Al ingresar a la Casa Grande del Pueblo, Rodrigo Paz declaró: “Esto es una cloaca”; “cloaca de dimensiones extraordinarias”. Excelente titular para portadas. Se refirió así al anterior régimen, convertido en el enemigo principal, el malvado en la típica polarización moderna.
La expresión fue ampliamente citada. Parecía sincera entre otras ya usadas como
“el Estado tranca” que surgió en el siglo pasado; o la patria, la patria que
repetía Jaime Paz recordando al abuelo benemérito; o el carajo que se ha puesto
de moda; o la oferta de cambiar en un solo día la crisis porque “100 días son
demasiado tiempo”. “Que venga el Estado que está al servicio de la patria”.
En vez de una estrategia de desarrollo económico y social, Paz presentó el D.S.
5600 “Destapando el Estado Cloaca” sobre contrataciones directas. El ministro
José Luis Lupo, el canal estatal, los comentaristas oficialistas, repitieron el
adjetivo.
Pero he ahí que la marca de origen duró poco. Fernando Cerimedo, el asesor
omnipresente del primer mandatario soltó una frase histórica para difundir en
todo el continente: “lo que piden los sectores movilizados son cloacas”.
Muerte por su sumidero. Las críticas y censuras aumentaron más allá de las
redes. Un grafiti en un muro en el centro paceño lo describe: “Cerimedo: tú
eres la cloaca”. Los comentarios sobre el ignorante asesor se desbordaron. Así
que él era el traumado por los albañales, al punto que puso cualquier cifra
para contar cuántos bolivianos tienen acceso al desagüe de inmundicias. Son
muchas las intervenciones sobre el asunto.
En las declaraciones del poderoso asesor es posible detectar tu falta de
inteligencia; lenguaje limitado, frases hechas. Lo que seguramente le sobra es
la ambición, característica de los militantes MAGA que destrozan el orden
mundial.
Las alcantarillas parisinas acompañaron a Los Miserables del siglo XIX. El
plano de las redes cloacales de Montevideo fue una carta ganadora durante las
fugas de los presos tupamaros. En este momento, en Bolivia el argumento de los
deshechos como movilización de las demandas populares lleva a otras fábulas.
Paz contestó el año pasado que conoció a Cerimedo porque era el profesor de su
hija. Catalina fue presentada como una campeona de la campaña, tal como Barak
Obama felicitó en su momento a sus hijas. ¿Será? Paz aseguró que no tenía
dinero para invertir en publicidad. Entonces queda la duda; por qué Cerimedo se
presenta como victorioso.
Sin embargo, por la boca/pozo del propio argentino se conoce que ya “trabajaba”
en Bolivia un año antes de las elecciones. Aparentemente cerca de Jaime Dunn,
merodeó también la campaña de Jorge Quiroga hasta aparecer junto a Paz. O sea,
no vino por ser profe de la niña. Más bien hay indicios de que fue enviado por
alguien con amplios poderes continentales. ¿Con qué visa entra al país? ¿Cómo
turista? ¿Declara en migración el objeto de su visita? No figura en la
administración pública, pero tiene el permiso para ordenar reuniones de alto
nivel, llamar a secretarias en todo el gabinete, citar a ministros. Lo ven
pasear de arriba abajo por la Casa Grande del Pueblo.
¿Quién le paga? Paz Pereira con su salario de 24 mil bolivianos, reducidos a la
mitad a partir de esta semana. ¿Con qué vivirá? ¿O será que el pago es en
especie? Hasta la fecha ninguna autoridad ha explicado por qué se compró
gasolina basura, por qué se siguieron contratos similares al pasado empeorados
con las especificaciones. ¿Por qué tanta mentira?
Algunos analistas que hablan de “golpe de estado” para argumentar contra los
bloqueos se olvidan de citar el factor clave que significó la gasolina sucia
para miles de familias y miles de transportistas en todo el país. Fue la ficha
mal movida, de impacto relámpago (se acuerdan a Rodrigo declarando: ¿Por qué
hicieron sufrir al país?, mientras desfilaban supuestas cisternas y decenas de
autos bocinaban festejando). Ahora asoma el negocio de las losetas (que nadie
pidió), peor que el de las canchitas sintéticas; alguien ganará mucho.
Como ya se dijo, Cerimedo seguirá ahí porque es el Business Manager. Paz
podría ofrecer la cabeza del asesor para bajar la tensión, pero no lo hará, a
pesar de todo su opaca hoja de vida. Igual sucede con el canciller Fernando
Aramayo, el Olañeta del gabinete. Jaime Paz tuvo hasta el final un asesor
francés, Evo Morales a varios cubanos, David Choquehuanca a un gringo que
dormía y se bañaba en la Cancillería. Sin embargo, ninguno estuvo tan ligado
como Cerimedo al poder imperial y a empresas oscuras, de los cuales nos alerta
el papa León XIV. Y ojo con el poder reservado a las esposas.
En cada conflicto hay dimensiones regionales. Por ejemplo, los intentos para
modificar los regímenes de propiedad de la tierra comunitaria aparecen también
en Chile contra las tierras de los mapuches para convertirlas en “productivas”.
A los manifestantes que salen en su defensa los declaran “incivilizados” y les
hacen control facial como en la época del Plan Cóndor. Moverán las fichas en
Colombia y en Perú, como ya hicieron en Centroamérica.
Cerimedo no sirve para entender Bolivia. Calcularon que un decreto ómnibus no
lo leería nadie, pero los obreros le encontraron las mañas; que había que
esperar a las elecciones subnacionales, pero sus candidatos fracasaron; que la
Selección se iba al Mundial de fútbol y todos felices; siempre se puede culpar
de todo a Evo.
O el nuevo bolillo: el “narcoterrorismo”, bautizado en la reunión patrocinada
por Donald Trump. Peligroso invocar tanto a la paja sin ver la viga en el
propio ojo.