¿Están los bolivianos condenados, como Sísifo, a subir piedras para que, al llegar a la cima, vuelvan a rodar? Quizá ese destino perverso los persigue.
Lucharon
por el respeto al resultado del referendo 2016 y contra el fraude del 2019, pero
el movimiento Demócratas -con sólo el 4% de la votación- se apoderó de la
victoria. La inicial valentía de Jeaninne Añez fue opacada por un esquema de
corrupción aún más voraz del demostrado por el Movimiento al Socialismo (MAS).
La
memoria colectiva debería recordar que a pesar de ese fracaso hubo sectores
sociales que combatieron la violencia física y simbólica de Evo Morales, de
Álvaro y Raúl García Linera, de Juan Ramón Quintana y de sus múltiples
operadores y guerreros.
Desde
los Yungas paceños, APDECOCA enfrentó en sucesivas oleadas la represión a sus
socios, el apresamiento de sus dirigentes, la tortura de sus líderes más
notables. Episodios agravados en el gobierno de Luis Arce/ Eduardo del Castillo.
Los pobladores
de tierras bajas soportaron la presión de los productores del circuito
coca/cocaína durante décadas, con una línea roja en permanente tensión. Escenas
de terror contra habitantes de parques nacionales y de territorios indígenas.
El escenario más dramático fue cuando Sacha Llorenti ordenó la masacre en 2011,
evitada por la solidaridad de la población beniana.
Son
muchos los grupos que no aceptaron la intimidación y salvaron al país del
partido único, de convertirlo en el patio trasero de Cuba o de Venezuela. Evo
no consiguió seguir el camino somocista de Ortega/Murillo en Nicaragua y de
dictadores africanos.
En las
capas medias la entereza tuvo dos rostros permanentes: el de los médicos y
trabajadores de la salud y el de los trabajadores de la prensa y periodistas en
sus tres estamentos: propietarios, académicos y redactores/locutores/camarógrafos.
El
Colegio Médico se opuso a sucesivas medidas que intentó imponer el masismo. La
lucha más épica duró 47 días, desde fines de 2017 hasta la victoria del 9 de
enero de 2018. Los médicos, apoyados por estudiantes de medicina, enfermeras,
personal de hospitales, no negociaron el Art.205 del proyectado Código Penal
que pretendía castigar con seis años de cárcel los (supuestos) casos de
negligencia médica.
En
apariencia se quería proteger al enfermo maltratado, en el fondo era otra
medida contra los galenos bolivianos. Al mismo tiempo el gobierno pretendía
legalizar el aborto, extremo rechazado por amplios sectores.
La
huelga médica fue robustecida por los pacientes en una movilización pacífica,
casi un ensayo general del 2019 por su creatividad. Ramos de flores,
villancicos, letreros luminosos, rezos y misas, consignas sencillas expresaban
la protesta. La población afirmaba: “Yo apoyo a mi médico”, incluso en los días
navideños. El triunfo de los mandiles blancos fue una muestra de la firmeza de
la sociedad civil boliviana, acusada en ese momento de “seguir estrategias de
la derecha y de Estados Unidos”.
La otra
gran rama de resistencia al autoritarismo fue la de los periodistas, desde las
tareas cotidianas de informar hasta el enfrentamiento directo. Uno de los
acuerdos más contundentes fue la oposición al intento de acallar medios a
través de la normativa contra el racismo. Las portadas en blanco, las marchas, programas
radiales unieron a la prensa y a sus organizaciones gremiales y profesionales.
Durante
18 años los medios de comunicación padecieron la hostilidad financiera, los
controles desde los ministerios, las presiones contra los reporteros. Al
finalizar el gobierno del MAS pocos impresos sobreviven en Bolivia, otros
agonizan.
Los
periodistas padecieron en sus filas quintacolumnistas que montaron campañas contra
sus propios colegas, a través de voceros paraestatales encabezados por La
Razón, ATB, radios del Chapare, Telesur y un entramado inmenso, descrito en
sendos libros por Raúl Peñaranda y Rafael Archondo. Esos son los medios que
recibieron millones en publicidad. En noviembre de 2019 eran el eco de la
narrativa masista del “golpe” para deformar la movilización ciudadana que sacó
a Evo.
Los
ataques abarcaron a la Iglesia Católica como el caso de ERBOL y de la Agencia
de Noticias Fides. También contra la propia Conferencia Episcopal, sobre todo
durante los intentos de pacificar el país. Esa prensa servil denigró a la
institución religiosa, a sus obispos de forma personal y a la Universidad
Católica San Pablo por albergar las comisiones de diálogo.
La
resistencia derrotó al masismo en las urnas. Sin embargo, la sombra de Sísifo
asoma en el horizonte. Otra vez el anhelo de libertad y progreso está en
peligro.
Fernando
Cerimedo no llegó como voluntario. Es una rata, pero una rata del proyecto de
la ultraderecha transcontinental. Esa ideología consiguió reabrir diferencias
regionales y étnicas en Bolivia, intentó provocar una guerra civil en Brasil,
busca desestabilizar gobiernos constitucionales en México y en España,
tergiversar elecciones.
A los
cerimedos no les interesa el bienestar de los pueblos. Su meta es la captura
del Estado, ejercer poder y acumular platita, mucha platita. Bolivia no los
necesita.