César Dockweiler asume como alcalde de Nuestra Señora de La Paz con varias ventajas. La primera es que tendría que cometer muchos errores para hacer una gestión peor que la de Iván Arias (mayo de 2021 a mayo de 2026). Arias, consecuente con su personalidad, se despidió con autoelogios y con gigantografías personales financiadas con los impuestos de los paceños.
Quizá
Arias (La Paz, 1958) padece el sesgo cognitivo conocido como Dunning-Kruger que
consiste en que una persona, cuanto más incompetente, se siente más satisfecha
y segura de sí misma. Es una trampa mental, opinan los especialistas; es la
ignorancia de la propia ignorancia. Hay que cerrar ese mal capítulo para la
Ciudad Maravilla y comenzar de nuevo.
Criticamos
en su momento a la administración del Teleférico por lucir en las cabinas la
imagen de Evo Morales y la propaganda política. Ojalá que el nuevo alcalde no
gaste en pegar sus fotos y priorice las campañas sociales para ahorrar agua y
luz, usar correctamente los desechos sólidos, mantener el aseo público, que
prometió en su campaña.
Dockweiler
(La Paz, 1967) puede retomar al gobierno municipal en línea y al acceso a la
información pública, el control más eficaz para evitar la corrupción. La
transparencia es la base de una gestión exitosa, que no necesita publicidad banal.
Los trámites por internet, los contratos de personal y de servicios, los pagos
difundidos en el portal institucional sirven a autoridades y a la población.
El
antiguo miembro de la Fuerza Aérea Boliviana tiene suficiente formación en la
gerencia de empresas complejas. El manejo del Teleférico fue exitoso, más allá
de sus problemas congénitos sobre los cuales ya opinamos. Esa ventaja del nuevo
alcalde podrá ser aprovechada, a pesar de no tener mayoría en el Concejo
Municipal.
Otro
bono positivo para César es su auspicio a expresiones culturales, que fue uno
de los mejores rostros del Teleférico bajo su dirección. La Estación Roja era
un lugar para las artes plásticas y escénicas, conferencias con personalidades
locales, internacionales. Contó con el respaldo de las representaciones
diplomáticas.
El
Teleférico fue un proyecto invasor, arrasó con árboles, como fue muy lamentable
en la red amarilla. Sin embargo, también creó jardinillos y lugares de
descanso. Dockweiler conoce la importancia del verde para fomentar una
ciudadanía más cuidada y alegre. Ahora promete la “Ciudad Verde”.
Los
espacios de parques, jardines, arboledas fueron destruidos en la gestión
pasada, entre una visión de cemento (Plaza Abaroa), de destrucción (Aranjuez,
Amor de Dios) hasta el descuido permanente. Muy lejos de los mejores años
paceños con sus manchas verdes en el Parque Forestal (desde Llojeta a
Kantutani), Laikakota y Río Abajo.
El
Montículo era hasta 1944 una colina con unos cuantos eucaliptos, la gruta en
homenaje a la Virgen milagrosa y unos senderos. Mario Del Carpio Gonzáles fue
nombrado responsable de parques y jardines por el mejor alcalde paceño José
Luis Gutiérrez Granier. Del Carpio diseñó la iglesia, el kiosko, la glorieta al
Illimani, el centro arbolado y trasladó el portón barroco de las Concebidas y
la fuente de Neptuno de mármol italiano.
Este es
el escenario más fotografiado por novios, turistas, visitas, cineastas,
videastas, aficionados a las imágenes y aparece en muchas películas bolivianas.
En 1952
conoció la decadencia porque las milicias armadas del MNR ocuparon el
estratégico mirador, desmantelándolo. Mario Mercado, Raúl Salmón y otros alcaldes intentaron
devolverle su esplendor con nuevas plantas y cuidados.
La
gestión de Arias se asemeja a la de los milicianos. El caminante encontrará un
Montículo sin flores, sin pasto, con el deterioro completo de los paseos que
son un peligro. A ello se agrega el creciente vandalismo que aborrece la
belleza y derrumba muros de los años 50. También el famoso portal barroco, que
retratan cada día decenas de visitantes, está en peligro.
Hay que
reconocer el esfuerzo de la Subalcaldía de Cotahuma y de EMAVERDE por mantener
los jardines. Esfuerzo inútil por falta de agua y por la acción de los dueños
de los perrihijos.
Los
perros vagabundos ocupan más espacio que los niños. ¿Por qué no crear en los cerros un canil para mascotas? Es
importante prohibir que entren perros a las jardineras. Los dueños podrían
pasearlos en los lugares adecuados. Así sucede en los hermosos parques europeos
o chilenos o colombianos bajo severas multas.
Dockweiler
prometió también una ciudad “pet friendly”, que no tendría que ser
contradictoria con las jardineras. Por 30 años, igual que otros antiguos
vecinos, tuve perros, sin molestar a nadie ni afectar el ornato público. Es mi
última esperanza con esta nueva gestión. Si no es posible, levantemos las manos
y que El Montículo sea para los canes y no para los poetas.
Lupe Cajías es vecina del Montículo desde 1955.