Es curioso sobreponer el mapa de los resultados electorales de octubre de 2025
sobre el mapa de los bloqueos de caminos en enero de 2026. En los mismos puntos
donde ganó el binomio Rodrigo Paz- Erland Lara (en algunos con más del 90 por
ciento de sufragios) salieron pobladores para impedir el paso de vehículos y, a
veces, de personas.
Un mapa que también se puede calcar con los colores azules de lo que fue hasta
2025 el voto duro del Movimiento al Socialismo (MAS). Ahí -donde los dirigentes
orgánicos instruyeron apoyar la fórmula del Partido Demócrata Cristiano-,
algunas semanas después, esos mismos dirigentes instruyeron el bloqueo general
de vías.
En octubre fueron mimados; en enero fueron vilipendiados. Ayer eran el pueblo;
ahora son individuos con salarios elitarios. En octubre eran humildes; en enero
eran corresponsables de la crisis económica; los malvados.
Ríos de tintas y mensajes para recordar el clientelismo; el deterioro de la
“otrora gloriosa” Central Obrera Boliviana (COB); la corrupción de las cúpulas
de la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y
de su rostro más inflexible, las Bartolinas.
Después de la firma del acuerdo entre el gobierno y la COB aparecieron
comentarios en los medios de comunicación, en las calles y en los cafetines que
reconocían que el cuestionado decreto “tenía errores de forma”; “tenía
contradicciones en la ingeniería jurídica”; “repetía párrafos”; “quería pasar
debajo de la alfombra asuntos más complejos”, etc.
Lo que los analistas no lograron explicar por varios días, lo habían conseguido
los líderes proletarios. Ellos habían leído con más cuidado los artículos del
largo texto y se habían percatado que en medio de la sopa de los subsidios del
combustible llegaban otros fideos que no estaban dispuestos a digerir.
En las radios más populares se escuchaban las preocupaciones de diferentes
gremios, desde carniceros a vendedores ambulantes, temerosos de lo que podía
suceder, desde nuevos impuestos hasta “se van a llevar nuestros recursos”. En
el minibús, algunos pasajeros repetían: “hay que salir, hay que salir”.
Las tensiones de este inicio de año sacaron a esa Bolivia que guarda otras
dinámicas y otras acumulaciones. Sabe leer y sabe lo que quiere; sobre todo
sabe lo que no quiere. La COB demostró que, aún decrépita y con su legitimidad
cuestionada, es el referente en la memoria colectiva, capaz de centralizar las
demandas sociales. Por algo carga tantos años de historia y ha vencido todos
los intentos de dividirla.
Los sindicatos mineros reclaman porque saben que son la columna vertebral de
las exportaciones bolivianas. Interesante escuchar sus argumentos frente a las
cifras citadas por los intelectuales.
Ellos destacan que los años de bonanza se dieron por su esfuerzo, desde una
situación crítica a un auge inédito. No fueron solamente los precios en los
mercados mundiales, la demanda de China, sino el sudor de obreros que extraen
los minerales de las entrañas de la tierra y toda la cadena que sigue hasta que
llegan a los puertos.
Las estadísticas les dan la razón. A parte de los hidrocarburos, fueron las
exportaciones de plata y sus concentrados; de zinc y sus concentrados; de
estaño metálico y sus cotizaciones extraordinarias por tonelada, de oro
metálico y joyas, de wólfram, de bismuto, las que abultaron las cifras
oficiales. Héctor Córdova, ex presidente de la Corporación Minera de Bolivia
(COMIBOL), detallaba hace un lustro que los años de mayor ingreso: 2010, 2011,
2012, 2013, inclusive 2021, estaban basados en las exportaciones en miles de
millones de dólares de los minerales.
En los picos más altos lideraba la producción estatal (COMIBOL: Colquiri,
Huanuni/Oruro), cuyas ganancias ingresan en su totalidad al Tesoro nacional;
superaba a la privada (San Cristóbal, San Bartolomé/Potosí, que pagan altos
impuestos) y a las cooperativas (138 municipios están dedicados a esa
actividad, La Paz a la cabeza) que ocupan a miles de obreros.
Además, para mirar con esperanza el futuro se nombra otra vez a las mismas
regiones, el altiplano/occidente andino, con el litio. El hierro en el Mutún en
el otro extremo aún no crea esos ingresos. Bolivia es un país minero, aunque
Paz Pereira comenzó a gobernar sin un titular de minería.
Al parecer, los ministros todavía no conocen cómo funcionan las negociaciones
con los mineros bolivianos. Porqué es necesario saber escucharlos por horas.
Hubo demasiados ruidos comunicacionales durante el diálogo. Aún existen
resabios en el gobierno/legislativo de intentar doblegar a la COB, sin conocer
lo que ella representa.