viernes, 4 de septiembre de 2020

LOS CHINOS NO CREEN EN DIOS

 

            Parecería que olvidamos que la pandemia se originó en un mercado insalubre y de venta ilegal de animales en una ciudad de la República Popular de China. Pocos titulares de prensa relacionan la irresponsabilidad de esas autoridades sanitarias para evitar los contagios. Mientras, salen fotos en los medios de los festejos alegres y masivos en piletas de Wuhan, el resto del mundo está sumido en la muerte y el descalabro económico.

            La opacidad de la administración china y, sobre todo, la falta de transparencia sobre el origen y los riesgos del COVID 19 han convertido el virus en la peor catástrofe humana, social y económica del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

            Los titulares de la prensa internacional sacan cifras sobre enfermos caídos en las calles, cementerios congestionados, compras inescrupulosas, deficiencias hospitalarias en Venezuela, en España, en Estados Unidos… Olvidan a China y la responsabilidad histórica de ese régimen en esta catástrofe cuyas dimensiones cada vez son más dantescas.

            Las compras chinas de los recursos naturales, su aporte a la dinámica económica de la última década, el desplazamiento de miles de sus empresas por todos los continentes, nublan la memoria y las complicidades de funcionarios locales dejan que China pase y pise.

            Por eso es importante un último reportaje sobre los intereses chinos en las compras ilegales y malvadas de jaguares en la Amazonía sudamericana, desde Brasil hacia el interior de la selva, especialmente Bolivia, donde se les permitió casi extinguir al noble felino. Una investigación publicada esta semana en la Deutsche Welle confirma la conexión de la existencia de empresas chinas en lugares donde se detectó el tráfico ilegal de animales.

            Hace poco, el New York Times reveló que el exterminio de jaguares llegó a las selvas centroamericanas, incluyendo a la pequeña y tranquila Belice. Desde la primera denuncia y la indignación oficial y ciudadana se siguió la pista hasta la conexión con chinos o con envíos a China. El periódico cita que en Bolivia se encontraron paquetes destinados a Beijing con colmillos y otros restos de jaguares pero que las informaciones siempre eran imprecisas.

            El estudio alentado por Conservation Biology establece la conexión entre las inversiones chinas con el tráfico del mítico animal americano. Los autores respaldados por la prestigiosa Universidad de Oxford pudieron establecer cómo los métodos de la caza furtiva ilegal del sudeste asiático se reproducen en Centro y Sudamérica donde están grandes proyectos de “desarrollo” con empresas chinas. El saqueo comprende en general a la vida silvestre. En los años sesenta, fue Estados Unidos el responsable por demandar a altísimos precios la piel del jaguar. Después los gobiernos intentaron políticas de protección ante la amenaza de extinción…. Hasta que llegaron los chinos.

            Bolivia es nombrada reiteradamente porque se conocían detalles del dramático comercio de las mafias chinas usando a bolivianos protegidos por el sistema judicial del Movimiento al Socialismo (MAS) desde 2012. Incluso funcionarios públicos se habían atrevido a dar señales de alarma. La conexión china sacó dientes, cráneos y pieles de al menos 800 jaguares en los países del socialismo del Siglo XXI. Evo Morales Aima, el canciller David Choquehuanca, Álvaro García Linera, dejaron pasar el asunto y ninguna de sus fiscales como Betty Yañiquez intentó al menos una mínima indagación. ¿Cuántos chinos llegaron a trabajar estos 14 años, cómo, por qué, quiénes eran?

            Otra impostura del proceso de cambio que costará mucho a Bolivia, y ningún castigo a los responsables. No conocemos ninguna reacción de las actuales autoridades.