el deporte y para el significado del valor de todos los seres humanos. Hace pocas décadas, la delegación alemana de fútbol incorporó migrantes en su onceavo titular, a pesar de las protestas de los neo hitlerianos. La Eurocopa 2024 mostró equipos pluri multis y dos hijos de migrantes dieron el triunfo a España.

En Bolivia, el No Estado Plurinacional no entiende de ello. De mal a pésima la burocracia en el Viceministerio de Deportes. Una paupérrima delegación, con participación lamentable, llena de incidentes.

Mención especial a los atletas refugiados, especialmente a los palestinos que también en este caso tuvieron que vencer 70 años de ocupación, décadas de vivir en campamentos y barrios arrasados por los bombardeos israelíes para poder competir.

 

           

viernes, 23 de febrero de 2024

OLIMPIADAS EN PARÍS

 


            En este año bisiesto, las Olimpiadas se desarrollarán en París y en otros escenarios franceses entre el 26 de julio y el 11 de agosto. Este encuentro de los atletas trae siempre una esperanza para la paz mundial porque muestra que es posible el abrazo fraterno entre hermanos, como soñaron Schiller y Beethoven; la paz que tanto anhela la mayor parte de la humanidad.

            El escenario adquiere en 2024 un simbolismo especial pues Francia es la patria del barón Pierre de Coubertin, el padre de las olimpiadas modernas, quien desarrolló su idea -aparentemente imposible y loca- en la imponente Universidad de la Sorbona de París en 1894. Probablemente somos muchos los niños y adolescentes que admiramos a este personaje y su lema: “citius, altius, fortius”: “más rápido, más alto, más fuerte”. La serie “Estrellas del Deporte”, revista de la editorial mexicana Novaro, contaba a los pequeños latinoamericanos sobre el barón y los héroes de cada juego.

            Pierre (1863-1937) fue un pedagogo y un historiador, aristócrata y académico, que imaginó sociedades atléticas como parte de sus métodos de enseñanza. Mostró que el deporte era más que una afición juvenil o una práctica corporal. Dictó conferencias en Europa y en Estados Unidos para destacar la importancia de la práctica deportiva como motor de la disciplina, el honor, la lealtad, la salud. La singular doctrina del cristianismo muscular buscaba la perfección del espíritu a través del deporte y de la higiene y él se inspiró en esa posibilidad.

            La educación física se convirtió en parte de la currícula escolar: correr, saltar, lanzar jabalina, subir al caballete, pasar las pelotas, cubrir los arcos, doblar las piernas, alcanzar la soga, trepar la rampa, ayudaron y ayudan a moldear los temperamentos mucho más que otras materias.

            El deporte siempre fue un ritual, desde los calzados especiales, las medias, los pantalones cortos, las camisetas anchas, la banda para el cabello. Ritual que tuvieron la mayoría de las culturas de una u otra forma. Sin embargo, fueron los griegos los que consiguieron perfeccionar las competencias para darles un sentido sacro.

            Las historias sobre las maratones, los laureles, las medallas de las antiguas gestas y de los juegos olímpicos modernos en estos cien años son interminables, siempre emocionantes. La participación de los atletas bolivianos fue generalmente marginal, tímida, con delegaciones llenas de funcionarios y escasos deportistas.

            En el nuevo siglo se perdieron las oportunidades. No es este lugar para describir los errores en los nombramientos de viceministros/tras ignorantes y de la falta de políticas públicas para alentar la práctica deportiva. Desde el Estado no se trabajó lo suficiente para descubrir y alentar talentos, como consiguió Colombia en los últimos quinquenios como parte del proceso de paz interna.

            Pese a ello, actualmente existen atletas bolivianos que han destacado internacionalmente por su propio esfuerzo, el respaldo de sus familias, de sus clubes o la dedicación de algún entrenador. La empresa privada apoya el desarrollo de disciplinas y ello se refleja en victorias deportivas que dan alegría al país. Es decir, desde la sociedad civil se abre paso la ilusión.

            El Comité Olímpico francés, como publica diariamente su página oficial, está empeñado en organizar un campeonato inolvidable, digno de Pierre de Coubertin. A pesar de los conflictos sociales, el presidente Emmanuel Macron está comprometido para cumplir las expectativas y que Francia muestre al mundo su mejor rostro.

            Estas Olimpiadas tienen además la particularidad de realizarse después de las de Tokio, Japón durante la pandemia del COVID. El país asiático puso su mayor inversión, pero las competencias no fueron las mejores, aunque no se suspendieron como en 1916, 1940 y 1944 por las guerras mundiales.

            Seguramente la situación política mundial estará presente. Europa es testigo de una nueva invasión rusa a su territorio, en Ucrania, como no pasaba desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La masacre de Israel contra la población palestina ha afectado al Comité Olímpico de Palestina y a atletas que viven en Gaza, aunque otros radican en países vecinos. Seguramente el desfile de esa delegación tendrá mucho simbolismo, más de lo sucedido en 2020.

            A pesar de esas condiciones, el mundo espera ansioso los XXXIII Juegos Olímpicos de verano. Ojalá que los medios de comunicación y los responsables del deporte nacional aporten para conseguir la máxima difusión para el mayor disfrute de la competencia entre atletas y público bolivianos. Sin olvidar que en otoño seguirán los juegos paraolímpicos; cada versión es más hermosa que la anterior y merece ser aplaudida.