En 2010, el comandante del Ejército boliviano, el General Antonio Cueto Calderón, declaró: “estamos con el proceso de cambio; estamos siguiendo la política del señor presidente”. Las Fuerzas Armadas “serán antiimperialistas”. A su lema “subordinación y constancia”, agregó “patria o muerte: venceremos”, tal como ordenó Evo Morales. Se realizaron homenajes a la whipala, pese a reclamos de la oposición y de otros militares.
Ante las
críticas a Cueto por haberse declarado “anticapitalista, antiimperialista y
socialista”, el presidente cocalero aseguró que el ejército boliviano nació
anticolonialista. “No debemos dejar que ningún poder externo se nos imponga”,
sin mencionar por qué llegaban militares venezolanos y asesores cubanos.
Morales
alentó la apertura de los recintos militares a pobladores del Chapare para
lograr unas Fuerzas Armadas “comunitarias”. Muchos militares obtuvieron cargos
en embajadas, en empresas descentralizadas. Desfilaron junto a campesinos.
Participaron en escenografías como una batalla en la frontera con Chile.
Defendieron a Morales y dieron cobertura a sus desplazamientos públicos o
privados.
En 2026,
el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, General Víctor Hugo
Balderrama, participó en la Cumbre Estratégica de Defensa en Washington, convocada
por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para reunir a militares del
continente.
Según la
prensa, la reunión tenía el objetivo de lograr operaciones y entrenamiento
militar para la paz hemisférica; establecer mecanismos sólidos de intercambio
en inteligencia estratégica. Un lenguaje muy parecido a los 70 de las
dictaduras militares, con el toque de la paz según Donald Trump.
Balderrama
posó junto al general estadounidense Dan Caine, quien comandó el operativo que
secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Al parecer, para las
FF.AA. la consigna “patria o muerte” está olvidada.
Entre
esos dos episodios, los bolivianos conocieron a otros comandantes. Williams
Kalimán Romero pidió la renuncia de Morales en medio del alzamiento civil,
aunque hasta el 10 de noviembre de 2019 había sido un fiel defensor de Evo, del
“proceso de cambio”. Los discursos de Kalimán desde su posesión en 2018 mostraron
a una persona de escasa cultura; de formación muy deficiente.
Entre
tanto, las Fuerzas Armadas recibieron varias tareas, como repartir los bonos.
En más de una oportunidad hubo denuncias sobre la poca transparencia en ese
cometido. Por otra parte, los ingenieros militares no lograron concluir obras
importantes, como las mejoras sustanciales al camino La Paz- Chulumani, que
sigue peligroso, de tierra y con permanentes derrumbes. El otro fracaso fue su
sistema de transporte aéreo.
En 2024
comenzó una novela que todavía no llegó al “(Happy)End” con el alzamiento del
comandante general del Ejército Juan José Zuñiga y otros militares. En esa
tarde de junio, Zuñiga entró con tanquetas a la Plaza Murillo, kilómetro cero
del poder político. Hubo una serie de incidentes que más semejaban una pantomima.
En
improvisada entrevista, Zuñiga declaró que fue una acción coordinada con Luis Arce
para revertir su escaso respaldo popular. Hubo varios detenidos y acusados de
conspiración. El lenguaje de Zúñiga revela una estructura mental infantil.
Al mismo
tiempo, en casi todos los operativos contra el tráfico de sustancias prohibidas
y en la detención de bandas criminales existe participación de militares y de
policías. La complicidad de los uniformados con el narcotráfico es proverbial
desde el auge de este flagelo bajo la presidencia del General Hugo Banzer, o en
casos dramáticos como en Huanchaca (1986). Lo que antes era una excepción, se
convirtió en sistémico. Militares contrabandistas detenidos en la frontera con
Chile, una y otra vez… y declarados héroes.
Similar
al deterioro creciente de la Policía boliviana, rostro de la “Generación Evo”
después de 20 años de estropicio. Estos uniformados aparecen frecuentemente en
las noticias de la crónica roja. No se sabe si son policías delincuentes o
viceversa. Un paupérrimo Bicentenario de la institución creada por Antonio José
de Sucre.
Ninguna
autoridad o político les pide cuentas; los miman. ¿Por qué no se incluye a los
militares en los procesos de reordenamiento económico? Ellos tienen derecho al
100 por ciento de jubilación, aunque no generan riqueza como los trabajadores
mineros. Todo lo contrario, consumen impuestos de todos ¿Cuál es su
contribución al desarrollo nacional?
Con esta
institución camaleónica; con esta falta de personalidad; con estas voces
desquiciadas, ¿qué pasará con la defensa de nuestro territorio, de sus recursos
naturales, de su población? ¿Pesarán más los intereses yanquis que los
intereses bolivianos?