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viernes, 5 de junio de 2026

LA ABUELA Y LA MEMORIA COLECTIVA

 


            La presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia quedó demasiado grande para Rodrigo Paz Pereira, hundido en consignas repetitivas, contradicciones discursivas (¿mentiras?), con anuncios que cada vez se parecen más a los del pastorcillo y el lobo del cuento infantil. Su indecisión privó el disfrute del Día de la Madre como era costumbre.

            Día de la Madre y Día de la Abuela, aunque no me simpatiza la idea de que la abuela es doblemente madre. La mamá es la mamá; la awicha es la awicha. Existe el concepto de “maternidad”; falta el de “abuelidad”. Pero como las mamás y los papás son a su vez hijos festejan en simultáneo a sus progenitoras, biológicas o sustitutas.

            En Bolivia, el 27 de mayo es un reflejo de la esencia boliviana. Se celebra en el mes dedicado a la Virgen María, como en casi todos los países católicos. Es la fecha para no olvidar la resistencia femenina a los chapetones en la colina de Cochabamba.

            En Bolivia, a pesar de toda la propaganda feminista y abortista, amamos la maternidad. Compartimos las ofertas de rosas y claveles rojos en cada esquina de la ciudad. Hay que reservar con tiempo, o preparar, la torta para las cinco de la tarde, la salida a la pensión, al restaurante. Aprovechar todas las ofertas para “la reina de la casa”. El comercio se llena de clientes, desde la chocolatería a la venta de autos, o las famosas “doras”. Todo vale.

            En los colegios los niños preparan canciones, ensayan dibujos, la infaltable recitación: “¡Oh, mamá!”, el coro, el baile. Las secretarías pierden zapatos para llegar a tiempo; otras madres se parten en tres para estar en cada curso. Los jefes permiten ausencias.

            Alguien me preguntó si recordaba otro momento como el actual, cuando los festejos familiares se limitaron al mínimo. Ojalá poder conseguir un pollo, un kilo de carne molida, un pastel, aunque sea una salteña.

            Admití que no tengo en mi registró un Día de la Madre tan austero y sombrío. Sobre todo, en los años democráticos. Relaté las experiencias hermosas cuando en las casas compartían varias familias. La abuela era el centro. Al conversar me di cuenta de que la principal virtud de las abuelas es la memoria del clan, de la tribu, de la ciudad.

            Los nietos, propios y ajenos, adoran escuchar historias. Prefieren gozar la sobremesa a su programa preferido de la televisión. Preguntan; son curiosos. Quién era quién; cuándo apareció el vestido manchado de sangre en el parque; por qué no se casó la tía; por qué nunca retornó el tío; cómo se enamoraron los abuelos; dónde vivieron, qué bailaban, qué jugaban.

            La abuela es la continuidad de la estirpe. Sabe las recetas que sus nietos chefs volverán famosas. Conoce los remedios caseros que sus hijos no aceptan, pero los nietos los encuentran en internet. Lee los cuentos, inventa anécdotas, se burla de los personajes del barrio.

            Esa tarea no es únicamente un pasatiempo. Widler Guerra, un narrador colombiano, reconstruye el rol de la abuela como institución central en la supervivencia de la especie. Los yupik de Alaska dicen: “la abuela es el primer cielo que conocemos”. Antes de ver el rostro de la madre, el recién nacido ve el de la abuela inclinado sobre su carita.

            La antropóloga Sarah Blaffe asegura que la abuela estabiliza el hogar con su apoyo en la crianza de los herederos. Aporta recursos materiales e inmateriales. “La abuela ama sin urgencia, hacia adentro. Su amor ya no necesita probar nada”. Bajo sus faldas rige una ley distinta, “más antigua y eficaz”, más cómplice, con un orden distinto. En varias cosmologías, la abuela de todos los seres es la Luna.

            Este abril, en España se rindió homenaje a los seis siglos de la llegada de los gitanos desde el norte hindú a la península ibérica. En los cientos de testimonios recogidos, hombres y mujeres hablan de sus abuelas. Los gitanos fueron estigmatizados, perseguidos, asesinados y sin embargo sobrevivieron porque la familia es extensa y la abuela guarda la memoria de su largo caminar (Gelem, Gelem), de los cantos, los bailes, los colores y la visión del mundo que los distingue del resto de los pueblos.

            Una de las razones que ayuda a los palestinos a sobrevivir desde la ocupación judía de sus territorios en 1948 es la presencia de la abuela, un amor extendido que alcanza a los muchos hijos y a los muchos nietos. Se han contabilizado más de 20 mil niños ametrallados en Gaza, pero nadie ha contado cuántas abuelas murieron con ellos, sobre todo cuando los bombardeos hundían edificios con 30 o 40 miembros de una familia.

            Es muy tonta esa moda de pasar videos de “autoayuda”, como si las abuelas necesitasen un consuelo por sus canas o sus arrugas; por sus cansancios y sus fatigas. Las abuelas, en su palidez, iluminan. Merecen ser festejadas en La Paz, Granada o Cisjordania.

 

 

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

LOS INÚTILES (NO) DEBATES

 

            ¿Sirvieron de algo los promocionados (no) debates presidenciales del último tramo en la campaña electoral para las elecciones generales 2020? Por los resultados, la respuesta es: ¡no! ¿A qué elector ayudaron en su decisión? Por sus alcances, tampoco reflejan la extensa democracia boliviana. ¿Cuál audiencia los siguió, qué comunidad?

            Además, una segunda lectura del contexto retrata, como un microcosmos, aspectos del deterioro de la prensa boliviana que al mismo tiempo es parte de la descomposición de la sociedad boliviana, sobre todo en lo referido a la polarización y a la falta de decoro personal y colectivo.

            El (no) debate del sábado 3 de octubre fue auspiciado por la Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM) que pasó de ser una entidad técnica a ser otra más al servicio del Movimiento al Socialismo; igual que la Confederación Universitaria Boliviana, CUB, desconocida por sus bases y con liderazgos de estudiantes veteranos. Usaron un canal privado, cuyo exgerente está preso, otro prófugo y ensombrecido como cómplice de oscuros negocios de empresarios masistas.

            El (no) debate, del domingo 4 de octubre, partió con una no verdad, o como ahora se disfraza la mentira como una “posverdad”, para distorsionar la realidad. Sus organizadores afirmaron en diferentes publicidades que era el “primer debate” después de 15 años. ¡Falso!, tan falso que toca la infamia. Sin embargo, repitieron tanto el slogan que gran parte de la opinión pública lo aceptó como “verdad”.

            Como escribió una líder política en las redes, entonces “a qué asistimos en el Hotel Europa hace seis años”. ¿Eran montadas las fotos con los candidatos a la vicepresidencia y a la presidencia de ese momento? ¿Eran los centenares de asistentes un público fantasma? ¿Vivimos un desdoblamiento colectivo?

            Cuando algunos periodistas reclamaron a sus colegas por la manipulación, uno de ellos intentó justificarse: “es que en 2014 “uno de los candidatos” (Evo Morales) no asistió.” Entonces, en 2020, ¿cómo leer la no asistencia de no uno, sino de dos de los candidatos sobrevivientes? La respuesta es típica del concepto de la posverdad como estafa a la audiencia.

            En septiembre de 2014, la Asociación de Periodistas de La Paz, con el respaldo de Canal 13 Televisión Universitaria, Cadena A, Erbol organizó el foro debate tradicional, suspendido por otros directorios desde 2002. El encuentro pudo darse por el decidido apoyo de Maximilian Hedrich de la Fundación Konrad Adenauer que lo financió, dentro de su línea de fortalecimiento democrático. Recién llegado a Bolivia, Max enfrentó una cantidad de presiones, incluida la de su colega de la otra fundación alemana, la FES, para desistir de ese respaldo. Naciones Unidas instruyó a sus funcionarios no asistir.

            Durante 20 días, titulares de la prensa reprodujeron noticias, editoriales y entrevistas sobre este asunto. La propia exministra Amanda Dávila y periodistas del canal oficialista TVB gestionaron sin éxito la asistencia de Morales. Pocas personas conocieron el enorme esfuerzo detrás de bambalinas para dar seguridad a los candidatos y al propio hotel. Homenaje especial para Waldo Albarracín que, en este aporte democrático, como en 2019, puso todo su empeño institucional y su esfuerzo personal para romper el cerco.

            La posverdad manejada este 2020, como suele suceder, quedó evidente cuando los organizadores copiaron el formato del 2014 sin darse cuenta de que, en esta ocasión, era inútil. Juntaron payasos con candidatos serios y repitieron preguntas ya respondidas.

            Como decíamos al inicio, esto podría ser una anécdota, pero es el reflejo en lo micro de lo macro: una sociedad, sin memoria, con el complejo de Adán para ser siempre “el primero”, “por primera vez”, mediocre, mezquina.

            ¿Acaso detrás del voto por el MAS no está también ese pueblo enfermo que vota por el que quemó la casa de su vecino o por el que incendió sus únicos buses decentes o por el jefe depredador sexual? ¿Olvido? ¿Conveniencia? ¿Posverdad?

            O es la ausencia del decoro que, como dice José Martí, debe acumular toda nación para sentirse digna y ver el futuro aprendiendo del pasado.